lunes, 20 de agosto de 2007

El López que no conocí

Opinión de Vladdo | Director de Un Pasquín

Pese a su muerte, el mes pasado, las controversias que suscitaba el ex presidente Alfonso López Michelsen siguieron muy vivas, tanto entre sus seguidores como entre sus detractores y enemigos, que no eran pocos.

Particularmente, al oír tantos testimonios sobre la vida, obra y milagros del viejo López, y viendo cómo se peleaban unos y otras por sacar a relucir sus mejores recuerdos, sus anécdotas más simpáticas o sus más profundas enseñanzas de vida, yo me sentí muy aliviado por no tener que traer a la memoria momentos pasados de mi existencia, ni me tuve que poner a rebrujar gavetas ni álbumes de fotos viejas para documentar mi cercanía con el ilustre finado.

Para empezar, yo no quedé con ninguna cita pendiente con el ex mandatario liberal, ni había almorzado con él dos semanas ni dos días antes de su muerte. Mejor dicho: nunca almorcé ni comí con el doctor López; ni siquiera nos tomamos un tinto. Por lo tanto no sé qué platos le gustaban; ni supe si tenía alguna afición por la comida típica ni cuál era su postre favorito.

Debido a que nunca tuvimos una cita, nunca tomamos trago juntos, así que no sé cuál era su licor predilecto. Tampoco estuvimos de tertulia, ni nos sentamos a hablar del Acuerdo Humanitario, ni a analizar la actualidad internacional ni la economía. Nunca hablamos de nuestros hijos ni de la familia.

Sobre su música favorita no puedo decir nada; no sé si sabía más de compositores clásicos o vallenatos. Menos aún sé qué tal bailaba y aunque he oído decir que los López son peores bailarines que los Turbay, no me consta.

No leí ningún libro por recomendación suya, ni sé cuál se le quedó empezado en la mesita de noche, como tampoco sé si prefería a los pintores renacentistas o a los impresionistas; ni a cuál personaje histórico admiraba.

Jamás lo vi jugar golf, así que no sé cómo era su swing. Nunca me dirigí a él por su nombre, ni le decía ‘presidente’ ni ‘pre’. Es que nunca me dirigí a él.

En fin, hace un mes sólo fui un espectador más de la disputa por los odios o los afectos del viejo López. Y me la gocé.

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