jueves, 5 de julio de 2007

TRES EN UNO



Opinión de Antonio Jiménez Castañeda
Especial para Un Pasquín


NO
Las FARC, ese hervidero de narcotraficantes, secuestradores y asesinos, no van a devolver los cadáveres de los diputados ni a liberar a los secuestrados. Ambos, los vivos y los muertos que tienen en su poder, son su mercancía y principal herramienta de chantaje.


HABRÁ
Sin los secuestrados las FARC no son nada. Solamente porque tienen a Íngrid Betancourt, que es francesa, y a los tres militares gringos es que el mundo tiene en cuenta la existencia de esa organización de homicidas. Por la búsqueda de la libertad de los secuestrados y por la necesidad de sepultar a los asesinados que tienen en su poder es que el mundo les envía mensajes y les hace propuestas.


LIBERADOS
El Presidente Álvaro Uribe, esa otra desgracia que también le debemos a las FARC, contribuye a que los cinco mil secuestrados continúen amarrados a los árboles en las profundidades de las selvas, en aras de una dignidad que no tiene. Rechaza la mejor cooperación internacional que se ofrece para buscar las liberaciones pero él, como las mismas FARC que dice combatir, solamente quiere muerte y sangre. A Uribe tampoco le conviene que haya soluciones. Todos sus esfuerzos están dirigidos a proteger a los genocidas y narcotraficantes de Ralito y a sus amigos. Se necesitó que masacraran a los once diputados para que pudiéramos volver a decir que en este país hay cerca de cinco mil secuestrados por los que el gobierno ni nadie hace nada. No son 44, son miles de millares. Y aun así, Uribe y el Mono Jojoy pueden dormir tranquilos.

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