Por
Vladdo • Director de
Un PasquínReuniones del Presidente con un vidente católico que le pidió una cita por recomendación de la Virgen, rezo del rosario en el Palacio Presidencial con militares a bordo, consagración del país al Sagrado Corazón (prohibida en la Constitución), plegarias permanentes a Dios y a María...
Sin prisa pero sin pausa, Álvaro Uribe ha borrado los límites entre la Iglesia y el Estado; entre gobierno y clero; entre religión y política; entre la fe y el proselitismo.
Para nadie son un secreto las alusiones religiosas que suele hacer en público el presidente de la República. Hacía muchos años no se veía en Colombia un mandatario que en sus actos de gobierno invocara tanto a Dios, a Jesucristo y a la Virgen, como lo hace Álvaro Uribe Vélez. Dicha cuestión no tendría importancia si no fuera por el hecho de que según la Corte Constitucional
“el Estado no puede establecer preferencia alguna en asuntos religiosos”. En esta sentencia, de agosto de 1994, ese alto tribunal declaró inexequible la consagración del país al Sagrado Corazón de Jesús.
Sin embargo, más allá de fallos o de sentencias judiciales, es muy intensa la devoción religiosa que se respira y se maneja hoy por hoy en los altos círculos del Gobierno. Una buena forma de ilustrar esta situación es el curioso encuentro que hace pocos meses sostuvo el Primer Mandatario con John Rick Miller, un vidente católico norteamericano radicado en Inglaterra que estaba de visita en en el país. El pasado mes de mayo, Miller solicitó entrevistarse con el presidente Álvaro Uribe Vélez, quien gustosamente lo recibió en el Palacio Presidencial.
El objeto de la visita era un tanto fuera de lo común, pues según una información obtenida por Un Pasquín, Miller
“dijo que necesitaba hablar con el Presidente, porque la Virgen se lo había pedido”. De acuerdo con la misma fuente, en la cita con Uribe, Miller “le pidió la Consagración de Colombia al Inmaculado Corazón de la Virgen”, petición que según la fuente el Presidente aceptó
“y adicionamente empezó a rezar el rosario con transmisión en un canal institucional todos los miércoles. Y como al mes o 20 días fue el rescate de Íngrid Betancourt, precisamente un miércoles y el Presidente no ha dejado de agradecer a la Virgencita y a Nuestro Señor”.
A pesar de que, según el citado fallo de la Corte Constitucional, “Colombia no puede ser consagrada de modo oficial al Sagrado Corazón, por cuanto con ello se viola la libertad de cultos y la igualdad”, establecidas en la Constitución de 1991, el pasado miércoles 11 de junio –un mes después de la visita del vidente– el Presidente Álvaro Uribe Vélez renovó la Consagración al Sagrado Corazón de Jesús, en un acto celebrado en el Palacio de Nariño, al que asistieron, entre otros, el Nuncio Apostólico, Monseñor Aldo Cavalli; el padre Julio Solórzano, capellán de Palacio; el Almirante Guillermo Barrera Hurtado, Comandante de la Armada Nacional; el entonces Consejero Presidencial Fabio Valencia Cossio, y el Secretario de Prensa de la Presidencia, César Mauricio Velásquez.
Aunque en la página de Internet de la Presidencia sólo se menciona el rezo del rosario, y no se habla de la Consagración, el
blog Ángeles 55, dedicado a temas religiosos, publicó el 22 de junio una breve reseña de la ceremonia bajo el título:
“El Presidente Uribe renovó la Consagración al Sagrado Corazón”. Por otra parte, pese a que tanto en la Presidencia como en este blog se subraya el carácter ‘privado’ de dicha reunión, es evidente que en esos actos quedan muy diluidas las fronteras entre religión y política; entre gobierno y clero; entre la fe y el proselitismo. El Presidente debería saber que los límites entre lo privado y lo público se vuelven muy frágiles en situaciones como éstas, en las cuales participan funcionarios del gobierno, en horas de trabajo y en dependencias oficiales.
Según un despacho de la agencia católica ACI Prensa, divulgado a comienzos de julio, el rezo del rosario
“es para cada vez más colombianos el secreto detrás del nuevo momento que atraviesa el país”. Y agrega además que Uribe lo
“ha convertido en práctica característica de su Gobierno”, lo cual es cierto, pues todos los miércoles en el palacio presidecnial se reza el rosario, en una ceremonia en la que participan no sólo funcionarios del alto gobierno, incluido con frecuencia el propio presidente Uribe, sino empleados de otras dependencias oficiales, e incluso militares. Según ACI Prensa, esta fue
“el arma secreta que permitió el reciente rescate sin un solo tiro de 15 secuestrados”.
Según la misma agencia, Lidia Ríos, representante de la Legión de María en Medellín, atribuye el éxito que Uribe está logrando contra la violencia en Colombia
“a esa devoción y esa entrega que tiene a Jesús y María” y si se ha salvado de enemigos y atentados es gracias a que “el Señor y la Virgen lo han librado y lo siguen acompañando, porque él constantemente los invoca y está trabajando de la mano de la Iglesia”.
Claro que el testimonio de Ríos no es el único que asocia el éxito de Uribe a la ayuda divina. Pocos días después de la
Operación Jaque, el general Mario Montoya viajó hasta Buga, para agradecerle al Señor de los Milagros por
“iluminar a los buenos y confundir a los malos”. Igualmente, según un reportaje de
El Tiempo, el rosario que se rezó en Palacio el pasado 5 de marzo fue dedicado a las Vírgenes de Coromoto, de Venezuela; Las Mercedes, de Ecuador, y la de Chiquinquirá, a las que les pidieron por el final de la crisis trinacional desatada tras el bombardeo del campamento de Raúl Reyes. Según el periódico,
“para los creyentes, la misa fue más que efectiva, pues dos días después los mandatarios de los tres países estrecharon sus manos en la Cumbre del Grupo de Río, en República Dominicana”.
Más allá de sus repetables creencias, es claro que el actual presidente colombiano no sólo ha privilegiado al catolicismo sobre las demás confesiones religiosas, sino que con esos cocteles de religión y política prácticamente ha eliminado la separación entre Iglesia y Estado que establece la Carta Magna.
Como si fuera poco, el rezo del rosario se transmite con frecuencia por el Canal Institucional, sin ningún tipo de control por parte de la Comisión Nacional de Televisión (CNTV). En diálogo con Un Pasquín, un miembro de dicho organismo se mostró sorprendido cuando se le mencionó el tema, pero a renglón seguido aclaró que es poco o nada lo que la CNTV puede hacer al respecto, puesto que dicho canal es autónomo en su programación.
“Nosotros sólo le asignamos un presupuesto anual, pero el manejo lo hacen ellos directamente”. Este periódico se comunicó con el Canal y, al preguntar por el horario de emisión del programa del rosario, una funcionaria de la oficina de programación respondió:
“Es una oración por la paz que produce la Presidencia de la República [y se transmite] cada vez que el Presidente lo decide”.
Luego de ver las imágenes de los devotos funcionarios públicos reunidos en oración en la sede presidencial, son muchas las preguntas que salen a flote. Por ejemplo, si otros empleados quisieran celebrar un rito no católico, ¿contarían con la autorización para realizarlo en la sede del Palacio y en las mismas condiciones? ¿Qué hace un comandante de la cúpula militar dedicado a rezar el rosario, en vez de estar al frente de la tropa? ¿A cuento de qué el Gobierno invierte recursos para pasar por televisión tales ceremonias? Si, como lo pregonan en la Casa de Nariño, se trata de reuniones privadas, ¿por qué las transmiten por el Canal Institucional? Además, para quienes no practican el catolicismo, o simplemente no pertenecen a ninguna religión, estas prácticas pueden resultar un poco irrespetuosas y hasta agresivas; puesto que el Presidente de la República no representa a la familia Uribe sino a todos sus compatriotas, independientemente de sus creencias.
Si esa extraña simbiosis entre religión y política no viola la Constitución, por lo menos sí constituye una clara discriminación frente a otros credos, cuyos adeptos seguramente no van a contar con las mismas prerrogativas que disfrutan los católicos en Palacio para practicar su fe.