miércoles, 29 de abril de 2009

¿De zona franca a tierra santa?

Después de ver todo lo que se ha publicado en los medios sobre la gripa porcina o los exitosos negocios de los primeros querubines de la Nación, quise marginarme de estas cuestiones; sin embargo, muy a mi pesar, las circunstancias me llevan a referirme a uno de dichos temas.

En consecuencia, aun contra mi propia voluntad, pero sin querer dármelas de mártir, me puse un tapabocas y me dirigí con no mucho entusiasmo a las páginas editoriales de El Tiempo, concretamente a la columna del ex asesor presidencial José Obdulio Gaviria. Como este diminuto personaje suele concebirlo todo al revés del resto del mundo, no sólo en el aspecto formal sino también ético, decidió titular su columna con una expresión que comúnmente se pone al final. “Este artículo continuará” era la frase que precedía su nota, que no se refería a la enfermedad que tiene en ascuas a medio planeta, sino que hablaba del derecho al trabajo que el país, el Estado y la ciudadanía les debemos garantizar a Tomás y Jerónimo Uribe, quienes según JOG “saben que el trabajo es la senda que conduce a la creación de la riqueza”.

Si al empezar a leer sentí que un sudor frío recorría mi cuerpo, al llegar al tercero o cuarto párrafo, la sensación de náuseas se hacía cada vez más fuerte, por lo cual tuve que ingerir dos tabletas de Alka-Seltzer, antes de seguir leyendo la defensa de los multimillonarios delfines. Tengo que admitir que esa dosis personal me sirvió para calmar momentáneamente la maluquera, pero la alta concentración de cinismo que iba encontrando renglón tras renglón minó cualquier sensación de bienestar, por lo cual tenía que retirarme cada tanto el tapabocas protector para poder respirar.

Aunque en algunos pasajes un molesto temblorcito en las manos me dificultaba la lectura, al terminar el cantinflesco y poco convincente artículo empecé a sentir un gran alivio, y creo que encontré más elementos de juicio para analizar las travesuras palaciegas. Por encima de todo, resulta inaceptable que el mismo Presidente que regañaba a los colombianos que habían invertido en las pirámides, diciéndoles que la plata había que ganársela trabajando y no de la noche a la mañana, se quede callado al ver que sus hijos no sólo multiplican su patrimonio en un abrir y cerrar de ojos, sino que lo hacen adelantando gestiones con funcionarios de su gobierno. Así no hubiera anomalías en los trámites, el episodio deja mal sabor y el silencio del Presidente no ayuda mucho.

Este problemita ha adquirido tal dimensión que no será fácil para la familia presidencial desterrar los fantasmas de corrupción o favoritismo, gracias a los cuales Tom y Jerry quedaron convertidos en magnates de la finca raíz. Así decidieran donar esos terrenos a una institución benéfica, para que en vez de zona franca se construya un convento, el mal ya está hecho, pues la consigna era: “trabajar, trabajar y trabajar”, y no: “el que peca y reza empata”.

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