jueves, 4 de junio de 2009

Manual de erradicación

Si no se tratara de un gobierno tan proclive a las mentiras, en un país tan propenso a la ingenuidad, o que cuando hay problemas prefiere mirar para otro lado, parecería muy importante la noticia de la erradicación de la fiebre aftosa en el territorio nacional. Pese a que yo no tengo vacas, ni hatos, ni fincas ganaderas (ni de ninguna otra clase), ni zonas francas, ni nada por el estilo, creo que esa debería ser una buena razón para celebrar.

Sin embargo, los antecedentes de erradicaciones llevadas a cabo en los últimos siete años, obligan a tomar estas informaciones con beneficio de inventario, porque ya nos hemos llevado más de una sorpresa. La primera erradicación de la que tuvimos conocimiento ocurrió a comienzos de este gobierno, cuando el entonces ministro del Interior y de Justicia, Fernando Londoño Hoyos, dijo que, gracias a las fumigaciones con glifosato, en el Putumayo no quedaba ni una mata de coca. Casi de inmediato, varios funcionarios de ese departamento le salieron al paso y lo desmintieron categóricamente, asegurando que quedaban por lo menos 30,000 hectáreas de ese cultivo.

Posteriormente, hubo otra gran erradicación, esta vez, literalmente, a manos del ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, quien a finales de 2006 dijo en Túquerres, Nariño, que él había arrancado la última mata de amapola del país. Hubo foto y todo, y el consabido publirreportaje en el periódico familiar. No obstante, las autoridades de ese departamento tuvieron que rectificar al hoy ex ministro y candidato condicional a la presidencia. Y aunque el director de la Policía de la época, el general Jorge Castro, salió a respaldar al ministro, lo cierto del caso es que la realidad y los hechos posteriores dejaron sin argumentos al uno y al otro. A tal punto, que en abril de este año la Policía Nacional anunció la creación de un cuerpo élite de 120 hombres entrenados y capacitados específicamente para erradicar de raíz el problema.

A pesar de lo escandaloso de estos otros falsos positivos, que en un país serio habrían implicado investigaciones y sanciones contra sus autores, en esta patria querida no pasó nada. No hubo ni excusas de los implicados, ni llamadas de atención de sus jefes. Nada. Claro que tampoco se podía esperar más, porque el jefe de todos los jefes no es que tenga mucha autoridad moral para reprender por mentirosos a sus subordinados.

Aunque son numerosos los ejemplos de las salidas en falso del patrón, basta recordar que en la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre de 2007, él mismo le anunció al mundo la erradicación de otra plaga. “Hoy no hay paramilitarismo”, dijo en su discurso. La Asamblea lo aplaudió, la prensa lo registró y el país ni se inmutó con semejante disparate. ¡Habráse visto…!

Por eso prefiero no hacerme ilusiones con la tal erradicación de la aftosa. Y no me extrañaría que si aparece alguna res contagiada del mal, el gobierno diga que es víctima de una ‘plaga emergente’.

miércoles, 3 de junio de 2009

Un Pasquín, Edición 43


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Un balance falso positivo

Se fue del ministerio de Defensa Juan Manuel Santos, quien sin duda obtuvo muchos logros en sus 34 meses de gestión, especialmente contra las FARC. En ese período cayeron tres de los jefes del Secretariado y se produjo un sensible debilitamiento de este movimiento subversivo.

Y si a esto se suma el éxito de la polémica operación Jaque, en la que fueron liberados del infame secuestro de la guerrilla doce ciudadanos colombianos y tres norteamericanos, es entendible el júbilo que embarga al ex ministro.

También puede reclamar JMS varios golpes certeros contra el narcotráfico, en especial la captura de alias ‘don Mario’, uno de los principales narcos del país y autor, según la Policía, de tres mil asesinatos en un lapso de 18 meses, antes de su arresto.

No obstante, así como el casi precandidato tiene mucho que mostrar, también tiene mucho que esconder, empezando por los falsos positivos, con los que inauguró y cerró su administración y en los cuales han sido asesinados miles de colombianos; la violación de la soberanía de Ecuador; la infiltración de la mafia en el Ejército; las torturas de soldados por sus propios compañeros en tolemaida; y, por encima de todo, sus reiteradas mentiras (sobre el supuesto mayor decomiso de cocaína de la historia, la violación de los protocolos de Ginebra, los sobrevuelos en la liberaciones, etcétera).

Así y todo, hay quienes creen que es uno de los hombres mejor preparados para ocupar la Presidencia de la República y lo consideran el mejor sucesor de Uribe. ¡Qué susto!