viernes, 26 de octubre de 2007

¡Ups! La U.P….

Opinión de Guilario*
Especial para Un Pasquín

En este país donde olvidamos tanto, algunas cosas nos las olvidan a propósito. En nuestra historia política quizás el olvido más trágico y vergonzoso es el de más de 3,000 asesinatos de militantes de la Unión Patriótica.
La historia oficial ha consignado esta barbaridad como una consecuencia casi ineludible de la influencia del narcotráfico en la política de la época y de la decisión de las FARC de utilizar al partido como frente en su estrategia de “combinar todas las formas de lucha”. Bajo esta manta, el estado y la sociedad en general se han librado de cualquier responsabilidad en la muerte de los miembros de la U.P. pero más grave aun, con ese análisis facilista y superficial, han descartado la tragedia de la U.P. cómo un incidente marginal en la historia de nuestro país. En mi generación, una generación que no presenció el surgimiento y posterior aniquilamiento de la U.P. son contados los que saben qué fue y por ende aún menos los que entienden la relevancia de sus muertes en la actualidad nacional.
Para aquellos que no conocen la historia, la Unión Patriótica fue un partido político que surgió de los diálogos de paz de Belisario Betancourt con las FARC a mediados de los 80s. La U.P. pretendía ser el primer paso en la transición de las FARC hacia la participación política sin armas, pero también una alternativa política de oposición a los dos partidos tradicionales. Además de guerrilleros muchas personas que creían en un proyecto político de izquierda sin necesidad de llegar al poder por la vía armada se unieron al partido que inicialmente tuvo un éxito electoral significativo eligiendo congresistas, alcaldes, diputados y concejales. Sin embargo pronto empezó el aniquilamiento de todas sus estructuras, desde seguidores comunes y corrientes hasta sus candidatos presidenciales.
Muchos críticos de la U.P. aseguran que el partido era una fachada legal de las FARC para que representantes democráticamente elegidos pudieran defender los intereses de la organización guerrillera desde las instituciones. Alegan que políticos de la U.P cooperaban con los secuestros de las FARC y que seguían delinquiendo desde la legalidad. No existe la evidencia para asegurar que algún miembro de la U.P. les ayudaba a las FARC desde la legalidad pero en los mismos acuerdos del gobierno con la guerrilla en marzo de 1986 era entendido que la guerrilla iba a tener al menos temporalmente un brazo armado y uno político. Eso no justifica la participación en delitos de miembros de la U.P. si los hubo pero aclara que siempre fue evidente que iba a haber un vínculo entre las dos organizaciones y que ese vínculo no excusa el homicidio a sangre fría de miles de seguidores de la U.P. Pero el argumento de que la utilización de la combinación de las formas de lucha de las FARC explica y en cierta forma justifica la muerte de todas estas personas suena particularmente hueco e incoherente cuando estamos en una época en que no cabe la menor duda sobre el vínculo entre políticos de todos los niveles y las organizaciones paramilitares.
¿Por qué la combinación de todas las formas de lucha, jurídicamente comprobada, de los paramilitares no resulta igual de repudiable a una supuesta cooperación entre la U.P. y las FARC? ¿O es que estamos dispuestos a condenar a un exterminio como el de la U.P. a todos los simpatizantes y políticos del Partido de la U, de Convergencia Democrática y de todos los otros partidos de los para-políticos?
Nadie está diciendo que todos los miembros de la U.P. fueran ángeles, pero lo que si es evidente es que muchas personas que creían en una Colombia diferente, abierta, democrática y justa vieron en la U.P. un espacio para construir un mejor país y que pagaron esa esperanza con su vida. Cuando uno escucha las grabaciones de discursos de Bernardo Jaramillo, el candidato presidencial de la U.P. asesinado en 1990, no ve el resentimiento ni el odio de alguien que quiere hacer la guerra; ve el idealismo y la pasión de alguien que quiere vivir en un país en paz. Los jóvenes y los colombianos del mañana tienen derecho a conocer la vida y obra de los líderes de la U.P. tanto como el de tantos otros políticos que han sido acallados a fuego en nuestro país.
El estado además de un sincero acto de contrición sobre su papel en el aniquilamiento de la U.P. debería motivar el recuerdo de estas personas que creyeron que la democracia era el camino. Ese recuerdo además de hacerle justicia a las víctimas también ayudaría a entender la transformación de las FARC antes de la U.P. a las FARC mucho más crueles y aisladas después de la U.P. y ojalá a abrir así algunas puertas para la paz.
El principal requisito para lograr la paz en Colombia es entender a las partes en conflicto y descartar en el olvido el aniquilamiento de la U.P. nos condena a una ignorancia que es posible que no nos deje salir de la guerra jamás.

P.S: Un pequeño pero significativo paso para recordar a la U.P. ha sido la transmisión por televisión del documental ‘El Baile Rojo’. Los que quieran conocer más al respecto lo pueden ver en YouTube.

1 comentario:

june bachelar dijo...

Perfecto.Este es el único pais del mundo donde se sataniza pensar y sentir diferente.Colombianos de bien inmolados por la intolerancia,la ignorancia y el interés individual.Vivimos en el medioevo,en pleno siglo XX1.Con la única diferencia que no tenemos esos grandes pensadores que sufrieron persecución y aún hoy nos enseñan a pensar:Michael de la Montaigne y otros.Pero este medio tambien en bastante conservador en algunos de sus analisis.Más vanguardia por favor y reflexiones de más alcance conceptual y real.