martes, 25 de septiembre de 2007

El ascensor dañado y los opinadores despistados

Opinión de Juan Carlos Flórez*

En Bogotá está ocurriendo un hecho rarísimo. Unos pocos medios de comunicación han convertido la discusión sobre el Transmilenio por la carrera séptima en el eje central de la actual campaña por la Alcaldía. El origen de ese debate está en los problemas urbanísticos que generaría dicha troncal y en las dificultades que tendrían los propietarios de carro para movilizarse. El tema es de considerable importancia, pero no es el asunto principal en la vida de la gran mayoría de los bogotanos.

Se ha restringido entonces el debate por la Alcaldía a la agenda de los medios más influyentes. De esa manera, se corre el peligro de descuidar otros problemas centrales de la ciudad, que terminan invisibilizados y cuyo desconocimiento puede traer consigo problemas sociales hacia el futuro próximo.

Las dos velocidades de Bogotá. La ciudad se mueve a dos velocidades. Una Bogotá lo hace literalmente a ritmo de fibra óptica. Allí las oportunidades han crecido muchísimo en los últimos años. Hay más prosperidad en los hogares, más chances de acceder a la mejor educación, más oportunidades de negocios. En fin, mejores condiciones de vida en todos los campos: vivienda, viajes, consumo, recreación.
De otro lado, y con una exigua clase media en el centro, se encuentra otra Bogotá, con una velocidad muy lenta de acceso a las oportunidades. Allí, en los últimos años, no han crecido los ingresos al veloz ritmo de la Bogotá mas afortunada. Los trabajos son temporales o informales. Los ingresos son exiguos. Las posibilidades de acceder a vivienda son escasas, los jóvenes no pueden ir a la universidad y junto a las mujeres, son las principales victimas del desempleo. Los bajísimos ingresos impiden que la mayoría pueda tener opciones distintas a las de la salud y la educación públicas, con su cuestionada calidad.

El ascensor dañado. Cuando se examina esta realidad, queda claro que el desafío de la ciudad no se reduce al Transmilenio por la séptima o a prometer un metro. La demanda de fondo de la gran mayoría de los bogotanos está centrada en el sueño de conseguir trabajo y en la mejora de los ingresos. El anhelo principal de quienes viven en nuestra ciudad es poder realizar sus talentos y convertirlos en algún tipo de creatividad que genere riqueza para ellos y sus familias. Sin embargo, el ascensor social está dañado. Hace tiempos se quedo bloqueado en el piso de arriba. Quien nace pobre muere pobre. El grueso de los sectores medios lo es más de corazón que de bolsillo. Y hace rato que no volvimos a ampliar la clase media, generando masivamente acceso a ciclos completos de educación y de oportunidades de trabajo y emprendimiento.

Los despistados. Los opinadores están, pues, despistados. Han comprimido Bogotá en unas pocas calles y en un círculo de relaciones sociales cercanas al poder. San Cristóbal, Usme, Kennedy, Los Mártires, Ciudad Bolívar, Fontibón, Engativá, buena parte de Suba o Usaquén, con sus esperanzas, anhelos y problemas, no existen en las agendas mediáticas.

Y es por eso que es tan extraña esta campaña a la Alcaldía. Un temario tan reduccionista y unos candidatos inflados a punta de encuestas no logran entusiasmar a la ciudad. Sus programas están a años luz de las expectativas reales del grueso de los bogotanos. ¿Si un millón 400 mil personas se ven obligadas a caminar diariamente cerca de 3 ½ kilómetros porque no tienen con qué pagar el Transmilenio, ¿serán el tren o un metro la demanda principal?

Ni Sao Paulo ni Caracas. Es necesario acercar las dos velocidades de la ciudad. Y el camino ya está ensayado en otros lugares del mundo próspero y democrático. La principal riqueza de nuestra ciudad es el talento de quienes la habitamos. Hay que entregarle a la mayoría, hoy excluida del acceso masivo a oportunidades, todas las herramientas educativas, de capacitación, de crédito, de acceso a la tecnología, de apoyo al emprendimiento. Tenemos que apostarle a mover a Bogotá hacia una nueva frontera, que permita convertir el talento de los bogotanos en creatividad y riqueza para cada uno de ellos y sus familias. De esa manera, cada vez más bogotanos podrían convertirse en miembros de la clase media. Ese es el auténtico desafío de la ciudad. De lo contrario, con unos opinadores despistados, recorreríamos el camino de la prosperidad rodeada de murallas de miedo como en Sao Paulo o la vía del populismo devorador de riqueza como en Caracas.

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*Candidato a la Alcaldía de Bogotá.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ya existen modernos, novedosos e inteligentes sistemas de transporte público masivo limpio, para solucionar los problemas de congestión y contaminación en las grandes ciudades, y son más económicos y eficientes que los sistemas convencionales.
Las medidas restrictivas como el "pico y placa" son incapacidad administrativa.
A nivel del piso no es posible solucionar los problemas de la congestión vehícular.
Consultar: http://www.sistracsa.com/presentacion.doc
E- mail: martinjaramilloperez@gmail.com
tranxrail@gmail.com