jueves, 1 de octubre de 2009

Dos cositas

Cosa 1. La exigua votación en las consultas internas del Partido Liberal y el Polo Democrático no debería ser motivo para deslegitimar el papel y la importancia de los partidos de oposición, a los cuales ya les están extendiendo certificado de defunción. Es evidente que sin prebendas ni botines para repartir, estos partidos tienen mucho menos poder de convocatoria que los partidos que están saboreando las mieles del poder, como el Conservador o el de La U. Esto sin embargo no exime a las directivas del Polo y el Liberalismo de su responsabilidad por no haber puesto a sus respectivos congresistas y demás dirigentes a sudar la camiseta el domingo pasado.

En cuanto a los resultados en el liberalismo, me alegró el triunfo de Rafael Pardo y me sorprendió la votación de Aníbal Gaviria, que no creo que haya sido voto de opinión. Así se presente como un angelito, este Gaviria pertenece a una casta de politiqueros de Antioquia con una maquinaria bien engrasadita. Voto de opinión el de Iván Marulanda; ese sí.

A propósito, Aníbal Gaviria se equivoca al proponer que el triunfador de la consulta liberal sea el director del partido. En Estados Unidos, por ejemplo, los candidatos presidenciales se dedican a sus campañas mientras los comités nacionales, que tienen su propio presidente, dirigen el partido. Son cosas aparte.

En cuanto al Polo, pienso que Carlos Gaviria merecía perder. Con 2,5 millones de votos obtenidos en 2006, el doctor Gaviria debió ser el jefe de la oposición, pero no hizo ni propuso nada en estos tres años. La oposición la tuvieron que asumir, y de qué manera, Jorge Enrique Robledo y Gustavo Petro. Gaviria será un magnífico ex magistrado, un tipo muy decente y un gran profesor, pero como líder no supo hacer la tarea.

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Cosa 2. El escándalo de los subsidios de Agro Ingreso Seguro, destapado por Cambio, me produjo una profunda decepción. Pero no por Andrés Felipe Arias, ni por su sucesor, cariñosamente apodado La Vaca, sino por cuenta de la bellísima Valerie Domínguez. Y una semana después, en la que no se ha aclarado nada, me asaltan muchas dudas.

¿Cómo se metió Valerie en semejante lío? ¿Le estaba sirviendo de testaferro a su novio, el señor Juan Manuel Dávila? ¿No le daría pena? ¿O fue que Dávila le dio un golpe bajo y la engañó? ¿Será tan ingenua? ¿Qué hizo con el cheque? ¿Lo consignó? ¿Lo endosó? ¿Se lo gastó? Si la prensa no hubiera dicho nada, ¿habría seguido calladita? Si piensa devolver la plata, ¿por qué la recibió? Tratándose de un subsidio no reembolsable, ¿cómo y cuándo lo piensa devolver? ¿La devolución incluirá intereses? ¿Qué mecanismo va a usar? ¿Le gira un cheque a La Vaca? ¿O hace una consignación en el Banco Agrario? ¿A nombre de quién? ¿Cómo afectará esta situación sus contratos publicitarios?

Si Valerie contesta la mitad de estas preguntas me doy por bien servido.

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