lunes, 10 de marzo de 2008

Las elecciones americanas

Opinión de Juan Manuel López Caballero • Especial para Un Pasquín

Es probable que las elecciones primarias del 4 de Marzo en los Estados de Texas y Ohio hayan sido lo más importante o las de más peso en lo que hasta hoy existe en regímenes democráticos. Esto por lo que significa como evolución la escogencia entre un negro y una mujer como candidatos a la Presidencia de Estados Unidos; por el hecho que de no ser por esta consideración no habría prácticamente duda sobre el triunfo en las futuras elecciones; por lo reñido que está la candidatura en el Partido Demócrata; pero sobre todo por la preponderancia que hoy tienen los Estados Unidos como cabeza de un mundo unipolar.
Si le agregamos la relación que hoy tiene nuestro país con esa Nación, o tal vez más correctamente con su Presidente, se vuelve emocionante pensar en cada uno de estos puntos.

A pesar del énfasis que se le da, el que puedan llegar a altos puestos del Estado personas de color o del sexo femenino no es ya nada extraordinario allá. Es verdad que sorprende que apenas hace 50 años todavía existía el apartheid interior y se luchaba por los llamados Derechos Civiles, pero una vez aceptados los principios de igualdad de género y de raza su adopción ha sido lo que se podría llamar ejemplar: desde Magistrados de la Corte Suprema hasta Comandantes de las Fuerzas Armadas (aunque todavía no mujeres) pasando por aspirantes a la Vicepresidencia, o como ahora la Secretaria de Estado que cumple simultáneamente ambas condiciones. Lo que podría ser más significativo es la ausencia de la alternativa más convencional de un varón blanco en la contienda.

Por eso gane quien gane las primarias y/o la candidatura demócrata, el enfrentamiento principal va ser contra si mismo; lo que se decidirá ya en las presidenciales es si el electorado americano acepta como gobernante a una mujer o a un afroamericano. El candidato republicano no tiene ni siquiera la simpatía de su propia ala dura, el conservatismo, pero sí une a todos aquellos que ven con desconfianza ese ‘experimento’.

Lo interesante de lo ‘reñido’ es que se trata del peso y la fuerza del establecimiento tradicional contra la incógnita total. Ningún poder respalda a Barack Obama mientras que Hillary Clinton cuenta (o contaba) con todos los factores que parecían determinantes para una elección, desde la maquinaria partidista hasta el respaldo financiero. Su supervivencia como precandidata aún sigue en juego, aunque ahora su aspiración se oxigenó un poco gracias a los triunfos en Texas y en Ohio.

En general todos los países hoy dependemos de lo que suceda en Estados Unidos. Pero lo particular de la relación con Colombia es que la eventual continuidad del poder representado por el candidato de Bush o por la Señora del expresidente Clinton implica seguir las mismas políticas de los últimos doce años; la misma estrategia antidrogas de convertir a Colombia en su campo de batalla; la misma función de esquirol ante nuestros vecinos; la misma ‘alianza’ personal que lleva a solidarizarnos con sus guerras; o lo que es peor la misma ‘amistad’ de Pastrana con Clinton o de Uribe con Bush que lleva a renunciar a una política de Estado por una política de relaciones personales.

Recemos por que al final gane Barak Obama.

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Juan Manuel López es economista e investigador.

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