lunes, 10 de marzo de 2008

El 6 de marzo y la búsqueda de la paz

Opinión de Ricardo Sánchez Ángel • Especial para Un Pasquín

El 4 de febrero y el 6 de marzo, dos fechas en que se dan cita unas multitudes numerosas, varios millones en la primera y ojala otros tantos en la segunda. El 4 de febrero primó la consigna contra las FARC, y en verdad logró unificar sentimientos contra la práctica repudiable del secuestro, exigiendo la liberación de todos los retenidos. Más aún, el exclusivismo de la convocatoria fue orquestado ampliamente por los medios y promovido por el gobierno del señor presidente, quien colocó su cauda de funcionarios públicos en la marcha, al igual que los bancos, corporaciones y otras empresas privadas hicieron lo suyo.

Pero no todo fue manipulación. Ni masa amorfa la que desfiló ese día. Contingentes de jóvenes, universitarios y luchadores por los derechos humanos encabezaron la protesta. El primado de la vida, de la dignidad de las víctimas del secuestro, puso el derecho a la vida como lo central en las preocupaciones nacionales y no el anacrónico principio de la prevalencia de las instituciones estatales, ya que estas deben funcionar al servicio de la vida y no al revés. El antichavismo y la exaltación a la violencia paramilitar se dieron, pero su expresión fue limitada.

Los medios de comunicación en su afán de suscitar la masificación de las conciencias se propinaron un autogol. Magnificaron a las FARC, las exhibieron como una gran fuerza a escala internacional, con el mote de terroristas, pero como una gran fuerza, con el argumento subalterno de que así se hace en España contra la ETA. Tan solo que en Colombia es otra cosa y el vacío político de partidos, vida democrática acorralada, unanimismo de la prensa, la televisión y la radio hacen que el vacío lo aprovechen las FARC.

Es la lógica de los extremos que se necesitan para vivir. La verdad es que sin las FARC engrandecidas mediáticamente, no habría sido elegido, ni reelegido y amenaza volver a reelegirse el señor presidente, ni gozaría de tan abrumador apoyo. Quedaría al desnudo la república de los financieros, las multinacionales y los terratenientes. La pobreza y la exclusión tendrían visibilidad y posibilidades de expresarse democráticamente por sus derechos. El terrorismo de la diestra y la siniestra quedaría aislado y desaparecería.

La convocatoria de la marcha del 6 de marzo es justa y oportuna, corresponde a la protesta de las víctimas que las masacres y los crímenes del paramilitarismo y agentes estatales han producido por miles en las dos últimas décadas. Su principal vocero, Iván Cepeda, ha mantenido una inequívoca postura ética y política contra el secuestro y otras prácticas terroristas de las FARC y ha anunciado que se leerá ese día un pronunciamiento en el mismo sentido.

La intimidación que el gobierno del señor presidente ha ejercido, la actitud elusiva de los medios y las amenazas a sus organizadores buscan desestimular la participación ciudadana. El carácter pluralista y a favor del derecho a la vida que expresa esta jornada merece respeto. Afortunadamente crece la convocatoria a favor de la marcha: Carlos Gaviria, Rafael Pardo y múltiples sectores del Polo y el Liberalismo la apoyan. Y Piedad Córdoba estará en primera fila.

Es de esperar que la audiencia nacional e internacional a favor del Acuerdo Humanitario se convierta en un propósito nacional, al igual que la negociación política al conflicto armado entre las FARC, el ELN y el gobierno del señor presidente. La paradoja de la situación es que pese a que las partes exhiben intransigencia y lenguaje bravucón, las posibilidades de marchar con paso erguido hacia la paz están al orden del día.

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Ricardo Sánchez Ángel es profesor de las Universidades Nacional y Externado de Colombia.

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