lunes, 20 de agosto de 2007

TRES EN UNO

Opinión de Antonio Jiménez Castañeda
Especial para Un Pasquín

EL
La pregunta que los colombianos nos hacemos desde hace cinco años [¿cuál es el acuerdo secreto que el Presidente Uribe hizo con los grandes narcotraficantes y genocidas de Colombia?] fue respondida por él mismo en estos días: indultarles todos sus crímenes, por nauseabundos que sean. Para conseguirlo patea la dignidad de la Corte Suprema de Justicia y se convierte en inusitado defensor de la guerrilla: “A los asesinos de las Farc” —dice Uribe— “en algún momento va a ser necesario y merecido indultarlos y por eso es obligatorio hacerlo ya con los traficantes de cocaína y homicidas de las AUC”

PARAURIBISMO
No es extraño ver a Uribe defender causas de maleantes como Don Berna, Macaco, Monoleche, Jabón, Rasguño y tantos otros remoquetes tan familiares a la oscura era Uribe, pero sí es estrambótico, además de inmoral, que se atreva a sugerir que la Corte también está comprometida con los pactos tenebrosos que hizo él, de noche y a espaldas del país, con la vertiente del hampa a la que él tanto teme sin explicar específicamente por qué.

DEMOCRÁTICO
Uribe va al extremo de decir, con ese dedo índice indecente con el que apunta a todas partes cuando sabe que está haciendo gárgaras con la razón y la moral, que el indulto de sus protegidos se impone como una razón de estado. Insiste en que él acabó a los paramilitares cuando lo que hizo en verdad fue legalizarlos y habla de la necesidad de meterlos en la política como si no llevaran años en ella, incluso del lado y de la mano del propio Uribe. Como dice Claudia López, más bien tendría que sacarlos de allí, para bien del país.

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