jueves, 10 de septiembre de 2009

El partido de Noemí

Me duele, me molesta, me fatiga y me aburre ver la forma cómo se está manejando eso que llaman Partido Conservador que no es ni un pálido reflejo de la colectividad que en su momento lideraron grandes hombres, que jugaron papeles protagónicos en la historia del país.

En anterior columna me referí a la postración en la que se encuentra el partido, anclado en la desvergüenza, alimentado a punta de lentejas burocráticas, carente de ideas y sin ningún líder capaz de recuperar algo de la dignidad de antaño. El daño que la mezquindad de la dirigencia azul le ha infligido al Partido de arriba abajo es vergonzoso. Empezando por el ex senador y ex ministro Carlos Holguín Sardi, convertido alegremente en jefe natural de la colectividad, cuya modorra ha sido graciosamente reivindicada por Daniel Samper Ospina, en Semana.

A los apuntes de Daniel habría que agregar que cuando Holguín sale de su letargo sólo lo hace para decir: “Sí, señor presidente”; actitud con la cual no ha hecho más que poner la voluntad y la bancada azul a merced del repartidor de prebendas y comprador de conciencias que es Álvaro Uribe Vélez. Holguín Sardi es en buena medida cómplice de muchas de las atrocidades que este gobierno ha cometido en nombre de la democracia.

Fiel a la desmayada tradición que inauguró Holguín Sardi, el senador Efraín Cepeda, opaco presidente del conservatismo, se ha consolidado como un perfecto correveidile que se mueve entre las alfombras rojas de la Casa de Nari, la fachada azul del Directorio Nacional y los óleos multicolores del Salón Elíptico, a ver cómo disfraza de ideología lo que no es otra cosa que lagotería.

Gracias a tan acertada conducción, hoy el Partido Conservador tiene los mismos pergaminos que cualquier otro partido de garaje. Dolorosamente, hay que decir que no existe ninguna diferencia entre este partido y aquellos movimientos fundados a la carrera por individuos de dudosa reputación, cuyos candidatos de cuestionables cualidades van a dar a la cárcel La Picota, luego de una breve escala en el Capitolio Nacional. Partidos sin norte ideológico, sin plataforma programática y sin líderes prestantes, cuya única vocación de poder consiste en poder exprimir la chequera estatal.

Ese es el Partido Conservador que se está tomando Noemí Sanín, y que parece hecho a la medida de sus principios; un partido ideológicamente desdibujado y moralmente disminuido que, como ella, no conoce de conciencia sino de conveniencia y cuya dignidad se mide en nombramientos.

La cancelación de la consulta interna del conservatismo, aunque fue una decisión poco decente, sí ha sido muy útil para medir la pequeñez y la falta de seriedad del Partido y de varios de sus precandidatos que decidieron suspender su campaña para dedicarse a defender el referendo reeleccionista.

En todo caso, aunque Noemí resulte oscuramente ungida como candidata conservadora, que ni se le ocurra decir que aparecerá en el tarjetón a nombre del partido de Caro y Ospina, porque ese partido ya no existe.

2 comentarios:

Anna dijo...

Totalmente de acuerdo!

Me interesa mucho su periódico, la posición y la oposición, me parece sumamente válida la información, certera, audaz y divertidísima. Eso es lo que me empuja a invitarlo a echarle un vistazo a mi portafolio como Diseñadora gráfica en: http://www.coroflot.com/annalozano a fin de ofrecer con todo gusto mis servicios y a recibir su opinión sobre mi trabajo. Si desea obtener más información por favor comuníquemelo y le haré llegar mi curriculum vitae.

Saludos

María Elena dijo...

Sin haber sido conservadora, siento pena ajena de lo que sucede con ese partido, pues ahora es el PCU (PARTIDO CONSERVADOR de URIBE), pero la explicación está en que sus dirigentes no mantienen una ideología política, sino las prácticas clientelistas y un apetito insasiable por las cuotas burocráticas, lo cual se puede conservar divinamente con Uribe Presidente