lunes, 7 de abril de 2008

El bravucón del barrio

Opinión de Enrique Parejo González
Especial para Un Pasquín

Hasta hace unos años, este título lo tenía bien ganado el Presidente Bush, quien desafió al mundo representado en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para proceder, motu proprio, a invadir a Irak, so pretexto de impedirle a Saddam Hussein el uso de armas de destrucción masiva contra sus vecinos y contra otros países de occidente, que, en realidad, el dictador no tenía.

Todo lo que Bush anunció como una verdad inconcusa, resultó ser absolutamente falso e inventado sólo para justificar una guerra atroz, en defensa de intereses egoístas, que ha costado el sacrificio de cuatro mil vidas estadounidenses y de más de setenta mil víctimas de Irak. A Bush no le importó un bledo atentar contra el sistema jurídico de las Naciones Unidas, que había sido elaborado, incluso, con la colaboración de Colombia, entre muchos otros países.

El único mandatario de América del Sur que respaldó semejante atropello de la juridicidad mundial, apoyando la cruenta bravuconada de George Bush, fue nuestro “inefable” presidente Álvaro Uribe Vélez, quien ha demostrado que, al igual que al presidente estadounidense, poco le interesa defender dicho sistema, que ha venido siendo, con gran dificultad, es cierto, y con no pocas violaciones, un dique contra la guerra y contra la violación de la soberanía de los Estados.

En la misma línea que lo llevó a congraciarse con el presidente norteamericano, el Presidente Uribe, compitiendo en bravuconadas con él, de manera inconsulta y desafiando a los demás países de América Latina, decidió bombardear el territorio ecuatoriano, con el sólo propósito de darle muerte a uno de los cabecillas de las Farc. Sin que, previamente, se le hubieran pedido explicaciones al país vecino, ni se hubieran ensayado otros mecanismos diplomáticos.

La conducta del presidente Uribe empaña y ultraja una tradición de respeto al sistema jurídico interamericano, que Colombia siempre había acatado y que el actual mandatario ha vulnerado, sin reflexionar sobre las consecuencias nocivas que para el país y para la estabilidad de la región, podía representar una acción de fuerza semejante. Resolvió darle muerte al guerrillero, violando la soberanía del país vecino, sin intentar la solución diplomática que le ofrecía dicho sistema.

Ese comportamiento le ha inferido grave daño a la imagen internacional de Colombia. Uribe no tiene derecho a ofendernos de esa manera. Ya harto daño le ha causado a nuestro país con sus bravuconadas y órdenes impulsivas, que lo llevaron, en un momento dado, a asociarse con paramilitares y a cohonestar sus más atroces crímenes, con tal de derrotar a la guerrilla.

Y Uribe y su gobierno le han mentido al país y al mundo para tratar de justificar la agresión contra Ecuador. Después de bombardear el territorio ecuatoriano, primero afirmaron que se había tratado de una acción en caliente, porque, persiguiendo a la guerrilla y habiendo ésta ingresado al territorio de dicho país, las fuerzas armadas colombianas se habían visto constreñidas a disparar, ejerciendo el derecho a la legítima defensa, en respuesta a los disparos que la guerrilla había hecho desde ese mismo territorio.

Después, reforzando la mentira y haciéndola más descarada y abusiva, dijeron que la prueba de la anterior aseveración era que uno de esos disparos había causado la muerte de un soldado de las fuerzas armadas colombianas. Otra tremenda e irrespetuosa mentira. En efecto, se ha sabido después, y el gobierno no ha desmentido esa versión, que ese soldado en realidad murió a consecuencia de la caída de un árbol.

El Gobierno ha deshonrado su palabra, que siempre debe ser veraz, como lo ha sido la de todos los mandatarios colombianos. Y ha deshonrado el buen nombre de las Fuerzas Armadas, en éste y en muchos otros casos, en que han tenido que cumplir órdenes irreflexivas, dictatoriales y abusivas, a pesar de que eran manifiestamente ilegales, pero que fueron ejecutadas, a sabiendas de que con ello complacían al colérico gobernante.

Colombia no salió bien librada del incidente con el país vecino. Se salvó de ser condenada por el Consejo de la OEA y por la Cumbre de Presidentes, pero la Resolución que se aprobó tiene el sabor amargo de una desdorosa condena. A pesar de lo cual el Gobierno, por boca del ministro de Defensa, ha tenido la osadía de insistir en que Colombia tiene el derecho de bombardear el territorio de todo país en el que se puedan guarecer los guerrilleros, sin concierto con el país afectado. Lo cual le inflige un golpe mortal al sistema jurídico interamericano. Porque, ante un hecho similar, todas las Naciones, sin acudir a los mecanismos pacíficos establecidos, se sentirán facultadas a actuar de la misma manera. ¡Como en las peores épocas de las tiranías americanas!

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Enrique Parejo González fue Ministro de Justicia.

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