lunes, 20 de agosto de 2007

Un comienzo problemático

Por Enrique Ibáñez* | Especial para Un Pasquín

Álvaro Uribe parece tener, desde hace tiempo, las cosas muy claras y, consecuentemente, actúa de acuerdo a sus convicciones. No es poco, pues al menos no se le podría tachar de moverse de acuerdo a cómo sopla el viento político. O quizás sí, si ese viento, que es el de las encuestas de opinión pública que hasta ahora han soplado en una misma dirección, es decir, a su favor, cambia en algún momento. Sin embargo, la debilidad de esta ‘fortaleza’ puede que estribe en su propia convicción. Cuando un dirigiente político se sabe favorecido por una gran mayoría del pueblo y cuando la oposición aparece dispersa puede sentirse tocado por un don mesiánico, digo que puede, no que lo padezca, y eso, a corto o medio plazo suele resultar fatal.

Cuando Uribe fue elegido en 2002, algo que pocos meses antes solo los profetas de los hechos consumados adivinaban, se encontró con un país que no creía en sí mismo, estaba abocado a continuar con los mismos políticos desprestigiados de siempre y una situación en el terreno del conflicto, de la guerra, o como se le quiera llamar, realmente complicadísimo. Cuatro años después, determinadas cosas habían ya cambiado su rumbo; las guerrillas, en particular las Farc, pese a seguir en pie y con sus estructuras enteras, se veían replegadas; se había iniciado el desmonte ‘formal’ del paramilitarismo; con la otra guerrilla, el ELN, capaz aún de actuar, pero débil, se negociaba, y la macroeconomía le resultaba favorable.

Este último año, el primero de su reelección, sin embargo, le está resultando más difícil al mandatario que no descansa. La ‘parapolítica’ en el terreno de la política interna, el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos en lo económico, y la posibilidad de logar un acuerdo humanitario en el terreno de lo social, son algunos de los aspectos más controvertidos a los que se enfrenta, y todo eso quizás haya podido provocar en él el síndorme del incomprendido, algo peligroso para cualquier persona, pero más todavía, para un político que lleva las riendas de un país con serios problemas.

Uribe, con toda seguridad, es consciente de esos problemas que le han llevado a enzarzarse no solo con sus opositores, sino con algunos de sus propios aliados, con parte de la masa social que le respalda, con otras instituciones del Estado, con alguno de los vecinos de Colombia e incluso con Estados Unidos, del que, sin duda, es su mejor aliado en América y del que, lógicamente, podría esperar algo más. El primer año de su segundo mandato ha sido cuando menos muy problemático.

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* Delegado de la Agencia Efe en Bogotá.

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