domingo, 28 de enero de 2007

EDICIÓN 17: La portada del aniversario


Y, bueno, esta es la portada de la edición 17 de Un Pasquín. Es una cosa completamente diferente de lo que hemos venido haciendo en los números anteriores. De hecho, el logo del periódico quedó reducido a su mínima expresión, en una especie de sello dorado, en la parte inferior de la página, acompañado por la leyenda “Primer Aniversario”.

Hubiera sido muy difícil convencer a un director tradicional para que publicarar una portada tan poco convencional como ésta. Pero esta vez aprovechamos las ventajas que se tienen cuando uno es director-diseñador-repartidor del periódico, como en los viejos tiempos...

[Haga clic sobre la imagen, para verla ampliada]

Celebración

Con esta edición se cumple el primer año de circulación de Un Pasquín, para satisfacción de nuestros seguidores, y asombro y decepción de nuestros detractores, quienes hace un año, cuando este periódico se presentó en sociedad, le auguraban poco futuro. Y no sin razón, pues es evidente que la supervivencia de un medio de oposición se complica en un ambiente tan adverso.
Sin embargo, aunque el camino no ha sido fácil, todavía seguimos. Y pese a que no preparamos una superfiesta, ni hicimos una edición especial de aniversario como se acostumbra, queremos celebrar este primer cumpleaños de la mejor forma que podemos hacerlo: saliendo a la calle para que ustedes nos puedan seguir leyendo.
Digan lo que digan el gobierno y los furibistas, la situación del país no es mucho mejor que hace un año; casi todos los problemas de entonces siguen iguales o agravados. Y lo peor es que la mayoría de los medios lo oculta, en un acto de abyección que ofende, pero que a la vez nos invita a no callar.
Estamos seguros de que con el apoyo de nuestros lectores y de los colaboradores que con sus opiniones libres hacen posible este proyecto, seguiremos adelante.

Prohibido secuestrar

Por Ricardo Sánchez Ángel*

El secuestro y el asesinato junto con las masacres y desapariciones constituyen una realidad estructural constante en las dos últimas décadas. Es la perversidad llevada a su más lograda realización, no precisamente por el Diablo, sino por el Sistema y sus agentes en un cuadro de barbarie contundente. En una circularidad que abarca a los de arriba y los de abajo. Son un paquete, una canasta de crímenes de lesa humanidad que los maquilladores del sistema y el gobierno del señor presidente, con cifras en mano, pretenden ocultar en su extrema gravedad.

Las violencias son sociales y delincuenciales, se presentan contra la propiedad y la vida humana y contra los recursos del Estado y la Sociedad, contra las instituciones, pero sobre todo contra la vida de las gentes comunes, que es el único derecho sagrado, al servicio del cual deben estar las instituciones y no al revés, como sucede en Colombia. Aquí la vida es algo secundario, lo que prima es el fetichismo de la razón de Estado, sustentado en las armas, y la defensa a rajatabla de un orden institucional.

Es esta la concepción que las élites dominantes y gubernamentales han exhibido, en clima de camarilla, con traje y disfraz de Tartufos, ante los episodios nacionales, entre los cuales subrayo el del Palacio de Justicia, cuando frente al terrorismo del M-19 se desató el terrorismo oficial. Y el de hoy con la negativa a un acuerdo humanitario frente al secuestro cometido por las FARC sobre civiles y ‘justificando’ hipócritamente la solemnidad a nombre de las instituciones, con que el presidente bonapartista se niega a adelantarlo si no se cumplen sus exigencias, que vistas con criterio humanitario son un pretexto. La política oficial es el rescate a sangre y fuego, y la feliz escapada del ex ministro Fernando Araujo, que hay que saludar, parece dar bríos a esta postura.

Las cifras muestran que aunque hay descenso en los crímenes, ello no puede ser motivo de celebración ya que el número sigue siendo descomunal. El muy barranquillero y londinense, Eduardo Posada Carbó, tan preocupado por hacernos creer en los logros de la democracia realmente existente, califica esta realidad como una catástrofe humanitaria. Son alrededor de 17000 muertes, de acuerdo a la Policía Nacional, habiéndose agravado la situación en Córdoba, Meta, Bolívar y Nariño. Y los secuestros se incrementaron en Chocó, Magdalena, Norte de Santander y Bogotá. ¡Ojo! Bogotá!!

La tendencia a la disminución de los crímenes, que es un aspecto positivo, no obstante se desacelera: de 19% en 2003 se pasó a 13% en 2004, 11% en 2005 y sólo 5% en 2006. Sobre el secuestro, el gobierno se arropa en las estadísticas y hace mutis por el foro de los documentados informes de País Libre, Amnistía Internacional y demás prestigiosas organizaciones nacionales e internacionales.

La caída del secuestro, que sigue siendo alarmante, se debe a: la acción de las autoridades; al cuidado que las propias gentes han asumido frente a este flagelo; a que muchos secuestros no se reportan; a que las guerrillas no parecen tener más sitios para ‘guardar’ sus víctimas.

La política de seguridad democrática del señor presidente tiene las dos caras de Jano: de un lado, logra ampliar la libertad de movimiento en el territorio nacional, pero de otro, extrema la acción represiva contra la protesta de los indígenas y trabajadores.

En El Espectador del 14 al 20 de enero, el multimillonario Ministro de Defensa y codueño del imperio informativo El Tiempo, Juan Manuel Santos declaró: “Ingrid está viva y está bien”. Afirmación repugnante y repudiable. Definitivamente en la conciencia del Ministro asustan.

¡La Conspiración de derecha!

Por Enrique Parejo González
Especial para Un Pasquín

La publicación del documento llamado de Ralito y la divulgación de los nombres de los políticos que lo suscribieron, no debe sorprender a nadie. De tiempo atrás, los colombianos sabemos que existe una alianza cerrada entre los paramilitares y sectores importantes de la clase política.

Tampoco debe sorprender a nadie el hecho, a mi juicio delictivo, de que, a pesar de aparecer encabezado por la firma de los más conocidos y más sanguinarios paramilitares -acusados unos y condenados otros, de las más atroces masacres-, ese documento haya sido suscrito por conocidos jefes políticos de la Costa.

Lo que sí debe sorprender es que no aparezcan las firmas de todos los políticos uribistas que han declarado su voluntad de apoyar el remedo de justicia que se está llevando a cabo, a partir de la Ley de Justicia y Paz, en favor de los paramilitares y de la soterrada entrega a ellos de posiciones claves en la conducción del país.

Mucho menos debe sorprender que quienes suscriben el documento sean declarados uribistas y que en él se hable de la necesidad de “refundar la patria” y de establecer “un nuevo contrato social”. Se ve allí la inspiración ideológica de los paramilitares, que ellos dicen -y hay que creerles-, que es afín a la que le sirvió de base al doctor Álvaro Uribe para llegar a la Presidencia de la República.

Se debe recordar que el principal impulso que recibió su campaña presidencial se lo dieron muchos agricultores y ganaderos que, hasta donde se sabe, financiaron desde un comienzo las actividades ilícitas de los paramilitares. Hay, pues, un hilo conductor, que nos lleva de ciertos sectores políticos y gremiales uribistas a los paramilitares.

También se debe recordar que, aparte los políticos que estamparon su firma en ese pacto, algunos agentes del Estado se hallan vinculados igualmente a las mal llamadas Autodefensas de Colombia. Es bien sabido -y ha sido, en varios casos, demostrado-, que varias de las más horrendas masacres cometidas por los paramilitares, para vergüenza de los colombianos, contaron con la colaboración de oficiales de las Fuerzas Armadas.

Por fortuna para el país, la mayoría de los miembros de nuestros Cuerpos Armados no ha sucumbido a la tentación de asociarse a las Auc para fortalecer su lucha contra la subversión, que es el peor camino que puedan escoger con ese fin. El objetivo de derrotar a la guerrilla no justifica, en ningún caso, la complicidad con los criminales más peligrosos y más sanguinarios que ha habido en Colombia, en toda su historia. Esa alianza, así sea evidente que no compromete a todas las Fuerzas Armadas, degrada la dignidad de éstas, ante el país y ante el mundo.

Lo que se ha confirmado, al conocerse el documento de Ralito, es la existencia de una gran conspiración de sectores de extrema derecha con los más reconocidos paramilitares, para instaurar un régimen autocrático bajo la conducción de alguien que, como hemos dicho, interprete la filosofía uribista, en aquellas facetas que más coinciden con el pensamiento de las Auc.

Triste destino nos esperaría a los colombianos si no nos oponemos a que esa conspiración triunfe. ¿Será ella la razón por la cual se ha hablado en estos días sobre la conveniencia de que se apruebe un tercer período al presidente Uribe? La propuesta la han lanzado, a manera de globo de ensayo, los más representativos miembros de la plutocracia colombiana, que querrían ver en el poder, indefinidamente. a un presidente que, como el actual, les garantice pingües ganancias, y las más cómodas normas laborales que les permitan acrecentarlas aún más.

El presidente Uribe tiene el deber -y el pueblo y los sectores de opinión deben exigirle que lo cumpla- de decirnos a los colombianos si su política complaciente con los paramilitares, tiene algo que ver con la firma, por sus amigos de la Costa, del documento de Ralito, que es una especie de Carta Constitutiva de la Conspiración. Que esta vez le diga toda la verdad al país. Que así como muchos de sus amigos están confesando sus nexos electorales y hasta criminales con las Auc, él nos diga qué parte ha tenido en la Conspiración que se viene dando conocer, estratégicamente, a cuentagotas.

Y hay que hacerle un llamado al país -a esa parte del país que no se ha dejado embrujar por los artilugios del gobierno de la “seguridad democrática” o que ha mantenido dudas sobre las bondades de la administración actual-, que esté alerta y dispuesto a cerrarle el paso, por la vía democrática, a la nueva pretensión reeleccionista. Muy probablemente, la Conspiración que ha empezado a descubrirse es pieza de un plan ambicioso de algunas fuerzas uribistas para perpetuarse en el poder, y seguir al servicio de intereses que no coinciden con los de la mayoría de los colombianos.

Estamos ante una difícil encrucijada. De la actitud que asumamos los colombianos dependerá el destino de la nación. Nos corresponde escoger el camino que nos lleve al fortalecimiento de la democracia y del Estado de Derecho, hoy amenazados por la Conspiración uribista en ciernes y que nos aparte decididamente de quienes la favorecen.

“Patria, totalitarismo o muerte”: Hugo Chávez

Por Rafael Guarín*
Especial para Un Pasquín

La consigna “patria, socialismo o muerte” resume el oscuro futuro de la democracia venezolana y la amenaza que se extiende por la región. El discurso de posesión de Hugo Chávez dibuja más que un camino al socialismo una verdadera autopista al totalitarismo.

La mayoría de los latinoamericanos reclamamos cambios políticos, económicos y sociales, palabras que adornan profusamente la retórica bolivariana. Coincidimos con la urgencia de eliminar la pobreza, miseria, injusta distribución de la riqueza y del ingreso, la desigualdad de oportunidades y la exclusión, pero también en la defensa de la democracia. Al contrario, Chávez sugiere que la igualdad implica menos libertad, en ese sentido, la revolución no es más que un salto al pasado dictatorial.

Esa consideración no importa a prochavistas foráneos que reciben con gozo “el socialismo del siglo XXI”. Con ignorancia supina o creyendo idiotas a los demás, pretenden asimilar la socialdemocracia europea o la izquierda moderna de Bachelet o Lula con el modelo venezolano. Pasan por alto que Chávez acogió los procedimientos democráticos para desvirtuar la propia democracia. Adoptó una Constitución para hacer mofa del estado de derecho, centralizar absurdamente el poder y anular el sistema de pesos y contrapesos que caracteriza un régimen democrático.

La reforma constitucional que incorporará la reelección indefinida y modificará el marco de la actividad económica, la inminente aprobación de poderes extraordinarios a través de una “ley habilitante”, el vasto programa de educación (reeducación) socialista y la restricción a la libertad de prensa, profundizarán el deterioro democrático. Su resultado será la perpetuación en el poder de un partido comandado por el Teniente Coronel, la ideologización de la educación destinada a un nuevo hombre y mujer venezolanos y el desarrollo de un singular estado paternalista sustentado en los recursos del petróleo. Todo parece tolerable a los trasnochados izquierdistas latinoamericanos, con tal de hacer la revolución socialista.

Hay suficientes elementos que indican que un totalitarismo de extrema izquierda, diferente al socialismo estalinista, asoma sus orejas en el continente. Con la excusa de la unidad latinoamericana el proyecto bolivariano revela su naturaleza de pequeño imperialismo en ciernes. Chávez no cesa los esfuerzos por conseguir injerencia, influencia y dominio sobre los países cercanos por medios económicos, políticos y militares. A la diplomacia petrolera añadió la posibilidad, que le otorga la ley orgánica de la Fuerza Armada Nacional (LOFAN), de realizar acciones militares en otros países del continente con el fin de salvaguardar la supuesta integración.

Otro elemento que preocupa son sus socios. La coincidencia discursiva de Chávez y las Farc proviene de la década pasada, así como su relación con el ELN. Existen denuncias de la presencia de campamentos guerrilleros en territorio venezolano y del abastecimiento de armamento y material de intendencia a esos grupos por parte del gobierno. De la misma manera, inquieta la acogida de representantes de la subversión en el país. Eso, sin comentar las relaciones con movimientos que han desestabilizado otros gobiernos. Finalmente, Chávez es fiel discípulo de la combinación de todas las formas de lucha.

El hemisferio y especialmente sus vecinos deben observar con atención el bloque Castro, Chávez, Evo, Correa y Ortega. Su capacidad de perturbación está probada y el riesgo de que se consolide un modelo totalitario en esos países y se siga extendiendo, no es una fantasía. Ya sabemos cual es el itinerario: pobreza, partidos en crisis, corrupción, populismo, victoria electoral, asamblea constituyente y “revolución”. Con sumo cuidado hay que observar sus programas militares y las actividades encubiertas que pueden adelantar.

El cambio social es imperativo. Lo inadmisible es que sobre el lomo de la pobreza y las penurias los demagogos de izquierda y derecha cabalguen sin límites, que crean que solo con ellos es posible el bienestar y que “cueste lo que cueste” resguarden su poder. Aceptarlo equivale a consentir la supresión del estado de derecho y la democracia.

La frase “L'État, c’est moi”, que se debate si es de Luis XIV o sus enemigos, le va como anillo al dedo a Chávez; ojalá que no dure tanto en el trono como el monarca francés y que al final triunfe la democracia. Mientras tanto, por fortuna, la OEA y la Carta Democrática Interamericana tienen instrumentos para frenar la excitación totalitaria.

*Analista político.

Al lado del presidente

Por Iván Marulanda
Especial para Un Pasquin

No es agradable ver al presidente de Colombia en el área de candela de las reuniones de presidentes suramericanos, sometido a la impertinencia de sus colegas vecinos, que no pierden oportunidad de acosarlo y hostilizarlo, y hasta de faltarle al respeto.

No importa cuántos motivos den la política exterior del país ni sus protagonistas, con sus equivocaciones en las formas y en los conceptos, ni importa lo errado que me parezca el gobierno y lo desafortunado que considero para mi generación tener qué soportar ocho años de presidencia de Alvaro Uribe, años inútiles y turbios. De todas maneras él es el primer mandatario de Colombia y no le reconozco a ningún otro gobernante el derecho a irrespetarlo, porque considero que agravia a mi país.

El espectáculo de Río de Janeiro el viernes de esta tercera semana de enero de 2007 en la reunión de MERCOSUR, que puso en escena a varios presidentes de la región, fue deplorable y para los colombianos, inaceptable. Evo Morales, el gobernante boliviano, no tiene por qué hacer discursos en los que entrevere juicios suyos acerca de la política interna y la política internacional de Colombia, que son asuntos de los colombianos. No tiene derecho ni le corresponde hacerlo, no es de buenas maneras en la diplomacia, ni el personaje tiene la estatura intelectual y política para tanta impertinencia. Y luego, el quite “a la limón” con el que se lanzó al ruedo Hugo Chávez para sumarse a la corrida, exitado por las puyas y las banderillas con que el boliviano castigaba al presidente Uribe y de paso a Colombia, también resultó deslucido y urticante. Inaceptable.

América Latina en su tropicalismo y su inmadurez, le presenta al mundo por estos tiempos una nómina de gobernantes entre los que se cuentan varios, no pocos, de corte populista, exhibicionistas, parlanchines, extravagantes. Las naciones bolivarianas, incluida Colombia, ponen sobre la pasarela internacional ejemplares sobresalientes de estos perfiles, que por desgracia se juntan con frecuencia aquí y allá en ceremonias y reuniones de trabajo en las que no resisten las ganas de desplegar sus dotes histriónicas ni el afán de espectáculo y notoriedad que los conturba y desespera. Parecen estrellas de rock, personajes de farándula en trance de belleza y exultación bajo las luces y las cámaras que los arrebatan, y desesperados por la sed insaciable de publicidad.

La diplomacia es asunto serio y complicado que Colombia abandonó en sus contenidos científicos y políticos, por lo demás abstrusos y sofisticados, para rendirla a los pies de niñas bonitas y zalameras, de la politiquería, y del protagonismo desaliñado del primer mandatario que se da abasto a sí mismo en las simplificaciones de la cartilla ingenua e insípida de la provincia antioqueña, que si acaso nos da para bandearnos los lugareños, pero que no alcanza para inspirar la política exterior del país.

Colombia debe ser consciente de que su encuadre es difícil en la escena internacional. Apoyó la guerra de Irak, algo estrambótico y absurdo, y se alineó de plano con Bush y los republicanos, el paquete más desvalorizado en el mundo y en los propios EU, hoy bajo el poder de los demócratas con sus mayorías en el Congreso. La abyección del gobierno de Uribe hacia este presidente texano, ampuloso y despistado, deja al país en condiciones precarias frente al resto del mundo, que no se cansa de despreciar y desairar al gobierno “yanki” y a sus aliados.

Europa no congenia con gobiernos guerreristas como el de Uribe, que miran con desdén los derechos humanos y desprecian el derecho internacional humanitario en sus alcances más sensibles, como los que tienen qué ver con el rescate de secuestrados y prisioneros de guerra, en el marco de conflictos internos. Ni reconoce la plena y cabal interlocución con estados implicados en relaciones insondables e inconfesables con organizaciones paramilitares culpables de delitos atroces contra la humanidad.

Para rematar, para Colombia se está volviendo inmanejable el tablero latinoamericano, cada vez más alinderado en la identidad socialdemócrata, distante y hasta en contrapunto con el gobierno norteamericano y su tinglado de organismos financieros multilaterales, culpables entre todos de embarcar durante años al hemisferio en el embeleco del neoliberalismo, sistema de gobierno nefasto, esterilizante para estas economías, envilecedor del tejido social y castrador de la política.

A todas estas no faltaba sino eso. Que sobre nuestras debilidades de política exterior se montaran mandatarios del vecindario que mezclan de mal gusto altanería, ordinariez y payasada. Es algo que los colombianos no podemos admitir, aunque no nos tenga felices nuestro propio gobierno.

De viaje por las obras del corazón grande

Por Diego Laserna
Espeical para Un Pasquín

Quiero empezar por darle gracias al presidente Uribe por mis vacaciones de fin de año. Quiero reconocer que durante la administración Samper o la administración Pastrana pasar por Ovejas, por Carmen de Bolívar o por Palomino habría sido imposible y que el hecho que un joven de Bogotá pueda conocer como vive la gente de su país en regiones recónditas es importante para que desarrollemos una conciencia social y dejemos el arremedismo progringo. Pero especialmente quiero agradecerle a los policías y soldados que difícilmente alcanzan mis 23 años y que tuvieron que pasar navidad y año nuevo al lado de una carretera para que miles de colombianos pudieran viajar por su país.

Pero no se aterren. Por más impresionante que haya sido mi paseo no me he cegado a la realidad que construye nuestro gobierno y el hecho de poder pasear por carretera no me hace pensar que este gobierno sea lo que el país necesita.
De hecho el paseo me fortaleció en el convencimiento de lo contrario. Desde Magangué, a Ciénaga o a Riohacha me aterró ver que entre la pobreza y el polvo lo único reluciente son las vallas de Dieb Maloof, Mauricio Pimiento, Héctor Julio Alfonso López y otros honorables miembros de la coalición de gobierno.

Me gusta viajar por Colombia pero no me gusta un gobierno que perpetúa en el poder una clase dirigente que en el mejor de los casos es ineficiente y en el peor criminal. Tampoco me deja muy tranquilo viajar por mi país mientras sé que las carreteras están flanqueadas por fosas comunes y que el gobierno de mi país no esta haciendo todo lo posible por que se sepa la verdad y que esto NUNCA vuelva a ocurrir.

Pero creo que la revelación más importante de mis vacaciones fue que entendí por qué hay tantos Uribistas en Colombia.
Los Uribistas miran el país hoy y dicen: “Podemos viajar por carretera, tenemos más seguridad y por lo tanto estamos mejor que antes”. Y hasta cierto punto tienen razón. Antes había la misma corrupción que hoy, la misma dependencia de Estados Unidos, la misma desigualdad social, el mismo elitismo pero no se podía viajar por carretera, hoy sí.

Entre los opositores del presidente Uribe (por lo menos entre los más sensatos) no hay ni uno que diga que poder viajar por carretera no es bueno para el país o que la seguridad no es importante, lo que pasa es que exigimos de un gobierno mucho más que podernos movilizar por las carreteras y sentirnos seguros. Yo por lo menos quiero vivir en un país donde nuestras decisiones importen más que los caprichos de los políticos gringos, quiero vivir en un país donde la educación (primaria, secundaria y universitaria) sea un derecho y no un privilegio, quiero vivir en un país donde la tierra esté bien repartida y donde mis impuestos no se vayan en pagarle la compra de ratas y alacranes al señor Moreno de Caro en Sudáfrica, ni las bacanales al señor Valencia Cossio en Italia.

Por lo tanto tengo dos cosas claras. Uno: el próximo gobierno, sea el que sea, para tener algún tipo de legitimidad tendrá que mantener los alcances del gobierno Uribe en materia de seguridad. Dos: mientras el gobierno Uribe siga trabajando por los grandes intereses económicos, mientras siga defendiendo los políticos tradicionales y mientras siga siendo el capataz de Estados Unidos en la región, yo seguiré haciendo todo lo posible por que Colombia lo cambie.

Ese cambio no vendrá por inercia y la crítica al gobierno si no está acompañada de una acción productiva para crear un país diferente es inútil. Que estos 4 años que le quedan a Uribe no sean cuatro años de quejadera y espera, que sean cuatro años de acción para una generación que puede estar más cerca de crear el país que queremos que todas las anteriores. Sino, votemos por Juan Manuel Santos y sigamos disfrutando del regreso a la finca.

¿Tras la reelección vitalicia?

Por Jorge Arenas da Silva
Especial para Un Pasquín

En días pasados, el industrial Julio Mario Santo Domingo, sin ninguna ingenuidad y probablemente devolviendo los favores recibidos –en particular la generosidad del gobierno a la hora de cobrarle lo que según algunos expertos dejó de pagar al Estado por la venta de acciones de Bavaria a Saab Miller–, se manifestó a favor de una nueva reeleción de Álvaro Uribe; lo que para muchos sería la antesala de la reelección indefinida, al estilo de la propuesta hecha hace sólo unas semanas en Venezuela por Hugo Chávez. Los dos presidentes creen que hay que salvar la patria, tarea para la cual ellos son los indicados y que el tiempo que tienen en sus períodos ordinarios no es suficiente. Los dos se mueven sobre los mismos principios: es necesario cambiar el modelo político –de un Estado social al socialismo del siglo XXI en Venezuela y al Estado Comunitario en Colombia–. Los dos piensan que debe existir unidad nacional en torno a sus partidos y que sus opositores más radicales son traidores y apátridas. Los dos prefieren estrategias de gobierno personalistas y populistas a modelos institucionalizados de planeación y ejecución de recursos públicos. Los dos creen que deben seguir gobernando indefinidamente hasta lograr las metas que se proponen. Los dos están convencidos de que la reforma a la Constitución con el objetivo de seguir gobernando no es sino el reconocimiento de un clamor popular en ese sentido. Los dos se protegen con anillos de cortesanos que les aplauden y avalan y les impiden identificar la gravedad a mediano y largo plazo de sus populares propuestas.

La voz del pueblo...
Por esas mismas razones, los dos son un desastre para el proceso de construcción de instituciones sólidas y sociedades verdaderamente pluralistas, democráticas e incluyentes. Sin embargo, puede ser que en los dos casos, la reelección inmediata sea aplaudida por amplios sectores de la población y que tengamos Chávez y Uribe para rato.

En Colombia la reelección inmediata –antes de la reforma constitucional de Uribe– fue siempre vista con sospecha y cuando en el pasado se puso en práctica fue un verdadero fracaso. Por eso, sus contradictores lograban siempre sacarla del panorama constitucional por los riesgos que implicaba en términos de abuso de poder y la libre y equitativa competencia electoral. Y si esta institución era mirada con recelo, la reelección inmediata indefinida era simplemente un mal chiste. Ello no sólo porque esta medida puede impedir la movilidad y renovación política –a lo que no están dispuestos miembros de sectores políticos que están en turno para competir por la presidencia–, sino por sus enormes riesgos cuando se aplica en un panorama institucional como aquellos que dominan en América Latina.

En efecto, si bien la reelección inmediata por un período supone algunos riesgos para la igualdad electoral y los derechos políticos asociados –como se demostró en el caso de Perú y Argentina–, la reelección indefinida, sin un adecuado marco institucional, hace simplemente imposible la equidad electoral y los frenos a los abusos de poder. Para que una medida de esta naturaleza pueda adecuarse a un modelo verdaderamente democrático es necesario que existan controles reales y reforzados sobre el uso del poder y los recursos públicos, en particular, del poder del ejecutivo. Deben existir, por ejemplo, órganos de control y electorales verdaderamente imparciales y autónomos, cortes fortalecidas e independientes. Una prensa libre, plural y ajena al gobierno. Y una sociedad militante en el ejercicio de sus derechos fundamentales.

Sin embargo, en Colombia antes –pero sobre todo después– de la reforma constitucional que permitió la reelección inmediata, está claro que estas condiciones no se cumplen. El poder electoral está en manos de los partidos que apoyan al Presidente en sus aspiraciones siempre que éste los apoye en la satisfacción de sus necesidades clientelistas. El Fiscal, el Procurador y el 30% de la Corte Constitucional serán de origen –directo o indirecto– del Presidente. La Junta Directiva del Banco de la República será unánimemente gobiernista. La Comisión Nacional de Televisión tendrá una decisiva influencia presidencial. La gran prensa no sólo no es plural sino que cada vez es más gobiernista. Y en cuanto se refiere a los ciudadanos, como se ha visto en los últimos años, ante una arremetida populista que radicalice y/o asuste a los ciudadanos y mientras la economía –por razones endógenas o exógenas, legales o ilegales–funcione relativamente bien y siempre que se logre construir adecuadamente un enemigo común –que en el caso de Colombia son las FARC y en Venezuela, EE.UU.– el presidente que busque la reelección tendrá un amplio margen de favorabilidad. En estos casos parece probable que la gente prefiera abandonar su condición de ciudadano militante y asumir la posición del súbdito que todo lo admite y tolera, o que prefiere simplemente no ver los errores de su líder siempre que satisfaga sus necesidades más apremiantes. Así, sin controles intraorgánicos, sin una prensa libre y equitativa y sin ciudadanía militante, la reelección indefinida es una tentación casi inaguantable para abusar del poder y permanecer en su ejercicio tanto como el cuerpo aguante. Y todo en nombre del pueblo soberano.

Lo dijo Chávez al lanzar su iniciativa: “Es una propuesta, ya el pueblo verá. Aquí lo importante es que es el pueblo el que va a tomar la decisión, porque aquí no hacemos nada si no lo apoya el pueblo”.

Las donaciones de Julio Mario

Por Cecilia López Montaño
Especial para Un Pasquín

El país ha destacado ampliamente la donación de 24 mil millones de pesos que el empresario Julio Mario Santo Domingo y su familia han hecho a la Universidad de los Andes, para su programa de financiación a estudiantes pobres con altas calificaciones. El rector de los Andes, obviamente muy complacido, ha afirmado que gracias a esta donación, durante doce años, cerca de 300 estudiantes pobres podrán realizar sus carreras completas en esta prestigiosa y costosa universidad, donde las matrículas pueden llegar a ser hasta de 8 millones de pesos por semestre. Frente a este hecho vale recordar una anécdota que contó en su momento el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, en una cena cuando se celebraban en Nueva Cork, no hace mucho, sus exitosos 60 años de vida. Comentó el profesor Stiglitz que en una entrevista con el millonario mexicano Carlos Slim, éste le preguntó qué debería hacer él por su país. La respuesta de Nobel fue inmediata y contundente: pagar impuestos, mi querido amigo.

Esta anécdota viene al caso por varias razones. En primer lugar, debe recordarse que en la famosa venta de Bavaria a Sab Miller, la negociación fue de tal naturaleza que el grupo Santo Domingo, según se habló, dejó de pagar impuestos por una suma de mil doscientos millones de dólares (US$1.200 millones). Muchos columnistas escribieron sobre este hecho sin que el Gobierno del señor presidente Uribe se hubiera pronunciado sobre la forma como se hizo la venta de Bavaria. Ahora, en un arranque de generosidad, el señor Santo Domingo y su familia le devuelven al país 24.000 mil millones de pesos que son un poco más de diez millones de dólares, o sea 0,07% de lo que, para muchos, ha debido ingresarle al fisco colombiano por cuenta de esta negociación, si el Estado hubiera ejercido su responsabilidad. Negocio estupendo. Ha quedado el donante como un gran filántropo y se gana todo el aplauso de la sociedad colombiana. El resto US$1.190 millones de dólares se quedan en las arcas familiares. Y todo el mundo tan tranquilo.

Algunos pueden argüir que los Santo Domingo no tenían obligación de hacer esta donación a la Universidad de los Andes. Eso es absolutamente cierto y la verdadera responsabilidad le cae al Estado colombiano que aparentemente se dejó meter semejante gol sin pensar en las necesidades de un país lleno de pobres, de marginados, de desplazados, de indigentes. Pero, en segundo lugar, el tema central que estos hechos develan es la necesidad de diferenciar la filantropía de la responsabilidad de pagarle impuestos al Estado para que este financie las políticas públicas. Si en la venta de Bavaria el Estado hubiera recibido los US$1.200 millones de dólares de tributos, no serian 300 los estudiantes pobres que se beneficiarían, sino muchísima más gente, eso sí partiendo de la base de un adecuado uso de estos recursos. Es al Estado al que le corresponde la responsabilidad de ser el garante de los pobres, de los excluidos, de los marginados. Y bajo esa premisa, que este Gobierno parece ignorar, su responsabilidad es hacer que los ricos paguen los impuestos que deben y no solamente hacer donaciones porque estas no reemplazan su responsabilidad con el país que tanto les ha dado. Lo dijo Stiglitz y se lo dijo al hombre más rico de América Latina, más que Santo Domingo, Carlos Slim.

Sin duda la donación le dio mucha pantalla a Julio Mario y eso le permitió hacer la propuesta que ha ocupado las páginas de los periódicos del país: un tercer período para el señor presidente Uribe. La pregunta obvia para Julio Mario es si le parece tan espectacular este Gobierno de manera que deba durar tres períodos, uno más del actual ¿por qué está vendiendo sus empresas en Colombia y, sobre todo, por qué no se viene a vivir a este su país, en vez de sufrir el invierno de Nueva York y las aburridas fiestas del jet set internacional?

Atrapados sin salida

Por Rafael Pardo Rueda
Especial para Un Pasquín

El vaivén del escándalo para–político a veces nos deja sin espacio para otros temas que son cruciales para la vida de la Nación. Uno de estos temas surgió de nuevo con un informe de Fedesarrollo sobre la situación de pobreza en el país. Se advierte que quien nace pobre, de padres pobres, muy seguramente morirá también pobre. Es una tragedia de una sociedad bloqueada y que ofrece pocas perspectivas a los más desfavorecidos. La educación se postula como el medio más efectivo para romper la barrera de exclusión y parece haber cumplido un papel muy modesto para promover ascenso socioeconómico en el caso colombiano. Educación que reproduce la trampa de pobreza puesto que la calidad no es uniforme.

La educación pública es de menor calidad que la privada, es decir los pobres reciben educación de menor calidad que los sectores más favorecidos. Así en lugar de ser instrumento para cerrar la brecha se convierte en un medio para amplificarla. Esfuerzos recientes son importantes y hay que resaltarlos como que van en dirección correcta. Bogotá, por ejemplo, ha dado pasos notables para mejorar a calidad de la educación pública. La reciente donación de Santo Domingo también es un gran paso en este sentido. Estos y otros son sin embargo casos aislados y las políticas públicas, que deben mostrar sus resultados en un largo plazo aún no muestran cambios.

La migración y el envío de remesas es una salida a la trampa que muchos colombianos han ensayado, con éxito. Otros, muchos menos afortunadamente pero con un efecto negativo inmenso, son quienes acuden a actividades ilegales para buscar el baloto que los saque de la pobreza. Lo más negativo del narcotráfico en la sociedad colombiana es la distorsión de valores que genera. La admiración por el enriquecimiento rápido y el desprecio correspondiente a los valores del trabajo duro y de educación son una de las peores secuelas del engrandecimiento mediático de los capos. El equivocado mensaje que produce la mal llevada negociación con los paramilitares acrecienta la sensación que mientras peores los crímenes, mayores los beneficios. Los paramilitares dicen su verdad, hasta ahora selectiva, pero siguen con sus riquezas a la vista de todos. Sin restitución de bienes obtenidos a través de la violencia no habrá reconciliación de verdad. “El delito sí paga” es el equivocado mensaje que infortunadamente va quedando.

Pero volviendo al tema inicial vale la pena resaltar la importancia de una política de calidad y acceso a la educación para los más pobres. Solo habrá reales oportunidades sociales cuando una sociedad tenga a la educación como vehículo de progreso social. Un liberalismo de verdad tendría que insistir en este tema como el centro de su propuesta.

La soberanía de Ecuador no es ningún cuento chino

Por Carlos J. Villar Borda
Especial para Un Pasquín

Ecuador se vino a constituir de milagro sobre un territorio que había sufrido muchos contratiempos y, lo peor de todo, con vecinos poco amigos, cuando no hostiles. Sería demasiado prolijo ir hasta la colonia y basta con arrancar de finales del siglo XVIII y analizar el desarrollo de la revolución que al fin le dio la independencia. Durante todo el siglo XVIII, el país estuvo en una especie de limbo territorial que a lo máximo que se podría parecer sería una de las tantas Audiencias, pero con dependencia confusa y cambiante entre los virreinatos de Bogotá y de Lima, lo cual no dejaba de producir confusiones a las que nadie daba solución.

Ecuador tuvo el lujo de congregar una élite ilustrada que siempre estuvo luchando por adquirir una jerarquía más elevada. De esta élite formó parte nadie menos que Eugenio Espejo, el fundador del periodismo ecuatoriano, cuyo único defecto fue el de no haber tenido sangre enteramente blanca, por lo cual a su muerte fue sepultado en el cementerio de los mulatos, mestizos y negros. Muy superior en todo a Manuel del Socorro Rodríguez, quién además no era colombiano sino cubano.

A mediado del siglo, la élite criolla inició una campaña para obtener la Capitanía General, jerarquía que ya ostentaban Guatemala y Venezuela, por ejemplo. Pero todas las interpretaciones cayeron en oídos sordos. En 1795 fue designado Presidente de la Audiencia el Barón de Carondelet, quien se hizo simpático a la élite y aparentemente trató de impulsar el proyecto de Capitanía, pero lo cierto es que no tuvo éxito y, como golpes finales vinieron las actas reales de Maynas en 1802 y la de Guayaquil en 1803. Esto significó la pérdida del acceso a las dos márgenes del Amazonas y el traslado de Guayaquil al virreinato de Lima.

Puede afirmarse que el Ecuador quedó integrado por cuatro grandes regiones que giraban en torno a las ciudades de Quito, Cuenca, Guayaquil y Popayán. Las competencias administrativa, religiosa, de hacienda y civil estaban distribuidas conflictivamente entre esas cuatro ciudades, que dependían de Bogotá y de Lima, según el capricho del Consejo de Indias. De manera que se producía el absurdo de que todo conflicto religioso debía ir a Popayán pero como Popayán dependía de Lima, el legajo iba a parar a la capital peruana.

Inútil decir que esta situación produjo el malestar de la élite criolla, dirigida por Juan Pió Montufar, Marqués de Selva Alegre. Este malestar fue creciendo desde mediados del XVIII y al cabo estalló a fines de 1808 en una revolución que fue frustrada por las autoridades españolas. Resulta diciente transcribir el primer párrafo del manifiesto revolucionario: “El Conde Ruiz de Castilla (sucesor de Carondelet) es un hombre absolutamente inepto para el gobierno; vive enfermo de por vida, su edad es de setenta y cinco años y tiene la decrepitud de cien. No ha gobernado a nadie y se deja gobernar despóticamente de cuantos lo han querido, como lo podría ser un niño de cuatro años. Ya se deja comprender aquí el abandono en que ha estado este reino”.

Acontenció que este Conde Ruiz de Castilla había venido a reemplazar en 1808 a Carondelet y a él le cupo la responsabilidad de lo sucedido en los años 1809 y 1810. El grupo de la élite que dirigía el movimiento fijó el mes de diciembre para el levantamiento, pero las autoridades lo frustaron. Sin embargo, menos de un año después, el 10 de agosto de 1809 se repitió el movimiento y tuvo el mismo destino del anterior. Solo que esta vez los españoles lograron capturar a unos 200 de los participantes en el movimiento y encerrarlos en una prisión en las laderas del Pichincha. Casi un año después, el 2 de agosto de 1810, los españoles decidieron masacarar a los prisioneros y dar muerte a quienes venían en su socorro. Ese día fatídico hubo entre 200 y 300 muertos, incluyendo los que estaban presos.

Lo importante de los datos anteriores son las fechas, que demuestran a Quito (junto con La Paz) como precursora de los alzamientos republicanos en todo el continente. También es importante señalar que en esas dos fechas Quito se estaba rebelando contra Santa Fe y Lima, pues la lentitud de los correos de la época y la confusión de los relatos solo permitieron conocer tardíamente los acontecimientos europeos: los actos de Napoleón, el desorden institucional creado por la constante interferencia del amante de la reina (Godoy), la intervención de la Gran Bretaña y el sainete de la corona española, reflejo de la debilidad mental de Carlos y Fernando.

Lo triste de esta historia es que entre los múltiples errores políticos cometidos por don Simón Bolívar estuvo el de nunca reconocer a Ecuador como país soberano.

Esto son los antecedentes para que cierta clase de colombianos y peruanos mirararan con menosprecio a los ecuatorianos durante el siglo XX y lo consideren como un país de segunda. Pero la historia demuestra que el Ecuador tiene muchos mayores títulos de soberanía que otras naciones que tienen asiento en las Naciones Unidas. Pero esta situación no la puede entender, desde luego un antioqueño y muchísimo menos un autócrata antioqueño de tinte fascistoide, cuyo único norte y único ejemplo es el de Tío Bush que se inventó la guerra contra el terrorismo. Olvidándose de que Bush papá (el que desencadenó la guerra del golfo) era socio comercial de la familia Bin Laden (sí, los hermanos parientes del famoso Osama), cuyos intereses comparten en los extensos campos pertrolíferos de Irak, cuyo abogado era nadie menos que Dick Cheney y su asesor más cercano Donald Rumsfeld. Todos heredados por el hijo para completar lo que el padre no pudo lograr: ahorcar a Hussein ( en un juicio de dudosa legalidad bajo cualquier estatuto que no sea de las tribus africanas) y conseguir más y más petróleo.

Por esos es que ahora no tenemos conflicto interno sino terrorismo y el país se encuentra cada vez más aislado en un continente que desea entrar al socialismo del Siglo XXI y acabar con el ominoso garrote y todas las secuelas y corolarios que nos fue dejando el nunca bien olvidado James Monroe.

Tiempos de cambio

Por MQ
Especial Para Un Pasquín

No ha habido en América Latina, en los últimos años, un avance social tan importante como el realizado por el gobierno del Presidente de Brasil, Luis Ignacio Lula da Silva. La reducción del 30% en los niveles de pobreza, la duplicación del poder adquisitivo de las clases más bajas y el ascenso de casi diez millones de pobres a la clase media, representan una verdadera desmitificación de las soluciones para esta clase de problemas.

Durante el último año el crecimiento económico de Brasil se acercó al 3%. Críticos de la oposición indican que el crecimiento hubiera podido ser similar al 7% de India o al 10% de China. Países en que la concentración de la riqueza y las diferencias sociales son cada vez más notorias. Sin embargo, Lula se ha concentrado en la redistribución del ingreso para erradicar la pobreza y el hambre. De ahí que pueda presentar los logros mencionados anteriormente. El gobierno de Lula está demostrando que la solución es posible. Depende apenas de voluntad política.

En Estados Unidos, para la sorpresa de los admiradores de ese modelo capitalista, se empieza también a pensar de esa forma. John Edwards, candidato demócrata a la vicepresidencia en las elecciones pasadas, lanzó recientemente su campaña para la presidencia del 2008. Propuso un programa de inversión de 15 billones de dólares para erradicar la pobreza y dejó en claro que la reducción del déficit no es el tema fundamental cuando se trata de solucionar este reto de toda sociedad. Una superpotencia, supuestamente, no debería mostrar cuadros de desigualdad social.

Durante el llamado “milagro brasilero” de los años 70s, en el que el crecimiento económico alcanzó tasas del 6 o 7 % anual durante el período de la dictadura militar, representó la mayor concentración de riqueza que se ha visto en la historia del Brasil y al mismo tiempo, el mayor crecimiento de los niveles de pobreza y miseria. Reconocía la dictadura en aquel entonces, que “el país iba bien pero su pueblo iba mal”. Al mismo tiempo justificaba que era necesario “crecer el ponqué para después repartirlo”. Repartir cómo, si el modelo y los actores eran los mismos. Los ricos se tornaron infinitamente más ricos y Brasil empezó a conocer la miseria, en medio de un ambiente de euforia de la clase rica y empresarial.

Solamente ahora, después de 40 años esta clase empobrecida y excluida, vive un verdadero “proceso de inclusión” como lo llamó el Presidente Lula. Este proceso, por primera vez ha logrado crear bases sólidas para el desarrollo del país. ¿Y por qué? Porque este gobierno, al contrario de todos los otros, cree que el desarrollo de un país se debe medir por el bienestar de su pueblo y no solamente por los índices de crecimiento.

La revista “Cambio”, en su número 707, al comentar en su artículo sobre el mandato de Lula, dice que el crecimiento económico del Brasil, superó apenas al de Haití y agrega: “Un dato para sonrojarse”. El mismo dato fue usado por Geraldo Alckmin, adversario de Lula en las últimas elecciones, citando la revista “The Economist”, para criticarlo durante un debate en la TV. Fue uno de sus peores momentos. Lula simplemente pidió a Alckmin, que no trajera para el debate “esta mentalidad de colonizado” y así lo calló. “The Economist” es una revista seria y de prestigio. Sin embargo, al contrario de lo que muchos piensan, no es la guía ni el parámetro para las soluciones de los problemas brasileros y tampoco para otros pueblos. La economía es también un problema cultural.

Hombre consecuente
Las raíces de Lula, originario de las clases bajas, son fundamentales para entender sus logros. Su origen de emigrante del “nordeste de Brasil”, su profesión de tornero mecánico y sus años de sindicalismo, lo llevaron a adquirir una verdadera conciencia política. Posteriormente, con el fracaso y la derrota de la dictadura, fundó el Partido de los Trabajadores con un grupo de líderes de izquierda, sindicalistas y estudiantiles, oriundos de los movimientos de 1968. Muchos eran sobrevivientes de los horrores y de las torturas de los sótanos del régimen militar, otros habían sido exilados políticos.

La filosofía política de ese partido siempre reivindicó en defensa de la clase trabajadora. Para quien no sabe y para la sorpresa de muchos, Lula nunca ha sido comunista. Hoy el PT es el segundo partido en el Congreso Nacional, a pesar de los escándalos en los que algunos de sus miembros estuvieron envueltos durante la legislación pasada, en la que tenía la mayoría. Esperemos que la lección haya servido.

Muy pocos líderes políticos tienen las raíces y los compromisos sociales o se rodean de fuerzas políticas que les permitan gobernar de acuerdo con los intereses de las grandes mayorías. Casi todos llegan al poder comprometidos hasta el cuello con el sistema y en ese punto ya es muy tarde para desprenderse. En realidad, tampoco les interesa. Otros son retrógrados, y/o conservadores de formación.

Para gobernar con sentido de igualdad y justicia, se necesita de una profunda conciencia política y social y muchas veces, hasta del “primarismo” político de Hugo Chávez. Caso contrario, no se atreven a buscar caminos por fuera del modelo. Esa conciencia no se adquiere ni en Oxford, donde estuvo nuestro Presidente, ni en Yale, donde se graduó George W. Bush. Tampoco se adquiere a costa de nombramientos en cargos públicos, gracias a la influencia de sus familias. Algunos tienen la descarada pretensión de llegar a la Presidencia de la República sin nunca haber disputado una elección. “Corren por fuera” sin untarse de pueblo. Son los pseudopolíticos.

En politica no se juzga al hombre mas sí a las fuerzas que lo apoyan. No hay duda de que Colombia empieza a despertar. Las elecciones pasadas son un ejemplo de eso al aparecer fuerzas políticas de varias tendencias claramente identificables. Distanciándose de la pésima herencia del Frente Nacional, donde los partidos se diferenciaban apenas por el color de la bandera. ¡Tiempos de cambio!

Colombia es pasión... sin compasión

Por Sumercé
Especial para Un Pasquín
Ni crean que voy a hablar de la Narcoparapolítica. ¿Para qué? Más se demora Sumercé en echarle cabeza a ver cómo cuenta el cuento de los Paras infiltrados en la política —¿o será los políticos infiltrados en las filas paras?— que los jornaleros de la Hacienda Colombia, en olvidarse del asuntico. Y eso que Sumercé habla de quienes siguen sucesos tan aburridores como el cuento de la corrupción en el Congreso, las enardecidas e inmediatas declaraciones del Patrón cuando se trata de las bombas puestas por “Laaaaaaaa Farc”; la mala suerte de los secuestrados; el silencio sobre los desaparecidos y el resto de temas jartos que pululan en esta caótica Hacienda. Porque el resto de la peonada, o sea la gran mayoría, está ocupada en asuntos verdaderamente importantes, como la copa sub 20 de fútbol, la última embarrada de Montoya o la selección de las modelos del próximo Colombia Moda.

Así que para alimentar el interés de la mayoría Sumercé hablará de la “pasión”, aquella que representada por un corazoncito rojo coronado por un par de cachos promueve, dentro y fuera de los linderos de la Hacienda, la marca de esta patria (como tanto gusta en llamar nuestro patoncito a su hacienda), acompañada del acertado slogan de Colombia es Pasión. ¿Qué otra cosa distinta a pasión es Colombia?

Hay quienes dicen que la pasión de este corazón simboliza lo que solemos llamar berraquera, otros que refleja dolor, sufrimiento (no olvidar la de Cristo). A Sumercé le da igual cómo se interprete el símbolo y el slogan, porque en la paaaatria sufrimiento y berraquera van tomados de la mano sin necesidad de definir si son sinónimos o antónimos. Eso es lo de menos. Aquí todo se hace con pasión y sin compasión. Por ello Sumercé estima que el corazoncito con su par de cachitos es un acierto que representa con absoluta fidelidad la pasión con que se nace, se vive, se secuestra, se desplaza, se mata, se ignora, se rumbea y muere en este lugarcito del tercer mundito.

Para enfrentar el caos nacional con berraquera, o para tener la berraquera de hacerse los locos ante el despelote generalizado, hay que tener pasión. Sino pregunten en el Congreso. El dizque finadito don Carlos Castaño advirtió hace rato que los Paramilitares tenían por lo menos un 30% de representación en el Congreso de la República y… ¿qué pasó? Pues ¡nada! ¿Quién iba a gastar energía en averiguar si los Paras tenían el 30 ó el 50% del Congreso cuando se disputaba el torneo nacional de fútbol y el campeonato mundial de la Fórmula 1? No, la energía se debía invertir en causas realmente importantes, como cantar el gooooooool de nuestro equipo o rezar para encomendar al Divino Niño a nuestro digno representante en la F-1.

Más pasión
En Colombia contamos con pasión para dar y convidar. La prueba está en que si ocurre la desgracia de que el fútbol baje de rating y la Fórmula Uno se nos convierta en una carrera de carros chocones, contamos con otro tipo de eventos que alimentan la mencionada pasión del pueblo. Uno de los infalibles, hasta hace pocos meses, consistía en entretener al respetable público con su buen par de atentados de las FARC, oportunamente desactivados por las fuerza pública. El número funcionaba súper bien para exaltar el ánimo de los peones. Pero, oh desgracia, ocurrió que por ahí salieron unos aguafiestas diciendo que algunos de los tales atentados eran purito cuento. Se explica Sumercé: que quienes hallaban los carros bombas y salvaban la vida de los ciudadanos y de nuestro Patroncito, eran ni más ni menos los mismiticos que los habían mandado a poner. Y cómo si eso fuera poco, dizque a quienes ponían la carita a la hora de la detención y su respectivo video registro, no les pagaban lo acordado. Mejor dicho: ¡los tumbaban! ¡Qué horror!

Denuncias que el respetable público recibió con su fogosidad natural y por tanto exigió a quienes administran el pasionómetro nacional aclarar el asunto. La exaltación no dejó otra salida: tocó ordenar que se investigara el cuento de los recientes “falsos positivos” hasta “sus últimas consecuencias”. Y pues sí, en ello se centraron los investigadores durante un buen ratico, destapando una ollita maloliente por aquí y otra por allá. Cuidando, claro está, de mantener en el olvido que no es la primera vez durante la administración de nuestro bien amado Patrón que se descubren “falsos atentados” (o positivos como gustan en llamarlos ahora).

Nadie habló de los “falsos positivos” de la Costa por los cuales fue acusado ni más ni menos que el director del DAS del Atlántico, Emilio Vence Zabaleta. Y mucho menos de lo que se descubrió después: que Vence Zabaleta había sido destituido en 1999 del cargo de director seccional del DAS en Sucre porque se le vinculó a varios procesos sobre violación de derechos humanos. Asuntico que no representó ningún obstáculo para que en 2003 el Director del DAS, Jorge Noguera, lo reincorporara a la institución y, además, lo nombrara director seccional en el Atlántico.

Eso, Señores y señoras es ¡pasión!, y de la buena. Porque, no nos digamos mentiras, la adrenalina que debió descargar Vence Zabaleta no la conoce ni el Rambo de las primeras películas. Pasar de director seccional del DAS a funcionario destituido, de echado a reincorporado en la misma institución pero en cargo más alto, de exitoso desmantelador de atentados a hacedor de atentados y, además, como si faltara algún excitante ingrediente en esta historia, ser señalado de tener nexos con los Paramilitares y de presuntamente haber cometido peculado es… ¡candela pura! Más pasión en la vida de una sola persona, imposible. Aunque, claro, el arrebato sólo dio pa’l escándalo del día porque luego, lueguito, la historia se refundió entre el torneo de fútbot, la copa tal y pascual, los chismes de farándula, la sutileza de Montoya y las puntuales declaraciones de Pachito, hasta que la noticia de que la justicia le había otorgado a don Vence su casita por cárcel, prácticamente pasó desapercibida. De la misma manera que la exhaustiva investigación sobre los últimos falsos positivos se desvaneció entre la barahúnda de la trastornada Hacienda. Y, en consecuencia, ya nadie los recuerda.

Ah, pero estos sucesos ratificaron una vez más lo que anuncia el corazoncito con cachos que Colombia es Pasión… sin compasión. Porque para otros, como el pobre reciclador Alfonso Zambrano Puello, acusado de querer perpetrar uno de los atentados oportunamente desmantelados por Zabaleta, lo que no le garantizó el corazoncito de la pasión fue una gota de misericordia. Este reciclador a quien le encontraron dos rockets hechizos que, según dicen ahora, fueron introducidos en su carretilla por miembros del DAS, fue condenado por los tales atentados a cuatro años de cárcel que no le debieron producir ninguna emoción, porque como a él, a diferencia de Vence Zabaleta, sólo le dieron cárcel por cárcel… Y, luego, cuando ya había pasado sus añitos en la cárcel y resultó que el tal atentado que pensaba realizar sólo existía en la imaginación de Vence Zabaleta, se le dijo, con la mano en el corazón, que qué pena, que bien pueda salga de la cárcel y que, fresco, deje que su corazón lata con alegría porque para eso usted hace parte de un pueblo que es pasión, aunque no tenga ni remota idea de qué es la compasión.

Superministro de Defensa se anota un nuevo ‘hit’

En un meticuloso operativo, el megadiscreto Doctor Uan Manuel Santos obtuvo un positivo sin antecedentes en la lucha contra el narcoterrorismo al planear, ejecutar y supervisar el decomiso de una millonaria suma de dólares y euros, y de una cantidad de lingotes de oro, descubiertos gracias a su fino olfato y habilidad.

Edulfo García–Peña
Editor Político
Desde Cali

Un nuevo golpe a los tenebrosos carteles de la droga fue propinado la semana pasada en el occidente del país, gracias al
ingenio y dedicación del Super-ministro de Defensa, Uan Manuel Santos Calderón, quien diligentemente lideró a la Policía Nacional en estos nuevos operativos contra los enemigos de la Patria Nueva.

En una meticulosa operación, dirigida desde los más recónditos confines de la Patria por el propio Superministro Santos, los hombres de la Dijín, al mando del general Óscar Naranjo, allanaron una serie de viviendas en la Sultana del Valle y decomisaron más de 50 millones de dólares, y otra millonaria suma, representada en euros y lingotes de oro.

Dadas las complejas circunstancias del operativo, de no haber sido por la oportunísima intervención del majestuoso Superministro, lo más probable es que el general Naranjo y sus hombres –pese a su comprobada experiencia y eficiacia– no hubieran sabido qué hacer, ni para donde coger. Por fortuna, el egregio Superministro llegó volando a dirigir el arriesgado y complicado dispositivo que permitió no sólo el hallazgo e incautación del dinero mencionado, sinola detención de peligrosísimos narcotraficantes-terroristas, que pretendían desestabilizar las instituciones democráticas.

Después de mucha insistencia, el ocupadísmo Superministro accedió a romper su caracterísitco hermetismo y en declaraciones superexclusivas le dijo a LE MIENTO que este nuevo positivo bajo su liderazgo se produjo gracias a su patriótica dirección, su don de mando y su abnegada labor.

“Este grandioso éxito de la Seguridad Democrática se dio gracias al esfuerzo, la discreción y el bajo perfil con los cuales he desarrollado mis funciones como Superministro de Defensa”, dijo escuetamente el heroico funcionario.

Al abordar el avión de regreso a Bogotá, donde lo esperaba el Presidente de la República para darle un merecido abrazo de felicitación, el modesto Superministro agregó: “Humildemente, quiero hacer un reconocimiento al general Naranjo por acatar e implementar tan juiciosa y obedientemente las sabias instrucciones que constantemente le imparto desde mi despacho de campaña”.

LE MIENTO supo que dada su experiecia en las carteras de Hacienda y Comercio Exterior, el propio Superministro en persona verificará y autenticidad el conteo del dinero incautado.

=================================

En par patadas

El Vicepresidente y su lucha contra la droga
En una nueva misión contra la droga y los criminales que se lucran de ese negocio, el pilísmo Vicepresidente, Fachito Santos Calderón, visitará en próximas horas la feria Colombiatex, donde espera repetir el resonado éxito que tuvo en Europa con varias top-models.

Editorial: Donación de Julio Mario
El país debe aplaudir la nueva muestra de generosidad del filántropo barranquillero, quien donó 10 millones de dólares para estudiantes pobres. Esta Casa Mentitorial hará lo mismo cuando venda este diario.

Entre la libertad y el libertinaje de la prensa
Cumple el primer año Un Pasquín, antipática publicación donde una caterva de irresponsables, abusando de de la libertad de expresión consagrada en la constitución y garantizada por la Seguridad Democrática, se dedica inútilmente a calumniar a El Irremplazable y a desvirtuar su magnífica obra de gobierno.

Un favor para EE.UU.
El Superministro de Defensa, Uan Manuel Santos, hará una visita a Washington los días 1 y 2 de febrero para darle al secretario de Defensa de los Estados Unidos, Robert Gates, algunos consejos para triunfar en la lucha contra el terrorismo.

Uribe, el mismo de siempre

En cinco años pueden cambiar muchas cosas, pero tal no parece ser el caso del presidente Álvaro Uribe, quien en estas dos imágenes –tomadas con cinco años de diferencia– aparece prácticamente igual, aunque se econtraba en dos situaciones completamente diferentes.
En una, aparece muy atento a las preguntas del público en una efusiva y amena charla en la Universidad de Miami; en la otra se ve muy integrado a sus colegas Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, en la posesión de Daniel Ortega en Managua. En una está solo, al amparo de la bandera de Estados Unidos; en la otra, junto a tres de los más duros contradictores del Tío Sam de la región. En una, tenía puesto un blazer sobre su camisa color ‘naranja Postobón’; en la otra lleva una de sus guayaberas.
En fin, otra muestra de que Uribe siempre se mantiene en sus posiciones, así parezcan absurdas.


=================================

Del Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua
~~
PANTALLA. Persona o cosa que, puesta delante de otra, la oculta o le hace sombra. || Persona que, a sabiendas o sin conocerlo, llama hacia sí la atención, en tanto que otra hace o logra secretamente una cosa.
[Cualquier parecido con el Mindefensa es absoluta coincidencia].

TRES EN UNO

Por Antonio Jiménez Castañeda
Especial para Un Pasquín

MENTIRA,
Dicho y hecho: el llamado proceso de paz con los narcotraficantes del cartel de Medellín disfrazados de paramilitares y la ley “de justicia y paz” que Uribe Vélez les redactó a su medida para indultarles hasta el último de los crímenes atroces que han cometido, están funcionando a pedir de boca, conforme a lo único que buscan, mancomunada y clandestinamente, Uribe y sus amigos de las AUC: consolidar la mentira, la injusticia y la impunidad bajo los remoquetes de “verdad, justicia y reparación”.

INJUSTICIA
A Mancuso, los medios del Gobierno, con El Tiempo a la cabeza, en noticias que, sin duda, son redactadas o al menos dictadas desde la Presidencia y el ministerio de Defensa, lo presentan como el empresario que cometió un desliz y ha decidido confesar “la verdad”. “Verdad” que, calculadamente, le achaca a otros narcogenocidas muertos, delante de unos juececillos que apenas si lo interrogan y que se cuidan de garantizar la ausencia de testigos oculares, periodistas y deudos. Entonces, El Tiempo despliega en primera página un dictado de su copropietario Juan Manuel Santos Calderón ó Pachito Santos Calderón ó quizá de ambos: la presencia de los deudos y de los testigos no es necesaria en esa comedia que, de cuello y corbata, preside Mancuso para burlarse de la memoria de miles de millares de inocentes a los que cortó vivos con sierras eléctrica.

E IMPUNIDAD
Pero hay reparación: por orden editorial del periódico de los cogobernantes Santos Calderón, las “confesiones” de los narcogenocidas en vías de indultos generales van a ser transmitidas por TV, en diferido y a pedazos, para que el país las vea a eso de las 4 a.m., pero, eso sí: los deudos seguirán siendo ahuyentados cuando intenten protestar ó señalar a esos narcotraficantes que Uribe no extraditará porque, en secreto, así lo convino con ellos. Al mismo tiempo, las esperanzas nacionales de verdad son manipuladas por la Casa Editorial El Tiempo y sus adeptos. Ejemplo: tuvo la “exclusiva” (con muchísimo trabajo) del acuerdo entre los narcogenocidas con los narcopolíticos. Pero (¡oh, sorpresa!), de no menos de 50 firmas que anticiparon los narcotraficantes y los narco-congresistas-uribistas, el periódico de los cogobernantes primos hermanos dobles apenas menciona 34 nombres. Otros 20, o más, se perdieron. Suponemos que los primos Santos Calderón ya apropiaron unos $1.000 millones para repartir entre quienes digan dónde están los que faltan. Porque los Santos Calderón, acertados copropietarios y cogobernantes de Colombia, sí nos van a dar “verdad, justicia y reparación”.