lunes, 7 de abril de 2008

Para parar a los ‘paras’

Opinión de Yolanda Soler Mantilla
Especial para Un Pasquín

Hay un letrero en la película Los Simpsons que quizá ayuda a entender lo que ha ocurrido con los bien llamados grupos paramilitares en los últimos 30 años: “La Administración no aprueba la justicia por cuenta propia. (A no ser que dé resultados)”.

No son claros los orígenes del paramilitarismo, pero el norteamericano Noam Chomsky -uno de los intelectuales más lúcidos y mejor informados del planeta- brinda una importante pista: “En 1962 Kennedy envió a Colombia una misión de fuerzas especiales para aconsejar a las Fuerzas Militares colombianas, y el consejo era que había que controlar a la población a través del terror paramilitar” (El Espectador, 30 de marzo).

Grupos paramilitares los ha habido en diferentes países del Cono Sur, y su principal característica ha sido la de tomar la justicia por cuenta propia, casi siempre alentados por regímenes de facto. Los colombianos llevaron desde su génesis una ominosa ventaja, como fue la de crecer bajo la ubre billonaria del narcotráfico, a la par con su Némesis, la guerrilla; de modo que la existencia (o mejor, la subsistencia) de ambos se explica por el poder corruptor y desestabilizador del dinero a chorros.

Ya por los tiempos de Pablo Escobar, los parientes de Martha Nieves Ochoa se aliaron con el capo de tutti capi para enfrentar el secuestro del que ella fue víctima por una célula del M-19, y nació el movimiento Muerte a Secuestradores (MAS), que logró liberarla en cuestión de días (Ver Lara, novela real de Nahum Montt).

Muchos creyeron que eso era bueno, y en menos de un lustro los grupos de justicia privada se regaron por la geografía nacional, todos con talante mafioso y gran parte de ellos (Castaño, Mancuso, Giraldo, etc.) apoyados desde la trastienda por empresarios, ganaderos, industriales, políticos y/o militares, que establecieron como principal escenario de operaciones continuadas a la Costa Atlántica y el Urabá antioqueño -donde más masacres y desplazamientos forzados hubo- y del que es imposible sustraer de responsabilidad a personajes como el general Rito Alejo del Río, el ex fiscal Luis Camilo Osorio o “la joya de la Corona ”, el ex director del DAS Jorge Noguera, de quien el Presidente dijera que es “un buen muchacho”, sin que se le haya oído retractarse.

Si hay un gobierno al que se le pueda aplicar la máxima de Óscar Wilde (“piensa mal y acertarás”) es a éste, porque nunca antes un Presidente estuvo tan mal rodeado. Hay voces subidas de tono como la de Piedad Córdoba, que pretenden alertar sobre un estado mafioso, pero las hay también reposadas como la de un Luis Jorge Garay, quien se refiere a “la captura del Estado” (Revista Semana, 31 de marzo). En cualquier caso, se está ante un fenómeno cada día más preocupante, pues las que hasta ayer eran fuerzas oscuras hoy ganan preeminencia y copan espacios de legalidad (¿vieron el recibimiento a Los Mellizos?), bajo la mirada hasta cierto punto cómplice de los grandes medios. ¿Por qué estos –para poner un solo y triste ejemplo- le han evitado a Álvaro Uribe la molestia de preguntarle por su ex hombre de confianza, Jorge Noguera?

Si a una le tocara escoger entre los políticos al que quizá pudiera de verdad parar a los ‘paras’ (y demás mafias enquistadas en la administración pública), el único nombre que viene a la cabeza es el de Gustavo Petro, porque fue el que dio el campanazo de alerta. A Uribe habremos de agradecerle que haya derrotado a la guerrilla, pero va a dejar muchos platos rotos.

Y en lo referente a los paras, pues… el asunto es más delicado de lo que parece.

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yolandasolermantilla@yahoo.es

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