lunes, 7 de abril de 2008

Vivir en Venezuela

Opinión de Joanna Ruiz Méndez
Especial para Un Pasquín

Hugo Chávez es famoso por sus continuas y extensas, extensísimas, intervenciones presidenciales por televisión en las que anuncia el progreso social que se evidencia en Venezuela. Los canales de comunicación oficiales se hacen eco de estos mensajes y si fueran los únicos medios de información existentes, nadie dudaría que el país, sino es el paraíso, está bastante cerca de serlo.

Por otro lado, están los opositores al gobierno que emiten informaciones apocalípticas del país a través de los cada vez menos numerosos medios de comunicación de tendencia contraria al gobierno de Chávez. Atarse a esta visión de Venezuela es condenarse a vivir deprimido, angustiado o en pie de guerra permanente en contra del presidente y sus seguidores.

Entonces, ¿a quién creerle? ¿Cómo definir el tipo de vida que se lleva en este país? Atenerse a la realidad maniqueísta que presentan los medios de comunicación deja un estrecho margen de criterio al ciudadano común que es quien percibe de cerca la realidad circundante. Sólo comparando ésta con los indicios de verdad en unos y otros mensajes es que se puede construir un panorama acertado del escenario venezolano. Basta con tomar ejemplos.

Una constante en las comunicaciones emitidas por entes oficialistas es destacar las excelentes labores realizadas en el área de la salud, la seguridad y alimentación. Un paseo por un hospital cualquiera revela la terrible infraestructura con la que cuenta la salud pública, la falta de recursos y servicios que hay y la casi displicencia con que se atienden a la mayoría de los pacientes en estas instituciones. La seguridad, que pretende reforzarse con la creación de una Policía Nacional “comunitaria, preventiva, humanista y revolucionaria”, tal como la definiera Chávez, es ahora prácticamente inexistente y podría decirse, sin temor a equívocos, que ningún organismo en el país garantiza que una persona regrese sana y salva a su casa, ni que lo esté dentro de la misma. Los anaqueles vacíos de productos básicos en la mayoría de los supermercados y las infinitas colas para conseguirlos en los Mercales –red de mercados creados por el gobierno– advierten también una crisis en el ámbito alimentario.

Por su parte, los opositores advierten que los índices de pobreza aumentan sin cesar, que la dictadura se cierne amenazante sobre el país y que este ha sido el peor gobierno de la historia venezolana. En el país hay dinero, de eso no hay duda. En tal caso, no hay cosas para comprar, pero si existiera la pobreza crítica que se proclama los artistas no tendrían llenos completos en sus conciertos –aun en los más caros–, las peluquerías no estarían abarrotadas diariamente y algunos ranchos –humildes viviendas ubicadas en las zonas más pobres de Caracas– no exhibirían orgullosos sus antenas de DirecTV.

Tampoco es mentira que la libertad de expresión y de prensa se han visto lesionadas durante el gobierno de Chávez, pero no es la primera vez que esto ocurre en Venezuela durante el período democrático y no por eso se había hablado antes de dictadura. Este punto conduce al último: la creencia casi estúpida de que tiempos pasados fueron mejores. Si hoy Venezuela exhibe problemas políticos y sociales graves es porque estos venían germinándose en los gobiernos anteriores y evidentemente nunca fueron resueltos, ni lo han sido ahora. Desde esta perspectiva, esos gobiernos fueron tan malos como el actual, que puede superarlos, eso sí, en polémicas y duración.

Basándose en este escenario de discursos encontrados –entre sí y con la realidad– cabría suponer que no hay manera de definir qué significa vivir en Venezuela, ni siquiera aunque lo intentara un venezolano. Pero sería demasiado simplista llegar a esta conclusión. Más bien valdría la pena hacer un esfuerzo y reconocer los múltiples matices que invaden cada situación, cada problemática, cada personaje político o ciudadano que participa dentro de la dinámica existente en el país.

Los defensores de cada postura parten de una pizca de verdad en la mayoría de los casos para defender sus argumentos, pero casi siempre la envuelven en el artificio que decora la realidad cuando están en juego poderes políticos y económicos. Todos dicen la verdad y todos mienten y le toca al ciudadano reconocer, atisbar, recoger esos pedazos de certezas que hay en cada discurso y unirla a sus propias vivencias para tener un panorama más o menos realista del país ante sus ojos.

Pero aún más. Es evidente que cualquier contexto involucra a gobernantes, opositores y ciudadanos por igual. Por eso, no sólo vale la pena que cada individuo se responda a sí mismo qué significa vivir en Venezuela sino que también sería válido –necesario, más bien– que se interrogue acerca de cómo está contribuyendo a que esa situación sea buena, regular o mala.

Cualquier ciudadano puede ser el mejor crítico de la sociedad en que vive, pero también de sí mismo como actor de esa realidad.
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Joanna Ruiz Méndez es una periodista venezolana.

1 comentario:

Jose Ricardo dijo...

Sobre lo que sucede en Venezuela, sólo los colombianos que hayan viajado allá podrían estar autorizados para pronunciarse. Existen algunos problemas en cuanto a abastecimiento de alimentos, pero en general el trascurso de la vida es normal. Así haya una buena dosis de populismo los resultados de las acciones del gobierno en salud y educación para los más pobres son fáciles de apreciar. El sistema económico se desmarcó definitivamente de los postulados neoliberales y la nacionalización de las empresas de sectores estratégicos le garantizan al pais la independencia de trasnacionales y gobiernos extranjeros. La nacionalización de latifundios inproductivos propende por la democratización de la propiedad de la tierra y promete ser el primer experimento en ese sentido que puede tener exito en América Latina. Larga vida a Chavez