martes, 25 de septiembre de 2007

El caballo de Troya

Opinión de Enrique Parejo González*

Definitivamente, el presidente Uribe confunde el manejo de los asuntos de Estado, con los del Ubérrimo o de cualquiera de las otras fincas de su propiedad. Todo lo hace como si no tuviera que rendirle cuentas a nadie. Piensa que su voluntad es omnímoda y que no tiene límites ni siquiera con respecto a los otros órganos del poder. Ha logrado que el Legislativo sea un apéndice del Ejecutivo, el cual legisla por encargo del primer mandatario. Los órganos superiores de la justicia mantienen una precaria independencia, con excepción de la Corte Suprema.

Se pueden dar varios ejemplos de la manera como el Presidente maneja los asuntos de Estado. Cuando el Fiscal Luis Camilo Osorio terminó su período, durante el cual se comportó como un obsecuente servidor del Primer Mandatario, hasta el punto de que casi se le podía considerar como uno de sus subordinados, el Presidente se las ingenió para hacer que en su reemplazo fuera elegido uno de los funcionarios del Gobierno, de su confianza, que desempeñaba el cargo de viceministro de Justicia.

Éste había colaborado en la redacción de la Ley de Justicia y Paz, establecida, con el concurso de los paramilitares, para la conducción del proceso de diálogo y negociaciones con éstos. Además, el ex viceministro, aún después de ser elegido Fiscal, asistía a las reuniones convocadas por el Jefe del Estado, como si fuera un ministro más. Con su designación, el Presidente logró que en la Fiscalía quedara un amigo suyo, dispuesto a conducir las investigaciones sobre la conducta de sus colaboradores o sobre la suya propia, con la mayor benevolencia posible.

Entre esas investigaciones, como ya hemos dicho repetidas veces, se hallaba en primer lugar la que, después de numerosos tropiezos, se abrió contra el Director del Das, tropiezos derivados de la amistad entre éste y el Presidente, de quien era subalterno inmediato. Imposible olvidar el apasionamiento que el mandatario puso en el intento de sustraerlo a la acción de la justicia.

Pero el colmo de la osadía del presidente Uribe ha sido hacer elegir por el Senado de la República, como Magistrado de la Corte Constitucional, a quien él había designado en el cargo de Jefe de la Oficina Jurídica de la Presidencia de la República. Las razones que hacían inconveniente dicha elección son de mucho peso. Entre ellas, la de que es muy difícil encontrar uno solo de los asuntos de competencia del máximo órgano de control constitucional, que no haya pasado por la Presidencia o por la Oficina Jurídica. Para el nuevo magistrado será casi imposible, a menos que prevarique, no declararse impedido ante la mayoría de tales asuntos.

Entonces, cabe preguntarse: ¿cómo va a ejercer sus funciones en la Corte Constitucional el ex jefe de la Oficina Jurídica de la Presidencia? ¿Será capaz de pronunciarse sobre los temas que normalmente debieron llegarle como asesor del Presidente y sobre los cuales deba pronunciarse, ahora, como miembro de esa altísima Corporación? ¿Qué otra cosa se puede pensar de todo esto sino que el gobernante autócrata que rige los destinos nacionales está armando, pieza por pieza, el caballo de Troya con el cual se propone consumar el asalto definitivo contra la Corte Constitucional, para inclinar sus decisiones en favor de sus propias truculencias?

Este otro atropello del Presidente contra las instituciones nacionales, contra la ética y contra la dignidad de su propio cargo y la dignidad de la Nación, parece no preocupar a la opinión nacional, no obstante su gravedad. Ningún mandatario había actuado con tanta desfachatez y tanto menosprecio por el Derecho y la Moral, como el presidente Uribe, en aras de la satisfacción de sus más egoístas apetitos de poder. Con jugadas tramposas como esa ha ido perfeccionando el andamiaje que le permita mantenerse en él, sin que nadie pueda detenerlo.

¡Esta nueva jugada revela su perfil de autócrata! ¡Los colombianos, si aún conservan la dignidad, no podemos permanecer indiferentes ante el daño que esas manipulaciones le causan al Estado de Derecho! ¡Nos resistimos a creer que nuestros compatriotas hayan perdido la dignidad hasta el punto de que ya su conciencia no se subleva ante los golpes de mano que, en puntos tan sensibles, reciben del Mandatario!

A todo lo anterior se suma la declaración reciente en la que el Presidente señala como su posible sucesor al actual ministro de Agricultura. ¡Como si estuviéramos en una monarquía hereditaria! En el colmo del cinismo, prometió inyectarle mayores recursos al programa Familias en Acción para inclinar la balanza de 2010 a su favor. ¿Puede darse una muestra más elocuente de autoritarismo y corrupción, por parte del Jefe del Estado, que ésta?

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*Ex ministro de Justicia.

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