martes, 25 de setiembre de 2007

¿Por qué a estas horas, tan tarde...?

Opinión de Iván Marulanda*

El Estado colombiano tardó más de veinticinco años para atacar a los capos de la mafia. En todo este tiempo no los tocaba sino cada vez que era necesario calmar la desesperación nacional e internacional. Estado cobarde y corrupto. Protector de criminales, miedoso, codicioso. La terronera y la sed de dinero mantuvieron a gobernantes y demás dirigentes políticos, a la fuerza pública, a la justicia, comiendo en la mano de la mafia. Los medios de comunicación y la oligarquía también se arrodillaron.

Las excepciones brillan en el firmamento como norte de esta nación extraviada. Héroes masacrados a quienes el establecimiento político y social dejó abandonados a su suerte. Los vieron matar, sin mover un dedo. A Lara, Galán, Cano, Carlos Mauro, Low. A los Magistrados caídos en el holocausto. A jueces, oficiales, soldados, policías que se sacrificaron por dignidad y por decencia. A tantos personajes insignes cuyos nombres ya se borronaron en la bruma de la memoria social, en las tinieblas de decenios oscuros, de vergüenza, de molicie, de corruptelas, de trucos.

A Lara lo abalearon en la calle, en el carro sin blindaje del Ministro de Justicia. Estaba condenado a muerte, pero a nadie con capacidad de defenderlo le importaba. A Galán le dispararon encima del tablado, delante de la multitud. Del Ministro de Defensa para abajo, todos los que tenían poder sabían que lo iban a matar. Guillermo Cano conducía su automóvil, solitario y desguarnecido. Los magistrados fueron fusilados por pistoleros del M-19, a sueldo de la mafia, y por la fuerza pública. A unos adentro del Palacio de Justicia, a otros en las salas de tortura del Ejército. A Low lo acribillaron en el anden, bajándose del bus. Y así, esta larga historia que produce náuseas.
Ahora, cuando veo que van amarrados hacia las cárceles de alta seguridad de las que no saldrán nunca, hampones que anegaron de sangre a Colombia para abutagarse de tesoros hechos en el bajo mundo, pienso... ¡a la hora que resolvieron cogerlos!... ¡cuánto tiempo se perdió, cuántas vidas se desperdiciaron, cuántas esperanzas se esfumaron!... lo fácil que hubiera sido acabarlos al comienzo, años atrás... si hubiese habido determinación...
Pero no, quienes tenían el poder político miraban hacia otro lado para dejarlos esconder, los escondían, les vendían complicidades, silencios, leyes, protección, les daban la mano. Les canjeaban impunidades por cheques para campañas políticas. Hasta les abrieron las puertas para que se adueñaran de lo que quisieran, empezando por las tesorerías de los municipios y los departamentos, los presupuestos de la salud... y terminaran por apoderarse de la política, dominaron el ambiente social, el ámbito de los negocios, todo. Para rematar, los disfrazaron de payasos políticos y les postraron la justicia a sus pies.

Por qué razón resuelven cogerlos ahora, me pregunto. Ver amarrados a estos asesinos me alegra, aunque sea tarde. Pero por qué ahora, la curiosidad me intriga. Decenas de miles de millones de dólares se han gastado del presupuesto nacional para sostener la fuerza pública a lo largo de estos años, y sólo ahora cogen a uno que otro. Cuando los Estados Unidos pagan cinco millones de dólares de recompensa por cada genocida de estos, Colombia en su pobreza ha gastado centenares de veces más y ha puesto los muertos.

Tengo esta respuesta. Se viene otra reelección, por lo menos otro intento. Alvaro Uribe es capaz de meter a la cárcel a sus amigotes, o dejar que los metan. Ponerles conejo. Y capaz de gastarse cien Ecopetroles echando bala y haciendo ruido, con tal de quedarse otros cuatro años en el gobierno. Iguales son Chávez y Castro. Pertenecen a la estirpe de los dictadores.

Espectaculares, desaforados, teatrales. La cárcel, la mordaza, el paredón, el billete, la propaganda, el miedo, la guerra. Lo que sea. Todo vale para ellos, con tal de no desalojar el palacio. Es el reto que plantean este tipo de personajes a la democracia, a los demócratas, a la inteligencia, a la razón.

A todas estas, siguen llegando cadáveres del monte. Los secuestrados y sus familias son víctimas de las FARC asesinas y del presidente desalmado. Al paso que vamos, en este país no quedará piedra sobre piedra. Los demócratas están en la escena de estos tiempos como elementos de decoración. Los hechos corren a cargo de los violentos. La acción es violencia. Lo demás es paisaje, trivialidad. Son tiempos de decadencia... de entierros en serie.

---
*Ex Constituyente.

No hay comentarios.: