martes, 12 de junio de 2007

Robin Hood no existe

A estas alturas del partido, ¿existirá alguien sensato que todavía crea en las nobles intenciones de las Farc? ¿Habrá quien piense que a sus comandantes los mueven los ideales que en su momento llevaron al Che o a Camilo Torres a buscar la vía armada para cambiar la sociedad?

Si alguien es todavía así de ingenuo no es sino que repase la larga lista de civiles que la guerrilla más antigua del Continente ha secuestrado por razones supuestamente políticas y a los que se han llevado con pretensiones extorsivas. También podrían echarle una mirada a todos los asesinatos que los cínicos líderes supuestamente rebeldes tienen a su haber.

Si después de eso todavía persiste algún asomo de duda, no hay que ir muy lejos para ver los pueblos que han destrozado, las innumerables familias que han azotado o los miles de hombres, mujeres y niños desterrados del campo y que hoy deambulan mendigando en las ciudades.

Es bueno traer a colación estas preguntas no sólo para los colombianos que padecemos a diario las consecuencias del accionar cobarde de la guerrilla, sino también –y sobre todo– para los extranjeros que se quedaron en las lecturas de las hazañas revolucionarias de los sesentas que nada tienen que ver con los atentados dinamiteros, los secuestros, las ejecuciones, los boleteos y el reclutamiento forzoso de campesinos, muchos de ellos menores de edad.

La ignominia del secuestro no se relaciona en absoluto con la revolución por la cual Regis Debray se fue gustoso a la cárcel hace cuarenta años. No se necesitaba el lamentable plagio de Íngrid Betancourt para que los franceses, los daneses o los suecos se dieran cuenta del drama que padecemos en Colombia por culpa de una banda de forajidos disfrazados de Robin Hood. Durante décadas muchos europeos se han negado a ver más allá de la efectiva propaganda de la extrema izquierda y, sin confrontar su información, les han dado asilo, refugio y abrigo, mientras sus cómplices hacen de las suyas en el campo y las ciudades de Colombia.

Más allá de la torpeza, la ineficiencia, la ingenuidad o la soberbia de los gobiernos de turno, los primeros responsables por la suerte de los cientos de secuestrados son las propias Farc. Es a ellos a quienes el gobierno de Francia –o de cualquier país que pretenda ayudar– les tiene que exigir su inmediata liberación, en vez de implorarles exiguas pruebas de supervivencia. / Por Vladdo

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