lunes, 20 de agosto de 2007

Los ministerios bifrontes

Opinión de Juan Camilo Restrepo* | Especial para Un Pasquín

Cuando el ejercicio del poder –como vine sucediendo en Colombia– se ejerce con tan excesiva dosis de personalización suceden necesariamente dos cosas: la primera, una gran desinstitucionalización en los procesos de toma de decisiones. Buena parte de las medidas no se adoptan en el seno de las entidades gubernamentales creadas para el efecto sino que se deciden y anuncian a golpes de mera intuición presidencial. Y segunda, esta precipitud unipersonal por acumular todas las decisiones acarrea la necesidad de estar rectificándolas a menudo.

Rectificar, por supuesto, es propio de un sano afán por acertar sin obcecarse en los propios caprichos lo cual no es malo. Afortunadamente el presidente Uribe se ha ido convirtiendo en un experto rectificador. Lo hace frecuentemente y con cierto desenfado. Y, además, como ha descubierto que los bandazos a que conduce necesariamente su peculiar estilo de gobierno no le generan mayores desgastes políticos cada vez rectifica con mayor facilidad. Salvo, claro está, que se trate del tema tabú del acuerdo humanitario.

Los bandazos rectificadores que ha dado su administración son innumerables. Sería imposible recapitularlos todos en esta breve columna. Solo quiero recordar algunos como ejemplos ilustrativos para sugerir uno que a mi entender está faltando.
Recién inaugurada la primera administración Uribe –más por razones de fachada que de fondo– se anunció la supresión de algunas embajadas en Asia. Rápidamente el gobierno se dio cuenta de la metida de pata monumental que aquella improvisada decisión implicó. Nos estábamos quedando por fuera del concierto diplomático más importante del mundo que es Asia y, con cierta humildad y no poco mimetismo, anuncia ahora la reapertura de la embajada en Australia cuyo cierre se había anunciado con bombos y platillos.

Hace poco se anunció otro reversazo de mayor calibre: el cambio de énfasis en la lucha contra los cultivos ilícitos que de la aspersión aérea de fungicidas pasará a la erradicación manual. El cambio no es menor, y hasta malestar en ciertos cuarteles de Washington parece haber suscitado.

En materia política los bandazos son interminables. Para no citar sino uno: la postura gubernamental frente a la reelección de gobernadores y alcaldes. He inventariado cerca de diez cambios de actitud frente a este tema. Desde el inicial rechazo, pasando por el ferviente apoyo recién aprobada la reelección presidencial, para terminar en el olvido y en la sordina una vez que se aseguró la reelección presidencial. Cuando ya no tenía sentido reprocharle al presidente la incoherencia al buscar la propia reelección y no facilitar la ajena.

Ahora, cuando el presidente ha resuelto irse con gran brío en contra la de Corte Suprema por su reciente fallo sobre el alcance de la figura de la sedición no dejan de brillar también los bandazos. El senador Luis Fernado Velasco los recordó muy bien hace poco cuando dijo que el Gobierno “tendrá que explicar a una confundida comunidad internacional por qué hace cuatro años pidió eliminar la figura jurídica del estatus político y negó la existencia de un conflicto interno, y ahora pide defender el delito de rebelión, que es propio de un conflicto interno. El gobierno está preso de sus propias incoherencias” (El Tiempo, 29 de julio).

¿Cuál es la rectificación que falta y que, además, sería muy saludable? Que el gobierno eche marcha atrás en su disparatada decisión de haber fusionado el ministerio de Justicia con el del Interior, el de Vivienda con el del Medio Ambiente y el del Trabajo con el de la Seguridad Social.

Con estas fusiones el país no se ahorró gran cosa (apenas el sueldo de un ministro y de algún viceministro) pues las burocracias de los antiguos ministerios se aglomeraron en los nuevos. En cambio sí incurrió en el gigantesco costo de quedarse sin políticas judiciales, ambientales o de salud pública juiciosas como lo echan de menos los mejores especialistas en estos temas. Estos expertos advierten con alarma cómo –por mejor intención que tengan los ministros bifrontes que quedaron a cargo de los despachos de dos sombreros– no dan abasto para formular políticas coherentes sobre tan cruciales asuntos.

---
*Ex ministro de Hacienda y de Minas y Energía.

No hay comentarios.: