martes, 12 de junio de 2007

El ‘linchamiento’ de los corruptos

Opinión de Iván Marulanda Gómez*
Especial para Un Pasquín

El mismo presidente de la república que dijo voz en cuello en alguno de esos discursos alocados que pronuncia que “los corruptos debieran ser linchados”, anuncia en estos días la expedición de normas para liberar de las prisiones sin castigo, ni reparación, ni verdad, a los más corruptos de los corruptos, a los más criminales entre los criminales, genocidas que sembraron de fosas comunes y lágrimas esta nación. A secuestradores, ladrones de tierras, de semovientes, de gasolina, de dineros del erario que debían destinarse a la salud y la educación de los más pobres, a las obras públicas, a la vivienda. Y no me detengo a demostrar que no habrá verdad, como afirma el presidente, porque como se ve, miente.Uribe advierte con oratoria de desquiciado de parque que va a liberar a narcotraficantes, matones, asesinos, torturadores, extorsionistas, contrabandistas, proxenetas, lavadores de dinero, traficantes de personas, terroristas, guerrilleros, defraudadores. Es lo que son ellos. Una colección de depravados que la fuerza pública, la fiscalía, los jueces y las Cortes habían logrado enjaular a costa de la sangre de compañeros y de sufrimientos que soportan en silencio con sus familias, por cumplir el deber con la sociedad de administrar justicia y por su devoción a la civilización y el amor a Colombia.

Uribe soltará de las cárceles a los intrusos que corrompieron, que infiltraron, que se tomaron a sangre y fuego instituciones del país, el Senado, la Cámara de Representantes, el Gobierno, incluso colonizaron predios de la justicia. A explotadores de menores en sus guerras privadas, a violadores de los derechos humanos. De todo eso va ahí en el paquete envenenado de las excarcelaciones. Amigos del propio presidente, buena parte de ellos. Por eso no se les “lincha” sino que se les libera. “Amigotes” que lo ayudaron a elegir y a reelegir usando medios ilícitos y que votaron sus leyes a solicitud suya hasta que los enjaularon. Elegidos con desfachatez, gracias al fraude electoral, la compra de votos, la coacción armada, el tiro en la nuca, la masacre, el soborno, la impostura. Y financiados con montañas de dinero espurio.

Con todo, quizás lo más angustioso es que los colombianos tengamos atragantado este presidente embaucador, falso. Repito, el mismo que decía en ataque de desvarío: “¡Hay que linchar a los corruptos!”, ahora resulta que los va a repartir otra vez por las calles, las playas, los hoteles de cinco estrellas, las boutiques, los restaurantes de postín, los aeropuertos; en sus limusinas, en sus aviones, en sus yates; vestidos con sus trajes de luces, montados en sus viejas descomunales y en sus caballos despampanantes, entre el bullicio de orquestas y cantantes de cartel, ahogados en alcohol y hartados de perico.

Uribe piensa devolver esa fauna viciosa y asesina al seno de la sociedad para que se jacten y humillen otra vez al pobrerío desgraciado de colombianos que por cumplir con ser decentes y por ajustar sus actos a la urbanidad y a la ley, no se ganan en la vida sino la triste y desconsoladora condición de ‘pendejos’. Para desmoralizarlos más, arrollarlos, para desconcertarlos del todo. Para borrar de tajo en esta sociedad la línea que separa el bien del mal, la noción de lo que se debe y no se debe hacer. Es decir, para que quienes faltaban por aventarse al desvarío resuelvan que si la cosa es así, sin Dios ni Ley, entonces que entre el diablo y escoja.

Con la pirueta Uribe piensa rellenar otra vez los taburetes del Congreso con traseros de narcotraficantes, de mandaderos de genocidas, de mafiosos que ordenan descuartizar personas sin mover un músculo de la cara. Los mismos corruptos que al final de cuentas no linchó. Eran mentiras, esos son los que le gustan a él, porque hacen el trabajo sucio que le arrastra montañas de votos sin necesidad de dar muchas vueltas.

Vengo de los obscuros campos de batalla de la democracia colombiana, de luchar con mis convicciones y mi garganta por que se me permita ocupar un metro de terreno político en el que pueda luchar con dignidad por el porvenir de mis hijos y de los jóvenes de este país befado y martirizado, y sé que eso es imposible en este imperio de hampones. La democracia en Colombia está emboscada por el presidente Uribe y su maquinaria de trampa y muerte, que no deja pelechar nada que no se someta a sus designios, enfermizos de ambición, de codicia. De contera, ensalzado y aupado por poderes empresariales y mediáticos, que de adulación en adulación no supieron distinguir entre el mandato que deviene de ideas y compromisos con la sociedad fundados en cimientos éticos, de aquel que se deriva del poderío mafioso que se tomó la escena y oprime a los colombianos.

Presidente confuso de mente, sin principios, por lo mismo tenebroso, que pone escuchas prohibidas a las contrapartes, que espía en la ilegalidad. Capaz de engarzar en las espuelas de sus ardides y sus piruetas histriónicas y de enredar en el entramado de facinerosos que le rodea, a tanta gente ingenua, impotente, a suicidas que lo siguen a ciegas por las sendas tenebrosas de la impunidad, de la denegación de justicia, de la degeneración del poder, del salto de garrocha por encima de la Constitución y la Ley.

Uribe cree que a todos nos va a aplacar. Se equivoca. La lucha continúa. Este espanto de país no lo merecen los que vienen detrás. La vergüenza pone a muchos de pie. Verán.

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*Ex Constituyente.

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