jueves, 23 de abril de 2009

Muertos de la risa

Siendo Colombia el ‘mejor vividero del mundo’, es apenas lógico que sus habitantes sean el pueblo más feliz que se pueda encontrar sobre la faz de la Tierra. Cada tanto, cuando sale la encuesta de marras que mide los índices de felicidad, el país del Sagrado Corazón si no está en el primer lugar, aparece sólo un poco más abajo en los primeros puestos del ranking.

Por eso resulta inútil, cuando no absurdo, que ciertos medios y periodistas llenos de resentimiento se pongan en la tarea de buscar razones para amargarles el rato a los lectores, oyentes o televidentes. Ellos deberían entender de una vez por todas que en el país más feliz del mundo no hay espacio para la crisis existencial ni el desencanto.

¿Qué gana la columnista Claudia López dele que dele con sus artículos contra la corrupción y la para-política? ¿Será que ella no se da cuenta de lo infructuosas que son sus denuncias de las maniobras urdidas por ciertos políticos con los grupos paramilitares para apropiarse de tierras y votos a punta de bala y sangre? A estas alturas de la vida, ella debería saber que en el país más feliz del mundo ese tipo de columnas son apenas un chiste…

¿Para qué se desgasta la periodista María Jimena Duzán escribiendo cada semana pestes contra el Presidente, o algún funcionario del alto gobierno? Por más que lo intente, sus acaloradas notas nunca van a lograr borrar la sonrisa de la cara del 70 por ciento de colombianos que no sólo están contentos con su gobernante y sus cooperantes (léase: colaboradores), sino que van a votar por él cuantas veces se necesite para que siga gobernando el país más feliz del mundo. ¡Y lo harán dichosos de la vida…!

En su empeño por sembrar el pesimismo también seguirán fracasado con sus arremetidas editoriales señores como Felipe Zuleta, Ramiro Bejarano o Pedro Medellín, quienes se niegan a entender que Colombia es un país inmune a la tristeza. Y lo mismo deberían aprender esas ONGs que creen que con sus infladas cifras de falsos positivos y de asesinatos de sindicalistas le van a arrebatar la esperanza al país más feliz del mundo.

Tampoco ha sido ni será exitoso con sus profecías del desastre el señor Antonio Caballero, que lleva tantos años dando vueltas en círculo como jinete del Apocalipsis, tratando de contagiar con su pesimismo crónico y agudo a un pueblo que es feliz por naturaleza. De nada sirven sus permanentes dosis de escepticismo. Los habitantes del país más feliz del mundo estamos blindados contra la desilusión.

Y que no insista más con sus argucias el señor Daniel Coronell, pretendiendo apagar el entusiasmo del gobierno con algún nuevo escándalo. El más reciente informe contra Tomás y Jerónimo Uribe, producto de ese odio que él siente por la familia presidencial, es como pa’morirse de la risa. ¿Qué tiene de malo que esos muchachos quieran trabajar con alegría, en el país más feliz del mundo?

1 comentario:

MayRa dijo...

ja ja ja...me hiciste más felíz de lo que soy en este hermoso y dichoso país Vladdo! Gracias! (8| <---(en caso de que no sepas, este es un emoticón...y expresa mi cara en este momento.)