jueves, 5 de julio de 2007

¡NO MÁS!


Es hora de que los colombianos recuperen las riendas de su voluntad, hoy en manos de guerreros enloquecidos.

Opinión de Iván Marulanda Gómez*
Especial para Un Pasquín


Les diré cuál es mi interpretación de lo que acontece en el país: La angustia entrampó a los colombianos, los anuló. Desde hace años, en su gran mayoría, se volvieron gregarios, perdieron la voluntad, el criterio, entregaron la iniciativa, están postrados y aturdidos por el desconcierto. Los problemas que derivaron en el desmadre de la violencia, los doblegó y los llevó a la desesperación, se desorientaron.
Las gentes van al garete, sin ánima. Desfilan dejadas, con las mentes ausentes, como autómatas, detrás del jefe de la manada que las conduce por riscos y abismos espeluznantes que escoge a su arbitrio, sin controlarse y sin quién lo controle. El guía marca el paso de esta excursión de fantasmas a punta de gritos y aspavientos, para que no lo pierdan de vista. Va desaforado, es teatral, patético, trágico. Sus sentidos no discurren por los escenarios de la razón, sino de la pasión. Da tumbos embriagado y extraviado en sus iras, en sus instintos más primitivos, furioso.
En este teatro del absurdo, las Farc entran por sus presas como hienas, se sacian en ellas y luego se escurren por los meandros del monte que las devuelve a sus guaridas. Son hordas de bárbaros.
Y les diré qué creo se debe hacer.
¡No más! La situación a la que llegó Colombia con sus diputados secuestrados en el Valle del Cauca, abandonados durante más de cinco años por el gobierno y la sociedad, para rematar la infamia asesinados y sus restos tirados en el monte, es demencial, insoportable, intolerable. La población tiene qué sacudirse, despertar de la perplejidad, recuperar su autocontrol y zafarse de los delirios del presidente. De la locura a la que se ha llegado, no se sale de la mano de este hombre arrobado en el fanatismo de la guerra, en su odio y en su sed de venganza.
Acuerdo humanitario es la orden que obliga dar al pueblo, que es soberano.
Álvaro Uribe sacó del infierno al que se metieron por voluntad propia narcotraficantes y paramilitares, genocidas es su verdadera denominación, otras hienas. A cumplir esa misión llegó al gobierno de entrada. A sacarlos con guante de seda, impunes e indemnes, de su lodazal. Les entabló diálogos en zona de tolerancia y les hizo leyes y promesas que son motivo de vergüenza ante la humanidad. Es explicable, son sus aliados políticos.
Álvaro Uribe suelta de las cárceles a guerrilleros sin penas ni contraprestaciones. Vaya usted a saber qué lógica tiene esto dentro del laberinto que armó con tanta meticulosidad.
Álvaro Uribe deja que se pudran en el infierno de la selva miles de inocentes que soportan la agonía del secuestro y sus familiares que se consumen en la espera sin esperanza de sus seres queridos. Y como si fuera poco, mientras se jacta en la alharaca y el delirio de sus discursos, los asesinan. Esas víctimas sin culpas e indefensas no son para él sujetos de derecho ni merecen compasión. Para ellas no hay zona de tolerancia, ni diálogos, ni leyes, ni concesiones. Sólo sufrimiento y para rematar, el martirio. Tiro de gracia y tumbas en el rastrojo.
¡No más! La actitud de sumisión en la que vienen postrados millones de colombianos durante los últimos años, da vergüenza, debe superarse. Es hora de que recuperen las riendas de su voluntad y de su destino, hoy en manos de guerreros enloquecidos.
Acuerdo humanitario tiene que ser la orden, desde las calles hoy mismo, desde las urnas en octubre. Por la libertad de los inocentes. Por la justicia con sus familias. Por la dignidad de esta nación, demolida en la infamia y la desidia.
Las familias del Valle que sufren el suplicio al que las sometió este país de violentos y de gentes sin corazón, saben lo cerca que estoy de su dolor. Las familias de los secuestrados que aún sobreviven, saben lo cerca que estoy de su causa por la recuperación con vida y cuanto antes de los seres queridos en cautiverio.
Del lado de unas y otras no me he movido, no me moveré nunca. Hasta que esta pesadilla llegue a su final.

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*Ex Constituyente.

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