martes, 5 de junio de 2007

Epitafios


Apartes del último capítulo de la biografía ‘Los sueños sin frontera del Che Guevara’, escrita por el periodista Carlos J. Villar Borda para conmemorar los 40 años de ejecución del guerrillero, que se cumplen el próximo 9 de octubre.

Documento
Por Carlos J. Villar Borda
Especial para Un Pasquín

“El Che Guevara es un líder inmortal”. Estas palabras fueron pronunciadas por el Presidente Constitucional de Bolivia, Evo Morales, el 14 de junio de 2006, en la pequeña aldea de La Higuera, hacia donde se desplazó con medio gobierno para expresar su admiración y respeto por el Che, quien ese día hubiera cumplido 78 años, de estar vivo todavía.
En La Higuera, en el sitio donde debía quedar la escuelita colocaron un gran busto de aproximadamente dos metros de altura, con una base enorme de piedra, en la cual se puede leer: “Tu ejemplo alumbra un nuevo amanecer”.
Adriana Mariño, socióloga y libretista colombiana, quien viajó a La Higuera en octubre de 2005, para filmar un documental sobre el Che, escribió después un relato de su experiencia, en que menciona que Pastor Aguilar, un izquierdista declarado, según ella, le cantó con voz tierna, pero orgullosa una canción que dice:
De todito el mundo vienen a La Higuera
donde fusilaron al gran Che Guevara.
Los que lo mataron ni lo soñarían
que el Che Guevara resucitaría.
Sus grandes ideales siguen pues presentes
Recorriendo montes, también continentes.
Ernesto Guevara ha resucitado,
seguirá luchando...
Ya Régis Debray había escrito desde su prisión de Camiri, tan pronto como conoció la noticia de su muerte:
El Che Guevara no es de los que mueren; ejemplo y guía, él es propiamente inmortal, porque va a vivir en cada uno de los revolucionarios. Un Che murió. Otros están por nacer, surgiendo de la acción, otros están en acción o entrarán mañana mismo en escena, aquí y en otros puntos del continente. En cuanto al Che que acaba de morir aquí, la historia y los revolucionarios se encargarán de enjuiciar a los que llevan la responsabilidad de su muerte, de cualquier lado que estén.
En cuanto se enteró de la muerte del Che y del cercenamiento de sus manos, Julio Cortázar le ofreció sus propias manos, para que con ellas pudiera seguir escribiendo. Se trata de un Mensaje al hermano, cuyo texto es el siguiente:
Ahora serán las palabras, las más inútiles o las más elocuentes, las que brotan de las lágrimas o de la cólera; ahora leeremos bellas imágenes sobre el fénix que renace de las cenizas, en poemas y discursos se irá fijando para siempre la imagen del Che. También estas que escribo son palabras, pero no las quiero así, no quiero ser yo quien hable de él.
Pido lo imposible, lo más inmerecido, lo que me atreví a hacer una vez, cuando él vivía: pido que sea su voz la que se asome aquí, que sea su mano la que escriba estas líneas. Sé que es absurdo y que es imposible, y por eso mismo creo que él escribe esto conmigo, porque nadie supo mejor hasta qué punto lo absurdo y lo imposible serán un día la realidad de los hombres, el futuro por cuya conquista dio su joven, su maravillosa vida. Usa entonces mi mano una vez más, hermano mío, de nada les habrá valido cortarte los dedos, de nada les habrá valido matarte y esconderte con sus torpes astucias. Toma, escribe: lo que me quede por decir y por hacer lo diré y lo haré siempre contigo a mi lado. Sólo así tendrá sentido seguir viviendo.
En sus ‘Antimemorias’, tituladas Permiso para vivir, escritas en 1993, Alfredo Bryce Echenique declaró infinita admiración por el Che. Posiblemente es el mismo sentimiento que yo he experimentado al terminar de reunir todos los documentos y datos que me permitieron escribir este libro.

El 12 de octubre de 1967, dos días después de anunciada oficialmente la muerte del Che por el gobierno de Barrientos, los estudiantes de Cochabamba se reunieron en un acto para proclamarlo ciudadano y patriota boliviano y guardaron un minuto de silencio en su memoria.

Fidel Castro lo declaró Guerrillero Heroico cuando admitió su muerte el 15 de octubre, una semana después de la acción en la quebrada de El Churo. En un emocionado discurso ante una gigantesca manifestación popular de cerca de un millón de personas en la Plaza de La Revolución en La Habana, Fidel dijo:
Es lógico que todos los que llegamos a albergar por él un entrañable cariño nos cueste más trabajo resignarnos a verlo convertido en un precursor, en un ejemplo de cuya repercusión no dudamos ha de ser muy grande, pero es lógico que todo ser humano siempre se duela cuando un carácter, una inteligencia, una integridad como esa, físicamente se destruya.
Nicolás Guillen le compuso un poema titulado Che Comandante, que termina con la siguiente estrofa:
¡Salud, Guevara!
O mejor todavía desde el hondón americano:
¡Espéranos! Partiremos contigo. Queremos
morir para vivir como tú has muerto,
para vivir como tú vives,
Che Comandante,
amigo.

Durante la visita que hizo a La Habana en diciembre de 1975, el guerrillero vietnamita Vo Nguyen Giap, autor del más famoso tratado sobre la guerra de guerrillas escrito el siglo pasado, le escribió una carta al Querido compañero Che Guevara, a la cual pertenecen las siguientes frases:
Che, el Guerrillero Heroico, combatiente comunista lleno de voluntad combativa y del puro internacionalismo proletario. Che, infinitamente entrañable compañero de armas del pueblo vietnamita. Tu imagen vivirá eternamente en nuestro corazón, en el corazón del hermano pueblo de Cuba y en la causa revolucionaria de los pueblos del mundo. Siento tantos deseos de escribirte estas líneas para dejar constancia del día en que te visitamos en tu antigua Comandancia, aún sabiendo con toda seguridad que esta carta nunca llegará a tus manos.
La imagen del Che, en el póster severo y ceñudo que se hizo popular en todo el mundo, ha inundado los rincones más remotos del planeta. En la Ciudad Universitaria de Bogotá permanece todavía intacto, a pesar del intento que han hecho varios gobiernos retardatarios para borrarlo.
Jorge Zalamea, el colombiano que ganó el Premio Lenin de Literatura en 1965, estaba componiendo un extenso y hermoso poema cuando lo sorprendió la muerte en 1969. Algún fragmento fue publicado por la Casa de las Américas, pero el texto completo de lo que alcanzó a escribir solo vino a ver la luz en Bogotá en 1980. Se titula Che, cantata para voces, tambores y chirimías y a ella pertenecen los siguientes versos en prosa:
Te saluda, Comandante, toda la
América mestiza que
trabaja sobre la tierra y bajo
la tierra, en los ríos
y en el mar, en la selva y en la montaña, en las
pampas y en las laderas,
entre las nieves y el sol airado...
Todos estos son los epitafios del hombre que estuvo 30 años sin sepulcro, pero quizás el que más le hubiera conmovido hubiera sido la oración fúnebre pronunciada una semana después de su muerte por un sacerdote argentino, quien además era en ese momento peronista. Esa homilía del Padre Hernán Benítez dice, en parte:
Los dos tercios de la humanidad oprimida se han estremecido con su muerte. El otro tercio, en lo secreto de su alma, no ignora que la historia del mundo, si caminamos hacia un mundo mejor, le pertenece al Che por completo. Un día nada lejano, el tercer mundo victorioso incluirá su nombre en el martirologio de sus héroes. Y su faz tan hermosamente varonil resplandecerá como un halo de profetismo bíblico.
Ha muerto con las características de los héroes de leyenda, quienes en la conciencia no mueren. Como los judíos del Nuevo Testamento creían siempre vivo al Profeta Elías, los españoles del Medioevo al Cid Campeador y los galeses a Arturo, es posible que también en los años venideros los soldados del tercer mundo crean sentir la presencia alucinante del Che Guevara en el fragor de las luchas guerrilleras.
Pasar la vida en la jungla hambreado, desnudo, con la cabeza a precio, enfrentado al poderío del imperialismo, y, para colmo, enfermo de asma, exponiéndose a morir de un ahogo si no lo segaban las balas él, que hubiera podido vivir regaladamente, con plata, juegos, amigos, mujeres y vicios en cualquiera de las grandes ciudades pecadoras. Esto es heroísmo, heroísmo de ley, por arrevesadas que hubiera podido tener sus ideas. No reconocerlo sería, no ya reaccionarismo sino estupidez.
Es como Camilo Torres, que murió abaleado luchando a favor de su causa. Porque sentía que su fe católica y su sacerdocio le exigían dar ese testimonio. Paradojal exigencia: dejó de ser sacerdote en lo formalístico, para ser sacerdote en lo esencial, abrazando las exigencias todas de un sacerdocio vivido a lo heroico.
¡Y cómo los entiendo, Dios mío, cómo los entiendo!

1 comentario:

Fernando dijo...

Si se mira la edición en internet del Tiempo hay una noticia acerca de un estudiante del colegio Champagnat de Popayán que ha sido el estudiante de mayor puntaje en las pruebas de Icfes. En la fotografía del reportaje se ve al fondo sobre un muro del colegio la imagen del Che. No lo sabría decir ahora pero cuando yo estudié allí era un colegio de curas y bastante "godo". La verdad es que pasarán los años y su vida y su gesta serán ejemplo para todos aquellos que creemos que un mundo mejor es posible.