lunes, 7 de abril de 2008

Gaitán y la multitud

Opinión de Ricardo Sánchez Ángel
Especial para Un Pasquín

A los sesenta años del crimen de Jorge Eliécer Gaitán y de la insurrección popular del 9 de abril, como manifestación de dolor e ira colectiva y digna, quiero recordar las relaciones del caudillo popular con las multitudes que lo rodearon.
Gaitán se configuró en un líder de las mayorías nacionales, logró la unidad horizontal de los trabajadores, desde abajo, en torno a su figura, verbo y consignas, lo que le dio un marcado sello caudillista a su importante gesta cívica y política. Hay una movilización social gaitanista contra la violencia oficial, el hambre, por la conciliación y las reformas, con un pensamiento jurídico-político sobre el Estado Social de Derecho, la reforma social y la Democracia.

Las manifestaciones convocadas por Gaitán fueron acontecimientos multitudinarios de plaza pública o de desfile y concentración en que el acto central de la ceremonia política era el discurso teatralizado en lenguaje de gestos, arengas, consignas y explicación de sus conductas e idearios. El monólogo del caudillo con su pueblo-público, en ambiente de fiesta y ceremonia. El carácter multitudinario del gaitanismo está bellamente ilustrado en la obra Gaitán de la pintora Débora Arango. Así como el impacto de su asesinato en Masacre del 9 de abril.

La manifestación del sábado 7 de febrero de 1948 debe ser considerada como la más importante movilización político-social en la historia nacional, convocada como Manifestación del Silencio. No fue la única de gran impacto, en la propia Bogotá se había realizado la Marcha de las Antorchas, caudalosa y disciplinada, imponente en su ritual de llamamiento a las autoridades a poner fin a la violencia acrecentada. La manifestación tiene significados a resaltar. El silencio como mensaje de protesta desde la dignidad de la movilización, elocuente en el cambio radical del teatro de la protesta social y política bullanguera y combativa, de ¡abajos! y ¡arribas!, gritados con pasión y coro ante las arengas del jefe. Es un no-discurso contundente porque se calla, en su no verbo está su comunicación más profunda de desobediencia civil y de ética orgullosa de desafiar sin ser desafiantes. Un lenguaje de los cuerpos, en acción y movimiento. Sólo se escuchaba el rumor de las millones de banderas negras y el ruido suave, como queriendo desparecer, de los caminantes. Lo de las banderas negras, símbolo del luto, en su Oración por la Paz Gaitán dijo ese día: “que aquí se han traído para recordar a nuestros hombres villanamente asesinados”. En su discurso, unos días después en Manizales, lo llamó: el silencio es grito y demuestra el significado de esta política pacifista: como presencia de los caídos y la expresión de la protesta.

Las ideas de la no-violencia y la desobediencia civil tenían en esos tiempos circulación internacional amplia, especialmente ejercidas por Gandhi y el movimiento independentista, confrontando el colonialismo británico. En Colombia esa influencia es temprana, ya Laureano Gómez había publicado su libro El Cuadrilátero contra Hitler, Mussolini, Stalin y a favor de Gandhi. La evolución de la praxis de Gómez tomaría un curso de identidad con los totalitarismos de derecha con una presentación católica-republicana.

La resistencia civil liberal-gaitanista y las grandes jornadas de movilización popular debieron ser concebidas por Gaitán en clave de Gandhi. Hay una particularidad en el pensamiento de Gaitán y es la doctrina de la legítima defensa que aplicó con brillo en sus célebres procesos penales, que fueron otra de sus tribunas favoritas. Es la violencia justa ejercida como defensa ante la agresión armada

Pienso que el enfrentamiento de Gaitán con la CTC, dirigida por liberales y comunistas, quienes votaron por Gabriel Turbay, ha llevado a minimizar la influencia en los trabajadores que habían sido asesorados en sus negociaciones por Gaitán. Piénsese en el proletariado agrícola en el Magdalena, Cundinamarca y Tolima, en Bogotá era el asesor del sindicato de Bavaria cuando logró una histórica Convención Colectiva.

Es posible que esa minoría sindical tan activa y leal a la CTC, lo fuera sólo en lo sindical y se diesen desplazamientos a lo político. Gaitán había opinado y actuado en materia laboral durante años, e incluso fue Ministro del Trabajo de López Pumarejo. Y el escenario de la clase trabajadora para actuar fue más el barrio, la calle, los cafés, tiendas, plazas, el teatro municipal, las casas donde se oían las conferencias del jefe y las emisoras de radio que le permitieron llegar con permanencia al país profundo, con su propia voz y las de su movimiento. La radio fue el personaje colectivo socializador de la información del 9 de abril.

El gaitanismo era popular, de lucha de clases, encuadrado en un repertorio populista con su caudillismo mesiánico, con acento en la distribución de la riqueza y abolición de los privilegios pero igual en el marco de un Estado Social de Derecho y democracia. Gaitán era un liberal socialista que se rodeó de amplias muchedumbres y las convocó a la resistencia civil, allí está su fortaleza y su tragedia. Era un intelectual que se rodeaba de intelectuales y se asesoraba de sus aportes. Tanto la Plataforma del Colón, de enero de 1947, como el Plan Gaitán para la acción del Congreso, contaron con el aporte de Guillermo Hernández Rodríguez, Antonio García y Luis Rafael Robles.

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Ricardo Sánchez Ángel es profesor de la Universidad Nacional.

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