jueves, 5 de julio de 2007

Buscar salidas

Las Farc siguen haciendo de las suyas, en una evolución ‘polpotiana’ de esa organización, que acude al terror indiscriminado.

Opinión de Ricardo Sánchez Ángel*
Especial para Un Pasquín

En el laberinto de las guerras colombianas, la que está más perdida que el hijo de Lindberg, es la que desde finales del siglo pasado se adelanta contra el narcotráfico. La fumigación y erradicación del cultivo de coca no progresa significativamente y en datos de las agencias norteamericanas, el área de cultivos alcanza cifras de alta peligrosidad, más de 150.000 hectáreas sembradas. Según los datos de la ONU-Sinci, son 78.000 hectáreas, una cifra alta y que no muestra progresos.
Esto indica, sin eufemismos que la comercialización internacional está consolidada y en proceso de expansión en Europa, Rusia, Asia y América Latina; que las rutas se han diversificado, sofisticado y que nuevos grupos de narcotraficantes experimentados han ocupado la escena del negocio. Indica, igualmente, que la corrupción de las autoridades, la violencia y el armamento de grupos de sicarios aumenta.
La política del señor presidente ha sido la de profundizar la guerra contra el narcotráfico, haciendo énfasis en la siembra y en las áreas rurales. La cadena del negocio sufre golpes pero no se rompe y se endurece en sus eslabones. Sectores de la policía y de las fuerzas armadas están envueltos en la participación de esta empresa criminal, afectando en materia grave las instituciones. La masacre en Jamundí del cuerpo élite de la policía antinarcóticos por miembros del ejército es elocuente. Las campañas electorales se han visto comprometidas, y las próximas de gobernadores, alcaldes, concejales y diputados ya lo están con la influencia de estos dineros, estiércol del Diablo, que junto con la acción intimidatoria de los paramilitares, hacen, en buena parte, de la democracia electoral un fraude en Colombia.
Por su parte la subversión guerrillera continúa haciendo de las suyas. Forma parte del legado heroico de las Farc, la masacre de los Diputados del Valle del Cauca, el mantenimiento de los secuestrados-retenidos, en una evolución Polpotiana de esa organización, que acude al terror indiscriminado. Algo repugnante y repudiable. Y el gobierno del señor presidente lavándose las manos ante su fracaso por omisión en el acuerdo humanitario, ya que escogió la vía militar para el rescate.
La acción de sometimiento de los paramilitares se está cumpliendo en forma inversa; son la sociedad y el Estado de Derecho supérstite los que están sometidos a los intereses de esta capa de neolatifundistas y financieros. El colapso de la Fiscalía y la justicia penal está a la vista de todos.
En el escenario internacional, la exhibición de las realidades criminales de la sociedad y el establecimiento han producido duras reacciones, incluso en aliados tradicionales. En Estados Unidos la alta política del partido demócrata, los sindicatos, los afroamericanos, los latinos e intelectuales han repudiado las acciones y omisiones del gobierno del señor presidente en la parapolítica. El propio gobierno de Bush, el gran protector del señor presidente, ha expresado reservas sobre el Plan Colombia–Patriota en la lucha antinarcóticos y antisuvbersiva. El congreso americano reorienta los recursos para los planes y condiciona duramente su aplicación en materia de derechos humanos y lucha contra el crimen organizado. El señor presidente se enfrenta con Francia, España y Suiza por su postura ante el acuerdo humanitario. La extradición ha resultado ineficaz para combatir el delito y más bien ha generado la desmoralización de las instituciones de la justicia al aumentar el tutelaje sobre ellas.
Se hace urgente un viraje en la política antidrogas, que parta de soluciones propias, colombianas y latinoamericanas, y no las soluciones “impuestas” por las agencias norteamericanas. Existe un contexto andino favorable para esa búsqueda con las posturas soberanas y de colaboración de los gobiernos de Correa en Ecuador y de Evo Morales en Bolivia, al igual que de Chávez en Venezuela. El presidente García del Perú, identificado con el colombiano, apoyaría, al igual que el presidente Lula de Brasil. El corredor centroamericano y el Caribe, así como México estarían interesados en participar en soluciones latinoamericanas al grave asunto del narcocapitalismo.
Una iniciativa colombiana de gran calado, para concertar en una Conferencia continental, un pacto que saque al continente del narcocapitalismo, tendría un buen recibo en la opinión colombiana e internacional. Sin desafiar a nadie, pero con autonomía y creatividad, debemos legitimar el debate de soluciones, de políticas públicas, buscando la colaboración de las Naciones Unidas y el mundo científico de los europeos y norteamericanos. Colombia sola no puede encontrar soluciones, si realiza un viraje hacia su destino común, el de los países andinos y latinoamericanos, podrá encontrar caminos ciertos y no seguir dando palos de ciego.

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*Profesor de la Universidad Nacional y de la Universidad Externado.

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