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[Editorial] En medio de todos los merecidos homenajes que se le han ofrecido en estos días a Gabriel García Márquez, no han faltado quienes resuelven posar de originales, o rebeledes, o independientes, o escépticos, para emprenderla contra el autor, por distintas causas.
El reciente informe del periódico Los Angeles Times, LAT, que vincula a los generales Freddy Padilla de León y Mario Montoya (comandantes de las Fuerzas Militares y del Ejército, respectivamente) en actividades relacionadas con el paramilitarismo, es una bofetada en pleno rostro a la administración Uribe, en momentos en que el Presidente se encuentra arrinconado por el escándalo de la parapolítica.
Sumercé ha estado callada, pero no en silencio. ¿Quién puede gozar de la quietud del pensamiento cuando vive en un país donde las palabras lo son todo? Esta semana el barullo arrancó con la muerte por hambre (desnutrición, que suena más bonito, dicen las autoridades) de un número indefinido de niños chocoanos. Han dicho que los niños muertos son veinte, dieciséis, diez y, para hoy, llevan la cifra en seis. Con eso, arreglan el lío. Como si por el hecho de que muera un niño de hambre, y no quince o veinte, el horror disminuyera.
Ya pasaron suficientes calendas desde el histórico domingo en que visitó a Bogotá el señor W (como lo llama Fidel) para que esto sea noticia, pero como los medios de información hicieron lo posible por ocultar los lunares de tan magno acontecimiento, nos parece que todavía es válida una relación fidedigna de un hecho tan trascendental.
El Presidente de la República –quien ya tiene por costumbre faltar a la verdad–, ha dicho en forma reiterada, que las investigaciones sobre la “parapolítica” son consecuencia de la Ley de Justicia y Paz, y que, de no ser por esa ley, no se habría conocido ese enorme escándalo sobre los vínculos entre la clase política –en su mayoría, uribista– y los paramilitares. O sea, que el mérito es suyo.
La reciente reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa en Cartagena fue el escenario en el cual su vicepresidente, Enrique Santos Calderón, resolvió absolver de toda culpa a Álvaro Uribe, pese a los repetidos atropellos del Mandatario contra varios medios y periodistas.
Ocho años continuos puede ser mucho tiempo en la vida de una generación. Las huellas que dejan en la percepción de las personas dos períodos seguidos de gobierno envueltos en tormentas políticas y sociales, el influjo que pueden tener en la forma como se asume la vida y como se piensa que funciona la sociedad, pueden ser imborrables. Sobre todo para los jóvenes.
En las efemérides de García Márquez se percibe un activismo protagónico del señor presidente, cuando el país y la comunidad internacional esperan y esperan una revelación de la verdad acerca del paramilitarismo y de las relaciones con su gobierno. Porque el que debe dar el ejemplo y decir toda la verdad es el señor presidente, se supone que sabe mucho. Su decidida descalificación de la oposición como aliada del terrorismo, la promoción de la cacería de brujas a la intelectualidad disidente, su repugnancia a la causa popular de los derechos humanos, su abusivo ejercicio del poder y sus opiniones sobre la crítica, descorteses, ligeras, desconcertantes; tal vez el más intolerante de los presidentes desde Laureano Gómez. Lo cual me ha suscitado perplejidades sobre la connivencia y supuesta o real simpatía entre el premio nobel y el señor presidente. Y he decidido exponerlas en público.
¿Cuál es su idea de felicidad terrenal?
Hace poco más de un siglo, en agosto de 1905, Rafael Pombo fue coronado como el mejor poeta de Colombia en un acto presidido por el general Rafael Reyes, quien donó la corona dorada que recibió el escritor.
Kirti Surya Mahendra, con sus 86 años y su bien ganada fama de intelectual puro, vivió las penas del infierno el 21 de octubre de 1982 y los siguientes tres días.
“La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de la libertad republicana, y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado, que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente”.