jueves, 8 de octubre de 2009

Ofensas personales


Una de las recomendaciones más insistentes que Álvaro Gómez nos hacía a quienes trabajábamos en El Siglo es que uno como periodista, sin importar la gravedad de las cosas que haya visto, ni las experiencias que haya vivido, nunca debe perder la capacidad de asombro. Y en mi caso es una de esas frases que se me han quedado grabadas en la memoria.

Precisamente la pérdida de esa capacidad de asombro es la que lleva, no sólo a los periodistas, a restarle importancia a tantos temas que a diario son denunciados en los noticieros o la prensa, pero que vemos como algo normal. Ya no nos sorprende la corrupción en organismos como el DAS. No nos extrañan las artimañas a las que acuden ciertas personas, como las reinas y los millonetas beneficiarios de subsidios de Agro Ingreso Seguro. No nos impresiona que mientras hay millones de colombianos a los que el estado no les da ni migajas, hay unos ricos que siguen engordando sus fortunas con la plata de todos los colombianos. No nos conmueve que el presidente le tuerza el pescuezo a la ley para atornillarse cada día más en el poder.

Sin embargo yo me resisto a caer en ese marasmo, y no sólo trato de seguir ese consejo de Álvaro Gómez, sino que además de asombrarme también me siento ofendido. Me ofende, por ejemplo, que una señora como Noemí Sanín, en mal momento avalada por El Nuevo Siglo, salga a decir que ella no sabe nada del escándalo de Yidis y Teodolindo porque ella estaba en Londres.

Me ofende que el periódico El Tiempo titule “Colombia, se luce en Índice de Desarrollo Humano”, pero cuando uno va a leer el informe descubre que el país está en el puesto 77, por debajo de Chile, Argentina, Uruguay, Cuba, México, Costa Rica, Venezuela, Panamá y Brasil; para no hablar de los países desarrollados.

Me ofende que ese periódico no cuente que en ese mismo informe, Colombia figura como el segundo país del mundo con el mayor número de desplazados con una cifra superior a los 4 millones, sólo superado por Sudán, que tiene unos 6 millones.

Me ofende que El Tiempo no sea capaz de decir que también en ese documento, Colombia ocupa el cuarto lugar del mundo en términos de desigualdad, con un puntaje de 58,5, sólo superado por Comoras, Angola y Haití.

Me ofende que el ya no tan nuevo ministro de Defensa, Gabriel Silva, nos venga con el cuento de que “Colombia nunca ha manifestado que tenga sospechas de vínculos entre el gobierno de Correa y las FARC”. El doctor Silva debería revisar la cantidad de sandeces que no hace mucho decía su amigo y mentiroso antecesor Juan Manuel Santos, quien hizo hasta lo imposible por vincular al gobierno y al presidente de Ecuador con ese grupo guerrillero.

Mejor dicho: me ofende que con tanta información disponible nos crean imbéciles a todos.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente blog.

Lo sigo.

Thanatos dijo...

Le agradezco si coloca las fuentes de las cifras y rankings que menciona, la verdad me interesa hacer que esta información se multiplique

doppiafila dijo...

Vladdo, estoy de acuerdo: asombremonos. Y sorprendamonos tambien con los pocos que somos en sorprendernos...
Saludos, Doppiafila

Alejandra dijo...

El informe completo se puede descargar en la página del programa de las naciones unidas para el desarrollo.
aquí:
http://hdr.undp.org/es/informes/mundial/idh2009/

o aquí

http://www.pnud.org.co/sitio.shtml