lunes, 20 de agosto de 2007

Sí hay quinto malo



[ Editorial ] Entre agosto de 2006 y agosto de 2007 la insípida administración Uribe adquirió un sabor amargo. En una situación sólo comparable con la de Ernesto Samper –aunque mucho más grave– la seguidilla de escándalos ha obligado al popular gobernante a mantenerse a la defensiva y a dar explicaciones que no corresponden a todo un presidente de la República. Uribe ha sido el único mandatario de este país que en cada intervención tiene que reiterar que trabaja con honorabilidad y transparencia, como si eso no se diera por descontado en alguien que ocupa tan alta dignidad.

Nunca antes un presidente había tenido que dar –dentro y fuera del país– tantas explicaciones sobre su conducta, la de su familia y la de sus amigos personales o la de sus aliados políticos. Ningún presidente en la historia de Colombia había horadado tanto la institución presidencial como lo ha hecho Uribe, sobre todo en los últimos doce meses.

Y no es que Uribe haya cambiado; no. Lo que pasa es que en el último año lo hemos podido ver como el político ambicioso que siempre ha sido, capaz de todo para mantenerse en el poder. Perseverante y trabajador, dirán unos. Indigno, creemos otros.

Un añito regular

El primer año del segundo período del presidente Álvaro Uribe ha resultado más complicado de lo que seguramente él mismo esperaba, y no propiamente por el consabido desgaste natural que sufre un mandatario tras un lustro en el poder. Las cada vez más frecuentes denuncias de este último año poco a poco han salpicado su imagen y la de sus socios políticos y le han reducido el margen de maniobra –especialmente fuera del país– a este mandatario poco transigente con la crítica, que pese a todo goza de un alto grado de favorabilidad en las encuestas. Dos periodistas extranjeros, conocedores de la realidad colombiana, opinan sobre el quinto año de la era Uribe.

Un comienzo problemático

Por Enrique Ibáñez* | Especial para Un Pasquín

Álvaro Uribe parece tener, desde hace tiempo, las cosas muy claras y, consecuentemente, actúa de acuerdo a sus convicciones. No es poco, pues al menos no se le podría tachar de moverse de acuerdo a cómo sopla el viento político. O quizás sí, si ese viento, que es el de las encuestas de opinión pública que hasta ahora han soplado en una misma dirección, es decir, a su favor, cambia en algún momento. Sin embargo, la debilidad de esta ‘fortaleza’ puede que estribe en su propia convicción. Cuando un dirigiente político se sabe favorecido por una gran mayoría del pueblo y cuando la oposición aparece dispersa puede sentirse tocado por un don mesiánico, digo que puede, no que lo padezca, y eso, a corto o medio plazo suele resultar fatal.

Cuando Uribe fue elegido en 2002, algo que pocos meses antes solo los profetas de los hechos consumados adivinaban, se encontró con un país que no creía en sí mismo, estaba abocado a continuar con los mismos políticos desprestigiados de siempre y una situación en el terreno del conflicto, de la guerra, o como se le quiera llamar, realmente complicadísimo. Cuatro años después, determinadas cosas habían ya cambiado su rumbo; las guerrillas, en particular las Farc, pese a seguir en pie y con sus estructuras enteras, se veían replegadas; se había iniciado el desmonte ‘formal’ del paramilitarismo; con la otra guerrilla, el ELN, capaz aún de actuar, pero débil, se negociaba, y la macroeconomía le resultaba favorable.

Este último año, el primero de su reelección, sin embargo, le está resultando más difícil al mandatario que no descansa. La ‘parapolítica’ en el terreno de la política interna, el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos en lo económico, y la posibilidad de logar un acuerdo humanitario en el terreno de lo social, son algunos de los aspectos más controvertidos a los que se enfrenta, y todo eso quizás haya podido provocar en él el síndorme del incomprendido, algo peligroso para cualquier persona, pero más todavía, para un político que lleva las riendas de un país con serios problemas.

Uribe, con toda seguridad, es consciente de esos problemas que le han llevado a enzarzarse no solo con sus opositores, sino con algunos de sus propios aliados, con parte de la masa social que le respalda, con otras instituciones del Estado, con alguno de los vecinos de Colombia e incluso con Estados Unidos, del que, sin duda, es su mejor aliado en América y del que, lógicamente, podría esperar algo más. El primer año de su segundo mandato ha sido cuando menos muy problemático.

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* Delegado de la Agencia Efe en Bogotá.

Los golpes mediáticos no alcanzan

Por Pablo Biffi* | Especial para Un Pasquín

La aplastante victoria de Álvaro Uribe en las elecciones del año pasado hacía suponer un segundo mandato sin sobresaltos del presidente. Pero la calma duró poco, apenas hasta que el escándalo de la ‘parapolítica’ copó la agenda política y sumergió al gobierno en un vendaval que castigó su base de popularidad y del que aún no logra salir. Los congresistas presos, la caída de su ministro ‘estrella’ –la entonces canciller María Consuelo Araújo–, las acusaciones cruzadas entre miembros o ex miembros del DAS, las cada vez más comprometedoras revelaciones de Salvatore Mancuso y los antiguos jefes ‘paras’ y el escaso éxito en la lucha contra la guerrilla de las Farc van marcando el primer año del segundo mandato de Uribe.

El gobierno sostiene que el ‘paraescándalo’ no lo afecta y que ha sido el presidente Uribe el que ha impulsado su esclarecimiento. Pero eso, y algunos golpes de efectos mediáticos de los que el gobierno intentó sacar rédito, parecen no alcanzar: la visita de Bush en marzo pasó sin pena ni gloria, el nombramiento como canciller de Fernando Araújo, o el caso del policía Pinchao, que también se fugó de la guerrilla, o el promocionado plan de Uribe para liberar a supuestos guerrilleros presos –entre ellos a Rodrigo Granda– como muestra de buena voluntad, son casos que apenas sirvieron para ocupar por unos días las portadas de los diarios.

El intento de recuperar la iniciativa política a raíz de la muerte de los 11 diputados en poder de las Farc, parece no haber surtido efecto, cuando cada vez más voces se suman al pedido de un acuerdo humanitario por el canje.

El desplante del ex vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, que se negó a participar en un foro en Miami porque Uribe estaba invitado, y al tiempo que los demócratas frenan en el Congreso el Tratado de Libre Comercio que Bogotá considera clave, son una muestra, apenas, de que en el exterior la imagen del gobierno de Uribe –no la de Colombia– está por el piso.

Si creemos en las encuestas de popularidad, Uribe aún tiene margen de maniobra. Pero considerando el desgaste sufrido en apenas un año (o cinco, en realidad), los tres años que faltan para el final de su mandato se ven como una cuesta demasiado empinada.

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*Editor Sección El Mundo, Diario Clarín, de Buenos Aires.

Una oportunidad perdida

Opinión de Cecilia López Montaño* | Especial para Un Pasquín

Este ha sido el peor de los cinco años que el Presidente Uribe lleva en el poder. Escándalos de ‘parapolítica’ y corrupción siguen involucrando a congresistas cercanos al Presidente y a funcionarios del gobierno. Su máximo aliado internacional, el Presidente Bush, poco le ha servido para lograr el apoyo necesario para un TLC al que no se le ve futuro. La Seguridad Democrática se enreda entre la crisis de la seguridad ciudadana, actos terroristas, el asesinato de secuestrados; el fracaso de estrategias para liberarlos y la incapacidad de responder frente al tema del Acuerdo Humanitario. Además, una negativa opinión internacional que no vislumbra ni paz, ni respeto a los derechos humanos, ensombrece su gestión.

En medio de este panorama negativo es la economía la que se señala como su gran éxito: tasas de crecimiento de 8% en un trimestre reciente y un promedio esperado para este año superior al 6, 5%. Triunfalista, superficial y corto placista es esta afirmación que desconoce problemas graves. Para empezar, el Presidente Uribe ha contado con la suerte de que su período de gobierno ha coincidido con el ciclo expansivo de la economía mundial. No debe negarse que la Seguridad Democrática al mejorar los índices de confianza para los inversionistas, ha contribuido en algún grado a que el país pudiera beneficiarse de estos años de crecimiento mundial. Sin embargo, atribuirle la bonanza económica a dicha política solo obedece al parroquianismo y a la ignorancia. Las verdaderas causas son los altos precios de las “commodities” que exportan países como Colombia, impulsados por la gran demanda de China; el precio del petróleo y la abundancia de dinero en el mundo que busca altas rentabilidades en economías en desarrollo. A esto se agregan cerca de 4 mil millones de dólares por año de remesas de los 3 millones de colombianos en el exterior y el gran lavado de dinero del negocio del narcotráfico que la Seguridad Democrática no ha resuelto pero que el gobierno ignora olímpicamente.

Pero lo más grave ha sido el mal manejo de este período de bonanza económica. No se resolvió el déficit fiscal del gobierno central para entrar en la etapa del post-ajuste que sí permite la expansión del gasto público en este país, lleno de necesidades sociales. No se priorizó la generación de empleo y el Presidente se dedicó a gastar sin medida y casi siempre en lo que no toca, subsidios a los sectores ricos y actividades populistas que no resuelven la pobreza ni la desigualdad. No fue ni en ciencia y tecnología para mejorar la competitividad del país, ni en educación y salud para dejar de competir con miseria. No sembró para el período de las vacas flacas desperdiciando así una gran momento y, por lo tanto, no se merece los elogios a su manejo económico. Se perdió una gran oportunidad y la historia se lo cobrará.

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*Senadora del Partido Liberal.

Mensajes [correo@unpasquin.com]

De mal en peor. La vaina está más polarizada que nunca; ahora resulta que hay “jóvenes díscolos” y “asesinos despiadados” y en esta polarización gramatical del maniqueísmo más infantil el presidente espera ponérselo mas fácil a los 40 millones de agregados de su finca para que no tengan que pensar mucho a la hora de decidir a quien le abren su corazoncito.
La cosa va de mal en peor, ahora aparece un nuevo status de combatiente afiliado a las filas del narcotráfico. ¿Es de risa o de lágrima? Sólo espero que la gente no sea tan tonta como supone Uribe.
La pregunta que quería dejar en el aire es la siguiente: ¿se trata sólo de Uribe & Cía., o efectivamente existe ese concilio en la sombra tan siniestro como torpe? Con cada día que se degenera y se enreda la madeja, recuerdo lo fácil que lo explicaba Jaime Garzón desde la cocina de Palacio y se hace más claro quién se lo cargó y por qué. Les envió un saludo, un agradecimiento y un voto de confianza por el trabajo que hacen…
—Juan Villegas

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Desde la otra orilla. Felicitaciones por el trabajo que hay detrás de esta publicación. Apoyo varias de las ideas que propone el uribismo, pero la crítica y el pensar dos veces las cosas es lo que evita que uno caiga en el furibismo. Agradezco a su publicación por esta labor.
—Juan Camilo Chaparro

R./ Viniendo de un uribista, este elogio tiene doble valor. Gracias.

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Seguimos en la calle ¿Ya se terminó Un Pasquín? ¿Desde la edición 19 no ha vuelto a salir? ¿Esperamos otra edición? Sería una gran pérdida para este estado de deshecho en que vivimos. Por favor no lo acaben.
—Carlos Arturo

R./ Un Pasquín se ha seguido publicando ininterrumpidamente hasta la fecha (agosto de 2007), pese a las limitaciones económicas. Esperamos publicar muchas ediciones más.

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Edición de Internet.Deseo pedir un favor en nombre de quienes leemos por Internet a Un Pasquín. En la página inicial nombran muy bien cada edición anterior de los primeros ejemplares, pero los últimos ejemplares los debe uno encontrar explorando cada vínculo de cada página porque no se especifica claramente cuál es cuál. Si la sección de ediciones anteriores se mantuviese más al día sería más sencillo hacer la búsqueda. Gracias.
—Luis Carlos Castro

R./ Gracias por su mensaje; estamos trabajando en nuestra página web para facilitar su acceso y navegación.

Retrato de López Michelsen

Opinión de Ricardo Sánchez Ángel* | Especial para Un Pasquín

Lo sustancial del legado del expresidente López Michelsen es su larga fidelidad a la oligarquía política de la cual fue heredero, además de un continuador de su permanencia en la estructura del poder social en Colombia. Como joven profesor y abogado litigante, López mereció el apelativo endilgado por Gaitán: hijo del ejecutivo.

Por acción u omisión, más allá de su exoneración jurídica, el hijo de López Pumarejo, contribuyó con sus habilidosas relaciones con la Handel a la caída del segundo gobierno de su padre, envuelto en una bruma de corrupción y desafecto de la opinión pública. Eran los tiempos en que ejercía la cátedra de Derecho Constitucional en la Universidad Nacional y barruntaba sus apuntes en libros, que muestran muy temprano su decidida apuesta por el legado hispano colonial y sus propuestas sobre el Estado fuerte. Fue un cultivador en el jardín de las ideologías históricas de la leyenda rosa de la dominación española.

En sus memorias, García Márquez, al referirse a los “maestros de grandes nombres”, se expresa así del expresidente: “Entre ellos Alfonso López Michelsen, hijo del único presidente colombiano reelegido en el siglo XX, y creo que de allí venía la impresión generalizada de que también él estaba predestinado a ser presidente por nacimiento, como en efecto lo fue”. Una manera de evocar lo que ha estado establecido en Colombia desde el siglo XIX: la herencia familiar del poder político de la oligarquía liberal-conservadora, a través de los llamados delfines, hijos del ejecutivo, parientes y una telaraña de intereses en la constelación de los poderes. El nepotismo para ejercer la dominación como algo establecido, normal, natural y lógico.
En el porvenir veremos reaparecer al delfín, Alfonso López Caballero, reclamando como algo obvio, con todos los méritos que le da ser miembro del club, el ser nominado como candidato a inquilino del palacio de los presidentes.

Así las cosas, es lógico que López Michelsen fuera acérrimo opositor de la reforma agraria, no sólo la del presidente Lleras Restrepo, sino de todo tipo de reforma agraria en Colombia, y partidario de la vía capitalista en la agricultura, manteniendo la gran propiedad territorial latifundista y de hacienda. Su apología a la sociedad rural, tan oportuna en resaltar el folclor regional popular, le servía no obstante, para exaltar los valores de una oligarquía territorial de grandes familias.

Vivió para ver la fusión y complicidad de esta capa social con los nuevos hacendados y ricos, provenientes del narcotráfico y el crimen organizado. Y la irrupción de la ‘‘parapolítica’’, en la entraña misma del establecimiento que él defendió, con innovaciones de cambio que a la postre, eran de la estirpe del Gatopardo: que todo cambie para que todo siga igual.

Con el MRL, Movimiento Revolucionario Liberal, de oposición al Frente Nacional, López se erigió en un crítico brillante e incisivo de la nueva violencia, la supo analizar en sus mejores escritos políticos, como Vida, pasión y muerte del Frente Nacional, en que muestra como la vieja violencia liberal-conservadora, se ejercía por parte del Frente Nacional contra los disidentes del MRL y del campesinado. Además mostró el espectro social de esa nueva violencia. Esta actividad de escritor la mantuvo toda su vida, haciendo gala de su formación histórica y política, con un afán permanente por la actualidad internacional.

Otra dimensión suya es la de haber defendido los logros de la Revolución Cubana y haber reestablecido las relaciones diplomáticas con la isla en su gobierno. Como Canciller de Lleras Restrepo, y luego como presidente, acentuó un propósito de solidaridad con la recuperación del canal de Panamá, así como su acción en la paz de Centroamérica, reconociendo el papel de la revolución Sandinista.

No obstante, el gobierno de López Michelsen fue sencillamente reaccionario. Su máxima propuesta fue la famosa “pequeña constituyente”, un cenáculo bipartidista para reformar el Estado, que afortunadamente fracasó y que dejó maltrecho su prestigio como constitucionalista. A los conflictos laborales y estudiantiles les dió tratamiento de movimientos subversivos, contra el orden público y con el expediente del Estado de Sitio reprimió la protesta y conculcó las libertades públicas, hasta llegar al paro cívico del 14 de septiembre de 1977, hace 30 años, el levantamiento urbano más importante desde el 9 de abril, con un saldo cuantioso de heridos, muertos y presos. Y el presidente exhibiendo tachuelas en la televisión, como prueba reina del propósito subversivo del paro, escena de la picaresca, que hizo las delicias de las caricaturas del maestro Osuna en El Espectador.

En la búsqueda de la reelección presidencial, se vió envuelto en relaciones peligrosas con la presencia del narcotráfico en su campaña, comenzando un nuevo ciclo político de la vida nacional signado por esta siniestra corrupción de las costumbres.
El legado de senectud de López fue el del acuerdo humanitario, al que se dedicó con porfía. En sus escritos sobre este tópico desplegó creatividad jurídica y política, constituyendo su verdadero testamento político.

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*Profesor de la Universidad Nacional y de la Universidad Externado.

El López que no conocí

Opinión de Vladdo | Director de Un Pasquín

Pese a su muerte, el mes pasado, las controversias que suscitaba el ex presidente Alfonso López Michelsen siguieron muy vivas, tanto entre sus seguidores como entre sus detractores y enemigos, que no eran pocos.

Particularmente, al oír tantos testimonios sobre la vida, obra y milagros del viejo López, y viendo cómo se peleaban unos y otras por sacar a relucir sus mejores recuerdos, sus anécdotas más simpáticas o sus más profundas enseñanzas de vida, yo me sentí muy aliviado por no tener que traer a la memoria momentos pasados de mi existencia, ni me tuve que poner a rebrujar gavetas ni álbumes de fotos viejas para documentar mi cercanía con el ilustre finado.

Para empezar, yo no quedé con ninguna cita pendiente con el ex mandatario liberal, ni había almorzado con él dos semanas ni dos días antes de su muerte. Mejor dicho: nunca almorcé ni comí con el doctor López; ni siquiera nos tomamos un tinto. Por lo tanto no sé qué platos le gustaban; ni supe si tenía alguna afición por la comida típica ni cuál era su postre favorito.

Debido a que nunca tuvimos una cita, nunca tomamos trago juntos, así que no sé cuál era su licor predilecto. Tampoco estuvimos de tertulia, ni nos sentamos a hablar del Acuerdo Humanitario, ni a analizar la actualidad internacional ni la economía. Nunca hablamos de nuestros hijos ni de la familia.

Sobre su música favorita no puedo decir nada; no sé si sabía más de compositores clásicos o vallenatos. Menos aún sé qué tal bailaba y aunque he oído decir que los López son peores bailarines que los Turbay, no me consta.

No leí ningún libro por recomendación suya, ni sé cuál se le quedó empezado en la mesita de noche, como tampoco sé si prefería a los pintores renacentistas o a los impresionistas; ni a cuál personaje histórico admiraba.

Jamás lo vi jugar golf, así que no sé cómo era su swing. Nunca me dirigí a él por su nombre, ni le decía ‘presidente’ ni ‘pre’. Es que nunca me dirigí a él.

En fin, hace un mes sólo fui un espectador más de la disputa por los odios o los afectos del viejo López. Y me la gocé.

Tiempos de brutalidad

Opinión de Iván Marulanda* | Especial para Un Pasquín

La democracia se supone que reconoce a la gente el derecho a pensar con libertad, a tener información confiable sobre las opciones de que dispone y sobre lo que acontece, para que pueda formarse la propia idea de la sociedad en la que vive y esté en condiciones de construir aquella en la que quisiera vivir, en posibilidad de tomar decisiones según su voluntad y de opinar sin límites acerca de lo que le concierne o le provoque.

No es lo que se ha conocido en el pasado ni lo que existe en Colombia. Aquí se le tiene miedo a la libertad porque resulta riesgosa. El miedo impide ejercerla. También falta información, pero sobre todo, se tema a las represalias que van desde el señalamiento y el regaño, hasta la retaliación. En Colombia, país de violencias, no se puede tener criterio propio sobre las cosas, es peligroso, y si se tiene, no se puede decir, a no ser que coincida con la verdad oficial. La independencia de carácter cae mal. La acallan los insultos, las condenas, la persecución. La verdad que desciende desde el poder es invasiva, filosa, intimidante, intolerante, violenta. Desde arriba no se ofrecen opciones ni razones, sino dogmas, arbitrariedades reforzadas con dicterios.

En estos días insultaron desde las alturas del gobierno a la Corte Suprema de Justicia porque la conciencia y la sabiduría con las que fallaron los magistrados, son distintas a las del presidente de la república. Se atravesaron a sus intereses, le cambiaron su viaje. Cuestionar a la Corte por lo que hace con su fuero, en pleno derecho y en cumplimiento de sus deberes, el agravio de endilgarle inclinaciones perversas, motivaciones torcidas, es algo peor que una simple equivocación. Es ignorancia de la democracia, desadaptación. A las sociedades democráticas no las puede dirigir alguien que no tiene comportamientos democráticos, convicciones, inteligencia democrática. La razón es sencilla, ese alguien no es demócrata, no está sincronizado ni sintonizado con la naturaleza del estado de derecho, con el temperamento, con la idiosincracia de la nación que maneja, fundada en la libertad y en la pluralidad. En el equilibrio de poderes.
Si a la Corte Suprema de Justicia por la expresión cabal de su conciencia dentro del pleno ámbito de sus atribuciones constitucionales la agrede el presidente, qué se puede esperar que les ocurra el resto de las instituciones, cual será el tratamiento que reciben las simples personas. Cuál el estado de ánimo de los individuos de cualquier rango, de la gente de la calle.

Quien desee saber en qué consiste la tiranía, que se asome a la realidad colombiana con esa visión de los acontecimientos. Que escudriñe en el significado de los hechos que menciono desde la perspectiva de la vigencia de la libertad, del respeto de los derechos y del derecho.

Tengo mi percepción de lo que pasaría en Colombia bajo la presidencia de Uribe desde antes de su elección. Le conozco. En la inteligencia de este hombre no caben escenarios, opciones, diversidades, información para crear, para componer, para comprender, para cruzar, para imaginar, para consensuar. Una sola materia prima, una sola idea, una sola visión, una sola verdad.

A partir de los linderos de esa verdad simple y escueta, carente de complejidad, de variedad, de matices, ni siquiera hay discusión, hay violencia. Desde allí sólo se disparan consignas, verdades elementales, incipientes, rudimentarias, hechas de materiales primarios y primitivos, de perogrulladas. Salen dictámenes, órdenes que resultarían indefensas e indefensables si se pusieran en estadios de análisis y controversia en donde confluyera el conocimiento, la curiosidad, la creatividad, la pregunta, la hipótesis. En fin, en predios de la inteligencia, con su universo de variables y posibilidades.

A alguien le escuchaba decir en estos días que le fascinaban los cojones del presidente. Ese hombre basto que llamaba a la emisora para despacharse con esas expresiones con las que decía todo lo que le cabía en la cabeza, tenía razón. Eso es lo que hay en la cumbre del gobierno, un par de cojones. Y pare de contar. Es la noción social de la manada. Un semental intimidante, capaz hasta de matar a quien intente ocupar su reino, y el resto de individuos que van detrás.

Ya no me importa saber cuánto tiempo se demorarán los ciudadanos de mi país para descubrir el estado primitivo en el que se metieron y en el que de paso nos metieron a todos, incluidos los disidentes. La trampa en la que cayeron y a la que nos arrastraron. Para darse cuenta de que nada bueno se puede esperar al fin y a la larga de este tramo oscuro y estéril de la historia. Me produce cierta compasión observar en perspectiva lo que han sido estos años de gobierno y lo que terminarán siendo cuando se sumen los que faltan. Algo que pudiéramos llamar, un largo período de brutalidad.

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*Ex Constituyente.

Las Farc, ¿aliadas de Uribe?

Opinión de Juan Manuel López Caballero* I Especial para Un Pasquín

Suena extraño pero la verdad es que el mejor apoyo que está recibiendo el actual mandatario viene de la subversión.

Dijo el expresidente López al referirse al tema de la posibilidad del intercambio humanitario con las Farc que lo que buscaba el Gobierno era una victoria y no una solución.

Infortunadamente tal descripción debería ampliarse al tema de todo el conflicto armado, y, en general, a todo lo relativo a las relaciones con esa organización guerrillera. Y en especial a los campos militar y político.

No hay duda de que en lo primero la derrota del movimiento subversivo en el corto o mediano plazo es un imposible. Sólo se lograría con la captura de todo el secretariado o acabando con cualquier motivación para que los colombianos que hoy siguen entrando a sus filas caigan en esa tentación, o sea, creando las condiciones socioeconómicas para que absolutamente todos los ciudadanos encuentren mejores opciones de solución de vida. Pero eso muy remoto se ve, y, aún si se lograra, es poco probable que entonces se pudiera proclamar el triunfo, puesto que en parte cierta independencia de los frentes o el relevo de los dirigentes respecto a la primera opción, o, en cuanto a lo segundo, la misma inercia o rutina y el atractivo que en sí mismo tiene ese actuar delictivo, muy seguramente mantendrían rezagos y modalidades de esa actividad durante muchos años.

En cambio la victoria política no solo es posible sino que la está logrando, y eso gracias a la colaboración de su enemigo.
Parece que ya no se pudiera mejorar más la imagen del Dr. Uribe con la ‘seguridad democrática’ (tanto sus efectos, como la posibilidad de usar sus éxitos como argumento proselitista parecen haber llegado a un tope), y el desgaste natural de todo gobernante, y los tropiezos y el balance que muestran sus otros programas bandera hacen que empiece a tener el sol a la espalda. Pero se produce ahora la paradoja de que mientras más barbaridades haga la guerrilla más deteriora su propia imagen y más se aleja cualquier posibilidad de aceptación por parte de la ciudadanía; y en consecuencia más se beneficia la política del Gobierno. Pero eso produce la segunda paradoja, consistente en que el mismo gobierno acaba estando interesado en que los insurrectos cometan esas barbaridades. Basta ver la forma en que ha sido explotada políticamente la falta de entrega de los cuerpos de los diputados…

Caímos en el mundo del absurdo, donde los atentados de la guerrilla en vez de debilitar al gobierno lo fortalecen, y, su consecuencia: que al gobierno le conviene que se sigan cometiendo, y mientras más bárbaros más le conviene.

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*Economista e investigador.

¿Abogado de los paras?

Opinión de Enrique Parejo González* | Especial para Un Pasquín

El Presidente Uribe ha abandonado su condición de Jefe del Estado colombiano para convertirse en defensor de los paramilitares. Pero pretende engañar a la opinión pública alegando que sólo busca defender los supremos intereses de la paz. Es imposible ser tan ingenuo como para aceptar dicho argumento.

Desde los comienzos de su gobierno, se hizo evidente el propósito del presidente Uribe de ayudarles a los paras a desmovilizarse sin que tuvieran que pagar una pena privativa de la libertad por sus horrendas masacres. Ese propósito es pieza fundamental de la estrategia convenida por él con los jefes paramilitares.

En realidad, ambas partes buscan un objetivo que va más allá del logro de la paz. Los paras, en primer lugar, quieren conservar las inmensas propiedades de las que despojaron a sus indefensas víctimas; en segundo lugar, pretenden no pagar por ello, ni por haberlas torturado y masacrado, un solo día de cárcel; y, finalmente, aspiran a dedicarse a la actividad política, como cualquier ciudadano honesto, con el apoyo del presidente Uribe.

Éste, a su vez, quiere quedarse en el poder por mucho tiempo, para defender las condiciones pactadas con los paras que, a su vez, secundan el proyecto político de Uribe.

En cuanto al primero de los objetivos, el Gobierno de Uribe y los paras confían en el fracaso de las investigaciones que la Fiscalía les sigue a los paramilitares, para que no se esclarezwca lo relativo a la propiedad de los bienes arrebatados a las víctimas, a fin de que ellos puedan conservarlos, a través de sus numerosos testaferros.

El segundo objetivo se frustró cuando gobierno y paras se dieron cuenta de que era necesario que aceptaran participar en la comedia de una fementida justicia, que les impusiera a éstos una pena mínima, para impedir que la Corte Penal Internacional interviniera en los procesos penales y, a través de una justicia verdadera, sancionara sus atroces crímenes con penas proporcionadas a su gravedad.

El tercer objetivo se comenzó a ejecutar cuando el presidente les permitió a los cabecillas de los paramilitares concurrir al Senado de la República, en un acto de b ochornosa afrenta a la democracia, para que desde allí trataran de confundir a la opinión pública con unas proclamas que buscaban encubrir la perversidad de sus acciones criminales.

El tramposo proyecto del presidente Uribe y los paras comenzó a torcerse cuando la Corte Constitucional declaró inexequible el artículo 71 de la Ley de Justicia y Paz, que, dentro del designio del presidente de favorecerlos, absurdamente calificó como sedición los actos atroces de aquellos.

Recientemente, la Corte Suprema de Justicia, en un caso concreto, negó el carácter de sedicioso a un paramilitar. Esa decisión se halla acorde con la jurisprudencia de muchos años de los tribunales colombianos, según la cual sólo puede ser considerado sedicioso quien actúa con el ánimo de perturbar el normal funcionamiento de las instituciones.

El presidente abriga un designio que es imposible no calificar de monstruoso. Se ha puesto del lado de los criminales y en contra de la Corte Suprema de Justicia, en la interpretación de la ley penal, y pretende que esta Alta Corporación modifique su reiterada jurisprudencia para favorecer, como él lo ha hecho, a los paramilitares.

¡La Corte Suprema de Justicia, que ha sido un baluarte en la lucha contra el delito y en la defensa de la Constitución y la ley, no puede claudicar y arrodillarse ante los criminales y mucho menos ante quien, desde la más alta posición del Estado, en un acto de prevaricato, pretende poner a la Justicia al servicio de aquellos!

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*Ex ministro de Justicia.

La historia oficial

Opinión de Guilario | Especial para Un Pasquín

El 16 de febrero de 2000, 600 paramilitares llegaron la vereda de El Salado en Carmen de Bolívar. Durante los siguientes 4 días le dieron una nueva definición a lo que es el horror.

Uno de los pocos reportajes del acto, escrito por la revista Semana cuenta que “A los dos días de hostigamiento continuo […] lograron acorralar a unas 500 personas en una cancha de microfútbol frente a la iglesia. El primer muerto allí fue Eduardo Novoa, a quien degollaron en presencia de todos […] Los verdugos entonces pusieron música y destaparon ron […] a los abuelos Desiderio Lambraño y José Urrueta, ambos mayores de 70 años, los pusieron a bailar vallenatos mientras les disparaban cerca de sus pies. Un hombre macizo, de saco negro, se acercó a los dos, los tomó de la cabeza, estrellándoselas la una contra la otra hasta matarlos. A una adolescente la violaron en fila. Murió ahogada con su sangre porque le habían metido cactus entre su boca.”

Dejaron un rastro de 36 historias como estas, enmarcadas en cadáveres. Las palabras para describir este episodio de la historia Colombiana sobran, pero el hecho de que el 99% de los Colombianos nunca haya oído hablar de El Salado debería aterrarnos tanto como la historia en sí.

En 1985 una película Argentina se convirtió en la única película latinoamericana en haber ganado un Oscar como mejor película extranjera. La película relata cómo durante la transición a la democracia una ingenua profesora argentina empieza a descubrir su papel en el horror de la dictadura. A través de su drama personal de descubrir que su hermosa hija era en realidad hija de unos desaparecidos empieza a encontrar las historias de cantidades de argentinos que fueron destrozados ante el silencio de la gran mayoría. Paralelo a la saga de la profesora, la película revela cómo la sociedad argentina se apodera de la transición y le pasa por encima tanto a un gobierno mitad débil mitad cómplice como a unos victimarios que sin el velo del silencio ya no se sentían tan poderosos. Aunque la película es ficción muestra muy claramente como la sociedad argentina solita enterró a la dictadura y rescató a sus víctimas; cómo los ciudadanos solitos encontraron los huecos en la Historia Oficial y volvieron el lema de su movimiento, “Nunca más”, una realidad.

Como bien lo demuestra la historia de El Salado, en Colombia no tenemos nada que envidiarle a los horrores de la dictadura Argentina. Pero sí tenemos mucho que envidiarle al aprendizaje y al coraje de la sociedad Argentina que por encima de su gobierno se alzó para garantizar que su país no volviera a sufrir el horror de la dictadura. Acá no. Acá no nos truenan los corazones con el grito de Nunca más y seguimos tragando nuestra propia Historia oficial. Una Historia oficial que dice que sí pasaron cositas feas pero que nadie tuvo nada que ver y que si tuvieron algo que ver ya están muertos. Una Historia oficial donde preferimos no saber qué fue lo que pasó a tener que asumir que pasó bajo nuestras propias narices y que aunque sea con nuestro silencio compartimos algo de la responsabilidad en ese horror.

En Argentina no hubo un castigo ejemplar para los victimarios como posiblemente no lo habrá en Colombia, pero lo realmente importante se logró. Personas de todas las clases sociales entendieron su responsabilidad en lo que había pasado y sin importar lo que decidiera el gobierno se aseguraron de que la Argentina del futuro fuera diferente. En Argentina llegaron a la conclusión de que ninguna amenaza guerrillera podría justificar el terror con que la dictadura había teñido el país. Mucho me temo que en Colombia no hemos llegado a esa conclusión y que preferimos la dulce ignorancia a tener que entender por qué pasó lo que pasó y cómo hacer para que no vuelva a pasar. El verdadero proceso de paz no es entre las víctimas, el gobierno y los paras, es del país consigo mismo y hasta que no entendamos que ese proceso está en nuestros propios hogares y conciencias no llegaremos a la certeza de que nuestros hijos no lleguen a vivir experiencias como la de El Salado.

Oleada autoritaria y marejada humanitaria

Opinión de Carlos Victoria* | Especial para Un Pasquín

A su paso por los Valles de Lágrimas, Moncayo me hizo recordar las bienvenidas que en los sesenta les dábamos a las vueltas a Colombia. Ahora los citadinos, y dóciles salen de sus madrigueras a darle un abrazo, un crucifijo, un vaso de agua, y una que otra mirada de compasión. Semeja al Ecce Homo que, encadenado, y sufriente, ha crecido al lado izquierdo del Río Cauca, y al cual le atribuyen una sarta de milagros.

El olor mediático de su romería era como un imán que atrapaba lo que se le atravesaba. Políticos de barrio, carniceros, montallantas, y la tropa de curiosos, se repartían aplausos, y uno que otro viva, en medio de la canícula, la misma que parecía derretirlo como una vela de cebo en cuaresma. Moncayo caminaba sin mucho aspaviento pero con la fe del carbonero. Sus pasos eran más sólidos que todas las estatuas que encontró en el camino. Rezaba y se persignaba.

Era una bola de nieve en medio del calor sofocante que levanta el asfalto. Lo seguía un enjambre de hombres y mujeres como si se tratara de la multiplicación de los panes, en medio del miedo, la incertidumbre y el escepticismo. Esta nueva vuelta a Colombia a pie es empujada por la rémora del acuerdo humanitario, ante la oleada autoritaria alentada por el patrón del Palacio. Es una marcha forzada que taladra el corazón grande, desde esa Colombia temblorosa.

Los callos de sus pies y los callos que ha pisado, son los viejos achaques de un país sumido en la quejumbre de las violencias, los olvidos y las espinas de una democracia derrotada. La marejada humanitaria que han despertado este hombre, su familia y los discípulos de la causa, pasará a la historia como aquellas epopeyas que algún día dieron origen a la leyenda del Dragón Yu y la Tortuga, que juntos recorrieron el mundo para rehacerlo durante trece años.

La Tortuga llevaba sobre su espalda una Tierra Mágica, y allí por donde pasaba, el suelo se asentaba y la cálida tierra lo cubría. Pero la Tortuga creaba montañas sin valles y cumbres sin llanos. El Dragón sabio, fue tras la Tortuga surcando los aires, y utilizó la punta afilada de su cola serpentina como un yugo, y dibujó las líneas de los ríos, y encauzó las aguas, y creó un tapiz maravilloso con valles fértiles donde los humanos pudieron habitar. Y al final, con su cola de serpiente, Yu desvió el Río Amarillo y precipitó sus aguas en el abismo, para alejar la amenaza de la inundación.

En el libreto de esta dramaturgia humanitaria está previsto que aparezca el Dragón, pero no como un actor de reparto, sino como un coprotagonista. Puede ser el Dragón de la conciencia nacional que despierte del sueño profundo en la que vive. Al menos el cielo del centro del Valle, muy cerca por donde avanzaba el caminante humanitario, fue surcado por una bola de fuego, seguido por un estruendo, como si se tratara de una bocanada del Dragón de la leyenda. A lo mejor anunciando su presencia entre los adormilados parroquianos, aunque también dice que las señales en el cielo pueden ser el presagio de más desgracias en la tierra.

Como la tortuga, Moncayo no tenía afán en llegar a Bogotá, pero tampoco dio reversa. Su paso y su voz fueron muy superiores a la tramoya del jueves 5 de julio, a ese monstruo construido por el libreto que seduce e ilusiona a las muchedumbres, ávidas de resultados, y victorias, agobiadas por las ilusiones, y fanáticas de una paz a costa de cientos de fosas comunes, de desaparecidos y de millones de desplazados, que ese día no pudieron ser parte de los registros oficiales.

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*Profesor universitario.

Los ministerios bifrontes

Opinión de Juan Camilo Restrepo* | Especial para Un Pasquín

Cuando el ejercicio del poder –como vine sucediendo en Colombia– se ejerce con tan excesiva dosis de personalización suceden necesariamente dos cosas: la primera, una gran desinstitucionalización en los procesos de toma de decisiones. Buena parte de las medidas no se adoptan en el seno de las entidades gubernamentales creadas para el efecto sino que se deciden y anuncian a golpes de mera intuición presidencial. Y segunda, esta precipitud unipersonal por acumular todas las decisiones acarrea la necesidad de estar rectificándolas a menudo.

Rectificar, por supuesto, es propio de un sano afán por acertar sin obcecarse en los propios caprichos lo cual no es malo. Afortunadamente el presidente Uribe se ha ido convirtiendo en un experto rectificador. Lo hace frecuentemente y con cierto desenfado. Y, además, como ha descubierto que los bandazos a que conduce necesariamente su peculiar estilo de gobierno no le generan mayores desgastes políticos cada vez rectifica con mayor facilidad. Salvo, claro está, que se trate del tema tabú del acuerdo humanitario.

Los bandazos rectificadores que ha dado su administración son innumerables. Sería imposible recapitularlos todos en esta breve columna. Solo quiero recordar algunos como ejemplos ilustrativos para sugerir uno que a mi entender está faltando.
Recién inaugurada la primera administración Uribe –más por razones de fachada que de fondo– se anunció la supresión de algunas embajadas en Asia. Rápidamente el gobierno se dio cuenta de la metida de pata monumental que aquella improvisada decisión implicó. Nos estábamos quedando por fuera del concierto diplomático más importante del mundo que es Asia y, con cierta humildad y no poco mimetismo, anuncia ahora la reapertura de la embajada en Australia cuyo cierre se había anunciado con bombos y platillos.

Hace poco se anunció otro reversazo de mayor calibre: el cambio de énfasis en la lucha contra los cultivos ilícitos que de la aspersión aérea de fungicidas pasará a la erradicación manual. El cambio no es menor, y hasta malestar en ciertos cuarteles de Washington parece haber suscitado.

En materia política los bandazos son interminables. Para no citar sino uno: la postura gubernamental frente a la reelección de gobernadores y alcaldes. He inventariado cerca de diez cambios de actitud frente a este tema. Desde el inicial rechazo, pasando por el ferviente apoyo recién aprobada la reelección presidencial, para terminar en el olvido y en la sordina una vez que se aseguró la reelección presidencial. Cuando ya no tenía sentido reprocharle al presidente la incoherencia al buscar la propia reelección y no facilitar la ajena.

Ahora, cuando el presidente ha resuelto irse con gran brío en contra la de Corte Suprema por su reciente fallo sobre el alcance de la figura de la sedición no dejan de brillar también los bandazos. El senador Luis Fernado Velasco los recordó muy bien hace poco cuando dijo que el Gobierno “tendrá que explicar a una confundida comunidad internacional por qué hace cuatro años pidió eliminar la figura jurídica del estatus político y negó la existencia de un conflicto interno, y ahora pide defender el delito de rebelión, que es propio de un conflicto interno. El gobierno está preso de sus propias incoherencias” (El Tiempo, 29 de julio).

¿Cuál es la rectificación que falta y que, además, sería muy saludable? Que el gobierno eche marcha atrás en su disparatada decisión de haber fusionado el ministerio de Justicia con el del Interior, el de Vivienda con el del Medio Ambiente y el del Trabajo con el de la Seguridad Social.

Con estas fusiones el país no se ahorró gran cosa (apenas el sueldo de un ministro y de algún viceministro) pues las burocracias de los antiguos ministerios se aglomeraron en los nuevos. En cambio sí incurrió en el gigantesco costo de quedarse sin políticas judiciales, ambientales o de salud pública juiciosas como lo echan de menos los mejores especialistas en estos temas. Estos expertos advierten con alarma cómo –por mejor intención que tengan los ministros bifrontes que quedaron a cargo de los despachos de dos sombreros– no dan abasto para formular políticas coherentes sobre tan cruciales asuntos.

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*Ex ministro de Hacienda y de Minas y Energía.

¿Es usted una víctima del temible uribirus?

Test psico-político

Por Jorge Gómez Pinilla | Especial para Un Pasquín

Con la llegada de Álvaro Uribe al poder hace cinco años, se inició la propagación de un contagio viral que está azotando al país. El mal es causado por el letal uribirus rionegris, y se empieza a manifestar con síntomas como rigidez mental, calentamiento local y ceguera colectiva.

Este sencillo test le ayudará a descubrir si usted ya ha sido víctima del contagio y en caso tal, hasta qué punto está a tiempo de recuperarse. Sólo debe anotar Verdadero o Falso junto a cada afirmación, y sumar un punto por cada respuesta afirmativa:

1-‘El Tiempo’ no debería criticar tanto al Gobierno. V__ F__
2-Si doña Lina lo escogió como esposo, es porque el hombre es de fiar. V__ F__
3-Lo de los ‘falsos positivos’ es completamente falso. V__ F__
4-Hay que ver cómo ha mejorado últimamente ‘Noticias RCN’ (y Vicky Dávila…) V__ F__
5-La penalización de la dosis personal es la única manera de enfrentar el flagelo del consumo. V__ F__
6-Si no fuera por este Gobierno, el país estaría en manos de la guerrilla. V__ F__
7-No es que Fernando Londoño Hoyos sea un tramposo, sino que es un abogado muy hábil. V__ F__
8-Hugo Chávez es un enemigo de la democracia que se quiere perpetuar en el poder. V__ F__
9-Hay que reelegir a Uribe cuantas veces sea necesario. V__ F__
10-Samuel Moreno es más simpático, pero Peñalosa es más gerente. V__ F__
11-A Félix de Bedout deberían darle clases de periodismo imparcial. V__ F__
12-El Gobierno no puede despejar un centímetro de territorio para el Intercambio Humanitario,
porque eso desmoraliza a la tropa. V__ F__
13-Al fin y al cabo, los del Opus Dei son hasta buena gente… V__ F__
14-Si el Congreso de Estados Unidos no aprueba el TLC, la culpa es de Gustavo Petro. V__ F__
15-José Obdulio Gaviria debería ser nombrarlo ministro en reemplazo de Carlos Holguín,
que se la pasa dormido. V__ F__
16-Sobre la masacre de Jamundí no se deben sacar conclusiones apresuradas. V__ F__
17-Si no se les da a los paras el carácter de sediciosos, nunca habrá verdadera paz en este país. V__ F__
18-El Partido Liberal debería alinearse con el programa de Uribe. V__ F__
19-Al doctor Jorge Noguera le tendieron una emboscada jurídica. V__ F__
20-Quién lo creyera, ‘Pachito’ Santos resultó un verraco para la política… V__ F__

Haga su propio diagnóstico:
1-5: No se preocupe, doctor Ramiro Bejarano. Usted permanece libre de contagio.

6-10: Ve los toros desde la barrera; es decir, se halla en un estado de ‘ni chicha ni limoná’. Su contagio es leve.

11-15: Aunque le cuesta entender por qué Uribe se convirtió en abogado del Diablo (o sea de los paras), no deja de agradecerle que ahora sí se pueda viajar por carretera. Fiebre moderada.

16-19: Usted está firmemente convencido de que luego de cinco años de aplicación, la política de Seguridad Democrática de nuestro Presidente tiene hoy a la Patria marchando por los caminos del progreso, y para consolidar tan importante tarea está dispuesto incluso a contribuir con unas vaquitas. Contagio simbiótico, sin cura posible.

20: Comandante Mancuso, ¡refunde usted la Patria!

EL CRUCIDRAMA



Por NEZO | Especial para Un Pasquín

HORIZONTALES
1-Nombre y apellido de quien lleva cinco años con omnímodo poder, y sin poder acabar
el conflicto que asuela al país.
2-Soldado de caballería ligera, en los ejércitos austriacos, alemán y ruso. El radio. AUV se cree el de Colombia.
3-Persona que de modo altruista presta su nombre para evitar que le quiten la tierrita a quien
la ha conquistado con sudor, lágrimas y motosierra.
4-Hay que hacerlo para evitar un tercer período del que sabemos. Grupo guerrillero del País Vasco. El Neón.
5-Dícese de una clase de hulla que tiene el aspecto de carbón encendido. Volcán de Sicilia.
6-Estamos Sin López. Se destina al alumbrado y se usa como combustible en propulsores a chorro.
7-Atreverse a disentir. Prendido.
8-Causar el mayor daño a una víctima. Río alemán e isla italiana.
9-El sodio. Ubicar. Lutecio.
10-Lugar para conservar el trigo y otros granos. Iván Botero. Éste puede transitar gracias a FENOCO.
11-Molusco asido a las piedras de las costas, inv. Situación de los parientes de los secuestrados, por
la negativa al Acuerdo Humanitario. Calcio.
12-Nombre del alcalde de Medellín, futuro candidato presidencial si AUV deja. Observar.

VERTICALES
a-Aliadas del Gobierno, que primero las promovió y ahora dice combatirlas.
B-Apellido de dos primos ex presidentes ya fallecidos. Carta de la baraja.
C-AUV cree que todos los colombianos lo son de él. Cada uno de los dioses del hogar.
D-En lo que podría terminar convertida Colombia si los paras logran tomarse el poquito de poder que les falta. Explicaciones o comentarios a un texto, inv.
E-Mató a Gaitán. Ignacio en catalán, inv.
F-Este sistema político funcionó en Colombia por allá en 1811.
G-Cada uno de los conductos por donde desciende la orina a la vejiga. Piedra preciosa de color rojo y brillo intenso.
H-Aleida felizmente casada y con hijos. Prefijo para huevo. El litio.
I-Nombre del perro de Olafo.
J-Apellido de destacadas escritoras inglesas (Charlotte, Anne y Emily).
K-Ejército Ejemplar. Hace noble a alguien.
L-La palabra que más le gusta a AUV. Álvaro Omnipotente. Juntar voluntades timoratas, para declarar
sediciosos a los paras.

Boogie, el aceitoso

Pequeño adiós a un gran tipo


Roberto Fontanarrosa [ 1944 ~ 2007 ]

El 19 de julio murió en Rosario, Argentina, Roberto Fontanarrosa, el creador de personajes inolvidables como Boogie, el aceitoso e Indoro Pereyra; autor de grandes cuentos y conversador insuperable. Con su muerte Argentina perdió a un gran dibujante, a un brillante humorista, a un magnífico escritor y a un gran tipo; a una persona buena, de las mejores que esa tierra nos ha dado.

En Colombia, país al que deleitó con numerosas visitas, Fontanarrosa no sólo tenía miles de seguidores, sino también muchos amigos, a quienes su muerte nos estremeció el alma.

Para Un Pasquín, ha sido particularmente triste la noticia, pese a conocer su deteriorado estado de salud de los últimos meses. Nunca tendremos cómo agradecerle al Negro por la generosidad con que nos permitió incluir a Boogie en estas páginas. Su talento, su sencillez y su bonhomía quedan grabadas en el mejor lugar de nuestra memoria. Los genios como él no mueren cuando se les acaba la vida, sino que es así como entran a la inmortalidad.

“A mi edad, aún no entiendo la tostadora eléctrica”: Fontanarrosa



[Una entrevista]

A finales de 2001, llamé a Fontanarrosa a su casa en Rosario, para pedirle una entrevista para la última página de la revista ‘Poder’. Luego de contarle de qué se trataba, le envié un cuestionario y un par de días después recibí un fax con las respuestas, las cuales se reproducen a continuación. Sobra aclarar que fue una de las entrevistas más divertidas que se publicaron en esa sección de la revista. —Vladdo

¿Qué tan en serio se toma usted?
—Me tomo muy en serio porque deseo cambiar muchas cosas con mi humor. Primero, el auto; luego mi casa…

¿Qué prefiere: dibujar o escribir?
—Las dos cosas. Por eso hago tiras cómicas.

¿De qué chica de tira cómica se enamoraría?
—Experimento un amor casi infantil por Lisa Simpson.

¿Una mina de diamantes o una mina de amante?
—Una mina de diamantes. Con eso se pueden conseguir miles de amantes.

¿Qué es lo más difícil de ser caricaturista?
—Convencer a los invitados de que una fiesta no se anima cuando llega uno.

Una caricatura que no le gustaría hacer…
—Todas las que no he hecho no me gustaban.

¿Hubo algún día feliz en la vida de Boogie?
—Boogie no tiene sentimientos. Tiene sensaciones, como el frío, el calor, el olor a café. Para él la felicidad puede ser el sabor de la cerveza.

Si pudiera encarnarse en uno de estos personajes suyos, ¿en cuál preferiría hacerlo: Inodoro Pereyra, Sperman o Boogie?
—Si el asunto pasa por encarnarse, lo mejor sería hacerlo en la Eulogia, la carnosa mujer de Inodoro Pereyra.

¿Qué haría Boogie si un día se tropezara con Mafalda?
—Boogie es un profesional. Sabe que hay que atacar las causas y no los efectos. Dejaría marchar a Mafalda e iría en busca de Quino.

¿Qué prefiere: el fax o el e-mail?
El fax es el más sano. No tiene virus como el e-mail ni ántrax como las cartas.

¿Cuántas horas por semana usa la computadora?
Las suficientes como para que a ella no se le vuelva una costumbre.

¿Qué es lo peor de las computadoras?
—Su permanente curiosidad. La mía me hace más preguntas que mi propia esposa.

¿A qué atribuye su ‘tecnofobia’?
—A mi edad, aún no entiendo la tostadora eléctrica.

¿Por qué es hincha de Rosario Central?
—Porque Dios, en su infinita sabiduría, me ha puesto sobre este mundo para sufrir.

¿Cuál es el mejor gol que ha metido?
—Los goles son como mis hijos. Y, debo confesarlo, Franco es hijo único.

¿…y el mejor gol que le han hecho?
—He recibido infinidad de goles por una deformación profesional. Como dibujante debo cuidar mis manos.

¿Pelé o Maradona?
—He gritado con más ganas los goles de Maradona que los de Pelé.

¿Menotti o Passarella?
En Argentina la controversia es ‘Menotti o Bilardo’. En ese caso me quedo con Passarella.

¿Maturana o el ‘Bolillo Gómez’?
—El respeto por las autonomías regionales me inhibe de opinar sobre un problema estricamente colombiano.

Su selección ideal de fútbol…
—Fillol; Cafú, Beckenbauer, Passarella, Roberto Carlos; Platini, Bobby Charlton, Maradona; Pelé, Cruyff, Kempes.

¿Qué no le gusta de ser argentino?
—Tener que fingir permanente humildad a pesar de nuestra innegable grandeza.

¿Quién manda en la Argentina?
—George Bush.

¿Cree en la resurrección del señor… Menem?
—Por supuesto. Hace milagros. Multiplicó los peces, los panes, los campos y las mansiones de su fortuna personal.

¿Cree que alguna vez su país ha estado en el Primer Mundo?
—Si. Cuando pertenecía a España.

El Negro Fontanarrosa, ¿primer santo argentino?



Por Daniel Samper Pizano | Cortesía del autor para Un Pasquín

A comienzos del pasado mes de julio, la revista ‘Credencial’ publicó el artículo que aparece a continuación, escrito por Daniel Samper Pizano, amigo de muchas andanzas de Roberto Fontanarrosa, el querido autor de ‘Boogie’, personaje que desde feberero nos acompaña en las páginas de Un Pasquín. Conocedor de la delicada situación del Negro y sospechando que quizás estaba en sus últimos días, Daniel escribió este conmovedor relato como un homenaje en vida a su cuate y cómplice. Este periódico se quiso sumar a ese reconocimiento y le pidió al autor autorización para reproducir el texto, solicitud a la que amablemente accedió Daniel. Una semana después, Fontanarrosa falleció.


El 24 de enero pasado cantaba en Buenos Aires Joan Manuel Serrat. 

Minutos antes de que se iniciara el concierto del cantautor español, algunos de los espectadores vieron que entraba a la sala, por una puerta lateral, un tipo de barba y aspecto risueño en su silla de ruedas. Lo reconocieron de inmediato y empezaron a aplaudirlo. 
Pocos segundos después, todo el público que atiborraba el gigantesco Teatro Rex se había puesto de pie y ovacionaba al hombre de la silla de ruedas. Era Roberto Fontanarrosa, el Negro, que recibía una nueva prueba del cariño que le tienen los argentinos.

La ovación se prolongó durante tres o cuatro minutos. El Negro, impedido de todo movimiento del cuello para abajo, no pudo responder más que con sonrisas y agradecimientos entrecortados.
Si algún efecto positivo ha tenido la enfermedad que lentamente paraliza los músculos de Fontanarrosa es el de haber convertido en un cariño desbordado la admiración general por este humorista de 62 años.

Hace cinco, seis años, cuando aún podía caminar por las calles y sentarse en los cafés a conversar de fútbol y seguir con los ojos a las chicas transeúntes, andar con él por Buenos Aires o Rosario, su tierra natal, era como hacerlo con el Pato Donald. Cada diez metros alguien lo detenía para saludarlo o pedirle un autógrafo. Otro le gritaba desde la acera opuesta “¡Sos grande!” o “¡Vamos Central todavía!”, en alusión al equipo de fútbol de sus entretelas. 
Desde que está impedido es mucho peor. A la gente no le basta con saludar a Fontanarrosa, sino que besarlo se ha convertido en deporte nacional. Digo mal: internacional, porque pude comprobar que en Guadalajara (México) y Cartagena y Barranquilla (Colombia), adonde lo acompañé a participar en charlas sobre el fútbol y el humor, los circunstantes sentían la tentación de acercarse, tomarse fotos con él y dejarle un beso o una caricia como recuerdo. Vale para todos: hombres, mujeres y niños.

—Negro –le comenté una noche en el vestíbulo del hotel de Barranquilla, luego de que un desfile de parroquianos se acercó a saludarlo y a depositar el consabido ósculo en la mejilla o en la calva–: me perdonará que no lo bese, pero mi admiración por usted es puramente espiritual.
—No se preocupe, Samper –replicó–. Sé que usted es un varón tímido, pero también sé que acabará besándome.

Desde que nos conocimos, hace ya más de treinta años, nos tratamos con el curioso “usted” familiar que caracteriza a Bogotá. 

Alguna vez, cierto forastero extrañado me preguntó el porqué de semejante tratamiento, e intenté explicarle que en ciertos lugares de Colombia uno no se tutea con los hermanos, con el cónyuge ni con los amigos que quiere. No entendió.
Más tarde, el Negro se fingió desilusionado.
—Pensé que usted me trataba de usted por respeto, Samper, no por afecto; que éramos como Borges y Bioy Casares...

Dentro de esa falsa solemnidad zumbona se ha desarrollado una relación cuyo más firme terreno son la risa, el fútbol, los autores predilectos, las anécdotas y las ocurrencias repentinas. Que en el Negro no son escasas.

Aunque él afirma que su condición de humorista no lo convierte en animador de saraos, y agrega que suele ser un invitado aburrido, eso no es verdad. A diferencia de otros cuya timidez les moja la chispa, Fontanarrosa es muy divertido en plan de cuates.

Era difícil que fuera de otro modo, porque el Negro ha demostrado un extraordinario talento para hacer reír, tanto si se injerta de dibujante como de escritor o conferencista.

En su oficio de dibujante lleva tres decenios publicando caricaturas de lunes a viernes en el prestigioso diario Clarín, y es padre de dos protagonistas legendarios de historieta: el mortífero Boogie el Aceitoso y el gaucho Inodoro Pereyra.
Además de Argentina, Boogie se ha publicado en México, Colombia y otros países de habla española. Dejó de dibujarlo hace años, pero muchos hinchas aún le piden que trace los rasgos del sicario pecoso cuando firma un libro.

De Boogie se publicaron doce tomos y de Inodoro han salido treinta y dos. Otra docena más recoge sus diversos chistes gráficos y las aventuras de un personaje llamado Sperman, el superespermatozoide, cuya infatigable capacidad de reproducirse se marchitó pronto.

Vestido de narrador, Fontanarrosa ha escrito tres novelas y doce libros de cuentos. Uno de ellos, 19 de diciembre de 1971 fue elegido por la revista colombiana SoHo como “el mejor cuento de fútbol de todos los tiempos”.

Yo podría haber votado por él, o por muchos otros, porque considero que el Negro es, simplemente, uno de los mejores cuentistas de América Latina. Para probarlo, me remito a El sordo, una maravilla de historia que circula sucesivamente por la camaradería, el engaño, la cobardía, el orgullo y la ingenuidad, en una trama curva que no cesa de subir, como un tirabuzón. Este cuento se lo juego a cualquiera de los autores del boom.

Faceta menos conocida de Roberto Alfredo es la de conferencista bufo. Digo menos conocida, pero no menos celebrada. Quienes la hemos presenciado gozamos tanto con ella como con su obra gráfica o sus historias.

Sentado ante un auditorio, el Negro expone ideas, elabora teorías loquísimas, relata experiencias o zahiere a sus compañeros de mesa con la entusiasta tolerancia de estos. En el proceso, se convierte en inalterable actor que conserva una actitud casi profesoral durante su exposición, mientras el auditorio revienta a las carcajadas.

Yo lo padecí en Quito en el 2003, cuando acudimos ambos a una mesa redonda moderada por Francisco El Pájaro Febres Cordero, durante la cual hizo reír a costillas mías al público que, para oírlo, había ocupado hasta las escaleras y los retretes del local. Lo peor es que quien más se divirtió con sus tiros fui yo, que era la víctima.
Tres años más tarde, en Cartagena, los escritores que participaban en el Festival Hay le concedieron el premio que se otorga a un compañero: desde una silla, ya casi inmóvil, había mantenido en vilo los presentes en el Teatro Heredia durante una hora explicando con humor lo que era el humor. Cuando terminó, lo aplaudieron de pie y cerraron una larga cola para que les firmara sus libros. Y lo besaron.

Era la época en que el Negro aún podía escribir su autógrafo. Exactamente un año después, el 14 de enero del 2007, anunció a sus lectores que se veía obligado a despedirse del dibujo.

“Finalmente, la mano derecha claudicó” –explicó en una carta que publicó la revista Viva–. “Ya no responde, como antaño, a lo que dicta la mente. Por lo tanto, e independientemente de que yo siga intentando reanimarla, me veo en la necesidad de recurrir a algunos de los muchos excelentes dibujantes y amigos que tengo para que pongan en imágenes mis textos”.

La esclerosis lateral amiotrófica que padece desde hace algo más de cuatro años había alcanzado el punto en que le impedía seguir cumpliendo el oficio de toda su vida. Desde ese día, él describe el chiste cotidiano a su amigo y tocayo, el Negro Crist, y el Negro Crist plasma en rasgos y líneas la idea de Fontanarrosa.

En cuanto a Inodoro, dicta a otro dibujante los globitos e imparte instrucciones sobre las escenas. De esta manera, Fontanarrosa sigue presente en las historietas de Clarín. Por esas cosas que pasan, uno de los últimos dibujos que pudo terminar antes de que la mano derecha claudicara es el que más podría complacer a su férrea vocación de fanático futbolero.

Cuando los directivos del Rosario Central resolvieron adoptar un nuevo escudo para el club, acudieron a la pluma más ilustre del mundo “canalla”, que es como los rivales llamaban a los de Central, y como ellos acabaron motejándose a sí mismos.
Fontanarrosa diseñó un icono digno del siglo 21: nada de torreones medievales, adargas nobles ni lanzas guerreras: lo que vemos es la caricatura de un aficionado en trance de celebrar un gol y un letrero que anuncia, con ortografia fonética, “Soy Canaya”. Fue, quizás, el último dibujo que pudo hacer antes de que se le paralizara definitivamente la mano derecha.



Como muchas ciudades del mundo, Rosario está celosamente dividida entre hinchas del Central y del Newell’s Old Boys (el “Ñuls”). La mejor prueba de que Fontanarrosa se halla por encima de los partidos, es que hasta los odiados hinchas del Ñuls, los ‘leprosos’, lo felicitan y saludan, y el Negro se deja querer de ellos y de todos, a veces con risueña resignación
Hace algo más de un año el Festival Hay le concedió su premio, como relaté atrás, y hace seis meses la Feria del Libro de Guadalajara lo bendijo con el Caterina, reservado a los grandes caricaturistas. Desde que los argentinos descubrieron que era un ídolo internacional, no han parado de rendirle homenajes.


Al regesar del Hay cartagenero a su Rosario natal lo esperaba una multitud, con carro de bomberos a la cabeza de la muchedumbre, mariachi a la cabeza del carro de bomberos y la mamá del Negro a la cabeza de los mariachis. La Alcaldía lo condecoró entonces con su más reluciente medallón.

Después el Senado le confirió la Mención de Honor Domingo Faustino Sarmiento y, al carecer de grados en fútbol o en humor, la Universidad de Córdoba (Argentina) le impuso el honoris causa en ciencias químicas. Lo anterior parece un chiste, pero es más cierto que obtener agua amasando un átomo de oxígeno y dos de hidrógeno.

Si el Negro se descuida, acabará siendo el sucesor de Evita Perón y será llevado a los altares en vez de la Difunta Correa, una mujer que amamantó a su hijo después de muerta, o Ceferino Namuncurá, un mestizo con vocación celestial que resultó condiscípulo de Gardel. Pero Ceferino no ha llegado ni a beato, y el halo de la Difunta es obsequio del pueblo, no del Vaticano.

Fracasados ambos intentos, Argentina, bicampeón mundial de fútbol, sigue sin colar una sola figura en el santoral. De proseguir su carismática carrera entre las fieles hordas, Fontanarrosa corre el peligro de convertirse en émulo de los pastorcitos de Fátima.

—Todos esos premios, esos homenajes populares, esas condecoraciones, esos viajes, esos aplausos –le pregunto un día en Cartagena, mientras tomamos jugo de níspero debajo de un ceibo–, ¿son acaso la gloria?
—Déjeme contarle una anécdota, Samper –me contesta–. A mediados de enero se inauguró en Victoria, pueblo situado a una hora de Rosario, un restaurante de tenedor libre.

Allí va el cliente, paga una suma y come los indescriptibles frutos del asado argentino: churrasco, chorizo, asado de tira, matahambre, colita de cuadril, pollo a la brasa, vacío, bife de chorizo, provolone al orégano... El lugar fue bautizado Parrilla Fontanarrosa, y está adornado con enormes dibujos de Boogie, Inodoro Pereyra, su mujer, Eulogia, el perro Mendieta... Cuando acudo con mis amigos no me cobran nada, y además pido repetición cuantas veces me da la gana. Eso, Samper, es la gloria. Lo demás son efímeras vanidades.

El Negro tiene razón. Acabaré besándolo.

El tamaño sí importa



¡Cómo se crece uribe...!

En la visita que hizo recientemente a Colombia el Primer Ministro del Canadá, Stephen Harper, Un Pasquín pudo constatar cómo se crece el presidente de Colombia en las ocasiones importantes. Inicialmente, el pasado 16 de julio Uribe recibió a Harper en la Plaza de Armas del Palacio de Nariño, tal como se aprecia en la foto 1 [nótese la diferencia de estatura]. Horas después, ambos dieron una rueda de prensa conjunta [foto 2], en la que Uribe se veía ligeramente más alto que el ilustre visitante. ¿Qué pasó? La imagen inferior [foto 3], tomada de un canal canadiense, contiene la respuesta.
Mientras Harper estaba completamente al nivel del piso, el doctor Uribe –quien no estaba apoyado en el Opinómetro, como muchos mal pensados podrían creer– estaba parado sobre una extensión del atril que le servía para aumentar su estatura. ¿Complejo de inferioridad? No, qué va...

TRES EN UNO

Opinión de Antonio Jiménez Castañeda
Especial para Un Pasquín

EL
La pregunta que los colombianos nos hacemos desde hace cinco años [¿cuál es el acuerdo secreto que el Presidente Uribe hizo con los grandes narcotraficantes y genocidas de Colombia?] fue respondida por él mismo en estos días: indultarles todos sus crímenes, por nauseabundos que sean. Para conseguirlo patea la dignidad de la Corte Suprema de Justicia y se convierte en inusitado defensor de la guerrilla: “A los asesinos de las Farc” —dice Uribe— “en algún momento va a ser necesario y merecido indultarlos y por eso es obligatorio hacerlo ya con los traficantes de cocaína y homicidas de las AUC”

PARAURIBISMO
No es extraño ver a Uribe defender causas de maleantes como Don Berna, Macaco, Monoleche, Jabón, Rasguño y tantos otros remoquetes tan familiares a la oscura era Uribe, pero sí es estrambótico, además de inmoral, que se atreva a sugerir que la Corte también está comprometida con los pactos tenebrosos que hizo él, de noche y a espaldas del país, con la vertiente del hampa a la que él tanto teme sin explicar específicamente por qué.

DEMOCRÁTICO
Uribe va al extremo de decir, con ese dedo índice indecente con el que apunta a todas partes cuando sabe que está haciendo gárgaras con la razón y la moral, que el indulto de sus protegidos se impone como una razón de estado. Insiste en que él acabó a los paramilitares cuando lo que hizo en verdad fue legalizarlos y habla de la necesidad de meterlos en la política como si no llevaran años en ella, incluso del lado y de la mano del propio Uribe. Como dice Claudia López, más bien tendría que sacarlos de allí, para bien del país.