martes, 25 de septiembre de 2007

Un ‘no’ rotundo

[Edición 24]


Por Vladdo, director de Un Pasquín

Se pifió bastante el senador Jaime Dussán al declarar que las FARC no son ni enemigas ni amigas del Polo Democrático (o viceversa).

Una organización dedicada a secuestrar, especializada en extorsionar, curtida en el tráfico de drogas y diestra en matar no puede ser otra cosa que enemiga de la democracia y eso lo debería tener muy claro alguien que gracias a las oportunidades de la democracia, se pavonea como flamante Congresista de la República.

Las Farc no representan a ningún ciudadano y por eso mismo deberían dejar de esgrimir causas sociales para justificar sus andanzas criminales, como el tráfico de drogas, el boleteo y el secuestro.

Las FARC no enarbolan más banderas que las de su propia obcecación fratricida, que para lo único que ha servido es para dejar una estela de sangre y para que distintos gobiernos justifiquen el alto gasto militar en detrimento de renglones como la educación o la salud.

Las FARC, por contraste, han sido el germen de regímenes autoritarios como el de Julio César Turbay Ayala o el actual, de Álvaro Uribe Vélez, en los cuales la lucha contra la subversión ha servido de parapeto para menoscabar los derechos individuales de muchos ciudadanos.

Las FARC son culpables de propiciar el desplazamiento de una buena parte de los miles de colombianos que hoy mendigan o delinquen en las calles de las grandes ciudades, muy lejos de sus parcelas.

El senador Dussán, al igual que el doctor Carlos Gaviria, en vez de matizar sus declaraciones sobre las FARC, deberían ser categóricos al referirse a las acciones de un grupo armado que esgrime el terror y el crimen como método para luchar contra la desigualdad y la injusticia social. Deberían también caer en cuenta de que precisamente el accionar de la guerrilla ha sido el principal enemigo de que se consolide un proyecto de izquierda democrática en Colombia.

Por eso la dirigencia del Polo Democrático Alternativo, el más ambicoso proyecto de la izquierda colombiana, tiene que disipar contundentemente cualquier asomo de simpatía o nexo con las FARC o con cualquier otra agrupación que considere la vía armada como herramienta política. De lo contrario, los propios dirigentes del PDA serán las primeras víctimas de una nueva frustración.

El mediador

Independientemente del concepto que se tenga del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, es innegable que en su papel como facilitador para buscar un acuerdo humanitario con las FARC no va a haber puntos medios: o es un hit indiscutible o un fracaso estruendoso.

La personalidad y el talante del Mandatario bolivariano están a prueba en medio de un pulso entre dos testarudos consumados: las FARC, por un lado, y el presidente Álvaro Uribe, por el otro. La misión de Chávez sin duda alguna puede ser determinante, dado el peso político que ha adquirido en la región, sumado a su acostumbrado desparpajo.

Sin embargo, esa informalidad no puede llevarlo a extremos ridículos como el de solicitar un despeje en el Caguán para reunirse con las FARC, petición que podría parecer o una medida de aceite a Uribe, o una improvisación de alguien que no entiende la historia reciente de Colombia.

Al aceptar ese encargo de Álvaro Uribe, Chávez no sólo está poniendo en juego su talla de estadista, sino que tiene en sus manos la ilusión de muchos colombianos que confían en sus buenos oficios. Por eso lo deseable es que no se sobreactúe.

Correo


Cifras paralelas. Con base en diversas informaciones, opiniones y comentarios sobre el Departamento Administrativo Nacional de Estadística –DANE–, teniendo en cuenta las renuncias de los dos últimos directores y el manejo de las cifras y estadísticas en los últimos tiempos, se concluye que las funciones paralelas son las que están afectando a esta institución.

Ese paralelismo en funciones del DANE se presenta en forma primordial con el Departamento Nacional de Planeación, el Banco de la República e incluso con la Presidencia de la República y hasta con el principal gremio colombiano como lo es la Asociación Nacional de Industriales, ANDI, entre otras entidades.

Pero lo más preocupante en el marco de esta situación son las cifras sobre empleo porque el organismo que elabora las estadísticas en Colombia se alimenta, y muy bien, con los datos del rebusque o trabajo informal, para presentar un panorama positivo en el aspecto laboral del país.

El aumento de desempleados es un hecho que no se puede ocultar ni con cifras manipuladas y mucho menos con posiciones personalistas pues a la vista y con los hechos lo que se ve, en forma demasiado clara, es que hay bajos índices en el empleo decente. en los últimos tiempos, desde la administración neoliberal de César Gaviria Trujillo hasta el régimen actual de Alvaro Uribe Vélez.

Lo que sí ha aumentado es el trabajo informal, es decir el rebusque. Las mismas cifras del DANE han registrado el aumento del trabajo informal que, en la práctica macroeconómica no es el de empleo formal, serio o profesional.

Las principales ciudades están invadidas de vendedores de minutos a celular, comerciantes ambulantes, moto-taxistas y ciclo-taxistas; en los terminales aéreos y de transporte terrestre existe un buen número de maleteros y revoladores; en los semáforos y vías se instalan limosneros y vendedores.

Mejor dicho, lo que se ve actualmente en Colombia es que está ganando el rebusque y esta actividad no es ilegal y mucho menos un delito....

—Jorge Enrique Giraldo Acevedo

El caballo de Troya

Opinión de Enrique Parejo González*

Definitivamente, el presidente Uribe confunde el manejo de los asuntos de Estado, con los del Ubérrimo o de cualquiera de las otras fincas de su propiedad. Todo lo hace como si no tuviera que rendirle cuentas a nadie. Piensa que su voluntad es omnímoda y que no tiene límites ni siquiera con respecto a los otros órganos del poder. Ha logrado que el Legislativo sea un apéndice del Ejecutivo, el cual legisla por encargo del primer mandatario. Los órganos superiores de la justicia mantienen una precaria independencia, con excepción de la Corte Suprema.

Se pueden dar varios ejemplos de la manera como el Presidente maneja los asuntos de Estado. Cuando el Fiscal Luis Camilo Osorio terminó su período, durante el cual se comportó como un obsecuente servidor del Primer Mandatario, hasta el punto de que casi se le podía considerar como uno de sus subordinados, el Presidente se las ingenió para hacer que en su reemplazo fuera elegido uno de los funcionarios del Gobierno, de su confianza, que desempeñaba el cargo de viceministro de Justicia.

Éste había colaborado en la redacción de la Ley de Justicia y Paz, establecida, con el concurso de los paramilitares, para la conducción del proceso de diálogo y negociaciones con éstos. Además, el ex viceministro, aún después de ser elegido Fiscal, asistía a las reuniones convocadas por el Jefe del Estado, como si fuera un ministro más. Con su designación, el Presidente logró que en la Fiscalía quedara un amigo suyo, dispuesto a conducir las investigaciones sobre la conducta de sus colaboradores o sobre la suya propia, con la mayor benevolencia posible.

Entre esas investigaciones, como ya hemos dicho repetidas veces, se hallaba en primer lugar la que, después de numerosos tropiezos, se abrió contra el Director del Das, tropiezos derivados de la amistad entre éste y el Presidente, de quien era subalterno inmediato. Imposible olvidar el apasionamiento que el mandatario puso en el intento de sustraerlo a la acción de la justicia.

Pero el colmo de la osadía del presidente Uribe ha sido hacer elegir por el Senado de la República, como Magistrado de la Corte Constitucional, a quien él había designado en el cargo de Jefe de la Oficina Jurídica de la Presidencia de la República. Las razones que hacían inconveniente dicha elección son de mucho peso. Entre ellas, la de que es muy difícil encontrar uno solo de los asuntos de competencia del máximo órgano de control constitucional, que no haya pasado por la Presidencia o por la Oficina Jurídica. Para el nuevo magistrado será casi imposible, a menos que prevarique, no declararse impedido ante la mayoría de tales asuntos.

Entonces, cabe preguntarse: ¿cómo va a ejercer sus funciones en la Corte Constitucional el ex jefe de la Oficina Jurídica de la Presidencia? ¿Será capaz de pronunciarse sobre los temas que normalmente debieron llegarle como asesor del Presidente y sobre los cuales deba pronunciarse, ahora, como miembro de esa altísima Corporación? ¿Qué otra cosa se puede pensar de todo esto sino que el gobernante autócrata que rige los destinos nacionales está armando, pieza por pieza, el caballo de Troya con el cual se propone consumar el asalto definitivo contra la Corte Constitucional, para inclinar sus decisiones en favor de sus propias truculencias?

Este otro atropello del Presidente contra las instituciones nacionales, contra la ética y contra la dignidad de su propio cargo y la dignidad de la Nación, parece no preocupar a la opinión nacional, no obstante su gravedad. Ningún mandatario había actuado con tanta desfachatez y tanto menosprecio por el Derecho y la Moral, como el presidente Uribe, en aras de la satisfacción de sus más egoístas apetitos de poder. Con jugadas tramposas como esa ha ido perfeccionando el andamiaje que le permita mantenerse en él, sin que nadie pueda detenerlo.

¡Esta nueva jugada revela su perfil de autócrata! ¡Los colombianos, si aún conservan la dignidad, no podemos permanecer indiferentes ante el daño que esas manipulaciones le causan al Estado de Derecho! ¡Nos resistimos a creer que nuestros compatriotas hayan perdido la dignidad hasta el punto de que ya su conciencia no se subleva ante los golpes de mano que, en puntos tan sensibles, reciben del Mandatario!

A todo lo anterior se suma la declaración reciente en la que el Presidente señala como su posible sucesor al actual ministro de Agricultura. ¡Como si estuviéramos en una monarquía hereditaria! En el colmo del cinismo, prometió inyectarle mayores recursos al programa Familias en Acción para inclinar la balanza de 2010 a su favor. ¿Puede darse una muestra más elocuente de autoritarismo y corrupción, por parte del Jefe del Estado, que ésta?

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*Ex ministro de Justicia.

La burocracia se viste de verde

Opinión de Olga Helena Fernández*

Me enteré de que cuando los caballos y los perros de la Policía Nacional se jubilan –ya sea por años de servicio o por heridas adquiridas en el trabajo– la institución los manda a disfrutar de sus últimos años en una finca que hace las veces de ancianato. Como soy amante de los animales, sentí un gran alivio al saber que la policía de Colombia tenía sensibilidad y no mata ni “duerme” a estos animalitos cuando dejan de servirle.

Desde hace 10 años soy reportera de Univisión y pensé que este sería un buen reportaje, así que procedí.

Primer paso: Llamé a la oficina de prensa de la Policía para pedir la autorización correspondiente.

Contestó la intendente Gloria, quien después de dejarme saber lo “muy ocupado” que estaba el jefe de prensa y que por lo tanto no me podía atender, me dijo que debía llamar directamente a Facultativá, a la Escuela de Guías Caninos.

Llamé más de 10 veces y reiteradamente me dijeron que el mayor Díaz era el único que me podía dar ese permiso, pero que, desafortunadamente, no se encontraba. Obviamente, nunca devolvía mis llamadas. Después de cientos de súplicas me dieron su celular.

Cuando pude hablar con el mayor Díaz su respuesta fue: “Tiene que pedir la autorización directamente con el General Naranjo”.

Sí, así como “lo oyen”: el mismísimo Director General de la Policía  Nacional, el que tiene que combatir los carteles más grandes de  droga en el planeta, el que tiene que acabar con el tráfico de estupefacientes, el lavado de dinero y combatir el secuestro en el país que más secuestrados tiene en el mundo, él mismo y solo él puede dar la autorización para grabar un mísero reportaje de TV sobre unos caballos viejos.

Ninguno de sus aproximadamente 250 mil subalternos puede relevarlo en esa función.
Obediente, llamé al despacho del general Naranjo y solicité el permiso. Respuesta: “La solicitud debe ser por escrito, no la puede enviar por fax ni e-mail y tiene que venir personalmente”.
Fui al CAN  y radiqué la carta.
Luego vinieron varios días esperando la respuesta. Era obvio que no me contestaba pues mientras yo insistía con el permiso, 11 diputados del Valle del Cauca eran asesinados en la selva después de 5 años de un infame secuestro por parte de las FARC. Obvio que esos temas son los que tiene que atender el director de la Policía Nacional, no mi estúpido permiso. Pero, bueno, son ellos los que se inventaron las reglas, no yo… Por eso seguía insistiendo.

Finalmente el General Naranjo aprobó.

¡Yupi! Cualquiera pensaría que ya podía proceder a hacer mi reportaje. Falso.

Aún faltaba la firma de “mi Coronel” Jorge Hernando Nieto Rojas, secretario privado de Naranjo y él, obviamente, estaba muy ocupado, por eso esa firmita también tomó su tiempo.

Pero como mi paciencia se estaba acabando y mi tono era cada vez menos amable por teléfono, las secretarias empezaban a apurarse por temor a un nuevo sermón.

Finalmente, un día me llegó el anhelado fax con el permiso, las firmas, los números de memorando, mejor dicho , todo lo que la burocracia exige (qué dicha) ahora sí podía grabar, pensé yo.
Pero no. La carta decía que debía ponerme en contacto con el Coronel Janio León Riaño, Director Nacional de Escuelas.

Obviamente, me atendió su secretaria quien me informó que Janio no estaba en la ciudad, no regresaría hasta dentro de 4 días y que nadie más podía atenderme, pues “a mi coronel le gusta atender todos los asuntos él mismo”.

Empiezo a notar que nadie le ha explicado a esta fuerza pública que saber delegar es una virtud y que si un comandante no confía en sus subalternos, entonces debe cambiarlos, pero no puede pretender hacerlo todo, pues por estar pendiente de detalles no tiene tiempo para resolver lo importante. Tal vez eso explicaría porqué Colombia sigue siendo el país con mayor número de secuestros en el mundo, no baja el número de atracos, ni robos a apartamentos y, en fin, todo lo que ustedes y yo ya sabemos.

Pero, bueno, estaba esperando que pasaran los días para que Janio, regresara a Bogotá y recibí otra llamada de la Policía, esta vez era Gloria, de la oficina de Prensa. ¿Se acuerdan de Gloria, la primera persona con la que hablé sobre el tema, la que me dijo que me tocaba hacerlo directamente con la gente de Facultativá? Pues en esta ocasión me decía que tenía que presentarme personalmente al otro día en el CAN para que le explicara al jefe de prensa, intendente Alberto Cantillo (el que nunca me atendió, ni me devolvió una llamada), las razones por las que estaba tramitando un permiso sin haberle avisado previamente a él.

Después de aclararle situación, Cantillo me prometió que se haría cargo de ahora en adelante para que  “ahora sí” todo se hiciera rápido y acordamos una fecha para la grabación. Ese día, según su promesa, todo estaría listo. Me advirtió, eso sí, que yo estaba equivocada y que los carabineros no quedaban en Facultativá sino en Ciudad Bolívar.

Llegue a las 7 y 30 en punto al CAN tal y como Cantillo me dijo que debía hacerlo.

Obviamente, él no había llegado, sus subalternos no tenían ni idea de mi visita y nada estaba preparado. Cuando finalmente apareció Cantillo, hizo delante de mí la primera llamada para coordinar la grabación: “Usted tiene razón, sí es en Facultativá” ¿En serio? ¿No me diga? Tal vez el único que no sabe que los carabineros están en Faca es él.

¡Ya! No sigo más; de pronto se me acaba la tinta que pensaba usar durante todo el mes, pero creo que a estas alturas ya no hace falta volverse a preguntar porqué la Policía de Colombia no gana una, porqué la delincuencia se muere de la risa.

Si este es el papeleo para grabar unos caballitos ancianos, en el que intervienen burócratas de toda clase y se derrocha dinero en trámites, llamadas, sueldos, etc., cómo será para capturar a un capo.

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*Corresponsal en Colombia de ‘Univisión’.

El intocable

Opinión de Jorge Gómez Pinilla

La captura de Diego Montoya Henao (alias Don Diego) debió producirle un alivio enorme a Diego Murillo Bejarano (alias Don Berna), según se reflejó en el mundo de las apuestas, donde aumentaron las cotizaciones de quienes creen que definitivamente este último no será extraditado a Estados Unidos. 

Hoy por Macaco y Don Diego nadie da un peso, pues jugaron sus restos y perdieron. Pero la incógnita del millón está en saber si luego de golpes tan positivos y publicitados como la muerte del negro Acacio o la reciente captura del capo del Valle, Don Berna se va o se queda. Y no es asunto de poca monta, porque detrás de lo que pareciera un simple trámite para despachar a otro narco que se coló a la Ley de Justicia y Paz, se mueven poderosos intereses.

 Por un lado están los del Gobierno norteamericano, que debe darle un apretón de tuercas a la lucha contra la droga, en momentos en que muchos senadores demócratas y algunos republicanos no entienden por qué algunos comandantes de las autodefensas siguieron traficando y ‘operando’ luego de su supuesta desmovilización, ante la vista –y escucha, inclusive- de sus carceleros. Por otro lado van los intereses de los jefes paramilitares que permanecen recluidos en una cárcel cómoda y bien dotada de Antioquia, a la espera de que se haga efectiva la promesa de no extradición (“si se portan bien”) que desde los primeros días de Ralito les hiciera el presidente Álvaro Uribe.

 La coincidencia entre el Diego de Montoya y el Diego de Murillo puede prestarse a confusiones, como la de haber sometido a ‘Don Berna’ a un enojoso y sorpresivo traslado, que prendió alarmas en Itagüí y obligó al ministro del Interior Carlos Holguín casi que a presentar disculpas. Pero la verdadera coincidencia no está allí, sino en el “Don” de sus respectivos alias, porque quien en el mundo de la mafia carga ese distintivo no es porque se lo puso, sino porque llegó a conquistar tan ‘respetuoso’ trato.  
 Don Diego no sólo es el capo del narcotráfico a quien protegía el batallón de alta montaña que el lunes 22 de mayo de 2006 emboscó y asesinó cerca de Jamundí a los diez policías y un informante que integraban el cuerpo élite antimafia  de la Dijin –adiestrado por el entonces coronel Óscar Naranjo y consentido de la DEA–, sino el mismo de quien un año después de esta masacre (sin que hubiera sido capturado) se vino a saber que había puesto bajo su nómina a un grupo de oficiales activos del Ejército, y a otros retirados. Eso habla de la importancia tanto del Don como de su captura, que expía culpas y repara imágenes maltrechas.

Por su parte Don Berna –heredero del capo di tutti capi, Pablo Escobar– es el mismo que durante las ‘conversaciones’ de Ralito fue acusado por la Fiscalía de ordenar el asesinato de dos políticos tolimenses y de quien se creyó habría dado ‘papaya’ para su extradición, pero recibió el respaldo en bloque de la cúpula paramilitar y tras su captura se paralizó el transporte de Medellín (incluido el Metro), y unos días después se ordenó su traslado de la cárcel de Cómbita a una más confortable en Envigado.

Si no falla la memoria, es además el mismo de quien Los Angeles Times informara –citando a una fuente de la CIA– que le habría colaborado al general Mario Montoya para el desarrollo en octubre de 2002 de la Operación Orión, nombre a su vez coincidente con el alias de uno de los lugartenientes de Don Berna en esa, la Comuna 13 de Medellín. Lo que dijo el Times nunca fue confirmado por la CIA, pero una fuente suya afirmó que se trataba precisamente de “información de inteligencia sin confirmar”. 

Según Semana (edición 1321, agosto 27) “la extradición de ‘Don Berna’ será mucho más rápida que la de Macaco”. Si nos atenemos a la seguidilla de supuestos errores cometidos desde el pasado jueves 13 de septiembre con motivo del traslado de dos detenidos a un buque en altamar para un viaje sin regreso, y se le suman los  reversazos (cero y van dos) en lo pertinente a Murillo Bejarano, sería factible concluir –a riesgo de otro yerro- que en Colombia hasta las mejores revistas pueden equivocarse.

¿Por qué a estas horas, tan tarde...?

Opinión de Iván Marulanda*

El Estado colombiano tardó más de veinticinco años para atacar a los capos de la mafia. En todo este tiempo no los tocaba sino cada vez que era necesario calmar la desesperación nacional e internacional. Estado cobarde y corrupto. Protector de criminales, miedoso, codicioso. La terronera y la sed de dinero mantuvieron a gobernantes y demás dirigentes políticos, a la fuerza pública, a la justicia, comiendo en la mano de la mafia. Los medios de comunicación y la oligarquía también se arrodillaron.

Las excepciones brillan en el firmamento como norte de esta nación extraviada. Héroes masacrados a quienes el establecimiento político y social dejó abandonados a su suerte. Los vieron matar, sin mover un dedo. A Lara, Galán, Cano, Carlos Mauro, Low. A los Magistrados caídos en el holocausto. A jueces, oficiales, soldados, policías que se sacrificaron por dignidad y por decencia. A tantos personajes insignes cuyos nombres ya se borronaron en la bruma de la memoria social, en las tinieblas de decenios oscuros, de vergüenza, de molicie, de corruptelas, de trucos.

A Lara lo abalearon en la calle, en el carro sin blindaje del Ministro de Justicia. Estaba condenado a muerte, pero a nadie con capacidad de defenderlo le importaba. A Galán le dispararon encima del tablado, delante de la multitud. Del Ministro de Defensa para abajo, todos los que tenían poder sabían que lo iban a matar. Guillermo Cano conducía su automóvil, solitario y desguarnecido. Los magistrados fueron fusilados por pistoleros del M-19, a sueldo de la mafia, y por la fuerza pública. A unos adentro del Palacio de Justicia, a otros en las salas de tortura del Ejército. A Low lo acribillaron en el anden, bajándose del bus. Y así, esta larga historia que produce náuseas.
Ahora, cuando veo que van amarrados hacia las cárceles de alta seguridad de las que no saldrán nunca, hampones que anegaron de sangre a Colombia para abutagarse de tesoros hechos en el bajo mundo, pienso... ¡a la hora que resolvieron cogerlos!... ¡cuánto tiempo se perdió, cuántas vidas se desperdiciaron, cuántas esperanzas se esfumaron!... lo fácil que hubiera sido acabarlos al comienzo, años atrás... si hubiese habido determinación...
Pero no, quienes tenían el poder político miraban hacia otro lado para dejarlos esconder, los escondían, les vendían complicidades, silencios, leyes, protección, les daban la mano. Les canjeaban impunidades por cheques para campañas políticas. Hasta les abrieron las puertas para que se adueñaran de lo que quisieran, empezando por las tesorerías de los municipios y los departamentos, los presupuestos de la salud... y terminaran por apoderarse de la política, dominaron el ambiente social, el ámbito de los negocios, todo. Para rematar, los disfrazaron de payasos políticos y les postraron la justicia a sus pies.

Por qué razón resuelven cogerlos ahora, me pregunto. Ver amarrados a estos asesinos me alegra, aunque sea tarde. Pero por qué ahora, la curiosidad me intriga. Decenas de miles de millones de dólares se han gastado del presupuesto nacional para sostener la fuerza pública a lo largo de estos años, y sólo ahora cogen a uno que otro. Cuando los Estados Unidos pagan cinco millones de dólares de recompensa por cada genocida de estos, Colombia en su pobreza ha gastado centenares de veces más y ha puesto los muertos.

Tengo esta respuesta. Se viene otra reelección, por lo menos otro intento. Alvaro Uribe es capaz de meter a la cárcel a sus amigotes, o dejar que los metan. Ponerles conejo. Y capaz de gastarse cien Ecopetroles echando bala y haciendo ruido, con tal de quedarse otros cuatro años en el gobierno. Iguales son Chávez y Castro. Pertenecen a la estirpe de los dictadores.

Espectaculares, desaforados, teatrales. La cárcel, la mordaza, el paredón, el billete, la propaganda, el miedo, la guerra. Lo que sea. Todo vale para ellos, con tal de no desalojar el palacio. Es el reto que plantean este tipo de personajes a la democracia, a los demócratas, a la inteligencia, a la razón.

A todas estas, siguen llegando cadáveres del monte. Los secuestrados y sus familias son víctimas de las FARC asesinas y del presidente desalmado. Al paso que vamos, en este país no quedará piedra sobre piedra. Los demócratas están en la escena de estos tiempos como elementos de decoración. Los hechos corren a cargo de los violentos. La acción es violencia. Lo demás es paisaje, trivialidad. Son tiempos de decadencia... de entierros en serie.

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*Ex Constituyente.

La captura de Don Diego

Opinión de Juan Manuel López Caballero*

Razón tiene el Gobierno en estar orgulloso y de hacer todo el despliegue de lo que correctamente se ha llamado el golpe más duro a los narcotraficantes desde la muerte de Pablo Escobar y la extradición de los hermanos Rodríguez Orejuela.

Que estuviera libre uno de los considerados capo di tutti capi de la droga era un fracaso y una vergüenza tanto para las autoridades americanas como para el Estado colombiano.

Se produce sin embargo la paradoja –que ojalá sea bien aprovechada– de que lo que se ha consolidado es una especie de consenso alrededor del fracaso de las políticas antitráfico.

La inmensa mayoría de los analistas la resumen con la frase de ‘un gran golpe a los narcotraficantes pero no al narcotráfico’.

Y en efecto es muy poco lo que se espera que cambie con esta captura. Por un lado las mismas experiencias de otros grandes golpes contra los delincuentes más buscados no modificaron en nada los volúmenes y se limitaron a generar nuevos sistemas organizativos bajo formas más discretas.

Por otro lado el caso de Don Diego, aún más que los de Chupeta o Rasguño, es el de narco que ya no manejaba nada directamente y su estructura se basaba en especie de franquicias en que sus lugartenientes le pasaban una comisión pero operaban por cuenta propia; como Pablo Escobar con la temible oficina de Envigado, Don Diego tenía a ‘los Machos’ para asegurar que percibiría regalías pero nada del funcionamiento dependía de él.

Para Colombia y su Gobierno es positivo lograr resultados en el accionar de las autoridades y cumplirle a los EE.UU. y para ellos es importante mostrar que nadie los desafía y sale impune (la única acusación que han presentado data de 1999), pero este episodio representa un castigo mas no un avance en la batalla que se intenta librar, y que bajo esta política pocas posibilidades muestra de ser exitosa.

Vendrá probablemente algo de guerra intestina entre sus ‘herederos’ y es posible que parte de sus rutas y quienes las operan sean objeto de control por las autoridades; pero prácticamente nadie duda de que serán remplazadas y remplazados por otras y otros que llenarán el espacio que queda.

Antes de la captura misma no interesaba una evaluación de la validez de la política y las estrategias antitráfico de drogas, puesto que no era eso lo que estaba sobre la mesa o en entredicho sino la capacidad del Estado Colombiano de detener a los capos.

Es el momento –y esta captura lo puede propiciar– de pensar dónde está la solución, si basta con seguir capturando capos o si sería mejor considerar enfoques diferentes para tratar este problema.

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*Economista e investigador.

El Partido de la U y su conflicto interno

Opinión de Vladdo, Director de Un Pasquín

Aunque se ha hablado demasiado sobre la profunda crisis que atraviesa el Partido de la U –si es que a eso se le puede llamar partido– se ha dicho muy poco acerca de los antecedentes y responsables de ese conflicto interno.

El primer responsable de ese caos no es otro que Álvaro Uribe, ya que ese partido –fundado para promover su primera reelección– nació sin ninguna doctrina, ni fundamento político, precisamente porque al Presidente, como buen caudillo que es, no le ha interesado construir un proyecto político; nadie conoce su ideario, aparte de su aversión a las Farc, en lo cual se identifica con muchos colombianos, pero que está lejos de ser una plataforma ideológica.

El Presidente tampoco se ha preocupado por preparar cuadros ni establecer entre personas de su confianza una línea sucesora, para que alguien eventualmente pudiera darle continuidad a su proyecto de gobierno, si es que tal proyecto ha existido, cosa que dudo.

Aunque tratan de mostrar a La U como una nueva alternativa política, lo cierto del caso es que alrededor de esa montonera –y por consiguiente del propio Uribe– se han congregado desde un comienzo una serie de ‘ilustres’ patricios de la vieja política, como José Name Terán o Aurelio Iragorri, por mencionar sólo un par, los cuales no son propiamente los mejores ejemplos de renovación ni de buenas costumbres políticas.

A ellos se sumaron otros personajes de variados pelambres, con su propia agenda, y cuyo único denominador común era aprovechar el lustre presidencial para salir elegidos y una vez electos poder cobrar su botín y devolverle favores al Presidente desde sus curules parlamentarias. Negocio redondo: uno para todos y todos para uno.

Después de la victoria presidencial, y como era de esperarse, afloraron los celos y las ambiciones individuales y se desataron las pugnas internas que, sumadas al tsunami causado por la para-política, han desembocado en el inocultable caos que aflige a esa agrupación política que por fuera de la Casa de Nariño no cuenta con un líder fuerte, al que todos acaten y respeten, como ocurre, por ejemplo, en el caso de Cambio Radical, donde por lo menos hay un jefe visible, cuya autoridad no se cuestiona, cosa que no puede decir el rey de burlas de La U, el senador Carlos García.

Como buen zorro político que es, Uribe, más que a sus enemigos –que se saben dividir solos–, ha tenido la habilidad de mantener divididos a sus aliados. A él no le importa que la senadora Gina Parody se deteste con José Obdulio; lo tiene sin cuidado que J.J. Rendón –el perverso asesor del partido de La U, importado por JM Santos– le ponga zancadilla a Nicolás Uribe y le vale huevo que Armando Benedetti se insulte con Carlos García.

Nada de eso le parece grave. Lo que de verdad le importa al Presidente Uribe es que en medio de ese zafarrancho que se vive en el Partido de la U, sus adeptos le guarden fidelidad a él y cumplan ciegamente sus preceptos, el primero de los cuales consiste en sacar adelante sus proyecticos. Por el momento también se vale fastidiar a sus copartidarios y aliarse hasta con el diablo para las elecciones de octubre.

Carta a Héctor Abad

Opinión de Mario Quadros*

Mi estimado Héctor:

Guardé tu libro El Olvido que seremos por algún tiempo sin leerlo, a sabiendas de que sería, aunque triste, muy interesante y con grandes enseñanzas. Lo guardé como quien se reserva el mejor bocado de un laudo almuerzo para el final. Tenía yo toda la razón. Tu libro además de registrar un momento vergonzoso y triste de la historia de Colombia, muestra el amor de un hombre por sus hijos, solamente encontrado en personas con la sensibilidad y con la forma de pensar de tu padre.

Como decía un gran amigo: los hijos no tienen problemas, el problema son los padres. Ahí están los resultados de la buena crianza que tuviste. Algunos hijos adultos se rehúsan a aceptar las equivocaciones de sus padres y prefieren en nombre de “tener una personalidad” seguir los mismos y viejos patrones. Para ellos el amor no permite la crítica. Y, cuando se rebelan, se van para el otro extremo. La inconsecuencia.

A pesar de esa tragedia eres un hombre con suerte. Un padre como el tuyo es una dádiva y muy pocos gozan de esa fortuna.
Todos los padres deberían leer tu libro. Explicaciones como la que los padres no quieren igual a todos los hijos, son muy difíciles de aceptar y entender. Tú las describes muy bien. Sobre este punto te voy a contar una historia sobre el amor de los padres a los hijos y verás que es diferente de la tuya: en un cumpleaños de un padre con cierta edad llegaron los hijos a abrazarlo y a felicitarlo. Llegó el primero, el segundo, la hija y, de pronto, llegó Rodolfo, el hijo mayor y a quien mejor le iba en la vida. Vestía muy elegante, su carro nuevo, siempre brillaba. Se aproximó al viejo y le colocó un reloj de oro en la muñeca. Dice el escritor portugués, que el abrazo que el padre dio a Rodolfo fue el más apretado. No veo a tu padre hacer esa clase de distinciones entre los hijos. Sin embargo, en ese mundo, como bien lo defines, de pequeño burgueses victoriosos, esos son los valores de referencia.

Tu padre empezó desde siempre a mostrarte la realidad de las cosas, sin el fariseísmo típico en la mayoría de los padres de esa época. Te preparaba para el mundo del futuro y no del pasado. ¿Que hijos pueden contar que su padre les mostró desde pequeños el origen científico de la vida, sin utilizar el cuento de Adán y Eva y del pecado?
¿Qué padres hubieran tenido la claridad de mostrar a sus hijos, desde pequeños, la pérdida de tiempo y la distorsión de la realidad que significaba la rezadera frenética de ese entonces? Y lo interesante, como dices, es que, algunas veces, cuanto más se rezaba, más desgracias acontecían. Ver hoy que los dirigentes de esa Iglesia que quisieron negar el derecho a tu madre de rezar una misa a tu padre muerto, son los mismos que vemos absolver y ocultar a los curas abusadores de menores.
Tu padre ya entendía, en aquel entonces, que los períodos de la infancia y de la adolescencia debían ser los más prolongados posibles. En el mundo de hoy, Héctor, los padres sacan a los hijos lo mas rápido posible de la casa para un kinder, que preferiblemente enseñe inglés y ahora también mandarín, en la búsqueda desenfrenada de volverlos más competitivos y quizás genios.

Muy bien entendiste y expresaste en tu libro el comportamiento de nuestra innata mezquindad y nuestros sentimientos, buenos y malos y lo que nos lleva a frenarlos.

Pasando a lo político, he conocido pocos médicos especializados en Salud Pública. En Brasil los llamamos médicos sanitaristas. Lo interesante es que todos son de izquierda. La razón salta a la vista: por su profesión ellos conocen nuestra miseria y necesidades básicas.

Es más que entendible tu eterna falta de aceptación de este monstruoso asesinato. Me pregunto: ¿Será que algunos de los que agredieron a tu padre con su alto grado de intolerancia, prestigiosos miembros de la sociedad, y que mucho contribuyeron para este estado de cosas que hasta hoy se vive en Colombia, alguna vez te llamarán para disculparse? No creo, ¿cierto?

No tengas duda que los miles que leyeron y leerán tu libro, están en “plena armonía con tus recuerdos”, como lo deseas; que los que tenemos consciencia de la necesidad de una política de justicia y de igualdad social, también nos identificamos con lo que has sentido.

La realidad que se impone hoy en este sufrido país para los que buscan justicia, es la que quieres, mi querido Héctor, cuando invitas a postergar “este olvido que seremos”, porque la mentalidad, la filosofía y la intolerancia de los que mataron a tu padre siguen presentes y poderosas en Colombia y, porque no, también en el Vaticano.

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*Ingeniero industrial; estudiante de Ciencias Políticas.

El ascensor dañado y los opinadores despistados

Opinión de Juan Carlos Flórez*

En Bogotá está ocurriendo un hecho rarísimo. Unos pocos medios de comunicación han convertido la discusión sobre el Transmilenio por la carrera séptima en el eje central de la actual campaña por la Alcaldía. El origen de ese debate está en los problemas urbanísticos que generaría dicha troncal y en las dificultades que tendrían los propietarios de carro para movilizarse. El tema es de considerable importancia, pero no es el asunto principal en la vida de la gran mayoría de los bogotanos.

Se ha restringido entonces el debate por la Alcaldía a la agenda de los medios más influyentes. De esa manera, se corre el peligro de descuidar otros problemas centrales de la ciudad, que terminan invisibilizados y cuyo desconocimiento puede traer consigo problemas sociales hacia el futuro próximo.

Las dos velocidades de Bogotá. La ciudad se mueve a dos velocidades. Una Bogotá lo hace literalmente a ritmo de fibra óptica. Allí las oportunidades han crecido muchísimo en los últimos años. Hay más prosperidad en los hogares, más chances de acceder a la mejor educación, más oportunidades de negocios. En fin, mejores condiciones de vida en todos los campos: vivienda, viajes, consumo, recreación.
De otro lado, y con una exigua clase media en el centro, se encuentra otra Bogotá, con una velocidad muy lenta de acceso a las oportunidades. Allí, en los últimos años, no han crecido los ingresos al veloz ritmo de la Bogotá mas afortunada. Los trabajos son temporales o informales. Los ingresos son exiguos. Las posibilidades de acceder a vivienda son escasas, los jóvenes no pueden ir a la universidad y junto a las mujeres, son las principales victimas del desempleo. Los bajísimos ingresos impiden que la mayoría pueda tener opciones distintas a las de la salud y la educación públicas, con su cuestionada calidad.

El ascensor dañado. Cuando se examina esta realidad, queda claro que el desafío de la ciudad no se reduce al Transmilenio por la séptima o a prometer un metro. La demanda de fondo de la gran mayoría de los bogotanos está centrada en el sueño de conseguir trabajo y en la mejora de los ingresos. El anhelo principal de quienes viven en nuestra ciudad es poder realizar sus talentos y convertirlos en algún tipo de creatividad que genere riqueza para ellos y sus familias. Sin embargo, el ascensor social está dañado. Hace tiempos se quedo bloqueado en el piso de arriba. Quien nace pobre muere pobre. El grueso de los sectores medios lo es más de corazón que de bolsillo. Y hace rato que no volvimos a ampliar la clase media, generando masivamente acceso a ciclos completos de educación y de oportunidades de trabajo y emprendimiento.

Los despistados. Los opinadores están, pues, despistados. Han comprimido Bogotá en unas pocas calles y en un círculo de relaciones sociales cercanas al poder. San Cristóbal, Usme, Kennedy, Los Mártires, Ciudad Bolívar, Fontibón, Engativá, buena parte de Suba o Usaquén, con sus esperanzas, anhelos y problemas, no existen en las agendas mediáticas.

Y es por eso que es tan extraña esta campaña a la Alcaldía. Un temario tan reduccionista y unos candidatos inflados a punta de encuestas no logran entusiasmar a la ciudad. Sus programas están a años luz de las expectativas reales del grueso de los bogotanos. ¿Si un millón 400 mil personas se ven obligadas a caminar diariamente cerca de 3 ½ kilómetros porque no tienen con qué pagar el Transmilenio, ¿serán el tren o un metro la demanda principal?

Ni Sao Paulo ni Caracas. Es necesario acercar las dos velocidades de la ciudad. Y el camino ya está ensayado en otros lugares del mundo próspero y democrático. La principal riqueza de nuestra ciudad es el talento de quienes la habitamos. Hay que entregarle a la mayoría, hoy excluida del acceso masivo a oportunidades, todas las herramientas educativas, de capacitación, de crédito, de acceso a la tecnología, de apoyo al emprendimiento. Tenemos que apostarle a mover a Bogotá hacia una nueva frontera, que permita convertir el talento de los bogotanos en creatividad y riqueza para cada uno de ellos y sus familias. De esa manera, cada vez más bogotanos podrían convertirse en miembros de la clase media. Ese es el auténtico desafío de la ciudad. De lo contrario, con unos opinadores despistados, recorreríamos el camino de la prosperidad rodeada de murallas de miedo como en Sao Paulo o la vía del populismo devorador de riqueza como en Caracas.

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*Candidato a la Alcaldía de Bogotá.

El tinglado de la farsa

Opinión de Ricardo Sánchez Ángel*

El orden institucional de Colombia se presenta y percibe por propios y extraños como el de una república, con sus controles, poderes establecidos y elecciones. A lo que se agrega que ésta república es además democrática por el sinnúmero de derechos y libertades, de garantías y de ejercicio de la transparencia.

Una de las actividades más reiterativas de los gobernantes es el de proclamar y defender a los cuatro vientos, con bombos y platillos, la existencia, bondades y virtudes de la república democrática realmente existente. Nada perturba más al señor presidente que la duda, el interrogante, el escepticismo, la distancia; ante tales afirmaciones por parte de los incrédulos, la perturbación se vuelve ira, insulto y señalamiento de exclusión a quienes tienen el atrevimiento de colocar las cosas en la balanza del análisis, donde resulta que la república en Colombia no es tal, y la democracia está amputada en su efectividad.

En el diagnóstico que hiciera Simón Bolívar en su Manifiesto de Cartagena (1812), de la república que en Venezuela había surgido de los primeros movimientos de independencia, calificó de República Aérea a la institucionalidad existente, y a ello atribuyó su fracaso, su impotencia y la causa de sus desventuras. Se trata del espejismo de las formas jurídicas, de los fetiches que hechizan, de la retórica que deslumbra, de la apariencia que maquilla la realidad, de la república y la democracia engañosa, simuladora y que opera como el teatro de la farsa, en que los intereses nacionales públicos y los propósitos democráticos son burlados. Farsa que deviene en tragedia cuando de los millones de compatriotas desplazados, en el exilio, mutilados, viudas, perseguidos, heridos, muertos y secuestrados se trata. De la Colombia atormentada a la que se le niega su condición de víctima, mientras se rodea de garantías a los victimarios para que prevalezca su poder y su impunidad.

Uno de los argumentos favoritos de los cubileteros de la libertad condicionada y de la democracia de papel, trátese de una alocución presidencial, de un editorial de El Tiempo o de emisiones de RCN y Caracol, es la existencia de elecciones periódicas que permiten la circulación de los gobernantes y representantes en las corporaciones públicas. De la competencia de los partidos políticos como expresión de las corrientes de opinión pública.

Una mirada crítica al proceso electoral en curso, libre de los maquillajes mediáticos, permite establecer estas crudas realidades: 1) Una amplia y amenazadora presencia del narcotráfico, el paramilitarismo y los parapolíticos, del crimen organizado en las elecciones de concejales, diputados, alcaldes y gobernadores; 2) Al igual que, aunque en menor medida, de la presencia intimidatoria de la subversión guerrillera; 3) La oficialización de candidaturas y movimientos adictos al señor presidente y una acción desbordada de recursos e influencia abierta o indirecta del gobierno central en la vida política de los municipios y regiones. Lo cual genera una desigualdad de condiciones para la competencia electoral en grado superlativo; 4) La instalación de la vídeo política y la manipulación mediática a favor de los candidatos y partidos adictos al gobierno y al establecimiento; 5) Una orquestada campaña de desprestigio contra el Polo Democrático, encabezada por el señor presidente, sin reales condiciones de réplica oportuna; 6) La abierta participación de los grandes conglomerados económicos, con cuantiosos recursos de financiación para sus políticos fletados.

El Procurador General de la Nación, Edgardo Maya Villazón ha denunciado, alertado y comentado el carácter fraudulento de las elecciones en Colombia, antes, durante y después de la realización de los comicios. Tales aseveraciones del alto funcionario no han merecido ningún comentario de las autoridades, ni suscitado la alarma nacional e internacional. Vamos derecho a un monstruoso fraude electoral, con todos los rituales y protocolos que la democracia a la colombiana consiente y propicia. Para que en la alocución del 28 de octubre próximo, el señor presidente anuncie el triunfo de la democracia en las elecciones.
Todo esto configura una situación en que hay derecho al voto, pero no hay elecciones libres.

Esta anomalía histórica debe ser cuestionada y superada mediante el ejercicio de la oposición crítica, proponiendo la alternativa de un nuevo orden jurídico y político que haga realidad la Nueva República desde las regiones y municipios hasta las capitales y el centro, pluralista y en paz, capaz de resolver sus problemas de abandono, exclusión, dependencia y pobreza.

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*Profesor de la Universidad Nacional y de la Universidad Externado.

El ‘show’ de las gabelas

Opinión de Guilario

Ya es costumbre que los fines de semana un afortunado pueblo sea elegido por el destino. Los ricos y los pobres, los poderosos y los oprimidos, todos se agolpan para ver el evento. Por unas cuantas horas las muchedumbres abandonadas, los ignorados y los olvidados tienen voz y tienen caras. Una figura de talla nacional, una figura reconocida se dignó venir a verlos. El país se entera de que existen y nadie en el pueblo se quiere perder la oportunidad de hacerse sentir. Entre un mar de equipos por un momento la pobreza y la violencia parecen no ser las sanguijuelas del día a día y la vida parece posible. Por unos segundos, siempre televisados, todo parecería tener solución.

El mérito de ser capaz de transformar el abandono y el sufrimiento de las regiones más abandonadas de Colombia en alegría y esperanza lo tiene un solo hombre y no es Álvaro Uribe Vélez con sus consejos comunitarios. Es Jorge Barón con el Show de las Estrellas.

Este hombre quien ya va a cumplir 40 años con su show ha construido su éxito alrededor de mezclarse con aquellos en quienes nadie se fija, en aquellos cuya única aparición en la vida nacional viene luego de una tragedia y es en el mejor de los casos fugaz. A través de los años Don Jorge ha logrado desarrollar un estilo tan propio y popular que es la vergüenza más grande de todos aquellos que aspiran a que Colombia sea un Miami más grande; “por estos indios es que estamos como estamos”. Si se atrevieran a ver el Show de las estrellas un día de estos es posible que descubrieran aun con más vergüenza cuanto ha influenciado el estilo de Don Jorge al de su mesías, Álvaro Uribe Vélez.

Y es que el Presidente ha tenido mucho éxito en construir su propio show de las estrellas. Con un talento nato envidiable ha protagonizado en vivo arrestos, celebraciones, amenazas y hasta ha sido testigo de muertes anunciadas en su show. Sin embargo, como desafortunadamente para los teleespectadores el Presidente no puede contar con Darío Gómez ni con Paloma San Basilio para su show, debe recurrir al ministro Arias o al ministro Santos para llenar el hueco. Aunque este cambio de repertorio pueda parecer trivial ya que los dos tienen su gracia, es dramáticamente diferente que Jorge Barón le dé la patadita de la suerte a Darío Gómez a que el Presidente le da la patadita de la suerte al ministro Arias para ser su sucesor. Lo uno es un chiste, lo otro es una vergüenza.

Pero en otros aspectos los dos shows no son muy diferentes. Así como Jorge Barón ha hecho un icono de su grito “¡Entusiasmo...!”, el presidente ha hecho lo propio al llamar a altos funcionarios para que le respondan (obviamente por televisión) a una señora por qué no le ha llegado su pensión o por qué le asaltaron la casa anoche. Al igual que los trajes blancos de Don Jorge y los ponchos del Presidente, todas estas pantomimas son métodos muy efectivos para decorar el show.

Pero quizás la similitud más sorprendente es que al épico grito de Barón de “agüita pa’ mi gente” el presidente le ha salido a la par con una serie casi inagotable de copias. “Sisben pa’ mi gente”, “subsidios pa’ mi gente”, “carreteras pa’ mi gente”, hasta “ambulancias pa’ mi gente”. La gente escucha y no lo puede creer, casi empieza a bailar y a gritar como en el Show de las estrellas. A lo mejor Uribe también debería sacar las mangueras y mojar a sus espectadores para evitar que tanta ilusión cause estragos.

Pero el hecho es que cuando se acaban tanto el Show de las Estrellas como el Show de las Gabelas y las cámaras se apagan, todo sigue igual. Ni el baile ni el canto, ni las tres pensiones y cuatro subsidios van a cambiar la situación en que viven estos Colombianos. El abandono y olvido de la gente en estos pueblos es tal que los dos shows aunque sea solo con un poquito de música y unas boronas burocráticas le generan una popularidad gigantesca a sus organizadores. Los dos venden ilusiones, en el caso de Barón eso es talento, en el de Uribe populismo; pero ya que el estilo del presidente ha sido tan exitoso a lo mejor Don Jorge tenga un chance y pueda suceder a su pupilo.

CRUCIDRAMA, por Nezo


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HORIZONTALES
1.- Desde que llegó a ese Ministerio, Juan Manuel Santos no hace otra cosa que ‘defenderse’. Presidente de Bolivia.
2.- Herejes que negaban el culto a las sagradas imágenes.
3.- Vocales. Extraterrestre del cine. Tecla de computador. Helio.
4.- Dispositivo para saber dónde estamos parados. International Amnesty. Grito militar. United Nations.
5.- Cesar Gaviria estuvo frente a ella por dos períodos. Quiere hablar con Marulanda, no se sabe si en las selvas de allá o en las de acá.
6.- Canal juvenil de música y videos. Doncella de Argos, hija de Ínaco. Hospeda.
7.- En las guarniciones de las caballerías de tiro, cada una de las piezas de vaqueta que se ponen al animal para impedir que vea por los lados. Atar.
8.- Palabra que Uribe no puede usar con USA. Lo que más hace USA con Uribe.
9.- Tempera Locus Comertialis. Prefijo para huevo. Sufijo para formar aumentativos.
10.- Letra del alfabeto griego. Lugar plácido de la casa.
11.- James… coordinador de la Comisión Forense Internacional que ayudé al rescate de los cuerpos de los 11 diputados asesinados en cautiverio. Molibdeno. Ave corredora australiana.
12.- Ciudad de España, en la provincia de La Coruña. Reinaldo… poeta cubano cuya obra fue conocida después de su muerte en Nueva York.

VERTICALES
A.- Nombre y apellido del jefe del cartel del Norte del Valle atrapado por las autoridades colombianas.
B.- Sus acciones a la venta las ofrece hasta el Presidente de la República. Sufijo que significa agente.
C.- Darío… dramaturgo italiano, Premio Nóbel .Río de la antigua Yugoslavia que desemboca en el Danubio. Al parecer, Uribe quiere que los colombianos la sigan cargando por cuatro años más.
D.- Nombre de letra. Expresión de risa. Organización burocrática que aspira a solucionar todos los problemas del mundo.
E.- Tele País es el de Jorge Barón. Galio.
F.- Escandio. A pesar de la supuesta mejoría en la economía, estos recursos de los colombianos cada vez son más escasos.
G.- Expresión cachaca. Saludo indígena. La de llaves está en vía de extinción.
H.- Provincia de España en las Vascongadas, capital Victoria. Lo sentimos mucho en la Patria cuando Uribe volvió repitió periodo.
I.- Cuerpo celeste en diminutivo, o como la nombraría Uribe.
J.- Victor Torres. Nombre de mujer. Preposición que denota lugar.
K.- Es la isla más poblada de Hawai. Se elegirá una nueva en las próximas elecciones. Otra Mesa Atendida.
L.- Pondrás por un ratico al ministro de Agricultura, “Andrés”, en la silla presidencial. Se le antepone al dólar.

Boogie, el Aceitoso; por Fontanarrosa

UN
El Presidente de Colombia es, simple y llanamente, un inmoral. Manda a Pachito y a ese vasallo aletargado que funge de ministro el Interior a que lamenten que Estados Unidos le impuso a Chiquita una escuálida multa de 25 millones de dólares por haber patrocinado a los paramilitares genocidas y narcotraficantes de Urabá.

GOBIERNO
¿Y qué ha hecho Uribe contra los empresarios colombianos que han financiado a los paramilitares? ¡Nada! Ni siquiera se atreve a nombrarlos. Se muere de miedo ¿Qué ha hecho para castigar a la propia Chiquita? ¡Ni un carajo! Ni siquiera una multica lambona de 25 millones de pesitos colombianos. El mismo Uribe, en cambio, fue uno de los grandes impulsores, fundadores y ahora protectores de los paramilitares precisamente de Urabá. Ojalá los gringos lo multaran por haber hecho lo mismo que Chiquita y a José Obdulio Montesinos por todo lo que sabemos. Y a Pachito, por majadero.

INMORAL
En Colombia, donde los paras de Urabá han asesinado a más de 10 mil personas, no hay ni un solo caso judicial contra Chiquita, a pesar de que desde hace décadas se conocen sus nexos con los ejércitos del narcotráfico. Solamente ahora, después de esa ridícula multa, descubrieron la gravedad del asunto. ¡Oh, sorpresa! ¡No sabían nada! Pero, eso sí: aquí ni Pachito, ni el valetudinario chisgarabís del Interior, ni Uribe ni nadie ha hecho nada contra Chiquita. Y no lo van a hacer porque simplemente no tienen autoridad moral.

[Paréntesis. Definición tomada del Diccionario de la RAE: “INMORAL. (De in- y moral). 1. adj. Que se opone a la moral o a las buenas costumbres”]