miércoles, 15 de julio de 2009

¿A quién engañas, Noemí?

Se lanza de nuevo Noemí Sanín, la misma candidata que hace siete años se empeñaba en convencer a todo el mundo del peligro que representaría un eventual gobierno de Álvaro Uribe. Asustada como estaba por el creciente respaldo que recibía su paisano y entonces enemigo acérrimo, la doctora Noemí prácticamente se santiguaba al considerar un posible triunfo del hoy Presidente de la República.

Yo fui uno de los tantos contertulios que oyó a la flamante ex embajadora de Samper hablando bellezas acerca de su paisano. En un largo almuerzo decembrino en el restaurante Niko Café, de Bogotá, la simpática ex ministra de Belisario se aterraba imaginando lo que sería Colombia en manos del ex gobernador de Antioquia. Debo admitir que a mí, como a muchos otros colegas, el discurso de Noemí me sonaba auténtico; parecía creer en lo que decía y sus reservas sobre Álvaro Uribe hasta resultaban razonables.

Sin embargo, unos meses después, tras su aparatosa derrota electoral del 26 de mayo de 2002, todo ese cúmulo de argumentos antiuribistas desapareció como por arte de magia, y más adelante vimos a la otrora combativa candidata transformada en la nueva y sonriente embajadora de Colombia en España. Admito que para mí fue un duro golpe ver a Noemí convertida en representante de su archienemigo electoral, del cual discrepó tanto en campaña y con quien se suponía que tenía hondas diferencias no sólo políticas, sino morales.

Y aún sin reponerme de semejante impacto, mi decepción se convirtió en indignación, cuando vi que la cosa no se quedó ahí. Al parecer en un gesto de inmenso agradecimiento por semejante tacón diplomático (si fuera hombre habría que decir corbata), un buen día la enviada de Álvaro Uribe resolvió proponer la reelección de su jefe, idea que caló de inmediato en esta patria obnubilada y llenó de regocijo a las huestes furibistas del país. Esa sí fue la cereza que le faltaba al ponqué clientelista que la ex canciller de Gaviria ha sabido preparar a lo largo de su carrera pública, y cuyo principal ingrediente es la gelatina burocrática, de la cual ella se ha beneficiado tanto.

Muchos amigos míos, al verme defraudado, me decían una y otra vez que, tratándose de Noemí, no debería tener motivo para sorprenderme, pues su trayectoria habla por sí sola. Y razón no les falta. En su dilatada carrera pública, la recandidata presidencial no ha tenido reparo en trabajar olímpicamente para distintos señores, de diferentes colores y matices ideológicos, valiéndose de eso que los políticos profesionales llaman ‘servicio al país’, pero que no es otra cosa que el vicio de vivir a costa de la plata de los contribuyentes.

Así que no se les haga raro que en los próximos meses Mimí se despache contra los demás candidatos, haciendo toda clase de cuestionamientos, para celebrar luego otra derrota electoral aceptando uno de esos nombramientos que tanto le gustan y para el cual ya debe tener listo su vestido fucsia satinado. ¡Qué farsa!

2 comentarios:

Davinchi dijo...

Eso demuestra una vez más el oportunismo de los políticos de esta patria que nunca dejó de ser boba.

Noemí seguirá buscando el árbol que mejor le dé sombra.

luis enrique dijo...

Me acuerdo que en su momento dijo que elegir a Uribe sería como elegir a Mancuso.