Un ‘no’ rotundo
[Edición 24]
Por Vladdo, director de Un Pasquín
Se pifió bastante el senador Jaime Dussán al declarar que las FARC no son ni enemigas ni amigas del Polo Democrático (o viceversa).
Una organización dedicada a secuestrar, especializada en extorsionar, curtida en el tráfico de drogas y diestra en matar no puede ser otra cosa que enemiga de la democracia y eso lo debería tener muy claro alguien que gracias a las oportunidades de la democracia, se pavonea como flamante Congresista de la República.
Las Farc no representan a ningún ciudadano y por eso mismo deberían dejar de esgrimir causas sociales para justificar sus andanzas criminales, como el tráfico de drogas, el boleteo y el secuestro.
Las FARC no enarbolan más banderas que las de su propia obcecación fratricida, que para lo único que ha servido es para dejar una estela de sangre y para que distintos gobiernos justifiquen el alto gasto militar en detrimento de renglones como la educación o la salud.
Las FARC, por contraste, han sido el germen de regímenes autoritarios como el de Julio César Turbay Ayala o el actual, de Álvaro Uribe Vélez, en los cuales la lucha contra la subversión ha servido de parapeto para menoscabar los derechos individuales de muchos ciudadanos.
Las FARC son culpables de propiciar el desplazamiento de una buena parte de los miles de colombianos que hoy mendigan o delinquen en las calles de las grandes ciudades, muy lejos de sus parcelas.
El senador Dussán, al igual que el doctor Carlos Gaviria, en vez de matizar sus declaraciones sobre las FARC, deberían ser categóricos al referirse a las acciones de un grupo armado que esgrime el terror y el crimen como método para luchar contra la desigualdad y la injusticia social. Deberían también caer en cuenta de que precisamente el accionar de la guerrilla ha sido el principal enemigo de que se consolide un proyecto de izquierda democrática en Colombia.
Por eso la dirigencia del Polo Democrático Alternativo, el más ambicoso proyecto de la izquierda colombiana, tiene que disipar contundentemente cualquier asomo de simpatía o nexo con las FARC o con cualquier otra agrupación que considere la vía armada como herramienta política. De lo contrario, los propios dirigentes del PDA serán las primeras víctimas de una nueva frustración.


