viernes, 26 de octubre de 2007

Son vísperas de elecciones

Opinión de Juan Manuel López Caballero*
Especial para Un Pasquín

Estas elecciones tienen además de la dimensión regional una significación nacional. Se define o concreta la suerte de los partidos políticos como tales.
No la de los del Uribismo, puesto que tienen su situación clara. Unos nacidos al amparo de Uribe desparecieron por sustracción de materia; no porque ya no esté Uribe –puesto que él por el contrario parece eternizarse–, sino porque sus miembros pasaron a hacer quórum ante la Administración de Justicia; es el caso de Convergencia Ciudadana, Alas Equipo Colombia, o Colombia Democrática. Otros, Cambio Radical y el Partido Conservador, existían desde antes y seguirán siendo lo mismo: el partido de Vargas Lleras y una minoría que defiende u ocupa una cuota burocrática de esa colectividad histórica, respectivamente. Y la incógnita de la ‘U’ parece ser más la de quién ocupará el corazón de Uribe que la de qué quedará como partido.
Por lo tanto lo que está en juego es cómo y alrededor de qué partido se organizará la izquierda democrática para impulsar su ideología y cual será en cuanto a acción política el que encarne la oposición y la alternativa al gobierno Uribe.
Para que el Polo se consolide como verdadero partido falta que lo confirme, no solo en los resultados de las urnas, sino internamente, mostrándose capaz de superar los individualismos y las diferencias entre los grupos que le dieron origen. A su favor tiene que es la única agrupación que no desdibujó su imagen mediante toda clase de alianzas con toda clase de grupos, y que es la que más candidatos a todas las posiciones presenta.
En el Partido Liberal los resultados ayudarán a definir su propia identidad más que su ubicación en el panorama nacional. En su seno existe una gran división: de un lado la Dirección Nacional con la propuesta explícita de ‘mover el partido hacia el centro’, de abrir las puertas a un acercamiento al Uribismo, de un respaldo a la continuidad de políticas neoliberales y la perspectiva de una eventual candidatura de César Gaviria o de algún seguidor de esa línea; de otro lado, quienes reivindican la condición histórica de ‘Partido de matices de Izquierda’, que defienden su condición de alineado a la Social Democracia, que con la noción de que su colectividad se basa en principios, objetivos y estatutos se oponen al ‘pragmatismo’ y a la sustitución de un orden institucional por las habilidades o capacidades personales de un líder (ya sea en lo interno o a nivel nacional).
Sin propuestas propias, desdibujado en adhesiones a candidaturas de otros partidos y en coaliciones con quienes representan posiciones contrarias, y con aspiraciones con candidatos propios a menos de la mitad de los cargos que tradicionalmente ha tenido, el Partido Liberal solo podrá aspirar a asumir esa función y recuperar su liderazgo si las disputas internas revientan al Polo y si ante un eventual pero anunciado fracaso de la política de la Dirección oficial se producen las renuncias correspondientes.
Lo más probable es que se produzca algún nuevo movimiento o fusión entre el rojo de la social democracia y el amarillo, que en el oriente del país fue el color del Partido Liberal en las épocas de las guerras de mediados del siglo XIX.

*Economista e investigador.

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