martes, 25 de septiembre de 2007

El tinglado de la farsa

Opinión de Ricardo Sánchez Ángel*

El orden institucional de Colombia se presenta y percibe por propios y extraños como el de una república, con sus controles, poderes establecidos y elecciones. A lo que se agrega que ésta república es además democrática por el sinnúmero de derechos y libertades, de garantías y de ejercicio de la transparencia.

Una de las actividades más reiterativas de los gobernantes es el de proclamar y defender a los cuatro vientos, con bombos y platillos, la existencia, bondades y virtudes de la república democrática realmente existente. Nada perturba más al señor presidente que la duda, el interrogante, el escepticismo, la distancia; ante tales afirmaciones por parte de los incrédulos, la perturbación se vuelve ira, insulto y señalamiento de exclusión a quienes tienen el atrevimiento de colocar las cosas en la balanza del análisis, donde resulta que la república en Colombia no es tal, y la democracia está amputada en su efectividad.

En el diagnóstico que hiciera Simón Bolívar en su Manifiesto de Cartagena (1812), de la república que en Venezuela había surgido de los primeros movimientos de independencia, calificó de República Aérea a la institucionalidad existente, y a ello atribuyó su fracaso, su impotencia y la causa de sus desventuras. Se trata del espejismo de las formas jurídicas, de los fetiches que hechizan, de la retórica que deslumbra, de la apariencia que maquilla la realidad, de la república y la democracia engañosa, simuladora y que opera como el teatro de la farsa, en que los intereses nacionales públicos y los propósitos democráticos son burlados. Farsa que deviene en tragedia cuando de los millones de compatriotas desplazados, en el exilio, mutilados, viudas, perseguidos, heridos, muertos y secuestrados se trata. De la Colombia atormentada a la que se le niega su condición de víctima, mientras se rodea de garantías a los victimarios para que prevalezca su poder y su impunidad.

Uno de los argumentos favoritos de los cubileteros de la libertad condicionada y de la democracia de papel, trátese de una alocución presidencial, de un editorial de El Tiempo o de emisiones de RCN y Caracol, es la existencia de elecciones periódicas que permiten la circulación de los gobernantes y representantes en las corporaciones públicas. De la competencia de los partidos políticos como expresión de las corrientes de opinión pública.

Una mirada crítica al proceso electoral en curso, libre de los maquillajes mediáticos, permite establecer estas crudas realidades: 1) Una amplia y amenazadora presencia del narcotráfico, el paramilitarismo y los parapolíticos, del crimen organizado en las elecciones de concejales, diputados, alcaldes y gobernadores; 2) Al igual que, aunque en menor medida, de la presencia intimidatoria de la subversión guerrillera; 3) La oficialización de candidaturas y movimientos adictos al señor presidente y una acción desbordada de recursos e influencia abierta o indirecta del gobierno central en la vida política de los municipios y regiones. Lo cual genera una desigualdad de condiciones para la competencia electoral en grado superlativo; 4) La instalación de la vídeo política y la manipulación mediática a favor de los candidatos y partidos adictos al gobierno y al establecimiento; 5) Una orquestada campaña de desprestigio contra el Polo Democrático, encabezada por el señor presidente, sin reales condiciones de réplica oportuna; 6) La abierta participación de los grandes conglomerados económicos, con cuantiosos recursos de financiación para sus políticos fletados.

El Procurador General de la Nación, Edgardo Maya Villazón ha denunciado, alertado y comentado el carácter fraudulento de las elecciones en Colombia, antes, durante y después de la realización de los comicios. Tales aseveraciones del alto funcionario no han merecido ningún comentario de las autoridades, ni suscitado la alarma nacional e internacional. Vamos derecho a un monstruoso fraude electoral, con todos los rituales y protocolos que la democracia a la colombiana consiente y propicia. Para que en la alocución del 28 de octubre próximo, el señor presidente anuncie el triunfo de la democracia en las elecciones.
Todo esto configura una situación en que hay derecho al voto, pero no hay elecciones libres.

Esta anomalía histórica debe ser cuestionada y superada mediante el ejercicio de la oposición crítica, proponiendo la alternativa de un nuevo orden jurídico y político que haga realidad la Nueva República desde las regiones y municipios hasta las capitales y el centro, pluralista y en paz, capaz de resolver sus problemas de abandono, exclusión, dependencia y pobreza.

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*Profesor de la Universidad Nacional y de la Universidad Externado.

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