lunes, 7 de abril de 2008

‘Por qué tengo razón en todo’

Lamentamos informar que Por qué tengo razón en todo no es el título de la autobiografía de Álvaro Uribe sino el de una obra del respetado filósofo polaco Leszek Kołakowski (1927). “Kołakowski es un filósofo, un escritor brillante y un historiador de ideas y movimientos sociales, y sus libros ofrecen una gran inspiración moral para todas las luchas del hombre por su libertad en la sociedad”, dijo el año pasado el jurado del Premio Jerusalén de Literatura, al otorgarle este galardón precisamente por su aporte a “la lucha por la libertad del individuo en la sociedad”.

El libro, del cual reproducimos –por cortesía de la editorial– el capítulo Gran enciclopedia de la filosofía y las ciencias sociales, es una deliciosa selección de escritos breves, llenos de humor e ironía, en el cual el autor demuestra plenamente que la irreverencia y la provocación no riñen con la profundidad de sus planteamientos sobre el hombre, la sociedad, la religión o la política. Por qué tengo razón en todo | Leszek Kołakowski | Editorial Melusina, 2007 | 347 páginas.
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Gran enciclopedia de la filosofía y las ciencias sociales
No todos tienen tiempo para quemarse las pestañas estudiando filosofía y ciencias sociales. ¿Por qué no hacerles la vida más fácil y publicar la presente Gran Enciclopedia? El lector debe observar que el orden de las entradas, como en toda enciclopedia que se precie, es alfabético. Sin embargo, no se trata del ridículo alfabeto de toda la vida, sino de otro más moderno, deconstruccionista. El lector descubrirá fácilmente sus ventajas.

Liberalismo: que cada uno se ocupe de sus asuntos y no meta las narices en los de los demás, ¡y va que chuta!
Socialismo: que si el gobierno se lo quita todo a todos, viviremos felices y comeremos perdices, y el pueblo gobernará.
Conservadurismo: que, cuando el Caudillo, se vivía mejor.
Nacionalismo: que somos los mejores y los más nobles, y todo el mundo lo sabe y por eso quiere destruirnos.
Hegel: que Dios se diluyó por completo en el mundo, porque no le quedó otro remedio.
Spinoza: que no hay nada más que Dios.
Materialismo: que todo es más o menos como una silla o un ladrillo.
Círculo vicioso: véase: circulus vitiosus.
Circulus vitiosus: véase: círculo vicioso.
Leibniz: que mejor de cómo es no puede ser, porque Dios se las sabe todas.
Aristóteles: que si te mantienes en el centro no morirás.
Wittgenstein (joven): que mejor no hablar demasiado, sobre todo de filosofía.
Wittgenstein (viejo): que podemos hablar todo lo que queramos, pero antes hay que inventarse algunas reglas.
Postmodernismo: que todo es lícito.
Deconstruccionismo: que dígase lo que se diga, no tendrá ningún sentido.
Postestructuralismo: no sé qué es.
Escepticismo: que nunca se sabe.
San Agustín: que lo más probable es que vayas al infierno y, si por casualidad vas al cielo, será porque Dios lo ha querido así.
Freud: que desde el mismo momento de nacer, la gente sólo quiere copular y copular, pero no lo dice en voz alta.
Absoluto: una cosa de la que no puede decirse nada de nada.
Pascal: que admitas que eres un canalla y un imbécil, y tal vez logres la salvación (o no).
Estoicos: que todo está bien como está.
Democracia: que todo el mundo se imagine que gobierna, pero que no deje de quejarse por gobernar demasiado poco.
Descartes: que hay Dios, ¡cómo no!, pero no se ve en ninguna parte; por lo visto, nos dio la razón, y así sabemos lo que es verdad y lo que es mentira.
Rousseau: que todo va de mal en peor y, ¡a dónde iremos a parar!
Marx: que Dios no existe, sólo la gente, y que andamos a la greña por cuatro chavos, pero dentro de un par de años la vida será muy pero que muy alegre, porque no habrá dinero y todo se distribuirá con cartillas de racionamiento.
Strauss: que debería ser como en los buenos viejos tiempos: ¡los doctos a gobernar y los palurdos a obedecer sin decir ni mu!
Historicismo: que hoy esto es verdad, pero mañana será otra cosa.
Hobbes: que gana lo que es más fuerte y más grande, y, en general, los puños mandan.
Platón: que no hay nada más bello que la belleza, nada más ridículo que la ridiculez, nada más tonto que la tontería, etcétera.
Tomismo: que el mundo es pistonudo y todo está en su sitio.
Popper: que las cosas pueden explicarse de una manera o de otra, pero de hecho no se sabe cómo son de verdad.
Existencialismo: que tú también puedes ser un personaje trágico.
Positivismo: que no pierdas el tiempo haciendo preguntas estúpidas como: ¿por qué algo es así o asá? o ¿qué es bueno y qué es malo?
Metafísica: que algo es o no es.
Física: véase: metafísica (pero sustráigase: «meta»).
Fenomenología: que hay que ver las cosas como son y no preguntarse si realmente son o no son.
Heidegger: que no se sabe de dónde has salido, pero tienes que ser bizarro y no hacer caso de lo que dice la gente.
Husserl: que si miras dentro de ti mismo, verás toda la verdad.
Marxismo-leninismo científico: que al gobierno –¡pero únicamente si es comunista!– no sólo hay que obedecerlo, sino también amarlo con locura.
Kant (filosofía teórica): que hay una Razón y con un trozo modelamos el mundo; pero, bien mirado, no se sabe cómo es este mundo.
Kant (filosofía práctica): que cuando haces algo, no debes sentir nada ni pensar en las consecuencias, sino preguntarte si estaría bien que todo el mundo hiciera lo mismo.
Bergson: que no hay nada, pero todo cambia, Dios incluido.
Teología: ciencia sobre la teología y, en particular, sobre lo sabia que es.
Espíritu: eso tan sabio que rige el mundo.
Berkeley: que lo que ves es y lo que no ves no es.
Nietzsche: que todo está a matar con todo, y siempre será así a pesar de que no tiene ningún sentido.
Relativismo: que puede ser así o asá.
Utilitarismo: que si te das un gustazo, por ejemplo, comer bien, perpetras un acto moralmente encomiable, porque aumentas la masa global de felicidad en el universo.
Futurología: una ciencia muy científica que trata sobre lo que no existe en absoluto y nunca podrá existir, es decir, el futuro.
Hume: que ves lo que ves, pero jamás podrás demostrar lo que piensas.
Justicia social: que decididamente ganas demasiado poco.
Tales: que el agua.

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