martes, 25 de septiembre de 2007

El Partido de la U y su conflicto interno

Opinión de Vladdo, Director de Un Pasquín

Aunque se ha hablado demasiado sobre la profunda crisis que atraviesa el Partido de la U –si es que a eso se le puede llamar partido– se ha dicho muy poco acerca de los antecedentes y responsables de ese conflicto interno.

El primer responsable de ese caos no es otro que Álvaro Uribe, ya que ese partido –fundado para promover su primera reelección– nació sin ninguna doctrina, ni fundamento político, precisamente porque al Presidente, como buen caudillo que es, no le ha interesado construir un proyecto político; nadie conoce su ideario, aparte de su aversión a las Farc, en lo cual se identifica con muchos colombianos, pero que está lejos de ser una plataforma ideológica.

El Presidente tampoco se ha preocupado por preparar cuadros ni establecer entre personas de su confianza una línea sucesora, para que alguien eventualmente pudiera darle continuidad a su proyecto de gobierno, si es que tal proyecto ha existido, cosa que dudo.

Aunque tratan de mostrar a La U como una nueva alternativa política, lo cierto del caso es que alrededor de esa montonera –y por consiguiente del propio Uribe– se han congregado desde un comienzo una serie de ‘ilustres’ patricios de la vieja política, como José Name Terán o Aurelio Iragorri, por mencionar sólo un par, los cuales no son propiamente los mejores ejemplos de renovación ni de buenas costumbres políticas.

A ellos se sumaron otros personajes de variados pelambres, con su propia agenda, y cuyo único denominador común era aprovechar el lustre presidencial para salir elegidos y una vez electos poder cobrar su botín y devolverle favores al Presidente desde sus curules parlamentarias. Negocio redondo: uno para todos y todos para uno.

Después de la victoria presidencial, y como era de esperarse, afloraron los celos y las ambiciones individuales y se desataron las pugnas internas que, sumadas al tsunami causado por la para-política, han desembocado en el inocultable caos que aflige a esa agrupación política que por fuera de la Casa de Nariño no cuenta con un líder fuerte, al que todos acaten y respeten, como ocurre, por ejemplo, en el caso de Cambio Radical, donde por lo menos hay un jefe visible, cuya autoridad no se cuestiona, cosa que no puede decir el rey de burlas de La U, el senador Carlos García.

Como buen zorro político que es, Uribe, más que a sus enemigos –que se saben dividir solos–, ha tenido la habilidad de mantener divididos a sus aliados. A él no le importa que la senadora Gina Parody se deteste con José Obdulio; lo tiene sin cuidado que J.J. Rendón –el perverso asesor del partido de La U, importado por JM Santos– le ponga zancadilla a Nicolás Uribe y le vale huevo que Armando Benedetti se insulte con Carlos García.

Nada de eso le parece grave. Lo que de verdad le importa al Presidente Uribe es que en medio de ese zafarrancho que se vive en el Partido de la U, sus adeptos le guarden fidelidad a él y cumplan ciegamente sus preceptos, el primero de los cuales consiste en sacar adelante sus proyecticos. Por el momento también se vale fastidiar a sus copartidarios y aliarse hasta con el diablo para las elecciones de octubre.

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