jueves, 27 de agosto de 2009

Deutschland 2009

La próxima semana se cumplen 70 años de la invasión de las tropas nazis a Polonia, hecho que dio inicio a la Segunda Guerra Mundial, con todas sus atrocidades y nefastas consecuencias. Pero ese 1 de septiembre es apenas uno de los muchos eventos que en 2009 revisten un especial significado en la historia política de Alemania y que han marcado indeleblemente la vida de ese país y del resto del mundo.

Por ejemplo, hace 120 años, en abril de 1889, en un hecho que no puede ser digno de celebración alguna, nació Adolfo Hitler en Braunau, un pueblo austriaco que coincidencialmente fue también la cuna del músico Franz Gruber, compositor de Noche de Paz, quizás la canción más conocida de Navidad en todo el planeta.

Este año, igualmente, se cumplen 90 años de la firma del Tratado de Versalles, que puso punto final a la Primera Guerra Mundial, y que obligó a Alemania y a sus aliados a deponer las armas, ceder buena parte de su territorio y pagar altísimas sumas de indemnización a los países vencedores, como compensación por haber causado la que hasta entonces había sido la peor conflagración en la historia de la humanidad.

Estos tres hechos, que podrían parecer inconexos, resultan íntimamente ligados al recordar que fue precisamente el Tratado de Versalles el caballito de batalla usado por Hitler para promover la restauración del honor mancillado de los alemanes y que motivó en buena medida sus sueños bélicos.

Diez años después de la invasión a Polonia, y luego de cinco años de concluida la Segunda Guerra Mundial, Alemania daba inicio a una nueva vida institucional, al promulgar el 23 de mayo de 1949 la Ley Fundamental, que desde entonces rige los destinos de la potencia europea. Ese mismo año se funda la República Democrática Alemana en el sector ocupado por los rusos, lo cual formaliza la división del país y ahonda la crisis entre el bloque comunista y el bloque capitalista.

Tendrían que pasar 40 años para que los vientos de la guerra fría dieran paso a los vientos de la libertad. El 9 de noviembre de 1989 el mundo entero vio atónito como las autoridades de Alemania Oriental abrían el muro que durante 28 años había dividido a Berlín, y que se había convertido en el peor símbolo de la ignominia y la represión política.

La caída del muro, por la que clamaban prominentes figuras de la política, el arte y la intelectualidad, fue el preámbulo del derrumbamiento del comunismo y la antesala de la reunificación de Alemania, ocurrida once meses más tarde, el 3 de octubre de 1990.

Hoy, casi dos décadas después de esa reunificación geográfica, los alemanes tienen pendiente el derribamiento del muro psicológico que todavía divide a una sociedad que aún no se recupera de las heridas sufridas en el siglo XX, tal como nos lo recuerda magistralmente en sus obras el escritor Günter Grass, quien obtuvo el Premio Nobel de Literatura hace justamente 10 años.

jueves, 20 de agosto de 2009

Sin Galán

Dolía ver el martes a Álvaro Uribe, por muy presidente que sea, hablando en honor de Luis Carlos Galán, cuando se conmemoraban los veinte años de su asesinato, a manos del cartel de Medellín. De hecho, más que dolor, la escena lo que produjo, en mi caso por lo menos, era indignación, pues era absurdo que alguien con la trayectoria y la reputación de Uribe se atreviera a manosear el nombre y los ideales del líder del Nuevo Liberalismo, abusando de una inmerecida diplomacia de parte de Gloria Pachón y sus tres hijos.

El actual inquilino de la Casa de Nari representa con sobrados méritos todo lo contrario de lo que pregonaba Galán. Uribe es la materialización de ese estilo viejo, mañoso y detestable de hacer política, contra el que tanto se pronunció y luchó el caudillo antes de que su voz fuera acallada por los barones del narcotráfico, en contubernio con los sectores más oscuros del mundo político del país. Por su alto contenido demagógico y su elasticidad moral las doctrinas que ha puesto en práctica Álvaro Uribe se parecen más al modelo de sociedad promovido por Pablo Escobar que a la plataforma política de Galán. Álvaro Uribe está haciendo realidad esa “nación sin conciencia histórica, improvisadora, superficial e inmediatista” que tan bien describió Galán y a la cual se opuso con vehemencia.

Todavía no me cabe en la cabeza que el mismo mandatario que les pide a sus cuestionados aliados votar sus proyectos antes de que los metan a la cárcel, hubiese sido capaz de hablar de la “honestidad sin acomodo, sin cálculo” que distinguió a nuestro comunero del siglo XX.

Es inaudito que el mismo presidente que se hizo reelegir a punta de dudosas maniobras, el mismo que tiene encarcelados a decenas de sus socios por su complicidad con la mafia paramilitar, haya tenido el cinismo de decir que ha combatido a todos los criminales “tratando de tener como punto de referencia la verticalidad de Luis Carlos Galán”.

Pero los más increíble de todo es que este país, que hace dos décadas lloraba sin consuelo a Galán, haya elegido y reelegido a quien se ha beneficiado de todos los vicios que aquél quiso erradicar.

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Punto aparte. La noticia del arresto del general (r) Miguel Maza Márquez para que responda por el cambio de la escolta de Luis Carlos Galán poco antes de su asesinato es de gran trascendencia; se necesita tener coraje para tomar una decisión de esa dimensión contra un personaje de la talla del ex director del DAS, pese al desprestigio que ha cultivado esa institución en la era de la seguridad democrática. Es de esperar que el Fiscal General, máxime sin ser el titular, haya tenido suficientes y sólidos fundamentos para emitir esa orden de captura, y que todo no haya obedecido a un simple arrebato mediático que termine convirtiendo este episodio en otro paso en falso en la búsqueda de los autores intelectuales de ese magnicidio que tanto lamentamos.

jueves, 13 de agosto de 2009

Garzón, ese intenso


A la hora que este periódico llega hoy a manos de los lectores se cumplen diez años del atroz asesinato de Jaime Garzón, crimen por el cual no ha respondido nadie. A propósito de esta triste evocación, en meses recientes se han desempolvado varios de los videos que desde hace rato circulan por YouTube y que nos han servido para recordar la genialidad y la capacidad de Garzón para interpretar nuestra realidad.

Ahí están las diatribas del abogado Godofredo Cínico Caspa, precursor del furibismo; las consignas desesperanzadas de John Lenin; las fogosas declaraciones del ‘quemando’ central; los reportes de Inti de la Hoz o de William Garra, que encajarían perfectamente en cualquier noticiero actual; o las originales recetas de Dioselina Tibaná, que eran una delicia, si las comparamos con los cocidos que se preparan hoy en la Casa de Nari.

Al repasar cómo recobran vigencia los programas y personajes con los que Garzón ponía el dedo en la llaga de los asuntos que tanto nos agobian y dejaba en evidencia a los dueños del poder con todos sus vicios, deberíamos conmemorar no una década de ausencia, sino otros diez años de vigencia, pues sus agudas parodias y sus inteligentes críticas son hoy más válidas que nunca.

Jaime Garzón era un hombre intenso, en todo el sentido de la palabra. Era intenso no sólo en la pantalla, sino también fuera de cámaras. Intenso cuando recurría a su extenso anecdotario, para contar aun las cosas más tremendas salpicadas de ocurrencias, que sólo a él le cabían en la cabeza. Intenso cuando hablaba de sus amores o describía sus parrandas, acudiendo a sus destrezas histriónicas. Intenso cuando se presentaba ante un auditorio repleto de estudiantes, de políticos o de académicos, a los cuales hacía reír hasta el llanto con su irreverencia. Intenso hasta el agobio en las tertulias que protagonizaba en medio de sus amigos, pues había que estar atento a esas salidas impredecibles o apuntes jocosos con los que solía salpicar cualquier conversación, por seria o aburrida que fuera.

Garzón era intenso también cuando protestaba con vehemencia contra los poderosos. Intenso cuando ridiculizaba en una sala de redacción o en un estudio a guerrilleros, narcos y paras. Intenso cuando se deprimía y ponía a correr bases a sus compañeros de elenco o a su gente más cercana. Intenso cuando en medio de sonoras carcajadas explotaba de alegría, con la cual nos contagió generosamente hasta que las balas lo callaron para siempre aquella madrugada del 13 de agosto de 1999.

Jaime era tan intenso como el dolor que hoy nos produce su ausencia y como la indignación que nos debería causar el hecho de que su muerte siga impune.

Punto aparte. Finalmente el presidente Álvaro Uribe decidió salir del clóset y le confesó a una camarilla de congresistas amigos que quiere sacar adelante el referendo para presentarse otra vez como candidato. De nuevo, Uribe prefirió las oscuras bambalinas de Palacio en vez de ponerle la cara al país.

jueves, 6 de agosto de 2009

¿Nuestra tele?

A mí me da mucha pena, pero cuando yo veo cómo el Canal RCN manipula la información en sus noticieros no me identifico con ellos, pues no les importa pasar olímpicamente por encima de ciertas informaciones neurálgicas, las cuales relegan a un segundo plano, o no las emiten, o les ponen ese característico sello furibista que los ha hecho tristemente célebres.

Eso sería suficiente para apagar el televisor o para cambiar de canal, pero, por estos gajes del oficio, toca verlo, al igual que otros noticieros, dizque para tener distintas versiones de nuestra actualidad. Sin embargo, debo reconocer que lo veo con el mismo entusiasmo que leo las columnas de José Obdulio Gaviria, Alfredo Rangel o Ernesto Yamhure (y con un Alka–Seltzer a la mano, por si las moscas).

También me fastidia el autobombo que suelen hacerse Claudia Gurisatti y Vicky Dávila. Claudia destaca las primicias de Vicky en el programa radial La FM, de RCN; y Vicky le corresponde recomendando los sensacionales reportajes de Claudia en La Noche, de RCN. Además este par de periodistas (al igual que varios de sus colegas) gesticulan en el set al ritmo de las noticias. Menean la cabeza, se burlan, regañan, fruncen el ceño, etcétera, como si estuvieran frente al televisor y no frente a la cámara. Deberían recordar la sobriedad del recién fallecido Walter Cronkite, quien decía: “Yo soy un presentador de noticias, un jefe de redacción, no un comentarista ni un analista”.

Y si todas estas cosas me producen molestia, hay algo mucho más grave que convierte mi disgusto en indignación, lo cual ocurre cuando veo cómo ese noticiero maltrata la figura de la mujer. Aun como hombre, me ofende ver cuando hacen un lento y detallado enfoque de pies a cabeza y en primer plano de las presentadoras de los chismes de la farándula (en ese odioso espacio que llaman ‘Noticias del espectáculo’), para dejar ver todos sus atributos físicos, como si fuera un reinado y no un programa noticioso. Eso no le aporta nada a la información, pero sí muestra a las mujeres como si fueran objetos.

Y no contentos con eso, en la sección de deportes, en un grosero intento de ambientar el tema, sus camarógrafos se deleitan mostrando muy de cerca los senos y el trasero de las hinchas que asisten a los estadios, o enfocan los ángulos más morbosos de las desprevenidas porristas, mientras los redactores muy risueños hacen comentarios de doble sentido. ¡Y lo peor del asunto es que quien dirige el noticiero es una mujer...!

Sin querer dármelas de santurrón, porque no lo soy, me pregunto si en ese canal no se dan cuenta de la bajeza y la vulgaridad en la que han caído. ¿No saben que por todas esas cosas su amarillista noticiero se volvió ofensivo y atenta no sólo contra la dignidad de la mujer, sino también contra el periodismo?

Y que después no vengan a preguntar por qué les va mal en el rating.