viernes, 26 de octubre de 2007

Si no fuera por eso

Opinión de Iván Marulanda*
Especial para Un Pasquín

Un país es de los nacionales cuando lo manejan instituciones que los ciudadanos han convenido darse para que los gobiernen y cuando esas instituciones están en cabeza de personas escogidas a partir de elecciones limpias. Ese no es el caso de Colombia.
Aquí lo que se supone que es de todos, lo que llamamos país, lo manejan como les da la gana y para sus propios fines, mafias organizadas que imponen su poder y su ley a punta de bala y billete. De Colombia se adueñaron hampones, de las puertas de la Corte Suprema de Justicia para afuera. Puertas adentro de la Corte, no. Por eso Colombia no tiene todavía nombre de finca. Ni lo tendrá, mientras no logren incendiar otra vez el Palacio de Justicia con todo y magistrados adentro.
Las elecciones en Colombia, a partir de las cuales se deriva la institucionalidad, son un chiste. Las organizaciones criminales inundan el ambiente de propaganda y llevan a los votantes arreados a las urnas. Al que se alza, lo matan. De remate, hacen trampa en los escrutinios. Todo al tiempo. Compra de votos, sicarios y fraude.
Créanme. A las llamadas “instituciones” se las tomaron mafias. A partir de elecciones espurias gobiernan, legislan, patrullan y matan. Y como si fuera poco, mantienen activas sus fortalezas en la clandestinidad, para lo que les haga falta. Lo que les es útil del lado de la ley, lo usufructúan. De ahí en adelante, imponen su propia ley. Legislan y gobiernan para sus intereses desde el estado, y arrebatan, asesinan y expolian desde el submundo del hampa.
Perdónenme si les molesta. Esas son las instituciones colombianas. Una Corte Suprema de Justicia atrincherada en su ley, asediada por delincuentes con poder político y letal que no encuentran cómo acallarla. Un presidente de la república descompuesto, vociferante, que le echa piedra y la hostiga en su desesperación de ver desfilar amigos y parientes camino de la cárcel y de sentir lo que le sube pierna arriba en el proceso de la parapolítica. Proceso que adelanta la Corte para dirimir la legitimidad del poder en Colombia, desentrañar la estirpe de las instituciones que nos rigen y limpiar de bazofia la sociedad colombiana.
En la pequeña escala local es en donde mejor se aprecia la condición espuria de las instituciones colombianas y la mentira de la soberanía popular en este país. Rueda más dinero en las campañas de alcaldías y gobernaciones, que en las presidenciales. Y hay más muertos y más trampa.
Qué ocurre. Las mafias copan en las elecciones, metro a metro, el territorio nacional. Van con todo por el poder político territorial que les garantiza impunidad para sus negocios criminales, en particular el narcotráfico, y además les franquea el acceso al botín de las tesorerías departamentales y municipales. Transferencias, impuestos, regalías, bienes públicos. Millones de pesos están ahí, servidos en bandeja para que organizaciones de asesinos los rapen de un manotazo en elecciones locales en las que arrasan a sangre y fuego. De la mano de políticos corruptos que les hacen el juego para llenarse también los bolsillos y de sobremesa ganarse el pase para una curul de congresista.
Los partidos políticos no existen en Colombia. Los suplantaron las mafias. Ni siquiera la política existe. El poder no se disputa con ideas ni con ideales. No hay competencia, luego no hay democracia. Hay imposición, arbitrariedad. El país está ocupado por fuerzas criminales. Los llamados “partidos”, son disfraces que se ponen los delincuentes para entrar a los palacios de gobierno y de las leyes, en donde se celebran las bacanales.
Que los magistrados les estén aguando la fiesta, es otra cosa. Es verdad, los sacan como perros de las orgías y los mandan a los calabozos. Si no fuera por eso, en Colombia no habría esperanza. Por los magistrados hay esperanza, y por unos valientes que se juegan el pellejo para libertar a sus paisanos de la esclavitud del crimen organizado. Como en Santander, para citar un ejemplo.

*Ex Constituyente.

No hay comentarios.: