martes, 25 de septiembre de 2007

La burocracia se viste de verde

Opinión de Olga Helena Fernández*

Me enteré de que cuando los caballos y los perros de la Policía Nacional se jubilan –ya sea por años de servicio o por heridas adquiridas en el trabajo– la institución los manda a disfrutar de sus últimos años en una finca que hace las veces de ancianato. Como soy amante de los animales, sentí un gran alivio al saber que la policía de Colombia tenía sensibilidad y no mata ni “duerme” a estos animalitos cuando dejan de servirle.

Desde hace 10 años soy reportera de Univisión y pensé que este sería un buen reportaje, así que procedí.

Primer paso: Llamé a la oficina de prensa de la Policía para pedir la autorización correspondiente.

Contestó la intendente Gloria, quien después de dejarme saber lo “muy ocupado” que estaba el jefe de prensa y que por lo tanto no me podía atender, me dijo que debía llamar directamente a Facultativá, a la Escuela de Guías Caninos.

Llamé más de 10 veces y reiteradamente me dijeron que el mayor Díaz era el único que me podía dar ese permiso, pero que, desafortunadamente, no se encontraba. Obviamente, nunca devolvía mis llamadas. Después de cientos de súplicas me dieron su celular.

Cuando pude hablar con el mayor Díaz su respuesta fue: “Tiene que pedir la autorización directamente con el General Naranjo”.

Sí, así como “lo oyen”: el mismísimo Director General de la Policía  Nacional, el que tiene que combatir los carteles más grandes de  droga en el planeta, el que tiene que acabar con el tráfico de estupefacientes, el lavado de dinero y combatir el secuestro en el país que más secuestrados tiene en el mundo, él mismo y solo él puede dar la autorización para grabar un mísero reportaje de TV sobre unos caballos viejos.

Ninguno de sus aproximadamente 250 mil subalternos puede relevarlo en esa función.
Obediente, llamé al despacho del general Naranjo y solicité el permiso. Respuesta: “La solicitud debe ser por escrito, no la puede enviar por fax ni e-mail y tiene que venir personalmente”.
Fui al CAN  y radiqué la carta.
Luego vinieron varios días esperando la respuesta. Era obvio que no me contestaba pues mientras yo insistía con el permiso, 11 diputados del Valle del Cauca eran asesinados en la selva después de 5 años de un infame secuestro por parte de las FARC. Obvio que esos temas son los que tiene que atender el director de la Policía Nacional, no mi estúpido permiso. Pero, bueno, son ellos los que se inventaron las reglas, no yo… Por eso seguía insistiendo.

Finalmente el General Naranjo aprobó.

¡Yupi! Cualquiera pensaría que ya podía proceder a hacer mi reportaje. Falso.

Aún faltaba la firma de “mi Coronel” Jorge Hernando Nieto Rojas, secretario privado de Naranjo y él, obviamente, estaba muy ocupado, por eso esa firmita también tomó su tiempo.

Pero como mi paciencia se estaba acabando y mi tono era cada vez menos amable por teléfono, las secretarias empezaban a apurarse por temor a un nuevo sermón.

Finalmente, un día me llegó el anhelado fax con el permiso, las firmas, los números de memorando, mejor dicho , todo lo que la burocracia exige (qué dicha) ahora sí podía grabar, pensé yo.
Pero no. La carta decía que debía ponerme en contacto con el Coronel Janio León Riaño, Director Nacional de Escuelas.

Obviamente, me atendió su secretaria quien me informó que Janio no estaba en la ciudad, no regresaría hasta dentro de 4 días y que nadie más podía atenderme, pues “a mi coronel le gusta atender todos los asuntos él mismo”.

Empiezo a notar que nadie le ha explicado a esta fuerza pública que saber delegar es una virtud y que si un comandante no confía en sus subalternos, entonces debe cambiarlos, pero no puede pretender hacerlo todo, pues por estar pendiente de detalles no tiene tiempo para resolver lo importante. Tal vez eso explicaría porqué Colombia sigue siendo el país con mayor número de secuestros en el mundo, no baja el número de atracos, ni robos a apartamentos y, en fin, todo lo que ustedes y yo ya sabemos.

Pero, bueno, estaba esperando que pasaran los días para que Janio, regresara a Bogotá y recibí otra llamada de la Policía, esta vez era Gloria, de la oficina de Prensa. ¿Se acuerdan de Gloria, la primera persona con la que hablé sobre el tema, la que me dijo que me tocaba hacerlo directamente con la gente de Facultativá? Pues en esta ocasión me decía que tenía que presentarme personalmente al otro día en el CAN para que le explicara al jefe de prensa, intendente Alberto Cantillo (el que nunca me atendió, ni me devolvió una llamada), las razones por las que estaba tramitando un permiso sin haberle avisado previamente a él.

Después de aclararle situación, Cantillo me prometió que se haría cargo de ahora en adelante para que  “ahora sí” todo se hiciera rápido y acordamos una fecha para la grabación. Ese día, según su promesa, todo estaría listo. Me advirtió, eso sí, que yo estaba equivocada y que los carabineros no quedaban en Facultativá sino en Ciudad Bolívar.

Llegue a las 7 y 30 en punto al CAN tal y como Cantillo me dijo que debía hacerlo.

Obviamente, él no había llegado, sus subalternos no tenían ni idea de mi visita y nada estaba preparado. Cuando finalmente apareció Cantillo, hizo delante de mí la primera llamada para coordinar la grabación: “Usted tiene razón, sí es en Facultativá” ¿En serio? ¿No me diga? Tal vez el único que no sabe que los carabineros están en Faca es él.

¡Ya! No sigo más; de pronto se me acaba la tinta que pensaba usar durante todo el mes, pero creo que a estas alturas ya no hace falta volverse a preguntar porqué la Policía de Colombia no gana una, porqué la delincuencia se muere de la risa.

Si este es el papeleo para grabar unos caballitos ancianos, en el que intervienen burócratas de toda clase y se derrocha dinero en trámites, llamadas, sueldos, etc., cómo será para capturar a un capo.

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*Corresponsal en Colombia de ‘Univisión’.

2 comentarios:

Rebeca dijo...

¡Excelente!

Anónimo dijo...

Muy bueno, sólo una observación es Facatativa.