miércoles, 27 de agosto de 2008

Resulta curioso

Resulta curioso que a Fabio Valencia Cossio se le hubiera olvidado que él promovió hace veinte años un debate contra el entonces ministro de Justicia, José Manuel Arias Carrizosa, quien a la postre renunció por haber vendido el cupo de un carro diplomático, que después fue a parar a manos de un mafioso. Según aquel Valencia Cossio, quien presidiera esa cartera no podía despertar la menor sospecha o duda sobre su conducta, sino que debía ser alguien intachable.

Resulta curioso que el presidente Álvaro Uribe salga a desempolvar supuestas faltas éticas de sus antiguos compañeros de filas en la política, junto a los cuales no tuvo reparo en trabajar para respaldar, por ejemplo, la campaña electoral de Horacio Serpa, en 1998.

Resulta curioso que el Álvaro Uribe presidente se contradiga con el Álvaro Uribe senador, que a finales de 1992 promovía reuniones con la familia de Pablo Escobar, dizque para “buscar un mecanismo que le ofreciera la seguridad requerida para someterse a las autoridades”. En esa época no sólo lo tenía sin cuidado que estuviera prohibida la extradición, sino que además apadrinaba estos encuentros “por iniciativa propia, sin previa consulta con el Gobierno nacional”, tal como lo reconocía el propio Uribe en un comunicado.

Resulta curioso que el Mandatario la emprenda contra Daniel Coronell por respetar un pacto de confidencialidad con una fuente periodísitica, pero que él mismo no sea capaz de denunciar a personajes involucrados en supuestos complots en su contra, como en el caso de Rafael Pardo. Si, como dice Uribe, “el periodista no tiene licencia para ser cómplice del delincuente ni para ocultar el delito”, ¿un presidente sí?

Resulta curioso que la primera autoridad del país se atreva a hablar de manipulación y “tráfico de testigos”, luego del caso ‘Tasmania’, en el cual fue el gobierno el que usó un falso testimonio para tratar de quitarle credibildad y deslegitimar al magistrado auxiliar Iván Velásquez.

Resulta curioso que un Presidente de la República no sólo les abra las puertas a emisarios de la mafia que quieran enlodar a la Corte Suprema de Justicia, sino que además lo justifique aduciendo la preservación del orden público. Después no pregunten por qué The New York Times dice que Uribe “ha mostrado muy poco respeto por las instituciones de la democracia colombiana”.

Resulta curioso , finalmente, que en medio de tanto escándalo y con el inquilino de la ‘Casa de Nari’ contra las cuerdas, los furibistas de a pie se busquen pretextos ridículos para evadir cualquier discusión acerca de los líos del ‘Presi’. “Yo no sé de qué me habla” o “no he tenido tiempo de leer la prensa” son algunas de las frases que en estos días se les oye decir con tal de no encarar la realidad. Es entendible que deben sentir, si no rabia, algo de vergüenza por hacer parte de ese 84% que prefiere mirar para otro lado en las vergonzosas circunstancias que atraviesa el país. La verdad es que a mí también me daría pena.

martes, 26 de agosto de 2008

El anti-Cristo


Es curioso que el presidente Álvaro Uribe salga ahora a hacer acusaciones contra sus antiguos compañeros de filas en el partido Liberal. No hay que olvidar que Uribe, después del proceso 8000 –del cual Juan Fernando Cristo y otros dirigentes de la campaña Samper salieron exonerados–, no tuvo inconveniente en apoyar la candidatura presidencial de Horacio Serpa.

Si era cierto que “el senador Juan Fernando Cristo [...] tramitó en su momento en que estaba en el Ejecutivo, dineros para campañas políticas que venían del narcotráfico”, como dice Uribe, ¿entonces por qué no lo denunció en esa época? Peor aún: ¿por qué estuvo trabajando hombro a hombro con Cristo en la campaña Serpa 98?

Hasta donde recuerdo, no denunciar un delito lo convierte a uno en cómplice. Entonces si lo que dice Uribe es cierto, ¿por qué se hizo el pendejo en 1998? Y si no es cierto, ¿para qué lo dice?

Para completar, Uribe comete un error histórico cuando pretende salpicar a Cristo, porque en la famosa campaña de 1994, obviamente, este senador no hacía parte del Ejecutivo, sino que llegó al Ejecutivo precisamente después de que Samper ganó esas elecciones...

jueves, 21 de agosto de 2008

Lunes negro


Nunca he sido muy aficionado a los lunes festivos: los cuatro días hábiles que quedan no alcanzan para nada; la gente prácticamente no trabaja desde el viernes anterior y además me parece muy aburrido comenzar la semana un martes. Para completar, esos feriados Emiliani carecen de personalidad: ni son como los sábados, ni son iguales a los domingos; de hecho son como una versión reducida de un 31 de dicembre o de un Jueves Santo, fechas en las que, por cierto, dicen que se disparan las tasas de suicidio. No se me haría raro que los lunes festivos pasara algo similar.

Sin pretender llegar a esos extremos, pero de todos modos poniendo en riesgo mi salud, este lunes resulté viendo en televisión, por gajes del oficio, una de las entrevistas exclusivas que el presidente Álvaro Uribe dio en varios medios, a propósito de su viaje a Atlanta, Estados Unidos, donde tengo entendido que se realizaba una cumbre de competitividad, a la que espero que no lo haya acompañado el ministro del asfalto, Andrés Uriel Gallego.

El presidente de Colombia apareció en un curioso reportaje en CNN en Español, conducido por Luis Carlos Vélez, un periodista colombiano que después de esta entrevista debe tener abiertas de par en par las puertas de la oficina de prensa de la Casa de Nariño (por ejemplo, cuando César Mauricio se vaya de vacaciones).


En un pequeño set, mandatario y reportero estaban sentados no frente a frente sino rodilla con rodilla, cosa que llamaba mucho la atención, dado el gran tamaño de los estudios de CNN en Atlanta. A pesar de tanta aproximación, por un momento la cosa pintaba bastante bien, pues en la introducción al diálogo Vélez le subrayó a Uribe que esa era la primera entrevista que concedía tras la ‘Operación Jaque’. Me preparé para lo mejor, pero la ilusión se disipó cuando abrió con esta pregunta (cito de memoria): “Señor Presidente, ¿qué le emocionó más: la ‘Operación Jaque’, o la muerte de Tirofijo?”

A partir de ahí todo fue una sucesión de preguntas de cajón, como de Germán Santamaría y no de alguien que trabaja con Patricia Janiot. En media hora de consejo comunal (y no lo digo solamente por lo sudoroso que salía Uribe) al joven reportero no se le ocurrió mencionar ni remotamente el peto de la Cruz Roja, ni mucho menos los emblemas de Telesur o de Ecuavisa. Y ni hablar del remate, ya en la cumbre del paroxismo uribista, cuando preguntó algo así como: “usted, que es un hombre tan activo, ¿cómo hace para trabajar tanto?” El tono del cuestionario fue tan patético que si se compara con la ‘grismente’ célebre entrevista de Vicky Dávila, ésta parece una enemiga del régimen, apátrida y todas esas cosas que se dicen ahora.

Luego del programa pensé que permanecer frente a la pantalla todo ese rato no fue un acto suicida pero sí un poco temerario, y comprobé que definitivamente los lunes festivos no son para mí.