martes, 12 de junio de 2007

[Editorial]
Mentiroso, mentiroso


Las mentiras de Juan Manuel Santos no son nada nuevo; no se sabe por qué hay quienes se sorprenden al ver cómo el flamante ministro de Defensa cae una y otra vez, víctima de su larga lengua.

Lo vimos mentir en compañía de Luis Carlos Restrepo cuando calumnió a Rafael Pardo; mintió cuando dijo que habían hecho el mayor decomiso de coca de la historia; mintió cuando aseguró que había erradicado con sus propias manos la última mata de amapola que quedaba en el país; miente cuando afirma [gagueando pero sin sonrojarse] que el gobierno Uribe acabó con los paramilitares; mintió en el triste episodio de los falsos positivos, etcétera...

El mismo Santos, en diversas entrevistas, ha dicho que el presidente Nixon no se cayó por chuzar a los demócratas, sino por decir mentiras, afirmación con la cual él mismo se clavó la daga en el pescuezo, pues siempre tapa una mentira con otra.

De manera que no nos llamemos a engaños: más pronto que tarde JMS va a tener que salir del gabinete y del ministerio de Defensa que tanto lagarteó durante años. Y lo peor es que tendrá que hacerlo por la puerta de atrás.

Cartas
[correo@unpasquin.com]

Sobre la edición extra.
Hoy fue una de esas noches donde después de buscar en Google noticias sobre Colombia y aburrida de leer las mismas notas vacías de El Tiempo, me encontré a Un Pasquín. Inicialmente empecé leyendo la edición extra sobre Mancuso, y luego ya no pude parar leyendo la edición 19... Confieso que la politica me aburre (como a muchos de mi generación), pero desde ahora que descubri que sí hay escritores inteligentes o al menos que al parecer hablan con la verdad sin miedos me declaro pasquin-adicta desde hoy. Vivo en Dinamarca hace un año y divulgaré Un Pasquín con todos mis amigos colombianos.
— Andrea Valencia

Tuve la oportunidad de leer física y electrónicamente su periódico a raíz de los temas de Natalia Springer y quedé obligado a leer los números anteriores que me causaron “magnífica impresión” como dirían los editores. Redunda el tema del temor en todos los medios, ¿qué será hola? Sigan con su actitud que sin duda los acerca a una valentía que en algún momento y de alguna manera les agradecerá la historia.
— Fernando Alarcón Alarcón

Vivo en Europa desde el año pasado porque estoy haciendo una maestría en análisis económico del derecho. Hasta ahora me entero de su existencia pues he leído la noticia sobre las declaraciones de Mancuso en las cuales mencionan su publicación. A pesar de la distancia he procurado estar al tanto de todo el acontecer nacional y me emociona ver que ustedes proporcionen un medio alternativo que rompe con el monopolio informativo del establecimiento colombiano.
— Juan D. Gutiérrez

~~~
A ventilar. Al fin parece que en Colombia, gracias a la red y al despertar de la inteligencia criolla, al fin tenemos una tribuna para ventilar diciendo la verdad y toda la verdad, a muchos personajes que han delinquido durante años o décadas sin que la mayorìa de sus paisanos se enteraran. Ojalá la iniciativa de todos ustedes, y el destape de la verdad de lo que pasa en Colombia, puedan mejorar el nivel de vida actual y terminar con la absurda guerra entre el estado y unos guerrilleros con ideas comunistas obsoletas. Como dice Paulo Laserna en Caracol, “vamos a ventilar a los malos de Colombia”.
—Alberto Monti

La sinrazón de una ‘razón de Estado’


Análisis de Un Pasquín

El discurso más esperado del presidente Uribe terminó convertido en un rosario de lugares comunes que dejó muchas dudas y destapó varias contradicciones.

Patética. Así de simple se puede calificar la aparición del presidente de la República en su alocución nacional, del pasado lunes 4 de junio. Después de toda la expectativa que armó alrededor del tema de la liberación de los guerrilleros de las Farc, motivada según él mismo por supuestas ‘razones de Estado’, el espectáculo que le brindó al país y a la comunidad internacional el doctor Uribe no pudo ser más lamentable.

En su larga exposición en el Salón Bolívar de la Casa de Nariño ante el Cuerpo Diplomático y la prensa nacional e internacional, Uribe no dijo nada nuevo, nada que no se supiera de antemano, nada que nadie no hubiera intuído previamente. Eso no fue más que una pantomima envuelta en mucho protocolo y pompa, como si en vez de un discurso presidencial se tratara de la refundación de la República, tan de moda en los últimos tiempos en nuestro país.
No se entiende por qué el Gobierno tenía que convocar a tantos dignatarios internacionales para salir con semejante chorro de lugares comunes y de datos trasnochados.

¿Que los señores de las Farc son unos desalmados? Eso ya lo sabíamos. ¿Que Uribe había hablado con Sarkozy? ¡Vaya chiva! ¿Que Francia quiere ayudar en el tema del intercambio humanitario? Tal vez el único que no lo sabía era el propio Uribe, quien si no se había dado cuenta, era porque no se le había antojado. ¿Que los cabecillas de las Farc son indolentes frente al sufrimiento de los cientos de secuestrados que tienen en su poder? Eso nos lo recuerdan a diario las familias de todos los rehenes. Entonces, ¿para qué desperdiciar todo ese tiempo, entregando información trasnochada?

Ese cacareado discurso, en lugar de aclarar cosas, tras dos semanas de expectativa, sólo sirvió para sembrar más interrogantes que los que Uribe pretendió responder. El Presidente, que tanto habla de la soberanía nacional y cosas de esas, no explicó por qué, por ejemplo, accedió a la petición de un presidente extranjero –por muy francés que sea– de liberar sin más ni más a Rodrigo Granda, el único prisionero de verdad importante que había en poder de la justicia colombiana. Hay que recordar que el señor Granda está acusado, entre otras cosas, de un delito tan atroz como el secuestro y asesinato de la hija del ex presidente paraguayo Raúl Cubas.

En un aparte de su discurso Uribe habló de lo conmovido que se sintió tras el relato que le hizo el subintendente John Frank Pinchao sobre los padecimientos de los secuestrados que tienen las Farc. Al respecto, dijo Uribe: “Ese día pensé al terminar la reunión [con el] subintendente Pinchao, sobre la necesidad de avanzar en nuestra decisión de la liberación unilateral como gesto humanitario”. Sin embargo, no explicó por qué, pocas horas después de esa reunión –en la que se le ablandó el corazón–, le hizo un enérgico llamado a la Fuerza Pública para que rescatara a sangre y fuego a Íngrid Betancourt y a los demás secuestrados.

“¡Vamos a rescatar a Ingrid Betancourt, aquí no hay jueguitos con estos bandidos de la FARC…!”, fue la orden presidencial. Y más adelante arengó de nuevo a las tropas en los siguientes términos: “No renunciamos ni un milímetro a rescatar a Ingrid Betancourt y a los otros compatriotas  que están cautivos con ella”. Como si eso fuera poco, a renglón seguido agregó: “[…] Que en el Congreso de los Estados Unidos se quiten las dudas porque aquí también vamos por el rescate militar de los tres norteamericanos que están cautivos por la Farc”.

Y luego de esos desesperados gritos de guerra, de buenas a primeras Uribe resuelve liberar guerrilleros, perdonar penas y suspender condenas, todo eso basado en supuestas ‘razones de estado’ que en otras ocasiones él mismo hubiera calificado de inadmisibles intromisiones extranjeras en los asuntos internos del país.

~~~
Aquí hay algo que no sabemos; el Presidente tuvo un terrible error de cálculo: tal vez un rescate frustrado o una promesa incumplida. El show del pasado lunes no tiene asidero por ninguna parte. Y lo que Uribe nos ha querido presentar como una operación muy bien montada parece más una película mal hecha, con un reparto de tercera y un guión bastante mediocre; pero, eso sí, transmitida en horario triple A.

¡Qué pena con todos esos diplomáticos y periodistas que asistieron a semejante función palaciega!

Robin Hood no existe

A estas alturas del partido, ¿existirá alguien sensato que todavía crea en las nobles intenciones de las Farc? ¿Habrá quien piense que a sus comandantes los mueven los ideales que en su momento llevaron al Che o a Camilo Torres a buscar la vía armada para cambiar la sociedad?

Si alguien es todavía así de ingenuo no es sino que repase la larga lista de civiles que la guerrilla más antigua del Continente ha secuestrado por razones supuestamente políticas y a los que se han llevado con pretensiones extorsivas. También podrían echarle una mirada a todos los asesinatos que los cínicos líderes supuestamente rebeldes tienen a su haber.

Si después de eso todavía persiste algún asomo de duda, no hay que ir muy lejos para ver los pueblos que han destrozado, las innumerables familias que han azotado o los miles de hombres, mujeres y niños desterrados del campo y que hoy deambulan mendigando en las ciudades.

Es bueno traer a colación estas preguntas no sólo para los colombianos que padecemos a diario las consecuencias del accionar cobarde de la guerrilla, sino también –y sobre todo– para los extranjeros que se quedaron en las lecturas de las hazañas revolucionarias de los sesentas que nada tienen que ver con los atentados dinamiteros, los secuestros, las ejecuciones, los boleteos y el reclutamiento forzoso de campesinos, muchos de ellos menores de edad.

La ignominia del secuestro no se relaciona en absoluto con la revolución por la cual Regis Debray se fue gustoso a la cárcel hace cuarenta años. No se necesitaba el lamentable plagio de Íngrid Betancourt para que los franceses, los daneses o los suecos se dieran cuenta del drama que padecemos en Colombia por culpa de una banda de forajidos disfrazados de Robin Hood. Durante décadas muchos europeos se han negado a ver más allá de la efectiva propaganda de la extrema izquierda y, sin confrontar su información, les han dado asilo, refugio y abrigo, mientras sus cómplices hacen de las suyas en el campo y las ciudades de Colombia.

Más allá de la torpeza, la ineficiencia, la ingenuidad o la soberbia de los gobiernos de turno, los primeros responsables por la suerte de los cientos de secuestrados son las propias Farc. Es a ellos a quienes el gobierno de Francia –o de cualquier país que pretenda ayudar– les tiene que exigir su inmediata liberación, en vez de implorarles exiguas pruebas de supervivencia. / Por Vladdo

¿Seguridad? ¿Democrática?


Opinión de Vladdo
Director de Un Pasquín

~ I ~
Quizás el aspecto que más valoran los furibistas de la gestión del presidente Álvaro Uribe en sus casi cinco años de gobierno es la supuesta seguridad que ahora se respira en el país y que se manifiesta en aspectos como la presencia de la Policía y el Ejército en la mayoría de las cabeceras municipales del país y el acorralamiento de las Farc, que se ha traducido en la casi total disminución de las tomas y destrucciones de pueblos por parte de la guerrilla.

Sin embargo, probablemente la medida que más popularidad le ha dado al Presidente Uribe es la posibilidad de viajar tranquilamente por carretera, cosa que difícilmente se podía hacer antes de 2002. Por diferentes razones, lo anterior no es del todo cierto. En primer lugar, no hay que olvidar que fue en el último tramo del gobierno Pastrana cuando se implementó la famosa campaña “Vive Colombia, viaja por ella”, tarea liderada por los ministros Eduardo Pizano, de Desarrollo Económico, y Gustavo Canal, de Transporte; y por el entonces comandante de las FF.MM., general Fernando Tapias.

Fue gracias al fortalecimiento del Ejército y las Fuerzas Armadas ocurrido en ese lapso que el recién posesionado presidente Uribe pudo ir el 8 de agosto de 2002 [doce horas después de asumir el cargo] a inaugurar la primera caravana turística por las carreteras del Cesar. Por lo tanto, aunque es verdad que Uribe ha mantenido y reforzado tal iniciativa, el origen de la misma no se le debe al actual gobierno, como alegremente lo pregonan los defensores a ultranza de la seguridad democrática.

Por otra parte, los alcances de la política de seguridad uribista, auqnue han sido muy útiles en las principales rutas turísticas y en las afueras de las grandes ciudades, no son tan eficaces en vastas zonas apartadas del país en las cuales, hoy por hoy, no es posible desplazarse si no es en medio de una caravana militar, donde los vehículos civiles quedan de sándwich. Pero, claro, como esto último ocurre es por allá en el Caquetá o en el Putumayo y no en la carretera Bogotá-Anapoima o Medellín-Ríonegro, a nadie le importa.

~II~
En el aspecto militar todavía quedan muchas incógnitas, empezando por la lucha de las Fuerzas Armadas contra la subversión, cuyo balance el país no conoce y al amparo de la cual muchos miembros de la Fuerza Pública incurren en excesos que van desde los arrestos injustificados en redadas masivas, hasta los asesinatos de ciudadanos inermes que luego son presentados ante la opinión como integrantes de algún grupo armado ilegal. Esta conducta se ha convertido en una práctica relativamente común en los años recientes y en varias oportunidades ha sido denunciada por la Oficina en Colombia de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, sin que hasta le fecha se tomen los correctivos del caso.
En el más reciente de estos episodios, la víctima fue el señor Mauricio Vives Lacouture, hermano del senador del Magdalena Luis Eduardo Vives, hoy detenido por supuestos vínculos con los paramilitares.

El señor Vives estaba secuestrado desde finales del año 2005 por una célula del ELN que opera en el citado departamento y, según asegura su familia, estaba a punto de ser liberado cuando se produjeron los hechos que condujeron a su muerte a manos del Ejército. Fuentes extraoficiales le dijeron a Un Pasquín que desde hace unos años la familia Vives tenía contratado un seguro antisecuestro con una compañía extranjera, por medio del cual se estaba gestionando la liberación de Mauricio Vives, la cual se vio frustrada por una absurda operación de la II Brigada, con sede en Santa Marta.

Por varias razones, este caso tiene ribetes inexplicables e indignantes. En primer lugar, cuando los miembros de la brigada dieron noticia de la muerte de Vives lo presentaron como un guerrillero del ELN, dado de baja en combates con el ejército. De hecho su cuerpo, envuelto en una bolsa de polietileno blanca, fue exhibido junto a un fusil AK-47 y material de guerra supuestamente incautado en la operación en la que murió el ‘subversivo’, y posteriormente fue sepultado como un NN en una fosa común. Este dato resulta muy extraño si se tiene en cuenta que el cuerpo de Vives no sólo tenía una cadena con una medalla, sino que además llevaba la argolla de matrimonio, que tenía inscritos el apellido completo y las iniciales del nombre de su esposa.

Como si fuera poco, pese a que se tenía conocimiento del plagio de Vives –único en esa zona del departamento– y de la negociación con los secuestradores –pues las autoridades tenían monitoreadas todas las comunicaciones de la familia Vives con los captores de Miguel– los militares no tomaron las mínimas medidas de precaución antes de llevar a cabo la fatal operación; y luego de concluída la misma, las autoridades no se tomaron la molestia de verificar la identidad del cadáver, antes de sepultarlo precipitadamente como un desconocido.

De no ser porque los mismos guerrilleros del ELN informaron de la muerte de Vives a su familia, el caso habría quedado literalmente sepultado. Con esa noticia, la familia Vives trató de averiguar con el Ejército por la suerte de Mauricio, sin obtener ninguna respuesta. Sin embargo, gracias a la intervención del Defensor del pueblo, los Vives insistieron en la identificación y posterior exhumación del cadáver, que permitió la confirmación de la triste noticia.

Como en otros episodios similares, el Ejército ha dado explicaciones contradictorias acerca de lo que sucedió con Mauricio Vives y su extraña muerte, las cuales han sido rechazadas por su familia, que no solo sufrió la pérdida de uno de sus más queridos integrantes, sino que ha sido víctima del ¡tapen, tapen!, en una época en que el ministro de Defensa pregona todo lo contrario.

De hecho, basados en la información oficial suministrada por los mandos militares, el periódico El Informador –perteneciente a la misma familia Vives–publicó la noticia de la baja del supuesto “guerrillero integrante de la cuadrilla Gustavo Parmesano Ojeda del Eln”, tal como lo decía el comunicado expedido por el Ejército, noticia que a la postre resultó falsa y que ha hecho más dolorosa aún la tragedia.

Si bien es innegable la alta cuota de responsabilidad que aquí les cabe a los miembros del ELN –como autores del secuestro y quienes iniciaron la pesadilla– en este episodio quedan varias cosas que las autoridades no han podido aclarar:

¿Trató el ejército de realizar una operación de rescate, sin consentimiento de los familiares del secuestrado, sin el debido entrenamiento y a sabiendas de que se adelantaba una negociación que estaba a punto de culminar exitosamente?

¿Por qué, si el ejército estaba al tanto del secuestro de Mauricio Vives y tenía su descripción, no se puso en contacto con la familia para que identificara el cadáver?

¿Por qué fue sepultado como NN el cuerpo del supuesto guerrillero sin adelantar las debidas diligencias de identificación?

¿Por qué se necesitó la intervención del defensor del pueblo para que finalmente las autoridades permitieran la exhumación del cadáver?

~III~
Como colofón de esta terrible historia –que no es más que otro falso positivo– surge la inquietud de por qué en éste como en otros episodios similares donde resultan involucrados integrantes del Ejército, el gobierno no ha tomado ninguna medida disciplinaria.

Es curioso que después de casos como el de Jamundí, en el que una decena de policías de un cuerpo élite de la Policía fueron masacrados por el Ejército; el de los falsos atentados reportados en las vísperas de la segunda posesión del presidente Uribe o tras la explosión de la misteriosa bomba en la Escuela Superior de Guerra, el ejecutivo no haya actuado con el mismo rigor de hace unos años, cuando altos oficiales del ejército eran destituídos en caliente por razones nimias.

Dicha actitud pasiva contrasta con la presteza, velocidad y diligencia con las que hace apenas un par de semanas una docena de generales de la policía fueron retirados de la institución, tras el episodio de las interceptaciones telefónicas no autorizadas.
¿Por qué en el caso de la Policía sí se buscan y se sancionan oficiales por supuesta responsabilidad política, mientras que en el Ejército, en situaciones donde ha habido atentados y asesinatos, dicha responsabilidad política no existe?

El gobierno nos debe más de una explicación.

El viaje presidencial no es conveniente

Opinión de Ricardo Sánchez Ángel*
Especial para Un Pasquín

La nueva visita del señor Presidente a los Estados Unidos tiene la intención de revertir las adversidades que vive el trámite del TLC con Colombia en el Congreso de ese país. Como avanzadilla estuvo el Vicepresidente, y los lobbistas pagados por el erario han redoblado sus esfuerzos, mientras la embajadora Barco, sin acciones distintas a la etiqueta de sus buenas maneras y su distinguida presencia.

El viaje se hace en medio de la confirmación del espionaje telefónico a la oposición y a los periodistas por parte de la central de inteligencia de la policía, de los palos de ciego del gobierno en materia del acuerdo humanitario, la lucha antisubversiva y el destape de la parapolítica. En el contexto de un mes de mayo de amplias luchas de los estudiantes, educadores y otros sectores populares. Con una imagen muy desvalorizada ante la comunidad internacional y la opinión democrática en los Estados Unidos.

El presidente tiene a su favor para este viaje el apoyo al TLC del partido liberal y de su jefe César Gaviria, así como de los ex ministros liberales y conservadores de hacienda. Pareciera que el nuevo lema es: tratado o catástrofe, y no al revés, que el tratado es lesivo para la soberanía y los intereses de las mayorías. Es lesivo no sólo por las razones alegadas por los congresistas demócratas norteamericanos, en el sentido de que lesiona las condiciones del trabajo colombiano, del medio ambiente y los derechos sociales como la salud, lo cual ya lo hace inaceptable, sino porque profundiza las desigualdades entre Estados Unidos y Colombia.

El TLC busca hacer de Colombia un mercado sin límites para los productores norteamericanos convirtiéndonos en consumidores subalternos. Implica una destrucción de la soberanía alimentaria y la quiebra de la agricultura tradicional en beneficio de las industrias extractivas y comerciales. Nos conduce a ser productores de materias primas de un mercado internacional asimétrico. Pone la propiedad intelectual de las multinacionales a su exclusivo usufructo, al mismo tiempo que les permite operar sobre la educación, la salud, el ambiente y los recursos naturales, invalidando su criterio de derechos sociales, de interés público con prevalencia sobre cualquier afán de lucro privado.

Hay que precisar que el presidente no puede firmar cualquier tratado y el Congreso aprobarlo, como si de su decisión dependiera la viabilidad y conveniencia del mismo. Ante todo, los tratados como este deben responder al primado de la Constitución que ordena que las relaciones exteriores del Estado se fundamentan en la soberanía nacional, el respeto a la autodeterminación y el derecho internacional; deben atender el desarrollo de los postulados de los derechos económico-sociales de los colombianos y atender a los logros del progreso del país. Ninguno de estos aspectos está contemplado en el tratado de manera favorable. Directamente lesiona la soberanía nacional y la acción potestativa de la justicia y el Estado al reconocer la primacía de los intereses privados de los agentes económicos extranjeros, creando justicias paralelas privadas, entregando cláusulas de favorabilidad a las multinacionales, como sucede en el caso escandaloso de los fármacos.

Sin exageraciones, el TLC tal como está en trámite, constituye un golpe de estado a la Constitución, en materia grave en la definición del territorio nacional, al reducir los alcances que el artículo 101 establece. Se eliminan el subsuelo, el mar territorial, la zona contigua, la plataforma continental, la zona económica exclusiva, la órbita geoestacionaria y el espectro electromagnético, dejando estos elementos constitutivos de la nacionalidad al garete de las acciones de las multinacionales.
Al no establecer de manera categórica el primado de la soberanía nacional en los términos de la constitución, el TLC debe ser archivado. El derecho internacional obliga a la reciprocidad y respeto, la colaboración y la integración; asuntos distintos a la sumisión.

---
*Profesor Asociado Universidad Nacional de Colombia;
Profesor Titular Universidad Externado.

El ‘linchamiento’ de los corruptos

Opinión de Iván Marulanda Gómez*
Especial para Un Pasquín

El mismo presidente de la república que dijo voz en cuello en alguno de esos discursos alocados que pronuncia que “los corruptos debieran ser linchados”, anuncia en estos días la expedición de normas para liberar de las prisiones sin castigo, ni reparación, ni verdad, a los más corruptos de los corruptos, a los más criminales entre los criminales, genocidas que sembraron de fosas comunes y lágrimas esta nación. A secuestradores, ladrones de tierras, de semovientes, de gasolina, de dineros del erario que debían destinarse a la salud y la educación de los más pobres, a las obras públicas, a la vivienda. Y no me detengo a demostrar que no habrá verdad, como afirma el presidente, porque como se ve, miente.Uribe advierte con oratoria de desquiciado de parque que va a liberar a narcotraficantes, matones, asesinos, torturadores, extorsionistas, contrabandistas, proxenetas, lavadores de dinero, traficantes de personas, terroristas, guerrilleros, defraudadores. Es lo que son ellos. Una colección de depravados que la fuerza pública, la fiscalía, los jueces y las Cortes habían logrado enjaular a costa de la sangre de compañeros y de sufrimientos que soportan en silencio con sus familias, por cumplir el deber con la sociedad de administrar justicia y por su devoción a la civilización y el amor a Colombia.

Uribe soltará de las cárceles a los intrusos que corrompieron, que infiltraron, que se tomaron a sangre y fuego instituciones del país, el Senado, la Cámara de Representantes, el Gobierno, incluso colonizaron predios de la justicia. A explotadores de menores en sus guerras privadas, a violadores de los derechos humanos. De todo eso va ahí en el paquete envenenado de las excarcelaciones. Amigos del propio presidente, buena parte de ellos. Por eso no se les “lincha” sino que se les libera. “Amigotes” que lo ayudaron a elegir y a reelegir usando medios ilícitos y que votaron sus leyes a solicitud suya hasta que los enjaularon. Elegidos con desfachatez, gracias al fraude electoral, la compra de votos, la coacción armada, el tiro en la nuca, la masacre, el soborno, la impostura. Y financiados con montañas de dinero espurio.

Con todo, quizás lo más angustioso es que los colombianos tengamos atragantado este presidente embaucador, falso. Repito, el mismo que decía en ataque de desvarío: “¡Hay que linchar a los corruptos!”, ahora resulta que los va a repartir otra vez por las calles, las playas, los hoteles de cinco estrellas, las boutiques, los restaurantes de postín, los aeropuertos; en sus limusinas, en sus aviones, en sus yates; vestidos con sus trajes de luces, montados en sus viejas descomunales y en sus caballos despampanantes, entre el bullicio de orquestas y cantantes de cartel, ahogados en alcohol y hartados de perico.

Uribe piensa devolver esa fauna viciosa y asesina al seno de la sociedad para que se jacten y humillen otra vez al pobrerío desgraciado de colombianos que por cumplir con ser decentes y por ajustar sus actos a la urbanidad y a la ley, no se ganan en la vida sino la triste y desconsoladora condición de ‘pendejos’. Para desmoralizarlos más, arrollarlos, para desconcertarlos del todo. Para borrar de tajo en esta sociedad la línea que separa el bien del mal, la noción de lo que se debe y no se debe hacer. Es decir, para que quienes faltaban por aventarse al desvarío resuelvan que si la cosa es así, sin Dios ni Ley, entonces que entre el diablo y escoja.

Con la pirueta Uribe piensa rellenar otra vez los taburetes del Congreso con traseros de narcotraficantes, de mandaderos de genocidas, de mafiosos que ordenan descuartizar personas sin mover un músculo de la cara. Los mismos corruptos que al final de cuentas no linchó. Eran mentiras, esos son los que le gustan a él, porque hacen el trabajo sucio que le arrastra montañas de votos sin necesidad de dar muchas vueltas.

Vengo de los obscuros campos de batalla de la democracia colombiana, de luchar con mis convicciones y mi garganta por que se me permita ocupar un metro de terreno político en el que pueda luchar con dignidad por el porvenir de mis hijos y de los jóvenes de este país befado y martirizado, y sé que eso es imposible en este imperio de hampones. La democracia en Colombia está emboscada por el presidente Uribe y su maquinaria de trampa y muerte, que no deja pelechar nada que no se someta a sus designios, enfermizos de ambición, de codicia. De contera, ensalzado y aupado por poderes empresariales y mediáticos, que de adulación en adulación no supieron distinguir entre el mandato que deviene de ideas y compromisos con la sociedad fundados en cimientos éticos, de aquel que se deriva del poderío mafioso que se tomó la escena y oprime a los colombianos.

Presidente confuso de mente, sin principios, por lo mismo tenebroso, que pone escuchas prohibidas a las contrapartes, que espía en la ilegalidad. Capaz de engarzar en las espuelas de sus ardides y sus piruetas histriónicas y de enredar en el entramado de facinerosos que le rodea, a tanta gente ingenua, impotente, a suicidas que lo siguen a ciegas por las sendas tenebrosas de la impunidad, de la denegación de justicia, de la degeneración del poder, del salto de garrocha por encima de la Constitución y la Ley.

Uribe cree que a todos nos va a aplacar. Se equivoca. La lucha continúa. Este espanto de país no lo merecen los que vienen detrás. La vergüenza pone a muchos de pie. Verán.

---
*Ex Constituyente.

Colombia en contravía


Opinión de Mario Quadros*
Especial para Un Pasquín

El debate del Senador Gustavo Petro sobre el narcoparamilitarismo en Antioquia mostró cómo Colombia camina políticamente en contravía de la historia. En mi opinión, Colombia está equivocada en términos de su futuro. Sólo ahora se da cuenta de que la situación política de Estados Unidos y del país son antagónicas. La llamada opinión pública continúa hipnotizada o enceguecida, como en la novela de José Saramago, por los pseudoéxitos de la política de seguridad del gobierno y por un crecimiento económico que en nada cambiará la realidad social del país. No es crecimiento es hinchazón.

Sin embargo, la cuestión de fondo en todo esto, es para dónde va Colombia en el ámbito político. Creo que una respuesta es ese cuento de mostrar a Colombia como socio estratégico de Estados Unidos, en lo cual hay una gran distorsión. Los socios de los norteamericanos en la región fueron, son y serán siempre Brasil y Venezuela, por los grandes intereses económicos en juego. En los años setenta los americanos ya decían: “Para donde camina Brasil camina América Latina”. En aquel entonces Brasil fue usado para influenciar y promover los golpes militares en el Cono Sur.

Que Colombia tenga el problema de la droga (ni siquiera de la guerrilla) y que sea esa una preocupación para Estados Unidos, es una cosa; pero la posición servil frente a los americanos sólo confirma un dicho de mi abuela: “Quien mucho se rebaja, muestra el rabo”.

Saturada por el secuestro, la opinión pública se tapa los oídos, cierra los ojos y repite con el narcoparamilitarismo el mismo error de los años 70 y 80 con la mafia, cuando las clases media alta y alta se beneficiaron de la valorización de sus patrimonios, gracias al enorme volumen de dólares ilegales que entraban al país. Había una cierta complicidad silenciosa e interesada. Al final, Colombia terminó rehén de Pablo Escobar.

En los años recientes las políticas de Colombia y Estados Unidos parecían similares gracias a las inmensas estupideces de Bush. Sin embargo, la política americana comienza a cambiar y se despierta de las secuelas del 11 de septiembre. Algunos americanos se preocupan por la repercusión de una desastrosa política nacional frente al mundo, cada vez más hostil, y son más conscientes de lo fundamentales que serán las próximas elecciones presidenciales para el futuro de su liderazgo. Los artículos, libros y editoriales en los periódicos son tan duros contra la política actual que los planteamientos de la Senadora Clinton, “tan liberal”, hoy, quedan cortos para el momento.

Ese cuento de socio estratégico, entre otros, es un sofisma que crea la clase dirigente para mantener a Colombia bajo la influencia de Estados Unidos y al mismo tiempo defender sus propios intereses y no los del país. Esa ilusión es la misma que tiene México. Salinas de Gortari adoptó esa estrategia. Salió del Gobierno como ‘genio’ y ‘gurú’ del neoliberalismo y terminó huyendo del país para no ser encarcelado. Por donde se mire al México de hoy, se ve el fracaso de esa política; menos, claro, por el lado de los megabillonarios que produjo.

Sobre el 78% de aprobación del Gobierno con el cual el Vicepresidente anda sacando pecho en Washington, es bueno recordar que los pueblos también se equivocan y pagan precios altos por esta ceguera. Perú con Fujimori, Brasil con Collor de Mello y ahora Estados Unidos con Bush, son un buen ejemplo. El nuevo libro de Al Gore aclara ese punto cuando dice que el problema de Estados Unidos no es solamente Bush. Cuando un pueblo gasta 100 millones de horas por semana mirando basura en la televisión, el resultado no puede ser diferente.

Los columnistas salen con unos cuentos raros en los periódicos y revistas: “Colombia se asocia al diablo”, “Nos pagan con una bofetada”, etc. El problema es por otro lado: Estados Unidos, como bien lo define el Realismo, “no tienen ni amigos ni enemigos; solamente intereses”. Lula afirmó recientemente que los países pobres deben parar de mendigar y de sentirse víctimas y deben tener un poco de dignidad.

Desafortunadamente en América Latina hay pocos países con esa dote. Cuba, a pesar de todos sus problemas y limitaciones, cierto o errado, es uno de esos pocos. Venezuela, ahora con el Presidente Chávez, le puso un freno a los americanos y se diferenció de la política anterior de una clase dirigente corrupta y arrodillada. Brasil, debido a su mercado interno y los intereses de los grandes capitales americanos, mantiene una política independiente de Estados Unidos.

Por lo tanto, no debería sorprender que Chávez –con algunas correcciones a su comportamiento– consiga un cambio de percepción de parte de los americanos hacia él; y que Lula, con su equilibrio, encuentre en el futuro mayores afinidades políticas, para seguir siendo, ellos sí, los mayores socios estratégicos de Estados Unidos en América del Sur. Y Colombia, como en el pasado, quedará marginada y estigmatizada. No solamente por el problema de las drogas ilícitas, sino también por su ‘complicidad’ con el narcoparamilitarismo. La herencia de Uribe probablemente no pasará de eso.

---
*Ingeniero; estudiante de Ciencia Política.
Comentarios: mq2125@columbia.edu

martes, 5 de junio de 2007

Epitafios


Apartes del último capítulo de la biografía ‘Los sueños sin frontera del Che Guevara’, escrita por el periodista Carlos J. Villar Borda para conmemorar los 40 años de ejecución del guerrillero, que se cumplen el próximo 9 de octubre.

Documento
Por Carlos J. Villar Borda
Especial para Un Pasquín

“El Che Guevara es un líder inmortal”. Estas palabras fueron pronunciadas por el Presidente Constitucional de Bolivia, Evo Morales, el 14 de junio de 2006, en la pequeña aldea de La Higuera, hacia donde se desplazó con medio gobierno para expresar su admiración y respeto por el Che, quien ese día hubiera cumplido 78 años, de estar vivo todavía.
En La Higuera, en el sitio donde debía quedar la escuelita colocaron un gran busto de aproximadamente dos metros de altura, con una base enorme de piedra, en la cual se puede leer: “Tu ejemplo alumbra un nuevo amanecer”.
Adriana Mariño, socióloga y libretista colombiana, quien viajó a La Higuera en octubre de 2005, para filmar un documental sobre el Che, escribió después un relato de su experiencia, en que menciona que Pastor Aguilar, un izquierdista declarado, según ella, le cantó con voz tierna, pero orgullosa una canción que dice:
De todito el mundo vienen a La Higuera
donde fusilaron al gran Che Guevara.
Los que lo mataron ni lo soñarían
que el Che Guevara resucitaría.
Sus grandes ideales siguen pues presentes
Recorriendo montes, también continentes.
Ernesto Guevara ha resucitado,
seguirá luchando...
Ya Régis Debray había escrito desde su prisión de Camiri, tan pronto como conoció la noticia de su muerte:
El Che Guevara no es de los que mueren; ejemplo y guía, él es propiamente inmortal, porque va a vivir en cada uno de los revolucionarios. Un Che murió. Otros están por nacer, surgiendo de la acción, otros están en acción o entrarán mañana mismo en escena, aquí y en otros puntos del continente. En cuanto al Che que acaba de morir aquí, la historia y los revolucionarios se encargarán de enjuiciar a los que llevan la responsabilidad de su muerte, de cualquier lado que estén.
En cuanto se enteró de la muerte del Che y del cercenamiento de sus manos, Julio Cortázar le ofreció sus propias manos, para que con ellas pudiera seguir escribiendo. Se trata de un Mensaje al hermano, cuyo texto es el siguiente:
Ahora serán las palabras, las más inútiles o las más elocuentes, las que brotan de las lágrimas o de la cólera; ahora leeremos bellas imágenes sobre el fénix que renace de las cenizas, en poemas y discursos se irá fijando para siempre la imagen del Che. También estas que escribo son palabras, pero no las quiero así, no quiero ser yo quien hable de él.
Pido lo imposible, lo más inmerecido, lo que me atreví a hacer una vez, cuando él vivía: pido que sea su voz la que se asome aquí, que sea su mano la que escriba estas líneas. Sé que es absurdo y que es imposible, y por eso mismo creo que él escribe esto conmigo, porque nadie supo mejor hasta qué punto lo absurdo y lo imposible serán un día la realidad de los hombres, el futuro por cuya conquista dio su joven, su maravillosa vida. Usa entonces mi mano una vez más, hermano mío, de nada les habrá valido cortarte los dedos, de nada les habrá valido matarte y esconderte con sus torpes astucias. Toma, escribe: lo que me quede por decir y por hacer lo diré y lo haré siempre contigo a mi lado. Sólo así tendrá sentido seguir viviendo.
En sus ‘Antimemorias’, tituladas Permiso para vivir, escritas en 1993, Alfredo Bryce Echenique declaró infinita admiración por el Che. Posiblemente es el mismo sentimiento que yo he experimentado al terminar de reunir todos los documentos y datos que me permitieron escribir este libro.

El 12 de octubre de 1967, dos días después de anunciada oficialmente la muerte del Che por el gobierno de Barrientos, los estudiantes de Cochabamba se reunieron en un acto para proclamarlo ciudadano y patriota boliviano y guardaron un minuto de silencio en su memoria.

Fidel Castro lo declaró Guerrillero Heroico cuando admitió su muerte el 15 de octubre, una semana después de la acción en la quebrada de El Churo. En un emocionado discurso ante una gigantesca manifestación popular de cerca de un millón de personas en la Plaza de La Revolución en La Habana, Fidel dijo:
Es lógico que todos los que llegamos a albergar por él un entrañable cariño nos cueste más trabajo resignarnos a verlo convertido en un precursor, en un ejemplo de cuya repercusión no dudamos ha de ser muy grande, pero es lógico que todo ser humano siempre se duela cuando un carácter, una inteligencia, una integridad como esa, físicamente se destruya.
Nicolás Guillen le compuso un poema titulado Che Comandante, que termina con la siguiente estrofa:
¡Salud, Guevara!
O mejor todavía desde el hondón americano:
¡Espéranos! Partiremos contigo. Queremos
morir para vivir como tú has muerto,
para vivir como tú vives,
Che Comandante,
amigo.

Durante la visita que hizo a La Habana en diciembre de 1975, el guerrillero vietnamita Vo Nguyen Giap, autor del más famoso tratado sobre la guerra de guerrillas escrito el siglo pasado, le escribió una carta al Querido compañero Che Guevara, a la cual pertenecen las siguientes frases:
Che, el Guerrillero Heroico, combatiente comunista lleno de voluntad combativa y del puro internacionalismo proletario. Che, infinitamente entrañable compañero de armas del pueblo vietnamita. Tu imagen vivirá eternamente en nuestro corazón, en el corazón del hermano pueblo de Cuba y en la causa revolucionaria de los pueblos del mundo. Siento tantos deseos de escribirte estas líneas para dejar constancia del día en que te visitamos en tu antigua Comandancia, aún sabiendo con toda seguridad que esta carta nunca llegará a tus manos.
La imagen del Che, en el póster severo y ceñudo que se hizo popular en todo el mundo, ha inundado los rincones más remotos del planeta. En la Ciudad Universitaria de Bogotá permanece todavía intacto, a pesar del intento que han hecho varios gobiernos retardatarios para borrarlo.
Jorge Zalamea, el colombiano que ganó el Premio Lenin de Literatura en 1965, estaba componiendo un extenso y hermoso poema cuando lo sorprendió la muerte en 1969. Algún fragmento fue publicado por la Casa de las Américas, pero el texto completo de lo que alcanzó a escribir solo vino a ver la luz en Bogotá en 1980. Se titula Che, cantata para voces, tambores y chirimías y a ella pertenecen los siguientes versos en prosa:
Te saluda, Comandante, toda la
América mestiza que
trabaja sobre la tierra y bajo
la tierra, en los ríos
y en el mar, en la selva y en la montaña, en las
pampas y en las laderas,
entre las nieves y el sol airado...
Todos estos son los epitafios del hombre que estuvo 30 años sin sepulcro, pero quizás el que más le hubiera conmovido hubiera sido la oración fúnebre pronunciada una semana después de su muerte por un sacerdote argentino, quien además era en ese momento peronista. Esa homilía del Padre Hernán Benítez dice, en parte:
Los dos tercios de la humanidad oprimida se han estremecido con su muerte. El otro tercio, en lo secreto de su alma, no ignora que la historia del mundo, si caminamos hacia un mundo mejor, le pertenece al Che por completo. Un día nada lejano, el tercer mundo victorioso incluirá su nombre en el martirologio de sus héroes. Y su faz tan hermosamente varonil resplandecerá como un halo de profetismo bíblico.
Ha muerto con las características de los héroes de leyenda, quienes en la conciencia no mueren. Como los judíos del Nuevo Testamento creían siempre vivo al Profeta Elías, los españoles del Medioevo al Cid Campeador y los galeses a Arturo, es posible que también en los años venideros los soldados del tercer mundo crean sentir la presencia alucinante del Che Guevara en el fragor de las luchas guerrilleras.
Pasar la vida en la jungla hambreado, desnudo, con la cabeza a precio, enfrentado al poderío del imperialismo, y, para colmo, enfermo de asma, exponiéndose a morir de un ahogo si no lo segaban las balas él, que hubiera podido vivir regaladamente, con plata, juegos, amigos, mujeres y vicios en cualquiera de las grandes ciudades pecadoras. Esto es heroísmo, heroísmo de ley, por arrevesadas que hubiera podido tener sus ideas. No reconocerlo sería, no ya reaccionarismo sino estupidez.
Es como Camilo Torres, que murió abaleado luchando a favor de su causa. Porque sentía que su fe católica y su sacerdocio le exigían dar ese testimonio. Paradojal exigencia: dejó de ser sacerdote en lo formalístico, para ser sacerdote en lo esencial, abrazando las exigencias todas de un sacerdocio vivido a lo heroico.
¡Y cómo los entiendo, Dios mío, cómo los entiendo!

Boogie, ‘el Aceitoso’; por Fontanarrosa

El Presidente y los ‘paras’

Opinión de Enrique Parejo González*
Especial para Un Pasquín

Estamos obligados a conocer esa verdad, por trascendental que sea. Y no hay ninguna ‘razón de Estado’ que lo impida.

Mientras más afirma el Presidente Uribe que nada ha tenido ni tiene que ver con las acciones de los paramilitares y de los agentes de la parapolítica, más incurre en contradicciones y más convence de todo lo contrario.

Como simples observadores de las declaraciones y actuaciones del Presidente, nos atrevemos a afirmar, sin temor a equivocarnos, que el presidente le está diciendo cada vez más mentiras al país para tratar de ocultar sus relaciones con los paramilitares y su nexos con los congresistas vinculados a la parapolítica.

Cualquier desprevenido observador de la realidad nacional tiene que darse cuenta de que el Presidente, en todo momento y en cada uno de sus actos –con respecto al proceso que se sigue contra ellos–, ha procurado favorecer a los paramilitares. Con lo cual ha tratado de favorecerse a sí mismo. En efecto, él ha buscado impedir, de esa manera, que ellos le sigan contando la verdad a la justicia y que, por ese camino, le cuenten cosas que a él no le conviene que se conozcan.

Basta hacerles seguimiento a las distintas etapas del mal llamado proceso de paz con los paramilitares, para cerciorarse de que el Presidente le teme a lo que ellos puedan decir contra él. De ahí que ellos estén anunciando -o, mejor, amenazando- que van a contar toda la verdad.

Eso es lo que se deduce de la última decisión del Presidente de establecer la excarcelación en favor de los paramilitares y de los políticos que tienen nexos con ellos. A nadie se le escapa que tanto Salvatore Mancuso como ‘Ernesto Báez’, en sus recientes declaraciones, lo han implicado, de alguna manera, en sus actividades delictivas.

A ese respecto, llama poderosamente la atención el hecho de que El Tiempo, en su edición del 25 de mayo, haya dicho lo siguiente:
“El viaje [de Francisco Santos a Estados Unidos], no obstante, se inició con ‘pie izquierdo’ luego de que apareció ayer un crítico artículo en la primera página de ‘The Washington Post’.

El artículo, escrito por su corresponsal en Bogotá Juan Forero, se basa en las recientes declaraciones de Salvatore Mancuso y en una entrevista con ‘Ernesto Báez’.

Según el Post, “los jefes paramilitares han confirmado lo que grupos de derechos humanos y otros llevan años diciendo: que algunas de las figuras políticas, militares y empresariales ayudaron a construir un poderoso movimiento antiguerrillero que operaba con impunidad, mataba a civiles y enviaba coca a E.U.”.

‘Báez’, en la entrevista con el Post, sugiere no solo que el paramilitarismo era una política de Estado, como lo dijo Mancuso, sino que estas figuras públicas actuaban con el aval del ‘jefe de jefes’.

Agrega El Tiempo: “Dice Duque (Ernesto Báez) en clara alusión al presidente Uribe: “¿Será que estos grupos –me refiero a los políticos, los militares, las instituciones, los económicos– operaban sin tener contacto con su jefe de jefes? Eso es imposible”.

“El Post también menciona” —sigue diciendo El Tiempo— “las acusaciones de Mancuso contra el vicepresidente Santos y el Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, y dice que las revelaciones del jefe ‘para’ sobre el general Rito Alejo del Río y sus nexos con las AUC son ‘una vergüenza para Uribe’, pues éste lo ha defendido a capa y espada”.

Como se deduce de la anterior información de El Tiempo, no hay duda de que, cuando Ernesto Báez habla del ‘jefe de Jefes’ –como lo anota el propio periódico–, se está refiriendo al presidente Álvaro Uribe Vélez. Tan comprometedora es esa afirmación, como la de que el paramilitarismo ha sido una política de Estado.

Creemos que las declaraciones de los dos cabecillas paramilitares revisten una enorme gravedad. En la práctica, lo que se desprende de sus palabras es que los grupos paramilitares no podían operar sin tener contacto con el ‘jefe de jefes’, es decir, con el presidente de la República.

El país tiene derecho a exigir que la Justicia inicie, a la mayor brevedad posible, una investigación a fondo sobre esas declaraciones. Y no puede dejar de hacerlo, so pretexto de que Colombia se desestabilizaría si conoce toda la verdad. Estamos obligados a conocer esa verdad, por trascendental que sea. Y no hay ninguna “razón de Estado” que impida conocerla.

Sería muy grave que la Justicia no sancionara los delitos cometidos por los paramilitares y sus aliados políticos. Negro sería el futuro del país, si se construyera sobre la impunidad de los actos delictivos de unos y de otros, cualquiera que sea el rango de sus autores. Las consecuencias de que se conozca toda la verdad nunca serán tan graves ni tan desestabilizadoras como las que inexorablemente se derivarían del ocultamiento de esa verdad. ¡Frente a los crímenes atroces de los paramilitares y sus aliados políticos no puede haber ni perdón ni olvido!

*Ex ministro de Justicia.

Tres en uno

Opinión de Antonio Jiménez Castañeda
Especial para Un Pasquín

EL
Juan Manuel Santos, el mentiroso mayor del régimen, vino ahora con el cuento de que sí hubo chuzadas telefónicas pero que no las hubo. Mandó publicar en su periódico El Tiempo que sí hay una lista de personas a quienes les intervinieron los teléfonos durante miles de horas pero que fueron intromisiones involuntarias ocurridas mientras agentes de inteligencia buscaban la manera de espiar comunicaciones de paramilitares. En síntesis, no pasó nada.

PERFECTO
No pasó nada y, como culpables de no haber hecho nada irregular, Santos y su jefe Uribe botaron como a perros, de un solo manotazo, a 12 generales de la Policía Nacional. A ellos y a sus familias les destruyeron la honra y los dejaron marcados para siempre de corruptos por no haber hecho absolutamente nada, según la versión que Santos hizo publicar abriendo la primera página de su periódico del jueves 31 de mayo. Los generales solamente cumplieron con su deber: estaban tratando de chuzar a los paras con el propósito de descubrir qué nuevas fechorías estaban tramando.

IDIOTA
Como nadie creía nada de lo que decía Santos en el debate al que fue citado en el Congreso la semana pasada, optó, como siempre, por arremeter contra sus críticos con falsedades inverosímiles: señaló al senador Juan Fernando Cristo de haberle dicho al periodista Juan Gossaín barbaridades que no le había dicho jamás y, de inmediato, Gossaín salió a desmentir a este extravagante Pinocho que maneja el ministerio de Defensa como si fuera su propia tienda con la creencia de que todos los colombianos nos comemos sus cuentos porque somos idiotas. No obstante, la historia ha demostrado, sin excepciones, que más idiota es el que cree que otro es idiota. Todo parece indicar, inclusive, que Santos es el perfecto idiota ese que anda buscando un tal Plinio.

Bonito así. El Consejo Superior de la Judicatura le quitó al juez de Santofimio todos los otros negocios que tenía para que se dedique exclusivamente al caso de este gran hombre –preso por su presunta participación en la muerte de Luis Carlos Galán–, y profiera una sentencia antes de que termine este mes de junio. Bonito así. ¿Cuántos magnicidios debe cometer un preso para que le dejen un juez para él solito?