jueves, 11 de septiembre de 2008

No me parece

No me parece justo que terminen estigmatizando a la Universidad Distrital de Bogotá, y por extensión a todas las universidades públicas del país, por culpa de unos encapuchados que se pusieron a hacer apología de las Farc en medio de un grupo de estudiantes y a plena luz del día, tal como lo denunció la senadora casi ex uribista Gina Parody.

No me parece tan grave la circunstancia de que dichos manifestantes traten de ocultar su identidad cubriéndose el rostro. Esta conducta es hasta cierto punto comprensible si recordamos, por ejemplo, que hace dos años, en plena campaña de reelección, cuando Álvaro Uribe estuvo en universidades como la Javeriana o Los Andes, había ciertos personajes que, no se sabe con qué propósito, trataban de identificar y señalar a quienes se pronunciaban en contra del presidente-candidato.

No me parece tampoco admisible que esos estudiantes, encapuchados o no, salgan a apoyar a cualquier grupo guerrillero, sin tener en cuenta el inmenso daño que han ocasionado a tantos colombianos, en especial a los civiles ajenos al conflicto. El hecho de no estar de acuerdo con con las políticas del gobierno, no da pie para defender algo indefensable como lo es hoy por hoy la lucha armada. Por otra parte, ponerse a rendirles homenajes póstumos a personajes como Raúl Reyes e Iván Ríos es una actitud que, en el mejor de los casos, raya en la insensatez.

No me parece muy atinado el manejo que le ha dado a todo este asunto el rector de la Distrital, Carlos Ossa Escobar. Una cosa es que la universidad garantice el derecho a la libertad de expresión de los estudiantes y profesores de esa institución, y otra que terminen legitimando la violencia como arma política. No sé si debido a su falta de carácter o a su afán de no meterse en líos, el señor Ossa ha tratado de salirse por la tangente, pretendiendo desconocer los videos (en uno de los cuales incluso aparece él) o cuestionando el hecho de que tales grabaciones hayan sido realizadas o divulgadas.

No me parece muy pertinente el escándalo que ha armado Gina Parody con esta denuncia. Para empezar, no es la primera vez que unos estudiantes se manifiestan a favor de la guerrilla, y menos en universidades públicas. Por otra parte, si se trata de salvaguardar a la juventud, ¿por qué ni en el Congreso ni en el Ministerio de Educación se han pronunciado acerca de la influencia silenciosa que los paramilitares han ejercido en algunas instituciones de educación superior? ¿O sobre las bandas dedicadas al narcotráfico, o a las redes de prostitución estudiantil que operan en varios centros educativos? Ahí hay mucha tela de donde cortar.

No me parece de más recordar que ni las universidades ni otras instituciones del país están exentas de tener integrantes de dudosa reputación, como lo hemos visto recientemente incluso en la Policía Nacional. Y si a estos últimos les dicen ‘casos aislados’, a los de las universidades, ¿qué?

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