lunes, 10 de marzo de 2008

Aquí SÍ podemos hacerlo

Opinión de Guilario • Especial para Un Pasquín

Ya está disponible en DVD el documental Colombia Vive: 25 años de Resistencia, presentado por el Canal Caracol y la revista Semana a comienzos de enero y que es un invaluable espejo que nos permite repasar nuestra historia reciente en perspectiva. Al ver la secuencia de tragedias, de sufrimiento y de valientes vidas perdidas es difícil contener las lágrimas y preguntarnos qué se puede hacer para salvar un país donde la maldad parece brotar de tantas fuentes. Ver las imágenes de la bomba del DAS, del entierro de Jaime Garzón, del secuestro de Íngrid Betancourt no puede menos que hacernos pensar si este país tiene remedio.

Pero aunque la impresión que deja el documental es que Colombia es un país que tiene muchos más problemas de lo normal, la verdad es que ni la pobreza, ni la corrupción, ni el sometimiento a un poder extranjero, ni tener una clase dirigente egoísta, son problemas exclusivos de nuestro país. América Latina, casi sin excepción, tiene exactamente los mismos problemas y ni los bolivianos, ni los argentinos, ni los brasileños se matan como en Bojayá o El Salado, ni ven a sus compatriotas podrirse en la selva encadenados a los árboles, ni ven generaciones enteras de sus mejores dirigentes enterrados a los cuarenta años. Y es que Colombia sí tiene un problema que no tiene el resto de América Latina y que directa o indirectamente es responsable de todas las barbaridades que se ven en el documental: el narcotráfico.

¿A alguien le cabe en la cabeza que una organización de 20.000 hombres armados que secuestra y asesina sin discreción pudiera existir, sin el financiamiento que le da el narcotráfico? ¿A alguien le cabe en la cabeza que un hombre ofreciera un millón de pesos por cada policía muerto, sin el financiamiento del narcotráfico?

¿A alguien le cabe en la cabeza que existiera una organización que logró desplazar a 3 millones de personas a punta de sierras eléctricas y machetes y que a pesar de eso lograra tomarse el congreso, sin el financiamiento del narcotráfico?

Nicaragua, El Salvador y Guatemala, todos, tenían y tienen injusticias sociales mucho más profundas que las que tiene Colombia y sin embargo el fin de la Guerra Fría apagó sus guerrillas. No hay ninguna razón para creer que sin la plata de la droga en Colombia el conflicto armado (más no los problemas sociales) se hubiera extinguido también con el fin de la Guerra Fría. Y sin embargo acá seguimos veinte años después con nuestras ciudades llenas de desplazados, fumigando nuestras selvas, con los paras manejando la política, con todos los líderes del gobierno y de la oposición amenazados de muerte y a lo único que podemos atinar es a gritarnos guerrillero o paraco los unos a los otros.

El narcotráfico es una lupa que magnifica, agrava y salvajiza todos nuestros problemas y mientras exista, Colombia nunca va a poder solucionarlos ni vivir en paz. Ni fumigando, ni extraditando, ni con ninguna Seguridad Democrática ni Bloque de Búsqueda se va a acabar ese lucrativo delito y parecería que la única opción que tenemos es seguir sacrificando generaciones de nuestros compatriotas en una lucha inútil hasta que un día, dentro de 60 años, por encima del recuerdo de todos nuestros muertos, Estados Unidos declare que después de todo la cocaína no es tan mala como pensaban. ¿Estamos dispuestos a pagar ese precio?

Permitámonos creer por un momento que vivimos en un país soberano que es capaz de tomar la iniciativa a nivel internacional y que un día indignado por la cantidad de sangre que ha derramado tratando de proteger al puñado de gringos y europeos que se mueren por consumir cocaína, lidera un grupo de países productores y dice: “no vamos a seguir pagando sus vicios con nuestra sangre”. Y de un día para otro lo increíble pasa y la producción y el consumo de cocaína se vuelven legales en Colombia y otros países productores. A nivel local las consecuencias son inmediatas, el producto que ha financiado a la guerrilla y los paras pasa a ser un producto como la cerveza o el cigarrillo, regulado en su consumo, pero que genera empleos y desarrollo para el país. Con el beneficio agregado de que las regiones productoras de coca como el Guaviare, el Caquetá o el Catatumbo, históricamente las más abandonadas y pobres del país, se vuelven productivas y se empiezan a integrar con el país que sólo se acuerda de ellas para fumigarlas con plomo y glifosato.

Los impuestos al nuevo producto son reinvertidos en prevenir el consumo, en salud y educación (como lo son los del alcohol y el tabaco). Quizás hasta tendríamos la suerte de que la producción de cocaína siguiera siendo el único método de movilidad social que ha habido en Colombia, pero ahora dentro de la legalidad.

Evidentemente habría una reacción violenta de los países consumidores, sobre todo de los gringos, y tratarían de chantajearnos bloqueando nuestro comercio y a lo mejor amenazándonos tal como lo hace ahora Chávez, pero ¿será que eso nos podría hacer tanto daño como nos lo hace el narcotráfico? ¿Podría causar la misma corrupción, los mismos secuestros, la misma hambre, los mismos muertos? Si podemos redirigir nuestro comercio con Venezuela, ¿no podríamos hacer lo mismo con el de Estados Unidos?

No hay la menor duda de que si Colombia legalizara la droga sería un salto al vacío, pero, ¿estamos dispuestos de verdad a mantener el narcotráfico vivo en nuestra sociedad por miedo a tomar un riesgo internacional? Si su respuesta es afirmativa, por favor mire una vez más el documental Colombia Vive.

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