jueves, 17 de febrero de 2011

“Sí hay mal que dure cien años”

Para celebrar el primer siglo de LE MIENTO, se llevó a cabo una exclusiva gala en el Jardín Botánico de Bogotá. El inclemente aguacero –que Samuel Moreno no fue capaz de controlar– no hizo deslucir la celebración.
Antonio Jiménez Castañeda
Invitado Especial, Jardín Botánico

Bogotá. Fue una velada de ensueño, que Colombia esperaba hace 100 años. Los invitados fuimos cuidadosamente acomodados en mesas ubicadas junto a plantas emblemáticas de nuestra amada Colombia. Nosotros quedamos al pie de la mata de chontaduro (bactris gasipaes), en compañía del Procurador Alejandro Ordóñez; los cantantes Miguel Bosé, Juanes y Carlos Vives; el desastroso Alcalde Mayor Samuel Moreno; el analista Gustavo Álvarez Gardeazábal; el filósofo Kid Pambelé y los cómicos Andrés Felipe Arias, Tola y Maruja.

En la mesa de la mata de coca (erythroxylum coca) vimos al sabio, pensador, metafísico, teorizante, ortógrafo, estudioso, escritor, investigador, filósofo, columnista, jurisconsulto y locutor José Obdulio Gaviria, quien alquiló en Envigado un lujoso frac de pana color lila y chapines de hule color crema. Lo acompañaban su primo, el cineasta Roberto Escobar, hermano del ex congresista y urbanizador antioqueño Pablo Escobar Gaviria; el estadista y ganadero Mario Uribe; el industrial, caballista, palmicultor y caballero de la Legión de María, Santiago Uribe Vélez; el industrial Carlos Náder, el ex ministro del Interior Fabio Valencia Cossio; el ministro de la Defensa, Cosito Riverita, quien estrenó un deslumbrante vestido de marinero; la empresaria y filántropa Enilse López; las ideólogas Rocío Arias y Eleonora Pineda; el ex ministro del Interior, periodista, tratadista, jurista, catedrático, gasista y políglota Fernando Londoño Hoyos; el benemérito coronel de caballería, historiador, localizador de desaparecidos y demócrata, Alfonso Plazas Vega y un selecto grupo de internos VIP de la Picota, Cómbita e Itagüí.


Junto a la mata de totumo (tutumientus conservandis) se sentaron las principales lumbreras de Colombia en diferentes campos del saber y cultivadores del espíritu: Roberto Pombo; su cuñado Pachito Santos, Alfredo Barraza, Andrés González, Yamid Amat, Juan Martín Caicedo, Pilar Castaño, Kiko Lloreda, Amparo Grisales, Héctor Abad Faciolince, Roberto Soto Prieto, Fabio Puyo Vasco, Gabriel Melo Guevara, Alberto Santofimio Botero, Alfredo Rangel, el caricaturista Pepón, Viena Ruiz, Regina Once y los hermanitos Nule.

En la animada mesa de la mata de cacao sabanero ó borrachero (burundanguis uribitaes) vimos departir a carcajadas, hasta caer dormidos sobre los blancos manteles, a Ariel Armel, Belisario Betancur, Alberto Casas Santamaría, Álvaro Castaño Castillo, Enrique Santos Calderón, Abdón Espinosa Valderrama, Juan Camilo Restrepo, Luis Carlos Sarmiento Angulo, María Isabel Rueda, Martha Lucía Ramírez, Gloria Zea, José Galat y Jorge Barón.

La mesa adyacente a la mata de cizaña (aprovechandis contratonguis) fue ocupada en su totalidad por la familia Bessudo que estuvo esperando hasta el amanecer para asumir el manejo del Jardín Botánico a título de fideicomiso, de manera que quienes salieron de últimos, caminando en zigzag y cantando rancheras, debieron pagar forzosamente las primeras boletas de la nueva concesión.

Los comensales de la mesa situada bajo las frondosas y verdes ramas del árbol de maracachafa (cannabis sativa o bareta) fueron los hermanitos Beto y Poncho Rentería, este último vestido con una vanguardista guayabera anaranjada de felpa, corbatín azul celeste, bufanda de seda rosado Soacha, mochila arhuaca vinotinto en crochet, mocasines amarillo pollito de felpa y bermudas negras de paño inglés. Los acompañaban Salvo Basile, Felipe Santos Calderón, Julio Sánchez Cristo, el general Óscar Naranjo, Ernesto Yamhure y Ana Mercedes Gómez.

A la hora de los discursos, las mesas, abarrotadas de invitados, estallaron en vivas, lágrimas y aplausos. Desde todas las matas del Jardín Botánico representativas de la colombianidad salían enhorabuenas. J.J. Rendón se rasgó en mil pedazos el frac con cuello de tortuga que lucía y lo secundaron Isabella Santodomingo, Paola Turbay y la Conchi Araujo; Luis Alberto Moreno saltó, como un ringlete, a bailar con Luli Bossa. A Pedro Gómez le temblaba la mandíbula mientras gemía en un espontáneo y patriótico grito de aprobación, interrumpido por patrióticos bramidos de alegría provenientes de los 40 baños portátiles instalados en los prados.

Al final, en medio de la lluvia, unos invitados regresaban a sus burbujas y limusinas blindadas, mientras que otros abordaban los camiones del INPEC exhibiendo sus brazaletes electrónicos de exclusivas marcas.

Solamente hubo un lunar, pues no hay dicha completa: una mujer, a todas luces desquiciada (a quien el general Naranjo habría de capturar oportunamente y desaparecer de la escena), quizás enviada por el terrorismo y la oposición política irracional, desgarró la noche con un grito inmoral: “¿Ven? ¡Sí hay mal que dure cien años!”.

N. de la D.: esta crónica se entiende como una renuncia del autor, la cual aceptamos inmediata e irrevocablemente.

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