viernes, 26 de octubre de 2007

Una nueva señal de alerta para la democracia

Opinión de Enrique Parejo González*
Especial para Un Pasquín

El vergonzoso episodio recientemente provocado por el Presidente Uribe contra la Corte Suprema de Justicia constituye una seria voz de alerta para la democracia. Ese episodio ha a revelado, una vez más, que a él le incomoda la existencia de tres poderes en la organización política del Estado.
Por ejemplo, varias veces, el Presidente Uribe ha tratado de sustituir, en sus funciones, a la Rama Judicial del Poder Público. Y al Capitolio lo ha convertido en una dependencia de la Casa de Nariño. En frecuentes desayunos con los legisladores que le son adictos, se cocinan las leyes cuya aprobación se formaliza después en las sesiones ordinarias del Congreso, por encima de las reservas u objeciones que, fundadamente, tengan los otros congresistas.
Los partidos políticos que han asumido el compromiso de apoyar al Presidente en todas sus iniciativas, aún las más arbitrarias e inconvenientes, parecen ser los instrumentos de la voluntad omnímoda de aquél. Se han prestado, incluso, para frustrar importantes debates que debían realizarse, dentro del marco de la función de control que le corresponde al Congreso. Lo cual ha contribuido a fortalecer aún más el poder personal y omnímodo del Mandatario.
En el episodio que estamos comentando, un Magistrado Auxiliar de la Corte Suprema de Justicia, atendiendo la solicitud de un paramilitar, conocido con el alias de Tasmania –quien se hallaba privado de su libertad por la comisión de delitos graves–, concurrió a una audiencia, en compañía de un colega suyo, para oír las revelaciones que aquél, voluntariamente, había ofrecido hacer, sin que el Magistrado Auxiliar supiera sobre qué hechos en particular recaerían tales revelaciones.
El Presidente Uribe, que debe tener ojos y oídos en todas partes –como ocurre con los dictadores en los peores regímenes totalitarios–, enterado de la realización de la audiencia, al día siguiente llamó al Magistrado para preguntarle si el paramilitar había dicho algo contra él.
Pero como, supuestamente, el Presidente recibió, el mismo día de la audiencia, una carta en la que el paramilitar culpó al Magistrado Auxiliar de haberle ofrecido beneficios penales a cambio de que acusara al Primer Mandatario de haberle ordenado, en el año 2003, el asesinato de otro paramilitar, aquél, con el evidente propósito de neutralizar esa acusación, llamó a todos los medios para acusar públicamente a la Corte Suprema de Justicia de estar urdiendo un complot contra él. Viene aquí, como anillo al dedo, el conocido aforismo “¡Quien no la debe no la teme!”
Daba tristeza y al mismo tiempo repugnancia ver a un Jefe de Estado descompuesto, vociferando a través de los medios, contra todo aquél que le diera la más mínima credibilidad a la presunta acusación. Con lo cual no hacía otra cosa que revelar un complejo de culpa, por razón de sus vínculos con los paramilitares.
En una verdadera democracia, le acarrearía responsabilidad política al gobernante que se atreviera, como lo hizo el presidente Uribe, a llamar a un funcionario de la Rama Judicial a preguntarle sobre el resultado de una diligencia penal que, de alguna manera, tuviera relación con él, o con alguno de sus familiares o amigos. En cualquier latitud, esa actuación es un abuso de poder y una indebida injerencia en los asuntos de competencia de los jueces.
¿Por qué será que, tanto en el país como en el exterior, existe la convicción de que Uribe Vélez ha sido y es amigo de los paramilitares? No cabe duda de que esa convicción se basa en hechos ciertos que permiten afirmarlo. Pero, además, por la forma tan generosa como injustificada en que él, en su condición de Presidente, ha pactado con ellos normas que, en la práctica, equivalen a verdaderos indultos. Cuando, por el contrario, la atrocidad de sus crímenes obligaría, en sana lógica, a aplicarles penas mucho más severas.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en su más reciente informe, ha señalado la existencia de graves anomalías en el proceso de desmovilización de los paramilitares. Lo cual nos lleva a reafirmar que, si en el episodio en cuestión, hubo un complot, no pudo ser otro que el maquinado por el propio Jefe del Estado, en su propia defensa y para tratar de debilitar la acción de la Corte Suprema de Justicia contra la llamada para-política, a la que han sido vinculados amigos y parientes suyos.
¡Maquiavelo estuvo presente en este sórdido episodio!

*Ex ministro de Justicia.

1 comentario:

june bachelar dijo...

maquiavelo estuvo presente en el derrumbe de las instituciones,cuando con su silencio cómplice,asesinaron eminentes juristas en el palacio de justicia.No comprendo a quienes en Colombia han ejercido importantes cargos en el Gobierno,
y por mediocridad,temor o complacencia,no actúan de manera justa y correcta:Como le corresponde a una naturaleza educada en el bien común y el respeto por los semejantes.Este gobierno es una verguenza,pero ud como ministro de Justicia,tambien fue una silenciosa verguenza.Su Coterranea.avergonzada de cómo tiene los politicos el bello caribe,

June bachelar.
Artista