lunes, 20 de agosto de 2007

Tiempos de brutalidad

Opinión de Iván Marulanda* | Especial para Un Pasquín

La democracia se supone que reconoce a la gente el derecho a pensar con libertad, a tener información confiable sobre las opciones de que dispone y sobre lo que acontece, para que pueda formarse la propia idea de la sociedad en la que vive y esté en condiciones de construir aquella en la que quisiera vivir, en posibilidad de tomar decisiones según su voluntad y de opinar sin límites acerca de lo que le concierne o le provoque.

No es lo que se ha conocido en el pasado ni lo que existe en Colombia. Aquí se le tiene miedo a la libertad porque resulta riesgosa. El miedo impide ejercerla. También falta información, pero sobre todo, se tema a las represalias que van desde el señalamiento y el regaño, hasta la retaliación. En Colombia, país de violencias, no se puede tener criterio propio sobre las cosas, es peligroso, y si se tiene, no se puede decir, a no ser que coincida con la verdad oficial. La independencia de carácter cae mal. La acallan los insultos, las condenas, la persecución. La verdad que desciende desde el poder es invasiva, filosa, intimidante, intolerante, violenta. Desde arriba no se ofrecen opciones ni razones, sino dogmas, arbitrariedades reforzadas con dicterios.

En estos días insultaron desde las alturas del gobierno a la Corte Suprema de Justicia porque la conciencia y la sabiduría con las que fallaron los magistrados, son distintas a las del presidente de la república. Se atravesaron a sus intereses, le cambiaron su viaje. Cuestionar a la Corte por lo que hace con su fuero, en pleno derecho y en cumplimiento de sus deberes, el agravio de endilgarle inclinaciones perversas, motivaciones torcidas, es algo peor que una simple equivocación. Es ignorancia de la democracia, desadaptación. A las sociedades democráticas no las puede dirigir alguien que no tiene comportamientos democráticos, convicciones, inteligencia democrática. La razón es sencilla, ese alguien no es demócrata, no está sincronizado ni sintonizado con la naturaleza del estado de derecho, con el temperamento, con la idiosincracia de la nación que maneja, fundada en la libertad y en la pluralidad. En el equilibrio de poderes.
Si a la Corte Suprema de Justicia por la expresión cabal de su conciencia dentro del pleno ámbito de sus atribuciones constitucionales la agrede el presidente, qué se puede esperar que les ocurra el resto de las instituciones, cual será el tratamiento que reciben las simples personas. Cuál el estado de ánimo de los individuos de cualquier rango, de la gente de la calle.

Quien desee saber en qué consiste la tiranía, que se asome a la realidad colombiana con esa visión de los acontecimientos. Que escudriñe en el significado de los hechos que menciono desde la perspectiva de la vigencia de la libertad, del respeto de los derechos y del derecho.

Tengo mi percepción de lo que pasaría en Colombia bajo la presidencia de Uribe desde antes de su elección. Le conozco. En la inteligencia de este hombre no caben escenarios, opciones, diversidades, información para crear, para componer, para comprender, para cruzar, para imaginar, para consensuar. Una sola materia prima, una sola idea, una sola visión, una sola verdad.

A partir de los linderos de esa verdad simple y escueta, carente de complejidad, de variedad, de matices, ni siquiera hay discusión, hay violencia. Desde allí sólo se disparan consignas, verdades elementales, incipientes, rudimentarias, hechas de materiales primarios y primitivos, de perogrulladas. Salen dictámenes, órdenes que resultarían indefensas e indefensables si se pusieran en estadios de análisis y controversia en donde confluyera el conocimiento, la curiosidad, la creatividad, la pregunta, la hipótesis. En fin, en predios de la inteligencia, con su universo de variables y posibilidades.

A alguien le escuchaba decir en estos días que le fascinaban los cojones del presidente. Ese hombre basto que llamaba a la emisora para despacharse con esas expresiones con las que decía todo lo que le cabía en la cabeza, tenía razón. Eso es lo que hay en la cumbre del gobierno, un par de cojones. Y pare de contar. Es la noción social de la manada. Un semental intimidante, capaz hasta de matar a quien intente ocupar su reino, y el resto de individuos que van detrás.

Ya no me importa saber cuánto tiempo se demorarán los ciudadanos de mi país para descubrir el estado primitivo en el que se metieron y en el que de paso nos metieron a todos, incluidos los disidentes. La trampa en la que cayeron y a la que nos arrastraron. Para darse cuenta de que nada bueno se puede esperar al fin y a la larga de este tramo oscuro y estéril de la historia. Me produce cierta compasión observar en perspectiva lo que han sido estos años de gobierno y lo que terminarán siendo cuando se sumen los que faltan. Algo que pudiéramos llamar, un largo período de brutalidad.

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*Ex Constituyente.

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