viernes, 26 de octubre de 2007

Yo voto en blanco

Opinión de Gina Parody*
Especial para Un Pasquín

En las pasadas elecciones para alcalde en Cartagena, la segunda mayor votación la tuvo el voto en blanco. Cientos de ciudadanos se unieron para promoverlo e impedir que un muy cuestionado candidato llegara a la Alcaldía. Haber obtenido la mayoría hubiera significado convocar elecciones con nuevos nombres. Aunque en la contienda en Bogotá no tenemos candidatos vinculados con grupos armados ilegales, sus propuestas en general son tan flojas o inexistentes, que la intranquilidad agobia. Y cuando se está inconforme, la opción democrática en las urnas para un ciudadano responsable no es otra que el voto en blanco.
En Colombia, el voto en blanco es válido y por ningún motivo se puede considerar como parte de la abstención, ni muchos menos como un instrumento ‘revolucionario’ contra la democracia como aseguran las FARC. Por el contrario, es la opción para los ciudadanos inconformes, que no se convencen con las alternativas que representan los candidatos. Además, hoy tiene mayor valor porque si obtiene más del 50% de los votos totales en unas elecciones, obliga a repetirlas desechando los anteriores candidatos.
Mi decisión de votar en blanco para la Alcaldía de Bogotá el 28 de octubre, no es una egoísta ‘manifestación de lucidez’ o de falta de responsabilidad ciudadana, como lo califica José Saramago en su célebre ensayo. Lo que procuro es mostrar a la ciudadanía mi gran preocupación porque durante la campaña no se tocaron, o se trataron de manera banal, los asuntos importantes para una ciudad que ostenta el triste récord de tener en Ciudad Bolívar uno de los más grandes megatugurios del planeta. Y la realidad es que muchos electores simplemente están apelando al voto útil, a votar sin informarse, y optar por promesas politiqueras.
No hay una sola iniciativa ambiental seria, no se sabe cómo se organizará un sistema integrado de transporte, no hay propuestas audaces para enfrentar el déficit cuantitativo y cualitativo de vivienda digna, nada han dicho de cultura ciudadana y mucho menos se conocen propuestas efectivas para proteger la niñez y la adolescencia. No nos digamos mentiras: aquí a nadie le importan los niños sino es para llenar titulares con propuestas que no resisten el primer análisis.
Por un lado, el candidato Samuel se quedó en el diagnóstico y en ofertas gaseosas sobre lugares comunes sin compromisos. Un Alcalde está para dar soluciones a la pobreza, el desempleo, la vivienda y la educación. Lo importante es saber cómo, y eso no nos lo ha dicho. Es de sentido común entender que Bogotá necesita un Metro, pero hacerlo bajo el argumento de que no se puede poner Transmilenio en la décima “porque por allí pasa el 60% de las rutas de trasporte público” no deja de ser sospechoso. Así las cosas, no sabemos si el metro de Samuel es la fila de cientos de buses que vemos por la décima con sus afiches.
Por su parte, el candidato Peñalosa solo nos presenta su balance de gestión de hace 8 años, como propuesta para una ciudad que está haciendo su tránsito a una las grandes megaciudades del siglo XXI. Transmilenio no puede ser la columna vertebral de un gran sistema de transporte sino uno de sus componentes. No se puede pensar en aliviar el déficit habitacional cuando las familias más pobres no han podido acceder a las casas de Metrovivienda por su precio y su pequeño tamaño. Así mismo, no se le puede creer a alguien que propone que los niños sean felices cuando piensa que reciclar es atolondrado. ¿Será que todos los estudiantes que reciclan en sus colegios son lo que dice Peñalosa?.
Las verdades hay que repetirlas muchas veces para que no caigan en el olvido. En esta campaña no se discutieron, o se trataron de manera light, los temas importantes para la ciudad. Por esto, la lección que los bogotanos debemos dar a la democracia y a los candidatos, por desaprovechar esta oportunidad de definir un modelo de ciudad para el siglo XXI, es votar en blanco.

*Senadora de la República.

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