miércoles, 28 de febrero de 2007

Edición 18


Bienvenidos al nro. 18 de Un Pasquín. A partir de este número nuestros lectores encontrarán una página con las parodias, ocurrencias y disparates de Boogie, el Aceitoso, el célebre personaje del genial Roberto Fontanarrosa, que a finales de los 80 había sido desterrado de la prensa colombiana.
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Por otra parte, nos es muy grato participarles a nuestros lectores, anunciantes y seguidores una noticia que recibimos al cierre de esta edición: Un Pasquín fue premiado en la competencia anual de diseño de diarios que organiza la Society for News Design [SND], en conjunto con la Syracuse University, en Estados Unidos. La SND es una asociación de diseñadores de periódicos, con afiliados de los cinco continentes y pertenecientes a los diarios más importantes del mundo.

Cada año participan en esta competencia mundial cientos de profesionales y miles de páginas son evaluadas durante dos semanas por un panel de 30 jurados internacionales. Un Pasquín recibió el Premio de Excelencia en la categoría Portafolio de páginas informativas [y de opinión], para diarios con circulación inferior a 50 mil ejemplares.

El premio será entregado en el taller anual de la SND que este año se realizará en Boston, en el mes de octubre.

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En esta edición ya tenemos tres avisos pagados, lo cual rompe de alguna manera el ‘síndrome del restaurante’ (nadie entra a un restaurante vacío); a ver si otros se animan, o se atreven, a anunciar.
Gracias a Saúl y Harry Sassón, Andrés Jaramillo y Álvaro Roa por apoyar con la publicidad de sus negocios este proyecto editorial.
Valga la ocasión para recordar que hace casi un año, José Fernando Isaza, entonces presidente de la Compañía Colombiana Automotriz, pautó un pequeño aviso de Mazda que fue en realidad el primer (y era hasta ahora el único) aviso pagado en Un Pasquín.

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Otra novedad tiene que ver con la implementación de las suscripciones de apoyo, que a partir de la fecha se podrán adquirir mediante un sencillo procedimiento (ver siguiente nota). De esta manera esperamos corresponder a las numerosas solicitudes hechas en tal sentido por nuestros lectores.

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No olviden enviar sus comentarios y sugerencias a: correo@unpasquin.com

Un viejo truco


[ E D I T O R I A L ] En sus momentos más críticos en medio del proceso 8000, Ernesto Samper le dijo en una entrevista a la periodista Ángela Patricia Janiot, de CNN, que de una u otra forma todos los colombianos tenían alguna relación con el narcotráfico. Es decir, que nadie tenía derecho a criticarlo a él por los cinco millones de dólares de la mafia que se habían colado en su campaña.

En esas mismas andan ahora no sólo el presidente Álvaro Uribe, sino también sus áulicos, quienes dicen sin rubor que el fenómeno del paramilitarismo venía de muchos años atrás y que la sociedad entera es responsable de su creación y fortalecimiento.

Seguramente para ellos la ‘sociedad entera’ son sus amigos, compinches y socios de la política y los negocios que han apoyado, defendido y tolerado esos escuadrones de la muerte que se hacen llamar autodefensas o paramilitares; pero eso no quiere decir que todos los colombianos seamos responsables de sus atrocidades.

Ni el Presidente ni sus simpatizantes tienen derecho a endosarnos la responsabilidad política que Uribe no ha sido capaz de asumir, pero que sí corre a reclamarles a los demás.

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Nos escriben: correo@unpasquin.com

Desde la Patagonia. Les mando un abrazo muy grande y felicidades por el primer aniversario...
—Pablo Biffi
Editor Sección El Mundo,
Diario Clarín, Argentina

Más del aniversario. Quiero felicitarlos por este aniversario; Un Pasquín es el único periódico donde se puede leer la verdad de este país y sobre todo de este largo gobierno. Muchas gracias por darnos la oportunidad de leerlo.
—Lina Rojas

De Cali. Felicitaciones al director y todos sus colaboradores, continúen siempre adelante, siempre los queremos aunque en este país son más los brutos e ignorantes .
—Rosa Uribe, Cali

Un artículo. Sobre el artículo de la Senadora López, creo que el país esta ávido de una acción popular que dé claridad sobre las obligaciones impositivas de la familia Santo Domingo, con ocasión de la venta de las acciones de Bavaria. ¿Será éste un buen caso acádemico de elusión de impuestos?
—Diego Rojas Lara

Decepcionado. Es esperanzador para mí ver que hay una gran cantidad de personas que sienten lo que yo siento y que ven lo que yo veo; el gobierno nos quiere meter el dedo hasta la garganta, porque a la boca me lo metieron con la llegada de Uribe al poder. Yo voté por él, y no me gustó lo que vi en su gobierno para tener una segunda oportunidad, por tanto voté por el profesor de Uribe. Ahora, me parece que la labor de Un Pasquín es muy importante para mantenernos en guardia; no niego que hay una sensación de mejoría con respecto al gobierno anterior (el de Pastrana, no Uribe I) pero cuando oigo que Uribe es lo mejor que le ha pasado a Colombia en su etapa republicana me da vértigo.
— Luis Carlos Castro

El presidente Uribe también debe ser investigado


Álvaro Uribe debe reflexionar sobre su propia situación ahora que la justicia ha encontrado que sus más cercanos amigos políticos tienen vínculos estrechos con los paramilitares.

Opinión de Enrique Parejo González*
Especial para Un Pasquín

El asesinato de la señora Yolanda Izquierdo, líder de los desplazados de Córdoba, y del cual se responsabiliza a los paramilitares, trae a nuestra memoria el caso de la muerte aleve del Alcalde del Municipio de El Roble, Sucre, en el 2003, ordenado muy seguramente -como lo denunció la propia víctima, en un consejo comunitario-, por el entonces gobernador de ese departamento, Salvador Arana.

Como se recordará, mientras se desarrollaba el consejo comunitario, presidido como de costumbre por el doctor Álvaro Uribe Vélez, el señor Eudaldo Díaz, quien se desempeñaba como Alcalde del mencionado municipio, ante el propio Presidente de la República, acusó al gobernador del Departamento de Sucre, quien se hallaba sentado a la derecha del primer mandatario, de haber dado la orden de asesinarlo. “¡Sé que me van a matar, señor Presidente!” clamaba el atribulado burgomaestre. “¡Aquí están quienes quieren asesinarme!” ¡Al lado suyo está quien ha ordenado mi muerte!

El Presidente Uribe, una vez que el alcalde municipal concluyó su dramática acusación contra el gobernador, a quien señaló, además, como organizador de grupos paramilitares en el departamento, se limitó a solicitarle a la Secretaria del Consejo Comunitario que pusiera los hechos, que calificó de graves, en conocimiento de la Procuraduría y la Fiscalía, para que los investigara.

Unas pocas semanas después, el Alcalde fue secuestrado y asesinado y su cuerpo arrojado en una carretera secundaria de la región. La fementida política de “Seguridad Democrática” no sirvió para proteger su vida. En cambio, ¡oh paradoja! sirvió para darle protección al presunto autor del asesinato, el señor Salvador Arana, a quien, en acto escandaloso e inaudito, el presidente Uribe designó como Embajador de Colombia en Chile.

Cuando se le preguntó al ministro del Interior y de Justicia, hoy embajador en Roma, por las razones que habían llevado al gobierno a hacer ese nombramiento, aquél contestó que se había hecho por la necesidad de proteger la vida del gobernador. ¡Con él sí operó, pues, la política de seguridad democrática!
La Corte Suprema de Justicia, en su investigación sobre el fenómeno de la “para-política”, cuyos protagonistas tanto le han servido al presidente Uribe para sus fines políticos, encontró que había mérito para llamar a rendir indagatoria al ex gobernador de Sucre. Éste regresó al país, supuestamente, para responder al llamado del máximo tribunal de justicia. Por el contrario, apenas pisó suelo colombiano, desapareció y no se sabe dónde se encuentra.

Este caso, en cuanto a las maniobras desplegadas para entorpecer la acción de la justicia, se parece al del anterior director del Das, acusado también de favorecer a los paramilitares, y quien, después de que se le aceptara la renuncia de ese cargo, fue designado por el Presidente Uribe como Cónsul General del país en Milán. Pero, el señor Salvador Arana no sólo no se ha presentado ante la Justicia, sino que ni siquiera se sabe en donde se encuentra. Se ha burlado de ella.

¿Y qué ha hecho el presidente Uribe? Él, que es tan dado a fustigar a sus opositores, cuando presume que tienen o han tenido problemas con la justicia, esta vez ha guardado silencio. ¡Él, que en un Consejo de Seguridad –a pesar de que en ese caso incurría en un abuso de autoridad–, ordenó la captura de un empleado público a quien el Comandante Militar de Buenaventura acusó de haber incurrido en un acto de corrupción!

¡La conducta del presidente Uribe debe ser investigada penalmente! Por los casos mencionados y por otros similares que también lo ameritarían: Primero, por no haber protegido la vida del alcalde de El Roble, a pesar de que éste se lo solicitó pública y vehementemente, en presencia del presunto asesino, el entonces gobernador de Sucre. Segundo, por haber designado al acusado en un cargo diplomático, en vez de solicitar que fuera investigado. Tercero, por no haber tomado las medidas a que también estaba obligado, para impedir que el acusado, después de haber sido vinculado a un proceso penal por homicidio, se sustrajera a la acción de la justicia. Y cuarto, por el comportamiento similar que ha tenido frente al caso del ex director del Das, también acusado de favorecer a paramilitares.

A lo anterior se suma la responsabilidad que le cabe al primer mandatario, por omisión, en la muerte de la señora Yolanda Izquierdo, quien le pidió protección al gobierno por las amenazas que estaba recibiendo. ¡El gobierno no puede eludir esa responsabilidad con el argumento simplista de que la denuncia llegó al lugar equivocado, o de que se demoró en los trámites burocráticos, cuando las amenazas contra su vida eran de público conocimiento!

Es curiosa la costumbre que tiene el Presidente de proteger a quienes son acusados de pertenecer o de favorecer a grupos paramilitares. El ex Fiscal Luís Camilo Osorio, quien ordenó el archivo de la investigación que la Fiscalía adelantaba contra un general de la República, por presunta colaboración con los paramilitares, hoy es embajador de Colombia en Roma. Claro que hay que recordar también que el doctor Uribe, cuando ya era candidato a la Presidencia de la República, ofreció un homenaje de desagravio a dicho General, mucho antes de que se dispusiera el archivo de esa investigación.

¡Antes que estar poniendo el espejo retrovisor, lo cual no le queda bien a un Jefe de Estado, el presidente Uribe debe rendirle cuentas al país por los asesinatos que han cometido los paramilitares durante su administración como gobernador del departamento de Antioquia y como Presidente de la República!

Y debe reflexionar sobre su propia situación ahora que la justicia ha encontrado que sus más cercanos amigos políticos, que determinaron sus sucesivas elecciones a la Presidencia, tienen vínculos estrechos con los paramilitares.

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*Ex ministro de Justicia.

Muerte y resurrección del liberalismo


El proceso 8000 he sepultado los ideales, las realizaciones y las aspiraciones de quienes creen que su camino vital puede recorrerse y abrirse bajo esa inspiración y en esa corriente del humanismo.

Opinión de Iván Marulanda Gómez*
Especial para Un Pasquín

La idea de vivir rodeados de libertades, organizados en sociedades que se gobiernen por decisiones y mandatarios que surjan de la voluntad de los ciudadanos, sociedades que difuminen el poder en instituciones que se equilibren, que se controlen entre sí. La idea de que esta nación se construya sobre acuerdos de convivencia en los que se garanticen el respeto a las diferencias y el principio de que los conflictos se resuelven por la razón y no por la fuerza. La idea de que Colombia tenga como paradigma la convicción de que todos nacemos iguales y somos iguales ante la ley, al margen de la condición social, del color de la piel, de las creencias religiosas y políticas, del género, de la cultura a la que se pertenezca. La idea de construir la existencia sobre fundaciones de valores éticos como la solidaridad, el respeto a los derechos humanos, al orden jurídico. La idea de que el pueblo constituya un Estado que surja de esos imaginarios, que los encarne, con poder suficiente para hacerlos realidad en todos los ámbitos de la nación y en el discurrir cotidiano. Con capacidad de intervenir para ponerse del lado de los más débiles de la sociedad e impedir que sean esclavizados o atrapados por la indignidad. Esa idea se llama LIBERALISMO y ronda las mentes de millones de compatriotas a lo largo de la historia.

Generaciones de colombianos, desde las propias luchas de independencia, han construido su existencia y las de sus familias impulsados por esos sueños y organizados en ese partido político para hacer valer sus derechos y sus anhelos y volverlos testimonios de vida tangibles y expresiones concretas de la sociedad. La modernización de Colombia en cada tiempo y a lo largo de casi dos siglos, la consolidación de las instituciones en democracia, el progreso, las reivindicaciones sociales de las minorías y de los que nacen en desventaja, la formación de convicciones éticas arraigadas en el respeto a la dignidad humana y en la libertad, la organización del Estado, han sido obra del papel relevante del liberalismo. No pocas veces a costa de sufrimientos enormes, de sangre, de martirios.

Eso y mucho más es el liberalismo en la historia y lo que debiera significar en el presente y para el futuro de los colombianos. Pero no. A cualquiera que le pregunten hoy en el país qué es el Partido Liberal, contesta que es el “proceso 8000”. Y ahí quedan sepultados los ideales, las realizaciones y las aspiraciones de quienes creen que su camino vital puede recorrerse y abrirse bajo esa inspiración y en esa corriente del humanismo.

Pocos colombianos como yo lucharon para que las instituciones de derecho, en medio del ciclón del “proceso 8000”, tumbaran del poder y llevaran a la cárcel a los responsables, empezando por quien usurpaba el cargo de presidente, elegido de manera espuria. Mis escritos publicados en la prensa de la época, los discursos que dije, los recorridos que realicé por el país con ese propósito, la infinidad de reuniones a las que concurrí, hablan por sí solos. No era fácil. Dirigentes que estaban en la misma trinchera fueron asesinados y por lo general todos, de alguna manera, fuimos perseguidos.

El país no se dividió entonces entre partidarios y adversarios de la persona del primer mandatario. Todos en Colombia éramos conscientes de que el personaje era inmoral e irresponsable. La polarización fue entre quienes estaban convencidos de que lo mejor para las instituciones y para el país era que ese presidente ilegitimo perdiese el puesto que no merecía y fuese juzgado por la Corte Suprema. Los del otro bando consideraban que el país se desplomaría, si se caía el presidente e iba a parar con sus huesos a la cárcel.

Ganaron los segundos, encabezados por empresarios emblemáticos con enormes poderes en los medios de comunicación. Les decían “Los Cacaos”. Eran ellos don Julio Mario Santodomingo, por aquella época dueño de Caracol Radio y Tv; don Carlos Ardila, propietario de RCN Radio y Tv; don Luis Carlos Sarmiento, el mayor banquero del país y quien paga una de las mayores pautas en medios; don Adolfo Arango, del Sindicato Antioqueño, del cual se puede decir lo mismo que del anterior; don Hernando Santos, Director y mayor accionista de El Tiempo. Todos ellos con inequívoco poder económico y mediático, iban a diario al Palacio de Nariño a ofrecerle su respaldo al presidente y mantenían a fondo sus gremios y sus aparatos de noticias y de influencia en la opinión, con sus nóminas de empleados, al servicio de la causa. Su brazo político era Horacio Serpa.

Respeto a estas personas y lo que hicieron por convicción, pero sigo pensando que se equivocaron. La prueba está al canto. Colombia no ha podido sepultar el “proceso 8000” porque siente que al final hubo impunidad. Hoy desfilan por decenas a las cárceles, sobre todo desde los partidos “uribistas” en el poder, congresistas, gobernadores, alcaldes, otros altos funcionarios públicos y falta ver quién más, por cuenta de la impunidad del “8000” que no hizo escarmiento en los políticos corruptos ni derivó en correctivos que impidieran el influjo de las organizaciones criminales en la política. La generación de hampones actual le agregó al anterior ingrediente del financiamiento de las campañas con ríos de dólares provenientes de la coca, la bobadita de masacres, secuestros extorsivos y fraude electoral en grande escala.

Y para rematar, el liberalismo, esos ideales de vida, esa historia gloriosa de luchas por darnos formas de convivencia decentes en esta nación, esa organización social y política del pueblo, quedó sepultada. Todo por cuenta de un personaje corrupto que se aprovechó de sus banderas para acicalarse con la mafia del narcotráfico y robarse las elecciones de presidente en 1994, sin recibir por ello castigo condigno de la justicia.

Si el liberalismo quiere resucitar y sus nuevas figuras brillar, deben sacar de en medio a Samper. La sombra de este personaje siniestro los entierra cada vez más hondo. Mientras permanezca entreverado y enredado entre ellos, reducirá la historia y la imagen del liberalismo en la memoria colectiva, al hueco negro del “proceso 8000”.
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*Ex Constituyente.

Las explicaciones de Uribe


Son muchas las cosas que ameritarían un esfuerzo de ‘aclaración’ de parte del Presidente.

Opinión de Juan Manuel López Caballero*
Especial para Un Pasquín

Varias presentaciones hizo el Dr. Uribe para explicar –o tal vez mejor, para desvirtuar–los datos que publicó el DANE respecto al empleo.

Sobra decir que para el Gobierno no podían ser satisfactorios, especialmente después del gran despliegue que habían hecho del crecimiento de la economía.

No podía evidentemente repetir la intentona que tuvo con el anterior director del DANE, César Caballero, cuando le sugirió “reestudiar los datos que iba a publicar” y éste prefirió renunciar antes que tener que acomodarlos a las interpretaciones del presidente.

Pero son muchas más las cosas que ameritarían ese esfuerzo de ‘explicación’ por parte suya.

Por ejemplo, como tema también de actualidad, ¿cómo se explica la decisión de ahora de apoderarse de los bienes de Mancuso?. Todas las versiones que aparecen son poco presentables: Si es la reacción a las declaraciones de Eduardo Pizarro, según las cuales los fondos para cumplir la ley que a él le toca implementar tendrían que salir del bolsillo de todos los colombianos –vía presupuesto- ¿porqué no se hizo antes? ¿porqué lo hace ahora? ¿Qué pasó durante el tiempo que se duró sin tomar esa decisión? Si la excusa para lo primero es que no había vías legales ¿Qué fue lo que cambió para que hoy sí se pueda? ¿no implicaría eso una actuación ilegal? Si según la versión oficial lo que se busca es que con esos bienes se cubra la reparación a las víctimas ¿considera el gobierno que los bienes de los victimarios y sus testaferros cubrirán las indemnizaciones? Si a Chupeta le encontraron el equivalente a más de 250.000 millones en efectivo ¿es creíble que lo que se deba expropiar de Mancuso sean 8.500 millones? La malicia de la gente siempre se hará otras preguntas: ¿Tiene eso algo que ver con el principio de ‘confesiones’ que el comandante paramilitar está haciendo? ¿Será parte de la presión o de una negociación para que Mancuso siga acusando o delatando solo a quienes ya estan muertos o enjuiciados? ¿O será una advertencia para que no se repita el caso del asesinato de la señora Izquierdo?

¿Por qué, si está tan interesado en que se entienda lo que producen las decisiones de su Gobierno, nunca cita, con esa memoria, esa precisión y esa dialéctica tan prodigiosas, de donde vienen o cómo se justifican las 11.200 víctimas entre muertos y desaparecidos entre 2002 y 2006 atribuidos a los paramilitares; o las 4.000 fosas comunes que según el Fiscal tiene ya localizadas aunque “solo” hayan podido abrir 500 por falta de recursos (!)?

El Presidente entendió que el camino de las ‘explicaciones’, en el sentido de orientar la información para mejorar los temas que van siendo cuestionados no lo favorece. Y, contrariamente a lo que tildan de locura o salida de casillas, su desborde en contra de los voceros de la oposición es una estrategia –por demás exitosa- para dejar de tener que luchar por encontrar explicaciones. Por eso suelta cuestionamientos al pasado como si eso lo eximiera de responder por sus propios actos, habla de ‘juzgar al Estado’, o busca trabarse en contrapunteos personales con los jefes de los partidos no Uribistas, evitando cualquier debate sobre sus resultados de gestión, sus programas para el futuro o, sobre todo, su sistema de administración y el uso de la burocracia y el presupuesto para comprar respaldos.

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*Economista e investigador.

¡Pilas, Patrón, con extraer la cadera!


Cuando se pertenece a un grupo, partido político, etc., se adquieren derechos y deberes colectivos. Y lo que Uribe les exige a los demás también debería tenerlo en cuenta en su propio caso.

Opinión de Sumercé*
Especial para Un Pasquín

Si a Sumercé le hubieran dicho que llegaría el día en que estaría totalmente de acuerdo con alguna de las afirmaciones públicas del Patrón, habría jurado que era imposible y, vea pues, resultó, más que posible, inevitable.

Nuestro bienamado ha dicho en diversas oportunidades que aquellos congresistas del Polo Democrático Alternativo que fueron miembros del M-19 deben responder ante la sociedad por las escabrosas acciones de esa guerrilla. Que no importa si ya se hizo un proceso de desmovilización con ellos, que menos importa si la única acción de Navarro fue echar carreta en las cafeterías de Cali, que tampoco importa si Petro jamás ha disparado un tirito y menos que no estuviera vinculado a la toma del Palacio de Justicia, igual deben responder ante los colombianos por los hechos del Palacio. La razón: pertenecían al M-19. Cabe anotar que entre estos ex M no incluye a quienes ejecutaron la toma de la Embajada de la República Dominicana, como al famoso comandante Uno, Rosemberg Pabón.

Pero bueno, el caso es que el Patroncito de está especie de finquita arrasada en la que se viene convirtiendo la Hacienda, sostiene que algunos congresistas ex M-19 “…simplemente pasaron de ser terroristas de camuflado, a ser terroristas de traje civil”. Te-rro-ris-tas, no alzados en armas, no guerrilleros, calificativo —el de terrorista— que tiene una connotación política muy grave. Pues fue precisamente por considerarlos un grupo alzado en armas y no te-rro-ris-tas que, en su momento el gobierno (ah aquellas épocas), negoció con el M-19. En fin, no es con el calificativo de terroristas en lo que Sumercé coincide con el guía espiritual de la hacienda. Ah, ah. La coincidencia está en que Sumercé sí cree que cuando se pertenece a un grupo, partido político, etc., se adquieren derechos y deberes colectivos. Y que a la hora del té, cuando de rendir cuentas se trata, no se puede extraer la cadera así no más.

Aunque a Sumercé le parece de lo ultimito eso de sacar a relucir a conveniencia, que si Petro y el Palacio de Justicia, por considerar que ese señalamiento amerita un debate extramediático, ante los organismos del Estado que les compete, también cree que el Patrón ha dado la pauta para examinar el caos generado por la olla pitadora que explotó y amenaza con salpicar gran parte de la finquita. Porque, como bien lo ha dicho, hay responsabilidades que son colectivas e ineludibles. Este es el caso de los senadores, hoy detenidos por presuntos vínculos paramilitares, pues aparte del posible delito penal individual, existe una responsabilidad colectiva. Así que, siguiendo la tesis que el mismo Patrón proclama respecto a otros y, considerando que la mayoría de congresistas que presuntamente cometieron el delito de vincularse con los Paramilitares, le respaldaron y apoyaron con sus votos en la reciente campaña de reelección, nuestro gran Amo y Señor, tiene una responsabilidad política que, con la mano dura y el corazón grande que le caracterizan, debe asumir sin dilación.

Ah, cuánto añora Sumercé en este momento al aguerrido político de poncho y sombrero que no le tiembla la voz ni la mano para acusar públicamente a quien sea. Cuánto lo añora para que salga de inmediato y diga, tal cual se los demanda a los ex M: aquí estoy para dar la cara y asumir la responsabilidad que tengo respecto a los actos de mis compañeros de lucha. Porque, bienamado Patrón, no hay que olvidar que es en las horas más difíciles de aquellos con quienes compartimos momentos de gloria, cuando resulta pecado mortal extraer la cadera y, sobre todo, olvidar que con la vara que mides… Principio que, de aplicarse a la Hacienda en este caso, sería lo más saludable. No hay duda.
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*Analista virtual especialista en fincología.

Una visitica


La próxima visita de Bush será de apenas unas pocas horas como para que quede la constancia de que “sí nos visitaron”.

Opinión de Juan Camilo Restrepo Salazar*
Especial para Un Pasquín

Leo en un aeropuerto de los Estados Unidos una vistosa publicidad de una de las más importantes proveedoras de armamentos del Pentágono que dice orgullosamente: “Nosotros no olvidamos para quién trabajamos”.

Leo también en la prensa de aquel país (The Virginian Pilot, febrero 16) una destacada noticia en la que se revela cómo tres acreditadas firmas de auditoria que designó el Congreso de los Estados Unidos para conceptuar sobre las cuentas de la guerra de Irak acaban de concluir que cerca del 20% de los gastos hasta el momento auditados por ellas no tienen respaldo contable adecuado, obedecen a órdenes de entrega de suministros que nunca se cumplieron, o, simplemente, revelan fraudes o robos descarados al fisco americano.

La guerra de Irak le va costando al erario americano la friolera de US$350 billones. De ese gran total los auditores han mirado en las cuentas que respaldan contratos por US$57 billones y es acá donde han encontrado que cerca de US$10 billones (aproximadamente un 20% de las cuentas auditadas) no están respaldadas en entregas de equipos o de suministros efectivos; o dejan serias dudas sobre su transparencia.

Obviamente, debe haber muchos proveedores del Pentágono en este momento recordando muy bien “para quien trabajan”.

A todo esto habría que sumarle los cerca de 3.600 soldados que han muerto hasta el momento en Irak, la guerra civil que ha estallado en aquel país y que las fuerzas de ocupación no han logrado impedir, y el oso internacional de la gran potencia mundial que va camino a un fracaso igual o superior al de Vietnam.

Este es el tipo de cosas que tiene la popularidad de Bush por el suelo entre la ciudadanía de su país, y lo que explica que su partido haya perdido las mayorías en el Congreso en las últimas elecciones y muy posiblemente vaya a perder la presidencia en las venideras.

Por todo esto no es sorprendente que la semana pasada el Congreso Americano haya aprobado una moción (con no pocos votos republicanos además de todos los de la bancada demócrata) desolidarizándose de la solicitud presentada por el Presidente Bush para mandar 20.000 soldados adicionales a Irak.

El Presidente Bush que nos visitará el mes entrante será, entonces, un mandatario con una autoridad política mermada en grado extremo en su propio país. Un presidente de salida, sin mayorías parlamentarias, y que ha tenido a América Latina en un lugar opaco dentro de su agenda internacional.

¿Qué podremos esperar de esta visita? Bien poco. La ayuda a Colombia tiende a disminuir. Y la aprobación del TLC ya no dependerá de la saliente administración republicana sino de la cada vez más poderosa y aguerrida mayoría demócrata.

En esta visita (que como suelen acontecer con todas las de los presidentes americanos será de apenas unas pocas horas como para que quede la constancia de que “sí nos visitaron”) debemos mantener una actitud digna. Recibirlo con cortesía y decoro como corresponde a la tradición colombiana cuando nos visitan jefes de estado extranjeros. Pero sin hacernos muchas ilusiones ni levantar expectativas exageradas.

Y por favor: no recordar ni sacar pecho de que a Colombia le cabe el dubitativo honor de haber sido uno de los poquísimos países latinoamericanos que sumisamente votó en las Naciones Unidas a favor de la invasión de Bush a Irak.

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*Ex ministro de Hacienda y de Minas y Energía.

DOSIS MÍNIMA

DE RUMORES

Mal rato. En días pasados Ernesto Samper tuvo un bocado amargo en el restaurante Pajares Salinas, donde almorzaba con el político liberal Carlos Julio Gaitán. Un hombre se les acercó y la emprendió contra ambos. A Samper le dijo: “Usted no debería estar aquí”, y a Gaitán le vociferó: “Yo conozco sus andanzas”. Un postre muy desabrido.

Propuesta. A Daniel Samper Ospina, director de Soho, le ofrecieron la dirección de la revista Cambio en reemplazo de Mauricio Vargas, quien acaba de renunciar. Samper Jr. no descarta la idea, pues al parecer no se quiere encasillar como periodista light.

Mala noticia. Felipe López está cruzando los dedos para que Daniel no acepte, pues se vería en aprietos para reemplazarlo. Los buenos resultados no sólo periodísticos, sino –y sobre todo– financieros de Soho en los últimos años lo tienen más que satisfecho.

Distantes. La renuncia de Mauricio Vargas no sorprendió a todo el mundo. En los círculos periodísticos ya se hablaba de la distancia entre éste y Enrique Santos, director del diario El Tiempo (el cual es propietario de la revista Cambio).

Todo mal. El conflicto entre Francisco Santos y la familia de la ex canciller María Consuelo Araújo está lejos de resolverse. En medio de la crisis y las dudas sobre la permanencia de la Conchi en su cargo, el Vicepresidente le habría dicho a Álvaro Uribe: “O ella o yo”. Lo demás ya se sabe.

En vitrina. El senador Germán Vargas Lleras está muy expuesto últimamente, pero no por temas de seguridad. En el Club El Country aparece su nombre en una cartelera donde figura como aspirante a nuevo socio.

Revolcón en la Cancillería


El paso de ‘la Conchi’ por el Palacio de San Carlos fue otra muestra de la ligereza con la que el Presidente Uribe maneja la política exterior.

“Colombia, que le ha perdonado a los culpables y a los dolosos, (sic) no puede, por razones de imagen, condenar a los inocentes, a quienes lo han hecho bien, desde el punto de vista de la moral, de la ética y de la eficiencia en el servicio público”.
—Álvaro Uribe Vélez, en defensa de María Consuelo Araújo, en el Consejo Comunal de Gobierno en Melgar, Tolima. Febrero 17 de 2007


Opinión de Vladdo
Director de Un Pasquín

El interés del doctor Álvaro Uribe por la cartera de Relaciones Exteriores es directamente proporcional a su interés por purificar la política de este país.

Como ya se ha comentado ampliamente, la desiganción de los embajadores y de otros diplomáticos en diversos países se han hecho sin tener en cuenta la dichosa meritocracia que tanto han pregonado el propio mandatario y su Vicepresidente, sino el grado de amistad y cercanía de los beneficiarios con el gobierno.

“El que más aplauda se gana la próxima embajada”, parece ser el lema de Uribe a la hora de proveer los cargos del servicio exterior.

Y por eso nuestras representaciones diplomáticas en muchos países clave están llenas de ineptos a quienes el gobierno les está pagando favores directa o indirectamente, y cuyos méritos más sobresalientes consisten en ser furibistas purasangre, camanduleros de primera o áulicos incondicionales; lo demás no importa. Y los diplomáticos de carrera, ¡…que se frieguen!

De ahí que tengamos los embajadores que tenemos, algunos incluso en líos con la justicia y que dejan por el suelo la ya de por sí maltrecha imagen del país.

A lo bestia. Y como la caridad entra por casa, en la Cancillería la cosa no podía ser diferente, pues al fin y al cabo las funciones de su titular las usurpa Uribe cada vez que se le antoja. El caso de la saliente Canciller es la mejor muestra de que Uribe actúa en el terreno diplomático como si se tratara de una exposición equina donde todos aplauden sus dotes de chalán.

El nombramiento de María Consuelo Araújo, conociéndose los problemas de su familia, fue un desafío a la lógica –por más que el Presidente insistiera en que las responsabilidades penales son individuales– y su salida del Palacio de San Carlos estaba cantada desde el mismo día en que se posesionó.

Los rumores que corrían contra sus hermanos y contra su propio padre terminaron convertidos primero en denuncia, luego en indagatoria y por último en orden de captura (inicialmente contra el senador Álvaro Araújo, cosa que no sorprendió a nadie); y en esas condiciones la situación de la ex ministra de Cultura era bastante incómoda. Situación que ella misma contribuyó a agravar con su falta de tino, cuando coló a su hermano a la resonada visita que ella le hizo al Fiscal General, con la intención dizque de “averiguar por una situación familiar”, cosa que echaba por el suelo la tesis de Uribe de la responsabilidad individual.

Tras este episodio, la Canciller y su familia trataron de defenderse aduciendo puerilmente que todo se debía a una persecución de los medios capitalinos contra una modesta familia de provincia.

A su vez, el Presidente –quien compartía la misma tesis– salió a defender las bondades de su querida ministra, cuya situación cada día se enredaba más. El Primer Mandatario pasó por alto no sólo el llamado a indagatoria contra el senador Araújo, sino que desestimó su captura, basándose en la tal responsabilidad individual.

Cuando Álvaro Araújo lanzó su campaña al senado, a finales de 2005, la misma Conchi se retiró voluntariamente del ministerio de Cultura dizque para evitar un conflicto de intereses, cosa que tenía toda la lógica del mundo. ¿Por qué la Canciller no siguió esa misma lógica, cuando su hermano fue llamado a rendir cuentas por la Corte Suprema de Justicia, situación que superaba de lejos un simple conflicto de intereses…?

Se dice que María Consuelo ofreció su renuncia, pero el Presidente no la aceptó y en varias intervenciones salió de nuevo a defenderla con una vehemencia que no fue suficiente para para impedir la inevitable caída. Con lo que Uribe no contó fue con la presión de la prensa extranjera (sobre todo la norteamericana) para la cual la situación era no sólo impresentable, sino que comprometía seriamente la legitimaidad de todo el gobierno, debido a la gravedad de las acusaciones contra el senador Araújo. Ahí quedó sellada la suerte de la ministra; y Uribe, al ver lo que se le venía, no tuvo más opción que aceptar la dura realidad.

Sin embargo la salida de la Conchi no detuvo las reacciones en el exterior. De hecho el influyente senador demócrata de Estados Unidos Patrick Leahy, tras la publicitada y por muchos esperada renuncia de la Conchi, expidió una enérgica declaración donde prácticamente le exigía al gobierno colombiano que diera muestras claras de su ruptura con los paramilitares. “Los contribuyentes de Estados Unidos merecen la seguridad de que el gobierno colombiano ha roto sus nexos con estos grupos terroristas y de que está persiguiendo a aquellos implicados, decomisando sus activos mal habidos y reparando a sus víctimas”, decía el final del fuerte comunicado, divulgado el pasado lunes 19 de febrero.

Este terremoto político y diplomático se hubiera podido evitar si, por una parte, Uribe fuera menos terco y dejara de menospreciar la influencia paramilitar en su gobierno –remember caso Noguera–, creyendo que todo le va a seguir resbalando indefinidamente; y, por otra, rectificando el mal manejo que ha hecho en estos casi cinco años de la política exterior de Colombia, que no se puede seguir haciendo como se manejan las relaciones del dueño de El Ubérrimo con sus vecinos.

Fernando Araújo, canciller de otro mundo


El nombramiento de Fernando Araújo Perdomo para resolver la crisis provocada por la salida de María Consuelo Araújo de la Cancillería indudablemente fue un acierto de la propaganda; pero un desatino desde el punto de vista de la política y de la lógica.

El señor Araújo Perdomo, cuya confusa liberación de las garras de las Farc todos en el país celebramos, estuvo no sólo privado de la libertad, sino también de la realidad durante cinco años en los cuales el mundo y el país se transformaron radicalmente.

Nadie conoce las secuelas psicológicas que pueda padecer el nuevo canciller y que en cualquier momento pueden aflorar, como ocurre en estos casos después de un trauma tan severo como lo es un secuestro.

En menor proporción, a Araújo le ocurrió algo parecido a lo de Terry Wallis, aquel gringo que después de 19 años en coma despertó creyendo que el presidente todavía era Reagan.

Araújo estuvo ausente del mundo durante sesenta meses y regresó hace menos de sesenta días, lo cual no es de poca monta en la vida de una persona; y es peor si va a desempeñar un alto cargo público en el cual el famoso contexto al que tanto aluden los políticos es fundamental. Y cuando se es canciller de un país ese factor es crucial a la hora de tomar decisiones.

El hecho de que Araújo sobreviviera a un injustificable secuestro de cinco años no lo vuelve idóneo per se para desempeñarse en ningún ministerio, y mucho menos en el de Relaciones Exteriores; a menos que, debido a la presión de la Seguridad Democrática, las Farc se hayan transformado en una escuela de gobierno.

Ahora, el deseo de Uribe de exhibir ante el mundo otra víctima del conflicto –como se presentan el propio presidente y Pacho Santos– es un cuento ya muy manido del que ya muchos gobiernos deben estar hartos. “Pobrecito yo, ex secuestrado, provengo de un país vaciado; ¡por favor ayúdennos!” es un mensaje populista y lastimero que de trillado pasó a ser aburrido y ya poco conmueve.

Y como si fuera poco, este Araújo no se ha podido liberar de un azaroso pasado jurídico, que en el caso de un canciller nunca es bien visto. Pero ese es otro tema. / Vladdo.–

PSEUDOENTREVISTA
Proust Pregunta; la Conchi responde


Tras la injusta e inexplicable renuncia de
María Consuelo Araújo, Un Pasquín obtuvo esta entrevista casi real.


¿Cuál es su idea de felicidad terrenal?
Una parranda vallenata en el Jardín Botánico de Bogotá
¿Cuál es su miedo más grande?
La Sala Penal de la Honorable Corte Suprema de Justicia.
Si después de muerta pudiera volver a la Tierra, ¿quién o qué le gustaría ser?
Pilandera.
¿El rasgo que más le gusta en otras personas?
La fidelidad con el jefe.
¿Cuál cree que es la virtud más sobrevalorada?
La supuesta seriedad de los cachacos.
¿Qué es lo que más le gusta de su apariencia?
No sé si mis pecas o mi sonrisa.
¿De qué es de lo que más se arrepiente?
De dejar solo al Excelentísimo Señor Presidente.
¿Cuál es su más preciada posesión?
Una hamaca grande. Mejor dicho: una hamaca tamaño familiar.
¿Cuál considera que es la peor miseria?
Tener que renunciar.
¿Cuál es la cualidad que más admira en un hombre?
Su poder político.
¿...y en una mujer?
Que sepa combinar el color de la ropa con el de los zapatos.
¿Con qué personaje histórico se identifica?
Con Poncio Pilatos.
¿Cuál es su héroe de ficción?
El presidente Uribe; parece de mentiras.
¿...y de la vida real?
Francisco Santos; la pasamos tan rico cuando nos visita en Valledupar...
¿Cuándo y dónde ha sido más feliz?
En los Festivales de la Leyenda Vallenata en mi tierra.
Si pudiera, ¿qué cambiaría de su familia?
Los sitios de reclusión.
¿Cuándo miente?
Cuando lo exigen los altos intereses de la Patria.
¿Cuál es su idea de la fidelidad?
Lina Moreno. En la Casa de Nariño su sentido del equilibrio es vital.
¿Cuál es su peor vicio?
Ser demasiado responsable.
¿Cuál es el rasgo que más le gusta de su personalidad?
Mi simpatía.
¿Cuál es su paseo favorito?
Bañarme en el Río Guatapurí.
¿Cuál ha sido el más grande amor de su vida?
Mi marido: mide como dos metros.
¿Qué es lo más escandaloso que ha hecho?
Leer mi carta de renuncia.
¿Qué idea tiene de la muerte?
Una sanción de la Procuraduría.
¿Qué la hace reír?
Chávez bailando vallenato.
¿Qué la hace llorar?
Yo sólo lloro de alegría.
¿Cuál es su mayor logro?
Lograr que venga a visitarnos el presidente del Perú, Alan García.
¿Cuál es su lema?
Nadie sabe para quién trabaja.

El caso Noguera

“Sólo sé que nada sé”: Uribe

Es imposible que Uribe no supiera quién era, qué hacía y qué no hacía Jorge Noguera Cote en el DAS.

Para comenzar, entre Noguera y Uribe durante cuatro años continuos no existieron filtros ni intermediarios de ninguna clase.

Noguera fue la mano negra de Uribe. Y lo fue desde cuando dirigió la campaña electoral en el Magdalena, con la eficaz asesoría de Rafael García, hoy testigo de cargo de valor incuestionable.

Alguna vez José Roberto Arango, el ex chiquilicuatro de cabecera de Palacio, le contó a El Nuevo Herald, de Miami, que, efectivamente, Uribe y Noguera eran, sin ningún tipo de mediadores, una sola sombra larga…

Durante la campaña de 2002, las finanzas en el Magdalena estuvieron a cago de Raúl Montoya, un sombrío empresario de bebidas alcohólicas, célebre por haber pagado en los años 80 a todo el aparato sicarial que empleó la mafia para asesinar al director de El Espectador, Guillermo Cano.

No es posible que Uribe no estuviera al tanto del plan de exterminio sistemático de sindicalistas y defensores de derechos humanos puesto en práctica en la costa Norte entre Noguera y los paracos de ‘Jorge 40’, Mancuso y Hernán Giraldo, el monstruoso genocida de la Sierra Nevada de Santa Marta. Así lo dicen García, los computadores de ‘Jorge 40’ y una buena cantidad de testigos de la Fiscalía.

Cuando se es Presidente y supuestamente no se sabe lo que hace en su nombre el jefe de la policía secreta que solamente atiende órdenes del Presidente, es más grave que sí saber.

Moral, política y disciplinariamente no cabe la posibilidad de no saber. Penal y moralmente el Presidente es responsable de lo que hace su mano negra.

Pero Uribe siempre sale a decir que no sabía. No sabía que la familia de la Conchi está hasta la coronilla de amistades y tratos degradantes con narcotraficantes y paramilitares.

No sabía que el ministro de Defensa tenía una amante narcotraficante (condenada en dos instancias) y que dormía con ella en la cárcel, en calidad de cónyuge. Y cuando supo, no lo dejó que se retirara; lo respaldó. ¿Lo respaldó sin saber que lo respaldaba?

Nunca supo (cómo no) que su finca, la que tiene ese original nombre de El Ubérrimo, estaba y está totalmente sitiada por narcotraficantes y paramilitares.

Nunca supo que esos señores con los que su padre hacía negocios y practicaba el rejoneo eran nada menos que los jefes del cartel de Medellín.

Nunca supo de dónde salió el helicóptero de Pablo Escobar cuando una noche se subió a él supuestamente para traer el cadáver de su padre.

Nunca supo por qué el helicóptero (otro helicóptero) que había recibido en herencia de su padre apareció así como así en Tranquilandia, el laboratorio de cocaína más grande del mundo en todos los tiempos, descubierto por la DEA y la policía colombiana en las selvas del Yarí.

No sabía que la narco-camioneta blindada en la que andaba de gira por Barranquilla era del tenebroso narcotraficante y paramilitar señor Matera. No sabía que El Canoso dice públicamente que se ha reunido con él a hablar y no propiamente de poemas cursis como lo hace con el patán ministrillo de agricultura.

Nunca supo, cuando era gobernador, que unos primos suyos andaban de paramilitares matando gente y que eran conocidos como Los Erre.

Uribe no sabe nada ni responde por nada. Y así seguirá el asunto mientras los órganos de control, la justicia y la oposición no le exijan respuestas.

Sabe cuándo fue la última vez que lavaron los cuatro orinales desportillados del aeropuerto de Neiva y sabe cuánto costaron; sabe cuántas panderetas tiene la banda de música del colegio municipal de Titiribí; sabe cuánto mide la carretera Medellín-Jardín, pero no sabe lo que sí tiene que saber y sobre lo cual debe responder.

De eso no sabe nada.

El reino de don Pupo 40


Nada menos que una corona merece el que reconoció a las AUC como contendientes políticos, inició la paz con ellos y los premió con sueldos.

Opinión de Carlos J. Villar Borda*
Especial para Un Pasquín

De manera que todo se reducía a acabar con la República de Colombia y sustituirla por el Reino de don Pupo 40, bajo la autoridad de Su Majestad el actual Bipresidente. Y nadie se había dado cuenta.

Desde luego, las cosas se habían vuelto ingobernables con personajes como don Gustravo Petro, senador de la extinta república, para quien ya hay alojamiento preparado en nuestra Bastilla criolla, el otrora famoso Panóptico Nacional. ¿Dónde más se le podría dar cómodo retiro, si este fue el mismo edificio que alojó a todos los civiles y militares de la Guerra de los Mil Días?

Desgraciadamente se interpuso el bombillo que se prendió en la Corte Suprema de Justicia, pero esa opinión no valdrá frente a la nueva situación. Vámonos con los demás que no se dieron cuenta de la maniobra. Es posible que eso de no darse cuenta forme parte del triste declinar de esta República de abogados y tinterillos honorables, que elevan tutelas por cualquier coma intrusa en el inciso de una ley.

Preocupados con las minucias de los pequeños pleitos, no se habían dado cuenta de la enormidad que significa darle retro a la República e implantar un reinado, que si lo hubiéramos tenido en los útlimos 200 años, hoy seríamos prósperos y ricos miembros de la élite mundial.

Vean la visión de don Simón Bolívar, que quiso implantar un imperio con pequeños presidentes locales, mientras el soberano se paseaba de un extremo al otro confín para celebrar en todas partes consejos comunales, acompañado solamente por su hermosa y tierna ministra de relaciones exteriores (véase cómo el reino simplifica las cosas y obliga al primer mandatario a cambiar contra su voluntad una colaboradora tan útil, simplemente por la envidia de los políticos de segunda). Nótese cómo de paso se arregla el asunto de la sucesión presidencial, pues en un reinado no son necesarias las elecciones.

Patria nueva. Lo que está en suspenso porque hasta el momento no se ha encontrado el documento básico para refundar la Repúlica, es la suerte que le correspondería al ilustre Congreso. Obviamente que en la Picota sesionará la Comisión de Justicia del Senado. El problema reside en ¿qué hacer con los demás? Proponemos a manera de contribución para tan magna tarea que se distribuyan marquesados, ducados y condados entre los demás para poder lucirse con todo esplendor ante el mundo. De paso, al acabar con las elecciones se arreglaría de manera definitiva el grave problema del fraude, que tanto daño nos ha hecho especialmente en el presente siglo.

También se arreglaría de paso el problema de la recompensa que debe tener el actual ilustre bipresidente, porque de alguna manera hay que pagarle todo el bien que le ha hecho al país. Una corona. Nada menos que una corona merece el que reconoció a las AUC como contendientes políticos, inició la paz con ellos y retribuyó con sueldos del erario nacional a quienes habían participado en matanzas y masacres en los últimos veinte años. Pero no cualquier corona. Tiene que ser adornada con lo mejor de lo mejor en pedrería fina, como pueden ser las esmeraldas y otras piedras de nuestras tierras.

Tampoco debemos inquietarnos con el gabinete. Es posible que haya la necesidad de efectuar algunos cambios en las embajadas y consulados, pero ello se hará con la seguridad de detener la arremetida de los ignorantes congresistas de Washington que hablan de “para-política”, sin detenerse a meditar en el grandioso proceso en desarrollo que se lleva a cabo en el país.

Lo que falta es el nombre para el Monarca y las normas de protocolo para su tratamiento. Como a nosotros no nos alcanza el magín hasta esa cumbrera, invitamos a nuestros lectores a que nos ayuden con sus sugerencia.

———
*Periodista.

Boogie, ‘el Aceitoso’, de frente y de perfil


Boogie podría haber sido un personaje de la novela negra norteamericana. ‘El Tiempo’ dejó de publicarlo porque supuestamente volvía simpática la imagen del sicario. un pasquín lo trae de nuevo a la prensa colombiana.

“Sé que Boogie me despreciaría mucho, por sudamericano de un país periférico y por hispanoparlante. No entraría dentro de sus amistades”.
—Roberto Fontanarrosa

Presentación de Judith Gociol
[Apartes del prólogo al libro Todo Boogie

Prófugo de la justicia desde su nacimiento, Boogie, el Aceitoso, se convirtió en un profesional de la violencia.

Matón a sueldo, sirve con efectividad asesina al mejor postor: puede perseguir judíos, negros, homosexuales o chicanos, extorsionar a periodistas por orden de algún político, protagonizar el aviso publicitario de la “44 Magnum de Luxe” o –más humanitariamente– asistir a un suicida al que el falta coraje para matarse.

Es rubio, musculoso, de fuerte contextura física. Mandíbula a lo bulldog, tiene la típica dentadura, enorme y perfecta, de sus admirados yanquis.

Un duro al estilo yanqui. Seguramente Boogie casi no leyó libros en su vida , pero –de no haber nacido en una historieta– bien podría haber sido uno de los personajes del género policial negro (Boogie “¡sucio negro!”) que aparecieron en los Estados Unidos a partir del crack de la Bolsa de Wall Street, en 1929. El mismo tipo de violencia -–urbana, callejera, hostil– que se acentuó en la sociedad con la crisis económica, permeó los relatos: el gangsterismo, el tráfico de droga, los manejos sucios en la policía, la corrupción. En un contexto similar se desenvuelve el Aceitoso.

Como los detectives duros, el Aceitoso sabe moverse en los suburbios neoyorquinos y en territorios cruzados por los negros, los chicanos y loa agentes de la CIA. Peleó en la Guerra de Vietnam, en la de Nicaragua y en la del Golfo. Mal que le pese, sin embargo no nació en un magazine yanqui sino en una revista cordobesa. No por nada dice “Jelou”, en lugar de “Hello”.

Amor filial. Boogie se relaciona con el mundo de un modo utilitario y establece vínculos descartables con todo lo que lo rodea : trabajos, compañeros de bar, mujeres. Su única relación es con las armas, a las que quiere, cuida y protege como no hace con ningún otro ser.

De la madre, sólo es posible precisar que ya no vive y que se llamaba Eileen Jennifer Olmstead; en cuando al padre, apareció una sola vez en una tira que Fontanarrosa consideró tan mala que no fue recopilada en ningún libro. El Aceitoso tuvo también un hijo –a quien le dio para jugar una granada, pero esterilizada–, una tía y un primo.

El Aceitoso nació como parodia de Harry, el Sucio mientras que su primo había tomado como referencia a James Bond, el agente 007 y eso marcó las diferencias desde el inicio. Boogie se mueve por dinero.

Vivo o muerto. En la década de los 70 Boogie comenzó a aparecer en El Tiempo, de Colombia, y –luego de ser mudado de suplemento– su publicación fue finalmente suspendida porque, según argumentaron los editores, volvía simpática la imagen del sicario, como se denomina allí a los asesinos a sueldo.

Por entonces, le llegaron a Fontanarrosa varias cartas de lectores que defendían al personaje. “Era una cosa terrible, tipos contentos porque por fin llegaba alguien que les pegara a los negros y a las mujeres”. Una feliz lectura literal, que no interpreta la parodia.

A lo largo de su existencia, el personaje se instaló a punta de pistola en diversas revistas nacionales –como Humor y La Maga– e internacionales –como el prestigioso semanario Proceso, de México–. Allí su nombre ingresó al lenguaje político: “ése es un Boogie” se llegó a decir para mencionar a tipos de oscuros procedimientos e intenciones.

Sin que pueda ser localizado desde hace ya bastante tiempo, se vio a el Aceitoso por última vez en las páginas del suplemento Rosario/12.

Pero se trata de otra de sus viles patrañas: esas aventuras no son nuevas. A esta altura, ya es buscado hasta por su propio autor: “El caso es que la gente como Boogie, que tiene la violencia como gesto, me da mucho temor. No me gustan nada esos tipos que dividen las cosas con una línea tajante entre amigos y enemigos”.

———
FICHA PERSONAL DE BOOGIE
Nombre: Boogie
Alias: el Aceitoso
Fecha de nacimiento: 1972
Lugar de nacimiento: Revista Hortensia
Domicilio: Desconocido
Padre, tutor o encargado: Roberto Fontanarrosa
Estado civil: soltero
Hobbies: comprar armas, disparar a transeúntes desde la ventana de su departamento
Señas particulares: anda todo el día con un cigarrillo en la boca
Personaje admirado: Jack, el destripador
Personaje detestado: el resto de la humanidad
Observaciones: delincuente peligroso

El abuso del poder presidencial


No se elige un presidente para que use el poder para defensas familiares. El caso de hijos y hermanos del ejecutivo haciendo de las suyas a la sombra del poder, tiene larga tradición.

Opinión de Ricardo Sánchez Ángel*
Especial para Un Pasquín

Lo que se ha escenificado con la virulenta arremetida del señor presidente contra los dirigentes de la oposición Carlos Gaviria y César Gaviria, y en particular contra el senador Gustavo Petro, es el abuso del poder presidencial.

Los señalamientos del primer mandatario sobre terroristas vestidos de civiles, cómplices de la guerrilla y otros han sido recurrentes en el lenguaje presidencial. A esto lo llaman, sin ruborizarse, los maquilladores del establecimiento, “debate ideológico”. Es decir, Gato por Liebre.

Esto es consecuencia lógica de un poder ensimismado, producto del golpe de estado a la Constitución, orquestado por la cortesana Corte Constitucional y refrendado plebiscitariamente por una mayorías electorales sometidas a la más descarada manipulación de la opinión a través de la televisión, la radio y los periódicos adictos y usufructuarios del poder.

El origen de la reelección fue un truco electoral y seudo-constitucional, acompañado de una orgía de dineros legales de los banqueros y terratenientes y orgía también de sangre del paramilitarismo, que logró la coacción multitudinaria del sistema. De acuerdo con el concepto de la analista Claudia López**:
La investigación de la Corporación Nuevo Arco Iris permite entender cómo se tomaron el poder los ‘paras’, unos vestidos de camuflado y otros de terroristas de civil, para usar la expresión de moda. A nivel local, a la par de su expansión militar, formaron nuevos partidos políticos, que se convirtieron en estrellas electorales mezclando votos del otrora cacicazgo bipartidista y la promoción de nuevas figuras. Mataron opositores, impusieron candidatos, metieron plata y, cuando todo eso no alcanzaba, alteraron los registros electorales para asegurar la victoria. Así llegaron al poder local y regional.
La estrategia local les dejó un saldo que estimo en un millón quinientos mil votos, los cuales fueron recibidos con complacencia para las elecciones a Congreso y presidenciales. Nadie les hizo el quite. Los políticos aman los votos, vengan de donde vengan. El Presidente es el campeón de esa teoría. “Amo los votos”; “Que voten mientras no estén en la cárcel”, dice, y ha recibido complacido ese caudal electoral.


Tan crudo y compartido criterio expresa parcialmente el alcance de la operación realizada como fraude a la democracia. Porque sus efectos son envolventes y su dinámica arrolladora sobre toda la política, el parlamento y la reelección presidencial.

Un cuadro de ilegitimidad en un escenario de bonapartismo presidencial consolidado con el espectáculo de una votación plebiscitaria y los medios de comunicación, salvo excepciones, aplaudiendo la farsa.

Conviene refutar el argumento de que el señor presidente se está defendiendo de agravios contra su familia. No se elige un presidente para que use el poder para defensas familiares. Las responsabilidades penales son personales y las políticas envuelven personas y grupos sociales. El caso de hijos y hermanos del ejecutivo haciendo de las suyas a la sombra del poder, tiene larga tradición en la crónica histórica con resultados desagradables.

Pero hay algo más de fondo: el presidente tiene un poder constitucionalizado y no caprichoso, ni es aceptable su uso licencioso. Está obligado a proteger a todas las personas en su vida, honra y bienes, creencias y demás libertades, según establece el artículo 1º de lo que queda de la Constitución. Y el primado del poder presidencial en la Carta Política está enjaulado en estos límites precisos:
El Presidente de la República simboliza la unidad nacional y al jurar el cumplimiento de la Constitución y de las leyes, se obliga a garantizar los derechos y libertades de todos los colombianos.

Tengo para mí que con el ataque difamatorio al Polo Democrático Alternativo el señor presidente está incurriendo en un abuso de poder.
——————
*Profesor Asociado Universidad Nacional de
Colombia; Profesor Titular Universidad Externado.

** “El Presidente guarda silencio. Los unos matando y los otros gobernando”. El Tiempo, febrero 13 de 2007

Siempre listo

Ningún gobernante en Colombia ha sido capaz de buscar caminos propios con profundos compromisos con las clases menos favorecidas.

Opinión de Mario Quadros*
Especial para Un Pasquín

La columna de Daniel Samper, 31/1/07 en El Tiempo [“A Uribe lo están volviendo Comunista”] plantea un debate interesante. Aunque la afirmación parezca exagerada podría tener fundamento. El Presidente tiene que darse cuenta, de lo que ya es un hecho: su gobierno y su base política lo dejan contra las cuerdas. Sus últimas respuestas a los ataques del Polo, demuestran claramente eso. Fueron injustificadas y fuera de tono para un presidente, supuestamente, de todos los colombianos. Si Uribe es honesto, como yo creo, no sería un absurdo que pudiera tender hacia la izquierda, como dice el columnista.

Getulio Vargas, uno de los mayores políticos de Brasil, fue dictador de 1930 hasta 1945. Consciente de que la derrota de los regímenes autoritarios en Europa, traería una ola de liberalismo en el mundo, provocó un golpe para derribarse a sí mismo. Regresó al poder en 1950, apoyado por las corrientes políticas de izquierda de aquel momento, incluso del Partido Comunista. Su Secretario General, Luis Carlos Prestes, había estado preso 10 años durante la dictadura, después de la llamada “Intentona Comunista” de 1935. Durante ese período, Getulio entregó a Hitler a Olga, la esposa de Prestes, una alemana perteneciente a la Tercera Internacional, en ese entonces embarazada. La niña nació en un campo de concentración nazista. Fue rescatada después de un movimiento internacional para su liberación coordinado desde México y liderado por su abuela Ana Leocadia, la madre de Prestes. Hoy la niña es ingeniera química, profesora en Brasil. Su madre murió en la cámara de gas. Hay un libro sobre Olga, de Fernando de Moraes. La lección del apoyo de Prestes a Getulio en 1950, después de todo ese drama político, es que en política lo personal no se interpone a los ideales políticos.

Getulio gobernó su segundo período contrario a todas las fuerzas políticas que lo apoyaron durante los años de dictadura. Fue un gobierno progresista, volcado para las clases bajas. Creó el monopolio estatal del petróleo y fundó Petrobrás; estatizó las compañías de electricidad; creó una de las mayores empresas estatales de mineral de hierro; aumentó el salario mínimo en 100%, entre otros logros valiosos. La derecha no se lo perdonó. Las conspiraciones y los ataques para derribarlo fueron constantes. Acosado por la presión, en agosto de 1954 se suicidó en Palacio. Este hecho creó una verdadera conmoción nacional y neutralizó un golpe militar, que parecía inevitable. Dejó al pueblo una “carta testamento” que decía: “El pueblo del cual fui esclavo nunca más será esclavo de nadie”. Su legado eligió políticos y presidentes por los siguientes cuarenta años. Getulio es un ejemplo de evolución de un político, que viniendo de la dictadura optó por acercarse al pueblo por medio de la democracia.

¿Será Uribe un político capaz de tal evolución? Veamos.

Ningún gobernante en Co-lombia, ha sido capaz de buscar caminos propios con profundos compromisos con las clases menos favorecidas. Por eso, tampoco hemos visto en todo ese tiempo a un gobierno que tenga un apoyo popular sólido o, que la masa, no el pueblo, haya sido el protagonista de su ascenso.

Apuesta al fracaso. Comparto la idea con los que opinan que el gobierno de Uribe es coyuntural. Un año antes de las elecciones para su primer mandato, Uribe tenía 2% en las encuestas. No fue elegido por su ideología o por una base popular. Simplemente apostó al fracaso de la política de paz de Pastrana y le resultó. Fue en aquel entonces, como continúa siendo ahora, un reflejo de la frustración y rabia del pueblo con aquel nuevo fracaso. Su política social en nada ha cambiado de las anteriores. Su Ministro de Hacienda, alvarista, deja ahora el gobierno con prestigio, ¡como no! Jamás pasó nada distinto en su matemática que cumplir con la perfomance de los balances del establecimiento.

Decía Gorbachov, en una entrevista, que si hubiera recortado, en un 10% el presupuesto militar, habría controlado la crisis económica de Rusia y posiblemente no hubiera sido derribado. No se atrevió a hacerlo. De la misma forma que nuestros gobernantes son prisioneros del sistema y de los intereses de los grandes grupos, en aquel régimen autoritario, él era prisionero de las Fuerzas Militares.

¿Qué se puede decir sobre el mandato del gobierno de Uribe? Reforzó la política de seguridad, no hay duda. Pero es importante resaltar que aún no ha solucionado el problema de la guerrilla, su principal bandera en las elecciones. Además para eso pidió “cuatro añitos más”. La política económica es la de siempre, crecer económicamente, bla, bla, bla… Sobre ese punto, está apenas sacando provecho de la mejor situación interna y externa del país, dejada por Pastrana (incluyendo el Plan Colombia), después del descalabro del gobierno de Samper. El agravante en este gobierno es que ha estado cercado y soportado en su base política por lo peor y más retrógrado en Colombia, principalmente en lo referente a lo social. Los escándalos y los crímenes políticos, no tienen justificación, serán una mancha que lo va a perseguir hasta el final de su carrera.

El perfil de Álvaro Uribe es el de un terrateniente. No el de un gran político como lo fue Getulio, quien supo leer las necesidades de su pueblo e independizarse de los intereses de las clases dominantes. Con todo respeto, la mentalidad de Uribe junto con su Ministro de Defensa, que estudió en la Escuela Naval, se asemeja más a la de un scout: Siempre listo.

–––
*Ingeniero; estudiante de Ciencias Políticas.

La idea asesina


Pensar puede ser fatal para la salud. ¡Pilas, furibistas!

Reflexión de Julio Carabias
Tomada del libro El humor en la prensa española

No cabe la menor duda de que el hombre es un animal de costumbres, e incluso a veces únicamente lo primero.

Nuestro hombre, cuyo nombre omitimos para evitar que nadie se sienta aludido, tenía tal costumbre de no pensar, que, sin temor a equivocarme, podríamos decir que en sus treinta y cinco años de existencia no había tenido ni una sola idea original.

Y no es que fuera ningún fenómeno de feria o que padeciera alguna tara mental.Era simplemente un señor normal al que la vida diaria no le daba oportunidad de ejercitar sus facultades de discernimiento. Tenía intactos su sentido crítico y su capacidad de pensar por su cuenta. La vida actual todo se lo daba resuelto.

Su trabajo consistía en apretar unos tornillos, siempre los mismos, de cada aparato que frente a él pasaba por la cadena de montaje en serie. Nunca supo para qué servían los tornillos y nunca le interesó enterarse.

Comía siempre en el mismo restaurante, donde inevitablemente pedía el plato del día.

Cuando veía los toros o el fútbol por la televisión, no le daba tiempo a interpretar por su cuenta lo que veía en la pantalla, porque, según iba ocurriendo, el locutor simultáneamente lo iba explicando.
Sólo leía fotonovelas, en las que las imágenes le impedían el menor esfuerzo de imaginación.

Al cine sólo iba a ver esas películas en las que siempre los de siempre hacen lo de siempre y en las que siempre todo acaba como siempre. Él se divertía siempre.

Su conducta cívica, tanto política como ciudadana, la tenía perfectamente resuelta con las consignas y orientaciones que le ofrecían los distintos medios de información social. Estaba de acuedo con todo. Era feliz y nunca se había parado a considerar por qué, lo que quizá sea la perfecta felicidad.

En fin, como decimos, era un señor normal de los que conocemos más de uno.

Pero ocurrió que en una ocasión, mientras estaba solo en su casa viendo el partido del día, hubo un apagón de luz, por lo que durante unos minutos quedó su atención libre de la tele.

Su imaginación, no se sabe por qué extraño motivo –quizá fueran la oscuridad y el silencio a los que nuestro hombre estaba tan poco acostumbrado-, voló, aunque con torpe y pesado aleteo.

Cuando, después de haber vuelto la luz, su familia llegó a la casa le encontraron muerto, como fulminado en su butaca.

El dictamen del forense fue que su muerte la produjo una congestión cerebral dediba a un fuerte shock síquico.

Todos pensaron, lógicamente, que quizá el shock se produjo cuando metieron el gol del empate rival, pero la cruda realidad era otra.

Su cerebro, virgen durante toda su vida de ideas originales, no había podido resistir el trauma originado por el pensamiento espontáneo que durante el apagón le había venido a la mente.

Nadie sabrá nunca cuál fue ese pensamiento. Aquella idea original que acabó con su vida.

En paz siga descansando.

Del Diccionario

~~~
TACTO. Habilidad o delicadeza para tratar asuntos conflictivos o personas sensibles. || Prudencia para proceder en un asunto delicado.

[O sea: ese rasgo que últimamente no caracteriza a Uribe].

TRES EN UNO

Opinión de Antonio Jiménez Castañeda
Especial para Un Pasquín

URIBITO,
El próximo que debe ir a la cárcel es Álvaro Uribe Vélez, cuyos nexos con narcos y paras siguen pasando agachados, a pesar de que los suyos son peores y más graves que los de cualquier congresista de esos que ya están en La Picota.

TAMBIÉN
En el año 2002, en Barranquilla, Uribe (o Doctor Varito, como lo llamaban ciertos personajes el cartel de Medellín a los que les condecía licencias aeronáuticas en los años ochentas) se salvó de un “atentado” en Barranquilla sobre el que existen sospechas de que se fue apenas un simple montaje. Esa vez, en calidad de candidato, el Doctor Varito iba en una camioneta de Régulo Matera, reconocido narco y dueño, mediante testaferrato, del Matadero Camagüey, cuyo verdadero propietario es, de acuerdo con la Fiscalía, el narcotraficante, paramilitar y genocida alias Jorge 40.

UNTADITO
Ese día del supuesto atentado, el Doctor Varito estaba acompañado del congresista Dieb Maloof (hoy preso) y nada más ni nada menos que de Carlos Mario García, alias El Médico, en ese momento miembro activo del Bloque Norte de los paramilitares. Y, para completar, el narcotraficante y paramilitar alias El Canoso (Jorge Gelves), del Frente Resistencia Tayrona (una de las organizaciones que más cocaína ha sacado del país en los últimos años), ha dicho públicamente que se reunía con su ídolo y héroe Álvaro Uribe Vélez ó Doctor Varito. (Ya es hora de que Uribe también diga la verdad, repare a sus víctimas y se someta a la justicia. Con llamar todas las mañanas a Arizmendi para mentir, mentir y mentir por Caracol Radio no se exime de nada).