lunes, 20 de agosto de 2007

Las Farc, ¿aliadas de Uribe?

Opinión de Juan Manuel López Caballero* I Especial para Un Pasquín

Suena extraño pero la verdad es que el mejor apoyo que está recibiendo el actual mandatario viene de la subversión.

Dijo el expresidente López al referirse al tema de la posibilidad del intercambio humanitario con las Farc que lo que buscaba el Gobierno era una victoria y no una solución.

Infortunadamente tal descripción debería ampliarse al tema de todo el conflicto armado, y, en general, a todo lo relativo a las relaciones con esa organización guerrillera. Y en especial a los campos militar y político.

No hay duda de que en lo primero la derrota del movimiento subversivo en el corto o mediano plazo es un imposible. Sólo se lograría con la captura de todo el secretariado o acabando con cualquier motivación para que los colombianos que hoy siguen entrando a sus filas caigan en esa tentación, o sea, creando las condiciones socioeconómicas para que absolutamente todos los ciudadanos encuentren mejores opciones de solución de vida. Pero eso muy remoto se ve, y, aún si se lograra, es poco probable que entonces se pudiera proclamar el triunfo, puesto que en parte cierta independencia de los frentes o el relevo de los dirigentes respecto a la primera opción, o, en cuanto a lo segundo, la misma inercia o rutina y el atractivo que en sí mismo tiene ese actuar delictivo, muy seguramente mantendrían rezagos y modalidades de esa actividad durante muchos años.

En cambio la victoria política no solo es posible sino que la está logrando, y eso gracias a la colaboración de su enemigo.
Parece que ya no se pudiera mejorar más la imagen del Dr. Uribe con la ‘seguridad democrática’ (tanto sus efectos, como la posibilidad de usar sus éxitos como argumento proselitista parecen haber llegado a un tope), y el desgaste natural de todo gobernante, y los tropiezos y el balance que muestran sus otros programas bandera hacen que empiece a tener el sol a la espalda. Pero se produce ahora la paradoja de que mientras más barbaridades haga la guerrilla más deteriora su propia imagen y más se aleja cualquier posibilidad de aceptación por parte de la ciudadanía; y en consecuencia más se beneficia la política del Gobierno. Pero eso produce la segunda paradoja, consistente en que el mismo gobierno acaba estando interesado en que los insurrectos cometan esas barbaridades. Basta ver la forma en que ha sido explotada políticamente la falta de entrega de los cuerpos de los diputados…

Caímos en el mundo del absurdo, donde los atentados de la guerrilla en vez de debilitar al gobierno lo fortalecen, y, su consecuencia: que al gobierno le conviene que se sigan cometiendo, y mientras más bárbaros más le conviene.

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*Economista e investigador.

1 comentario:

Anónimo dijo...

ciertamente